09/06/2010

Entrevista a Pedro Mairal #3/3

Por

[Leer parte #1, #2]

El pasado

Si algo caracteriza a Pedro Mairal es su bajo perfil: “Vos sabés que yo no me considero un gran novelista. Quizá Salvatierra sea la más novela de todas, pero Sabrina Love y El año del desierto tienen algo de cuento largo, un personaje que va pasando por una serie de obstáculos. No hay una historia contada por muchas voces como suele suceder en las novelas”. En Salvatierra, por ejemplo, su última novela, un pintor mudo trabaja sobre el mismo cuadro continuamente durante toda su vida hasta que se muere. Sus hijos serán los encargados de relevar los enigmas que encierra esa pintura para rescatarla así del olvido.

Hay una vuelta hacia uno mismo, hacia la propia historia familiar, es decir, al pasado como forma de encontrarse en el presente.

Es como una autobiografía donde la persona que la hace ya no está. Lo que ve durante toda su vida, su pueblo. La novela está contada a través del cuadro, de lo que falta del cuadro, de lo que hay, de lo que van viendo sus hijos. El padre era un narrador a través de la imagen. El personaje encuentra a su padre, lo conoce a través del cuadro, y también se ve a sí mismo porque incluso en un momento ve que el padre lo pintó a él, cuando se estaba yendo en tren a estudiar a Buenos Aires. Me interesaba un personaje mudo, de provincia, una especie de Juan L. Ortiz. Y también la idea del hijo aplastado por esa obra, que no encuentra su lugar hasta que lo encuentra. En un momento él dice: “Yo siento que mi viejo lo pintó todo, el único lugar que tengo en blanco es la hoja donde yo puedo escribir, o sea, la palabra”. Eso es lo que él siente como un espacio propio, ante su propio padre mudo.

¿Y en que otras partes de la novela entra la poesía de Juan L. Ortiz?

Juan L. muestra bien ese paisaje entrerriano que a mi me gusta mucho. No es un paisaje muy espectacular, no hay cataratas, ni montañas. Es un paisaje sencillo, compuesto de ríos, sauces, pajonales, muy chiquito, muy lindo también, muy fluvial, como un transcurrir del tiempo. Yo por la necesidad de la novela los mandé al río Uruguay, porque necesitaba un río más grande, para que viajaran al otro lado. Además, quería crear un cuadro que se moviera como un río. De hecho, al final de la novela, el cuadro se mueve en una especie de pantalla gigante en el museo.

El personaje busca la historia de su propio padre para cerrarla pero también para entender su propia historia.

Sí, con toda la incomunicación insalvable que hay entre un padre y un hijo. En este caso sumado al hecho de que el padre era mudo. En la novela no está mi viejo, no es autobiográfico para nada, yo no tengo un viejo como Salvatierra, pero sí creo que la distancia que hay entre generaciones es que la que hay entre ellos. Vos podés estar hablando cara a cara con tu viejo pero en realidad tenés 30 años de por medio. El personaje cuando lo ayudaba a su padre en la novela no lo conocía, no sabía ni quién era. Y lo empieza a conocer cuando su padre ya murió, como adulto. Cuando empieza a ver el cuadro y entiende algunas cosas. Me parece que esa búsqueda es una cosa que le debe pasar a todo el mundo. Tiene que ver con tu propia identidad. El personaje, además, al principio del libro está jugado. Se acaba de divorciar, se le fundió la inmobiliaria que tenía en Buenos Aires. Vuelve a su pueblo natal y empieza a buscar su lugar. Descubre que su lugar es la palabra, escribir, y termina escribiendo en Gualeguay, en un diario.

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08/06/2010

Entrevista a Pedro Mairal #2/3

Por

[Leer parte #1]

La identidad

En el cuento “Cuadros” sugerís, no sé si me equivoco, a través de la historia entre un escritor ciego y su mujer, cierto paralelo con Borges y Kodama.

