12/10/2010

Recibimos: Estocolmo

Por

Agradecemos a Iosi Havilio y a Random House Mondadori por el envío de Estocolmo, segunda novela del autor.

René espera que el avión despegue. Sentado en su butaca, siente los primeros indicios de pánico y se concentra en la respiración. El celular vibra. René duda tres veces hasta que decide escuchar el  mensaje. Es Boris. La voz grave, rasposa, inconfundible, satura su oído: Te voy a matar, maricón de mierda… voy a arrancarte los ojos de la cara.

Estocolmo cuenta la historia de René, que en el 73 viaja a Suecia donde lo sorprende el  golpe de Estado contra Salvador Allende. Desde entonces, lleva una vida de exilio, soledad y amores humillantes e infelices. Huyendo de todo, René vuelve a Chile treinta y tres años más tarde. El regreso nunca es fácil y tendrá que enfrentarse a la vida que dejó atrás, pero también a la sombra hipnótica de Boris, su amante eslavo, que parece seguirlo a todas partes.

El sexo, la culpa, los miedos y la cobardía son las piezas esenciales con las que el relato se va construyendo. El  lenguaje contenido e intenso, lacerante por momentos, hacen de Iosi Havilio uno de los escritores más interesantes de su generación.


20/08/2010

El hipnotizador o la vejez como tópico

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Sobre El hipnotizador de Pablo De Santis
y Juan Sáenz Valiente (Reservoir books)

Es probable que para muchos lectores este libro se lea como la incursión de un escritor en el mundo de la historieta. Si empieza a existir un lugar en los circuitos de producción cultural para eso que se llama “novela gráfica”, qué mejor que agregar al sustantivo “novela” el nombre propio de un novelista. Para los que leímos a De Santis en la revista Fierro de los años ’80, en cambio, este libro es un saludable regreso: aunque De Santis es sin dudas un guionista que trae un saber literario al medio, no es ocioso recordar que, al menos en lo que hace a su obra editada, fue en principio un guionista de historietas.

El hipnotizador recopila una historieta publicada en la nueva época de Fierro (a partir del número 6, de abril de 2007). Son ocho capítulos breves, con estructura de cuento, que recuperan un formato que alguna vez fue dominante en la historieta argentina: la serie centrada en un personaje y constituida por episodios que, aún organizados como un relato en conjunto, pueden leerse de manera independiente. De Nippur de Lagash a Alvar Mayor, se trata de un formato que alguna vez fue “natural”, pero que hoy se ha vuelto difícil en la medida en que los autores se han acostumbrado a alternar entre la expansión breve o el deseo de novelistas sin restricciones.

En los primeros capítulos leemos la llegada de Arenas, el hipnotizador, al hotel Las Violetas. En esos primeros capítulos Arenas será un catalizador de historias: más un testigo que un protagonista. Desfilan así una mujer que sueña con un tesoro, un hombre que perdió un día, el rey de Strombolia. De a poco, las historias de clientes y espectadores se mezclan con las del propio Arenas, y su recuperación de un pasado que le quita, literalmente, el sueño.

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09/08/2010

Coetzee, el héroe traidor

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Este último mes de abril apareció en la colección de tapa dura de Mondadori España el título Verano. Escenas de una vida de provincias III (2010), la traducción castellana que Jordi Fibla realizó de Summertime (2009), la última novela de John Maxwell Coetzee. Gracias a Mondadori Argentina, la misma ha llegado estas últimas semanas a las librerías porteñas. Verano culmina (al menos provisoriamente) la maravillosa trilogía de memorias falsas que el Premio Nóbel 2003 inició hace más de una década. Summertime interrumpe el horizonte de expectativas que habían generado los dos títulos restantes de la tríada, Boyhood (1998) y Youth (2002), claros ecos de la autobiografía de Tolstói en tres partes, cuyo título en inglés es Childhood, Boyhood, Youth (1852-1856).

