06/08/2009

Lo que quedó del Premio Emecé

Por

Ayer estuve en la entrega del Premio Emecé de novela 2009 que se realizó en el Hotel Emperador, en el piso 20 precisamente. Mi idea fue compartir con ustedes ese momento no tan visto que es el del anuncio del Premio. Me pareció pintoresco y por eso el video que puse arriba.

Es la primera entrega de premios a la que asisto como público pero como estuve del lado de la organización por algún tiempo conozco más o menos la mecánica de este tipo de eventos.

Suele haber una fauna variada entre la que destaca siempre un grupo de gente hambrienta que va únicamente a comer y otro minúsculo realmente interesada en lo que allí sucede.

Este no fue el caso. Ya que, según dijeron los organizadores, se hizo la entrega con mayor austeridad que otras veces por la famosa gripe A. Había poca gente y casi todos eran periodistas culturales, fotógrafos y escritores. Lamento ser tan malo con los nombres y no poder recordarlos. Pero ahí estaban.

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05/08/2009

María Inés Krimer, Premio Emecé

Por

Acabo de llegar de la entrega del XLIX premio Emecé de novela. La ganadora fue María Inés Krimer por su novela Lo que nosotras sabíamos con el seudónimo Quiroga.

El jurado estuvo integrado por Sylvia Iparraguirre, Guillermo Martínez y Jorge Fernández Díaz.

Yo no conocía a esta escritora pero ya estuvo presente en Hda. Marcelo Zucotti -cuándo no- leyó su libro La hija de Singer hace un tiempo.

Prometo videos, audios y un extra para “apenas pueda subirlos”.

31/10/2008

La cadencia del asunto: segundo encuentro /6

Por

Ciclo “La cadencia del asunto”
Participan: Celia Dosio, Sylvia Iparraguirre y Fabián Casas.
Modera: Patricio Zunini
Sexta y última parte de la desgrabación [leer la quinta], por P. Z..


la cadencia del asunto
Foto: Lucio Ramírez

P.Z.: Hacemos la última… [dos personas del público levantan la mano] ¿Quieren hacer dos preguntas? Las últimas dos preguntas.

[Intervención del público]: Yo lo que quería preguntar a cada uno, es qué relación tienen con el humor a la hora de escribir, dado que muchos de sus libros –por ejemplo El parque de Sylvia, de Fabián algunos ensayos y cuentos– se nota el humor. Cómo eso repercute a la hora de pensar la literatura relacionada al humor. De qué manera lo piensan ustedes cuando escriben.

Fabián Casas: Yo naturalmente soy una persona que tiendo a reírme de las cosas que me parecen un poco trágicas, forma parte de mi personalidad. Es un poco de lo que decíamos antes, la idea de que el horror a determinado nivel de ebullición si no produce risa te volvés loco. En ese sentido, yo me he reído mucho en el velatorio de mi mamá, por ejemplo.

Creo que eso también estará cuando escribo. No pienso “ahora voy a poner humor”. Forma parte de lo que soy. No pienso “voy a hacer un chiste”. Creo que es una manera natural.

Con eso también, de alguna manera la pregunta que hizo él, que tiene que ver con las marcas de época en un relato: cuando un relato lo único que tiene son marcas de época va a envejecer: está fechado. Cuando él le preguntaba a Sylvia, yo me acordaba una polémica entre Pasolini y Montale, donde Pasolini le exigía a Montale que dejara de ser metafísico y fuera pragmático y práctico. Y Montale le escribió un poema hermoso donde le dice “malvorio”. Malvorios son los hombres de mala voluntad en el Infierno de Dante. Le dice “no hay que cambiar lo esencial por lo transitorio”.

Me parece que lo transitorio quizá sea la convertibilidad, quizá sea Menem. Lo esencial es lo que está siempre, lo que está en Tolstoi, lo que está en los libros de los contemporáneos que se van a escribir. Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Esas cosas, me parece.

Sylvia Iparraguirre: Totalmente, yo leo así. Eso es lo que queda. Las marcas de época, como en una época pasó acá, que había que poner los jeans, las marcas, la Quilmes. Está bien, le da carácter, pero eso como programa se agota.