En realidad, lo que hay es la silueta de un tipo ciego con una mina más joven que él, que hace las veces de lazarillo y al mismo tiempo se quiere casar con él. Se puede leer así, pero no necesariamente son Borges y Kodama. Yo creo que tiene que ver con que era la época en que mi ex mujer se quería casar y no paraba de decírmelo. Yo creo que estaba en ese plano el cuento. Seguro que hay algo de Borges, pero no podría decir que es él.

Por un momento pensé que estabas aludiendo a Borges por alguna razón.

No, como te digo, lo metí en esos personajes pero había algo mucho más autobiográfico. Lo que pasa es que el libro en sí tiene algo de muestrario. Bueno, yo puedo hacer esto. No sé si es un libro de cuentos con cierta unidad. Hay un libro como de explosión, puedo ir para allá, para acá, como testeando y probando mis fuerzas.

Por eso te decía, en el libro hay cuentos como más realistas y otros no tanto, y eso es lo que llama la atención, que tomes cosas ordinarias, un tipo que de repente tiene que reemplazar a su amigo publicista y termina enredado en un departamento de prostitutas, o cuentos como el que hablábamos antes, Amazonia.

Pienso que tendré mucha influencia de la literatura fantástica. De Borges, Bioy y Cortázar, seguro. Me parece que el cuento “Hoy temprano”, por ejemplo, tiene bastante de “Autopista del sur”. “Amor en colonia” es un cuento fantástico al final. Es una pareja que se va de trampa a Colonia y empiezan a mentir sobre quienes son ellos. Nosotros somos tal y tal. Al principio, como en chiste. Después les afanan el auto, les roban todo y se quedan en serio sin identidad. Y en la vuelta es como si esa identidad que habían inventado los fuera chupando. Ellos no se dieron cuenta y empezaron a mentir y terminan siendo sus propias mentiras.

¿Y el cuento del publicista?

Eso fue una suplencia que hice en una agencia de publicidad. Un ambiente tremendo, totalmente jerárquico. Ahí de nuevo hay una cosa con la identidad, porque el personaje de golpe entra en una agencia de publicidad a hacer una suplencia, que de por sí es meterse en el asiento de otro, y a su vez se muere uno de los flacos que trabajaba ahí, y entonces otro que estaba en la agencia lo lleva a ese departamento de prostitutas, un poco como para reemplazar al muerto. Así, cada vez más el personaje se va metiendo en otra persona. De hecho, una de las mujeres le había preparado al que se murió una taza de “Racing 6 Boca 4”, y el amigo del muerto le dice, “bueno, llevatela vos”. Y él se queda con ese objeto que era del otro. Voluntariamente o involuntariamente, las circunstancias te van empujando y te vas metiendo en una vida que no es la tuya. En el libro, además de “El amor en Colonia”, está el cuento “La vuelta”. Que es una pareja que se conoce en Pinamar, él es artista plástico, bohemio, clase media baja, hace body painting en la playa, y conoce a esta chica que es de clase media alta y se enganchan. Y el cuento empieza cuando están volviendo en ómnibus y ella cree que está embarazada.  Entonces dice: “Qué hacemos si estoy embarazada”, y empiezan a imaginarse en el Bolsón y se besan. Pero a lo largo del viaje, cada uno va volviendo a su espacio. A ella le viene la menstruación, y bueno, finalmente cada uno se va por su lado y no se van a volver a ver nunca más.

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07/06/2010

Entrevista a Pedro Mairal #1/3

Por

En esta nota, que se hizo el año pasado en su departamento de Recoleta, Pedro Mairal reflexiona sobre gran parte de su obra y su trayectoria como escritor. Habla de sus libros, sus lecturas y la realidad Argentina. Pone en duda algunos misterios del trabajo del escritor y revela algunos secretos acerca de sus relatos. Por último, además de confesar que nunca pudo terminar de ver la película Una noche con Sabrina Love, asegura que le gusta jugar al fútbol, pero que ninguno de sus amigos lo quiere para su equipo.