Coetzee también recuerda la construcción que Borges hizo de sí mismo, vinculado de forma exclusivamente estética a lo gauchesco, entendiendo lo gauchesco como epítome literario de la identidad argentina

La crítica en España no ha podido ser más elogiosa con el escritor sudafricano. Verano participa de la ingente producción de novelas autoficcionales de las últimas décadas, pero incorpora un acierto narrativo original y brillante: el yo ficticio sobre el que se concentra la trama (el personaje John Coetzee) se distingue del yo biográfico (el del novelista John Maxwell Coetzee) en que está muerto. Vincent, un joven periodista inglés, prepara durante los primeros años del siglo XXI la biografía del difunto John Coetzee a partir de dos recursos: editando el dietario de juventud de John Coetzee y entrevistando a cinco personas que formaron parte de su entorno durante los años setenta. Dicha estrategia retórica sirve a la novela de modo inmejorable: leemos la vida de John Coetzee desde un rico retrato poliédrico, deliberadamente fragmentario y contradictorio, donde la suma de las partes son decididamente más que el todo. Leemos este work in progress, este brillante proyecto inacabado de biografía, estructurado en siete capítulos, de los cuales cinco se corresponden con las cinco entrevistas, enmarcados por los dos restantes, que contienen las entradas del diario del joven John Coetzee.

Los entrevistados, mayormente mujeres ancianas oriundas de distintas partes del mundo, escenifican el recuerdo que tienen del escritor muerto. La primera y la última entrevistada, respectivamente Julia (una mujer casada de Durban a quien conoce casualmente en un supermercado) y Sophie (una profesora universitaria francesa con la que coincide en el profesorado de la Universidad de Ciudad del Cabo), son las mujeres que se encargan de describir con rigor e inclemencia la vida erótica de John Coetzee, tan tormentosa como anodina. Un hombre ausente, invisible, casi asexual. Sophie, como ampliaré unos párrafos más abajo, también se encargará de explorar su faceta política. El periodista Vincent materializa en la segunda entrevista (realizada a Margot, prima hermana de John Coetzee) un artificio metaficcional descollante: en vez de presentar la desgrabación escrita de la entrevista (como sucede en los demás capítulos), Vincent pide permiso a la entrevistada para narrar sus respuestas como si estuviera escribiendo una novela. Margot lo autoriza, pero la prosificación de Vincent no está exenta de una interpretación excesivamente subjetiva del testimonio de la mujer, hasta el punto en que la misma Margot acabará rechazando la veracidad (y, por ende, la validez biográfica) de todo el capítulo que acabamos de leer. Adriana, la viuda brasileña residente en Angola y luego en Sudáfrica por distintas fatalidades, será la más severa con un John Coetzee reducido a melancólico pederasta. El discurso de Adriana deja entrever una muestra interesante de las contradicciones del progresismo latinoamericano de los años setenta: su condición de exiliada política de la última dictadura brasileña choca frontalmente con sus prejuicios puritanos hacia la sexualidad humana.

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06/08/2010

Recibimos: Verano

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Agradecemos a Random House Mondadori (España) por el envío de Verano a la filial catalana de Hablando del asunto, a cargo de Fabrizio Tocco. La próxima semana, arrancamos con su lectura del libro de J.M. Coetzee.

04/08/2010

Recibimos: La Banda del Ciempiés

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Agradecemos a Random House Mondadori por el envío de la nueva edición de La Banda del Ciempiés, del escritor uruguayo Mario Levrero (1940-2004)

Un aterrador muñeco con la apariencia de un gigantesco gusano, formado por una cincuentena de hombres cubiertos por una tela, provoca pánico en la ciudad y obliga al detective privado Carmody Trailler a entrar en acción. Smithe Andrews, el jefe de policía, intuye que esta peligrosa banda de delincuentes es de inspiración china, y ordena una redada que desencadena una serie de peripecias diplomáticas, secuestros, complots, persecuciones, venganzas y represalias entre países. Esto es apenas el disparador de La Banda del Ciempiés, una delirante novela de aventuras en la que la mezcla de géneros, el humor, las digresiones y los desvíos se combinan magistralmente, para dar forma a un universo vertiginoso donde Mario Levrero encuentra, una vez más, una salida radiante e inesperada.