Fabián Casas: Si te fijás en Rayuela, por ejemplo, las partes que están fechas son las que están fenecidas. Y las partes donde Cortázar se enloquece, por ejemplo, me acuerdo cuando va al concierto de piano de Bertha Trépat, esa parte es increíble. Y después en las partes donde todo parece una tarjeta postal parisina, que justo el tipo que está tocando arriba el violín es un jorobado. ¡Pará un poco! [Risas]

Estoy hablando de una persona a la que yo quiero mucho y me parece un escritor notable.

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29/10/2008

La cadencia del asunto: segundo encuentro /5

Por

Ciclo “La cadencia del asunto”
Participan: Celia Dosio, Sylvia Iparraguirre y Fabián Casas.
Modera: Patricio Zunini
Quinta parte de la desgrabación [leer la cuarta], por P. Z..


Fabián Casas
Foto: Lucio Ramírez

Fabián Casas: Estoy leyendo eso. Estoy leyendo Un maestro de Alemania por segunda vez, que es un libro hermoso. La verdad se lo recomiendo a todo el mundo, es una biografía de Heidegger de Rudiger Safranski. Estoy leyendo Los años salvajes de la filosofía, que es un libro también hermoso de Rudiger Safranski sobre Schopenhauer. Y estoy leyendo también La fiesta del chivo. Porque el libro de Junot me llevó a leer La fiesta del chivo. Con Vargas Llosa te pasa eso, que vos decís “cómo puede ser que este tipo haga todos libros geniales”. A mí siempre me parece increíble.

[Intervención del público]: Todos no, perdón.

Fabián Casas: No, bueno, está bien. A mí me pasa eso, me maravillo todo el tiempo del tipo, porque cuando vos leés la cantidad de libros, es como un gimnasta, como que toma anabólicos. [Risas] Porque vos leés, por ejemplo, Los cachorros, ¡qué bueno! Contemporáneo de Los cachorros es Conversaciones en la Catedral, es increíble. Leés La tía Julia y el escribidor. Leés los relatos de…

[Intervención del público]: Pero no leas Historia de Mayta.

Fabián Casas: No lo leí. Pero leés La guerra del fin del mundo. Bueno, pero un libro malo puede tener. Es increíble, estoy hablando de libros. Esto estoy leyendo también.

[Intervención del público]: ¿Puedo hacer una pregunta? Para Sylvia, pero también los chicos si quiere agregar algo. Acá hace un mes, más o menos, se presentó un libro que era una antología de cuentos sobre los ’90, y en su momento hubo mucha polémica alrededor. En el anterior encuentro que hicimos también se tocó el tema de los ’90 y es como que está especialmente candente el tema.

Entonces, lo que quería preguntarle a Sylvia es cómo piensa que en el futuro, en el futuro no tan cercano se va leer El muchacho… y qué piensa acerca de esa construcción de los ’90 como una etapa de tiempo agotado. Y los tópicos que circulan sobre los ’90: el tema de la convertibilidad, el lujo, Eldorado. En qué medida eso puede ser cercano a la realidad, a lo verdadero, y en qué medida es una construcción que está en el candelero ahora, políticamente hablando, y que en el futuro podría cambiar.

Sylvia Iparraguirre: Mirá, te voy a ser completamente sincera. Yo en las mesas redondas me entero de cosas. Cuando presenté mi libro me enteré que el personaje había muerto. Porque no sé, había una tendencia de que el personaje había muerto. Ahora me entero de los ’90, que sinceramente te digo con una mano en el corazón, no sé cuáles son las polémicas alrededor de los ’90. No sé qué texto se habrá tratado, qué antología, dame una idea.

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27/10/2008

La cadencia del asunto: segundo encuentro /4

Por

Ciclo “La cadencia del asunto”
Participan: Celia Dosio, Sylvia Iparraguirre y Fabián Casas.
Modera: Patricio Zunini
Cuarta parte de la desgrabación [leer la tercera], por P. Z..


Fabián Casas, Sylvia Iparraguirre, Celia Dosio
Foto: Lucio Ramírez

[Intervención del público: P.B.]: ¿Puedo hacer una pregunta? Estamos subiendo al blog cosas que ustedes dicen, y hay una pregunta para Fabián. Dice: ¿hasta qué punto tu obra poética tiene un contenido más ensayístico que tu obra de ficción o tus ensayos?