Foto de Clara Muschietti

Me recibe con apuro: “Entrá, dale que están pasando un documental por Encuentro que está buenísimo”. “¿Qué?”. “Jackson Pollock, el pintor estadounidense que en un momento coronaron mejor pintor de Norteamérica en la revista Life, y no pintó nunca más, congelado”.

El departamento tiene tres bibliotecas aunque, contrariamente a lo que suele suceder, no se halla saturada de libros. “Yo estoy tapado de libros, ya no sé qué hacer. Algunos los tuve que dar, otra parte los tiene mi hermana. Quizá seamos la última generación que tenga bibliotecas con muchos libros. Van a ser unas cosas heredadas, acordate. Hay muchas cosas que si las pudiera tener en digital yo lo preferiría”.

La literatura es la mejor manera de quedarte tranquilo en tu casa y no tener que hacer todas esas cosas que imaginás

Se sienta en el sillón: “¿Te acordás del comienzo de Sabrina Love?”, me pregunta. “Sí, ¿por?”. Y me muestra una aguja de tejer, estira el brazo y cambia de canal. “¿Qué? No te puedo creer”. Saca el libro. Me lee las primeras líneas. Efectivamente, el personaje hace zapping con una aguja de tejer, se detiene en los canales codificados para descifrar las imágenes porno.

Han pasado más de diez años desde que Pedro Mairal recibiera el premio Clarín-Alfaguara. Tenía tan sólo 28 años y como al pintor del documental, aquel premio lo paralizó. De un día para otro se había convertido en la promesa más joven de la literatura argentina. Estuvo sin escribir por un tiempo. Por suerte para sus lectores fue sólo un tiempo. Aquella crisis ya pasó y desde entonces no ha parado de publicar ni de escribir. ¿Qué lectura hacés hoy de Una noche con Sabrina Love?

Me gusta la historia y me alegra haber escrito eso. Me gusta el chico, el personaje de Sofía, Sabrina y, especialmente, la parte de la ruta. Lo que veo es que hay un uso del lenguaje que ahora yo no haría. Es un poco lírico, por momentos habla de la penumbra, del alba. En fin, reescribiría algunas escenas, sobre todo las eróticas, aunque tampoco la corregiría tanto.

Nada es lo que parece

En Hoy temprano, su primer libro de cuentos, Pedro Mairal demuestra, además, por qué se ha ganado un lugar entre los grandes narradores argentinos. Con un tono realista y un despliegue de personajes que cualquiera podría encontrar en la calle o en un colectivo, pareciera, no obstante, que no pudiera ceder al impulso de transportarse a otra dimensión.

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05/11/2009

Pedro Mairal en Alejandría

Por

El día martes fui a la tradicional lectura del Grupo Alejandría. La última edición del año. Estuvieron Pedro Mairal, como se puede ver en la foto, Oliverio Coelho y Juan Cejas, además de los integrantes estables de Alejandría.

Mairal leyó un cuento y participó de una entrevista pública que le hizo Ximena Venturini, de Alejandría. Lo que sigue es esa entrevista.

Pedro Mairal y Ximena VenturiniPedro Mairal entrevistado por Ximena Venturini

Pedro Mairal: Me parece que es un ejercicio que siempre hicieron los escritores. Antes se hacía en novelas, esto de travestirse, por ejemplo. Ahora alguna gente lo hace en los blogs. En realidad hay ejercicios literarios que la gente está haciendo todo el tiempo sin saberlo, por ejemplo: cuando se cambian la identidad en un chat o lugares así de Internet. Hay un juego ahí de convertirte en otro que es muy literario, aunque la gente no piense que esté haciendo literatura, por suerte, ¿no?

Yo ya no me siento más una joven promesa porque además no le prometí nada a nadie. Pero es como un asunto de los otros, no es algo que me incumbe mucho.