19/04/2010

Glosa política a Los muertos de Jorge Carrión

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Creo que soy una de los pocos dinosaurios que aún no vio ni un capítulo de Lost, The Wire o Six Feet Under, que le pasó desapercibida la serie The Sopranos, que no ha leído nunca ni una página de Watchmen. Debo reconocer que Blade Runner me aburrió. Por supuesto que no me jacto de ello. Lo aclaro, simplemente, para ratificar que la última novela de Jorge Carrión, titulada Los muertos, puede disfrutarse a pesar de la más completa ignorancia en cuanto a series televisivas, cómics y a estética cyberpunk se trate. Desde el consagrado escritor Juan Goytisolo hasta el prestigioso teórico José María Pozuelo Yvancos pasando por todo el espectro del periodismo cultural actual; la crítica ha sido unánime al celebrar la aparición de Los muertos en la escena literaria española. La novela sintetiza en poco más de 150 páginas un intenso universo autónomo, bebiendo explícitamente (entre muchas otras fuentes) de la tradición argentina, desde Borges hasta Piglia.

Nadie ha sido capaz de escribir sobre Los muertos sin spoilers. No seré la excepción. Simplificaré, primero, la compleja estructura de la novela. El texto se divide en dos grandes secciones que a su vez consisten, respectivamente, en dos fragmentos narrativos y en dos ensayísticos. Las narraciones, intercaladas por los ensayos, cuentan con ocho apartados. Los ensayos (un claro ejercicio de ironía contra la crítica académica) revelarán al lector que las narraciones, en realidad, son dos temporadas televisivas de una serie homónima, Los muertos, creada por unos misteriosos y divertidos guionistas, George Carrington y Mario Alvares, cuyo éxito mediático es descomunal en el mundo de principios de siglo XXI. Los ocho apartados, en realidad, son los ocho capítulos pertenecientes a cada temporada de esta serie ficticia. A su vez, los ensayos están firmados por académicos españoles (también ficticios) que intentan interpretar la serie televisiva con herramientas teóricas. Tal vez en estos ensayos se pueda rastrear la única alusión tácita a la figura de James Joyce que pueda sugerirnos el título de la novela (además de la somera mención explícita del cuento joyceano al final de la trama). Se trata de aquello que Lacan (y después Zizek) denominó Joyce, le symptôme: la escritura de una ficción condicionada por una auto-crítica hecha por el autor en función paranoica de lo que la crítica literaria podrá señalar una vez publicada esa ficción. Carrión, mediante sus heterónimos académicos, hace una crítica de su novela antes que los críticos lo hagan por él. Estos ensayos, finalmente, son una oda sofisticada a la literatura fundada por Pierre Menard.

Se ha comparado Los muertos con las series televisivas a las que evoca explícitamente el texto, las mismas que mencioné en el primero de estos párrafos. Se ha destacado sus innegables logros formales: sobre todo el juego lúdico y lúcido con la irreconciliable dicotomía entre el lenguaje literario y el audiovisual; la intertextualidad no ya literaria (tan en boga) sino cinematográfica y televisiva importada a la literatura (es divertidísima la escena en donde Tony Soprano quiere repartirse el terreno de una Nueva York en ruinas con Michael Corleone). Esta intertextualidad tiene un objetivo también muy claro: desafiar la institución de la literatura con mayúsculas, la canonizada por la academia. El desafío radica en demostrar que es posible integrar los productos populares de consumo actual en la ficción literaria. Productos de la cultura de masas (desde el best-seller, hasta el thriller sci-fi pasando por las distintas modalidades del mundo audiovisual y el cómic), históricamente despreciados, infravalorados e ignorados por gran parte de la crítica académica.

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14/12/2009

Recibimos: Noticias de los montoneros

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Agradecemos a Random House Mondadori y a Gabriela Esquivada por el envío de su libro Noticias de los Montoneros, editado en el sello Sudamericana.

Noticias fue mucho más que “el diario de los Montoneros”. Este experiencia única en el periodismo argentino debutó a fines de 1973 y duró los nueve tumultuosos meses del último gobierno de Juan Domingo Perón, su muerte, el nacimiento de la Triple A, la intensificación de la guerrilla y la crisis política que desembocó en el golpe de Estado de 1976. Se imaginó, y por momentos logró ser, un medio a la vez sofisticado y popular: La Opinión en traje de Crónica. En su redacción sobraron los nombres ilustres: Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, Francisco Urondo, Juan Gelman o el ya por entonces mítico Rodolfo Walsh. También jóvenes promesas que se realizarían en diferentes direcciones: Carlos Ulanovsky, Roberto Guareschi, Martín Caparrós, Sylvina Walger o Alicia Barrios.

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