Fabián Casas: ¿Quién es: José María Domínguez? [Risas]

[Intervención del público: P.B.]: Dice: en el sentido de un trabajo sobre ideas, descripción y análisis de costumbres.

Fabián Casas: No, no sé. La verdad que no lo sé. ¿Hasta qué, cómo? [Risas]

[Intervención del público: P.B.]: Hasta qué punto tu obra poética tiene un contenido más ensayístico que tu obra de ficción o tus ensayos.

Fabián Casas: Yo no distingo, no tengo diferencias. Aunque hay diferencias, cuando me pongo a escribir no tengo una diferencia concreta entre poesía y prosa, o lo que pueda llegar a ser un ensayo o un poema. Quizás un poema también es un ensayo, para mí, en el sentido de probar al error y lo que se modifica o lo que se cambia es la respiración. Me doy cuenta de que algunas cosas tienen una respiración más larga y por ahí es prosa, o a la larga puede ser un relato o una novela, y a veces la respiración es más corta y se convierte en un poema.

Después, para mí, la poesía no se puede definir. Me gusta la definición de Girri: que a la poesía no se la define, se la reconoce.

[Intervención del Público: Juan Terranova]: ¿Podrían contar un poco en qué están trabajando ahora?

Fabián Casas: Nico, ¿puedo decir una cosa antes de olvidarme? Porque es una cosa de función social: hay un libro extraordinario que está saldado en todas las librerías de Corrientes, que se llama La zorra y el erizo de Isaiah Berlin. Es sobre Tolstoi. Es hermoso.

Yo fui hace poco a un encuentro de fascismo, estuve con Vargas Llosa [Risas], él me lo recomendó como que no lo iba a encontrar, volví acá a Corrientes y estaba en todos lados.

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24/10/2008

La cadencia del asunto: segundo encuentro /3

Por

Ciclo “La cadencia del asunto”
Participan: Celia Dosio, Sylvia Iparraguirre y Fabián Casas.
Modera: Patricio Zunini
Tercera parte de la desgrabación [leer la segunda], por P. Z..


Fabián Casas, Sylvia Iparraguirre y Celia Dosio
Fabián Casas, Sylvia Iparraguirre y Celia Dosio. Foto: Lucio Ramírez

Fabián Casas: Lo que pasa que que te lean un libro doce horas…

Yo pienso que uno de los errores, en términos de la recepción de las obras, que te pasa constantemente si trabajás en términos de periodismo cultural -lo que sea que signifique eso- es que te dan un disco y vos tenés que contestar a la semana. Cuando vos tardás un año o dos en comprender un disco. Por ahí tardás dos o tres años, o más, en entender un libro.

A mí me tocó ir a la casa del Indio Solari y que él me pusiera un disco. [Risas] Y en el momento me pareció que era malísimo. Después nunca lo volví a escuchar, pero en realidad no estoy seguro de que fuera malísimo. Me pareció malísimo que el tipo me pusiera un disco. Estás ahí y te encadena a su show.

Flaubert [dice] “te voy a leer 12 horas”.

Sylvia Iparraguirre: ¡No, mortal!

Fabián Casas: Por más que te lean Ana Karenina. Yo odiaría a Ana Karenina.

Sylvia Iparraguirre: Yo creo que los tipos dijeron “tiralo al fuego” porque no aguantaron esa sesión.

Fabián Casas: ¡Sí!

[Intervención del público]: Me quedé preocupada con algo: hablamos de Dostoievsky y hablamos de Arlt. Yo amo a Dostoievsky y también lo amo a Arlt. Aunque yo sepa que funciona como reflejo, esto que uno que busca en los demás, busca el límite. Vos [a Fabián Casas] hablabas del límite y creo que uno está permanente buscando el límite cuando escribe o cuando hace música o cuando hace pizza, estás tratando de con la imposibilidad construir la posibilidad

Sylvia Iparraguirre: El riesgo que dijo.

[Intervención del público]: El riesgo. Vos, Fabián, lo definiste muy bien. Ahora, ¿por qué somos lectores de Dostoievsky y no apasiona, y aún así leemos a Arlt y nos apasiona también?