Con respecto a la poesía y la narrativa: yo sé muy claramente cuando empiezo a escribir algo si es un poema o si va para otra cosa. Es un poco esquemático lo que voy a decir, pero es algo sí como que la poesía es bailar y la narrativa caminar. La narrativa se mueve con unos pasos más cronológicos, es sobre todo el uso del tiempo, una escena desencadena en otra escena y el tiempo está desarrollado linealmente aunque haya saltos para atrás.

En la poesía el tiempo está presente todo junto como si fuera un deja vu o como si fueran esas imágenes que uno tiene antes de morir, antes que te pise un auto, la vida de golpe. La poesía tiene mucho de eso, por supuesto que la narrativa también puede hacerlo, pero si lo toma esquemáticamente podría decir eso, que la poesía narra el tiempo con mayúscula, todo ovillado. Esa sería la diferencia. A veces me agarra ganas de escribir una cosa y a veces ganas de escribir otra cosa. No sé a qué obedece eso.

Ximena Venturini: Bueno, en relación con tu escritura, quizás algo que siempre dicen los críticos es que sos un escritor muy tradicional. Quizás se deba a tu formación de Licenciado en Letras. Una vez, el año pasado me habías dicho en una entrevista que Salvatierra la habías escrito antes y en realidad la crítica dijo que es tu obra más madura. Bueno, no sé qué le pasa a los lectores, pero cuando lo leí yo, me pasó eso, me parece que tiene un dejo de literatura oriental, a ver cómo debatís esta idea.

PM: Primero tengo que decir, para no quedar como esos ingenieros truchos que después no son ingenieros, como Graciela Alfano, tengo que decir que no soy Licenciado, nunca me recibí, me quedaron unos finales.

Salvatierra lo escribí en el 2003 y después escribí El año del desierto. Se publicó primero El año del desierto en 2005 y en 2008 se publicó Salvatierra. No sé por qué los críticos decían que yo había alcanzado una madurez, yo no dije nada. Siempre hay que decir que los libros son fresquitos, que los acabo de escribir, nada de decir que sacaste algo del fondo del cajón.

También me pasa que cada libro trato que sea distinto, cada libro trae su estilo. Cada libro de algún modo, a medida que lo empezas a escribir te va diciendo cómo tenés que escribirlo. Bah, a mi me pasa por lo menos, tengo que descubrir cómo escribir ese libro. No es que ya tengo un estilo y ya escribo así, sino que tengo que ver cómo escribo ese libro. En cierta forma, aunque parezca un poco exagerado, tengo que aprender a escribirlo.

En ese sentido Salvatierra es un libro que podría ser una especie de novela medio japonesa, tiene una cosa contemplativa con la naturaleza y además el río… hay una cosa un poco Juan L. Ortíz. Digo, ojalá la haya, el poeta entrerriano y también una mirada como de haiku. Pero eso me lo dijo el libro, no sé cómo explicarte, no es que fue un momento de mi vida en que mi forma de escritura se desarrolló en ese sentido sino que ese libro sentí que lo tenía que escribir así.

Entonces bueno, después los críticos piensan que eso es más maduro, lo que hiciste antes y está bien, yo lo acepto porque son lecturas y a lo mejor el acto de publicar en ese orden esos libros implique cierta madurez, cosa que puede ser, que tengan un poco de razón.

XV: ¿Cuando ganaste el premio eras muy joven no? Tenías 28 años. ¿Eso te condicionó de alguna manera, te hizo bien, te hizo mal? Y además después de la famosa película con Cecilia Roth, ¿la viste?

PM: Yo tenía 28 años cuando gané el Premio Clarín y es verdad que era chico porque era lo primero de narrativa que publicaba. Yo había publicado poesía nomás. Entonces fue buenísimo, pero estaban Bioy Casares, Roa Bastos y Cabrera Infante en el jurado. A mi me superó un poco eso y después sentí mucha exposición. Salió la película y necesité esconderme un poco.

En ese sentido usé poco la poesía para escribir y tuve que escribir pensando “esto no se lo voy a mostrar a nadie” porque esa novela se leyó mucho y por el hecho de que era un diario importante, me cayeron bastante fuerte. Yo estaba muy crudo para recibir a la vez tanto elogio y tanto palo, ¿no? Todo junto. Me volví demasiado consciente de todo eso. Me sentaba a escribir narrativa y tenía el ojo acá, el ojo crítico. Me refugié mucho pensando “estos son textos que no voy a publicar” y escribía un falso diario con cosas que en realidad no me pasaban a mi sino que tenían fragmentos de cosas que después terminaron siendo cuentos. También escribí poesía. Fue una manera de recuperar el silencio interno, ese que hace falta para escribir. Por supuesto que me vino muy bien todo eso.

En el medio de todo vi la película, y fue duro. En ese momento para mi fue como que le hagan cirugía estética a tu hijo… y mal. Pero es porque por una cuestión de amor propio vos inventaste la historia de una forma y sentís que viene un director y sobreimprime tu historia con su lectura y de hecho pasa a estar Cecilia Roth en la tapa de mi libro, o sea que no hay manera de imaginarse a Sabrina Love sin Cecilia Roth. Fue una lección eso y ahora con el tiempo puedo decir que me alegra que hayan hecho la película, por más que a mí no me haga gustado demasiado.

Es el día de hoy que si un taxista me pregunta “vos qué hacés”, “bueno, yo escribí una novela que se llama Una noche con Sabrina Love” Y bueno entró el nombre de un libro en el disco rígido de la gente, eso es bastante raro, eso lo hace el cine. Además eso me permitió después entrar a lo que más te da en el mundo este, que es escribir guiones. La única cosa rentable de escritura que trabajé hasta ahora al margen de algunas cosas de periodismo es escribir guiones de cine. Por alguna razón los directores creyeron que yo podía escribir guiones, yo dije que sí, que podía y me puse a escribir cosas. El año pasado escribí con Sorín La ventana, después de varios guiones fallidos que no se filmaron. Y esa fue un poco la historia del cine.

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21/11/2008

Pornosonetos

Por


por P.Z.


Entrevista a Pedro Mairal.
Tercera y última parte. [Leer la segunda]

Con las debidas disculpas por la demora (sirvan como excusa ciertos inconvenientes técnicos), publicamos la tercera parte de la entrevista a Pedro Mairal.

Pedro Mairal
Pedro Mairal en Radio Palermo

Luego de una charla intensa, Pedro se dejó convencer y leyó un par de pornosonetos de “su amigo” Ramón Paz:

05/11/2008

Cuando no escribo me siento muy indigno de la vida

Por


por P.Z.


Entrevista a Pedro Mairal
Segunda parte [Leer la primera]

Pedro Mairal

En las tres novelas tenés una relación muy jorobada con los padres. De hecho, mueren todos.

¿Ah, sí? ¿Los mato a todos?

En Sabrina no están.

Es verdad.

A María se le muere el padre y arranca con la muerte de la madre… En Salvatierra creo que la madre sobrevive.

No, en Salvatierra también, creo que al principio muere. De hecho me parece que las dos muertes ahí suceden muy parejas. Muy pegadas una con otra en Salvatierra. Es verdad, ¿y qué me querías preguntar con eso? [Risas]

¿Estás rompiendo con algo generacional?

Puede ser, no sé. También tiene que haber una cosa como de historia personal, con respecto a mis padres. Yo los quiero mucho, pero tuve que hacer mi propio camino, yo no tenía un modelo artístico familiar: mi padre abogado, mi vieja asistente social. Así que me tuve que inventar a mí mismo. Si te inventás a vos mismo, es como que vos te creaste. Esto lo digo sin soberbia, no quiero que suene soberbio. Pero hay una parte tuya que sos vos, no sé, lo estoy pensando ahora en voz alta, no es algo que me lo haya planteado muchas veces.