Sylvia Iparraguirre: Yo muchas veces pienso, volviendo a la primera pregunta, que Arlt me resulta más contemporáneo que muchos de mis contemporáneos. Lo siento vivo, lo siento con una potencia de él que sale, que está más vivo que mucha gente que escribe hoy.

Pero no son excluyentes en mi criterio, en mis lecturas. Yo puedo leer los Karamazov y ver esa escena de Mitia Karamazov tirando unas cosas, pegándole a un tipo, pasándolo por una puerta, y veo un sector de ese capítulo que me lleva a un sector del encuentro de Silvio Astier en el homosexual en el cuartucho de hotel. Pero al contrario, Arlt me habla a mí de una ciudad, de una modernidad, de un modo de recorrer Buenos Aires, de un personaje entrañable como es Silvio Astier.

Como dijo muy bien Hemingway. En literatura, nadie es hijo de “nadie”: somos hijos de alguien, si no sos un hijo de… [Risas]

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22/10/2008

La cadencia del asunto: segundo encuentro /2

Por

Ciclo “La cadencia del asunto”
Participan: Celia Dosio, Sylvia Iparraguirre y Fabián Casas.
Modera: Patricio Zunini
Segunda parte de la desgrabación [leer la primera], por P. Z..


Fabián Casas y Sylvia Iparraguirre
Fabián Casas y Sylvia Iparraguirre. Foto: Lucio Ramírez

Fabián Casas: Es un poco lo que dicen ellas, me doy cuenta que mis problemas empiezan cuando me convierto en autor en vez de lector. Yo soy lector, en mi experiencia personal, cuando uno se convierte en autor, es más complicado. Me resulta como tomarse más en serio. Yo en realidad soy un lector voraz, voraz para lo que puedo ser yo. Leo cinco, seis libros a la vez. Un poco como dice Sylvia, leo también un montón de libros diferentes, de diferentes disciplinas. También leo en función de…, por ejemplo, para hablarte de cosas no abstractas: yo siempre le digo a Santiago, a Cucurto, que no lea al Turco Asís, que ya está, que él lea a Flaubert [Risas] Porque me parece que eso produce -un poco lo que decía Sylvia, ¿no?-, que produce como leer autores que de alguna manera están cuestionando tu forma de escribir. Porque me parece que uno de los peligros más grandes que tiene un escritor es enamorarse de su habilidad. Un escritor tiene que ir en contra de su habilidad

Sylvia Iparraguirre: Exacto.

Fabián Casas: Porque cuando vos hacés algo constantemente -hagas lo que hagas: matás gente, escribís, sos periodista, sobre todo más si sos periodista porque ahí está todo más saturado y es más evidente, hacés pizzas-, en algún momento hacés bien eso, encontrás un oficio. Cuando estás tratando de escribir, el hecho de escribir implica también que vos te conviertas en un lector, vos como lector tuyo. En el sentido de que te puedas desdoblar, de leerte vos como tu primer lector. Me parece que para trabajar eso, tu literatura o lo que hagas tiene que estar en estado de riesgo, entonces tenés que trabajar en contra de tu habilidad.

En ese caso me parece que está bueno tomar de todos. Por ejemplo, casi todos los autores que nombró Sylvia. A mí hace poco me preguntaban en un taller literario, a mí me gusta ir a los talleres literarios, porque siento que ahí tenés una cosa de ida y vuelta donde la gente te da algo y vos estás ahí dando. A mí me parece que si en un taller literario hay alguien que realmente va a trabajar la escritura y va a ser escritor, con leer Ana Karenina ya está. [Risas].

Porque me parece que si vos realmente sos escritor no podés escapar de… Leés Ana Karenina y eso te tiene que atravesar y se va a metabolizar en algo notable. Como dice Leónidas Lamborghini, si sos poeta, decí tu palabra y eso va a ser poesía. Por ejemplo Tolstoi, que ella [Sylvia Iparraguirre] lo nombró. Cuando hablábamos de la música también pensaba en la Sonata a Kreutzer, que es una obra maestra, y después pensaba en Tolstoi. Pienso en Tolstoi todo el tiempo. Porque Tolstoi habla de algo que yo pienso todo el tiempo, que es en el sexo y en la muerte. Tolstoi hablaba siempre sobre las parejas.

Yo leí como siete biografías de Tolstoi.

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