En Salvatierra creo que es la primera vez que tomo el tema de la relación padre e hijo de una manera un poco más profunda. Es verdad que en [Una noche con] Sabrina Love los maté antes de la primera página. (Estoy mirando los libros). En El año del desierto hay una cosa brava ahí, la hija se ocupa de toda la enfermedad del padre. Y en Salvatierra está el vínculo con este padre plenipotenciario y lo que hace al hijo tener esta especie de relación postergada, una relación que había quedado medio trunca.

El padre mudo, eso puede ser otra metáfora. En Salvatierra hay una metáfora que es la distancia que existe entre las generaciones. Quiero decirte: yo a veces le hablo a mi hijo y me doy cuenta que ahora no me entiende, pero que algún día me va a entender. Me pasa mucho con mi padre, que a veces me dice cosas y es como si los 30 años que nos llevamos estuvieran ahí en el medio. Me dice algo y yo lo escucho 30 años después. Como si estuviéramos parados, no a 30 metros si no a 30 años de distancia. Eso es imposible de sortear. Está, la diferencia generacional no se puede evitar.

El libro es una especie de metáfora de esa distancia, pero también una manera de salvar esa distancia, de trazar un puente. El padre pintó al hijo, le habló al hijo a través de es pintura, Y el hijo de alguna forma al buscarlo, también dialoga con el padre. Pero termina siendo esta especie de comunicación que sucede en el arte, que no es en vivo, si no que hay un desfase. En un momento alguien crea algo y en otro momento, a veces mucho tiempo después, el otro lo percibe, lo disfruta, lo asimila y se produce una comunicación. Pero es a destiempo. Me parece que la relación padre e hijo tiene mucho que ver con ese desfase temporal.

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04/11/2008

El alma de un libro es la suma de sus lecturas

Por


por P.Z.


Entrevista a Pedro Mairal. Primera parte.

Esta entrevista a Pedro Mairal formaba parte de un proyecto que, por ahora, quedó en stand by: tenía –aún tengo- la intención de mantener un podcast con reportajes a escritores. Diferentes motivos retrasaron el proyecto, pero la charla, de casi una hora, me resulta demasiado interesante como para que quede en un archivo perdido en mi PC. La transcripción será en tres entregas, aquí la primera.

Pedro Mairal
Pedro Mairal en Radio Palermo

¿Cómo te llevás con tus libros una vez que los publicás?

La verdad es que a los libros los quiero. Los acepto como son, no les pido nada que no puedan hacer. En el sentido que conozco las limitaciones porque, sobre todo cuando los acabo de escribir, les veo todas las costuras, todas las cosas que quise hacer y no me salieron, pero cuando va pasando el tiempo se van volviendo ellos mismos. De alguna forma son lo que son, lo que salió.

También se van volviendo mucho más reales, porque los van leyendo. Los libros se vuelven reales en la medida en que los lectores se los apropian. Me sorprende mucho los caminos personales que hacen los libros. Y estoy hablando un poco de libros como si fueran hijos, ¿no? Pero la verdad es que tienen un camino muy personal. Una velocidad distinta, una manera de encontrar a sus lectores, de esperar a sus lectores.

[Una noche con] Sabrina Love fue un libro muy explosivo, por una cuestión erótica del morbo, que el lector quiere saber qué pasa, si ese protagonista logra encontrarse con la actriz porno o no. Ese libro ya se tradujo a 5 idiomas y está por todo el mundo, se hizo una película, se sigue traduciendo, se sigue leyendo. Los libros de poesía tienen una velocidad mucho más lenta, pero a la vez son como la gota que orada la piedra. Hay algo en la poesía que tiene más continuidad. Lo que te quiero decir es que cada libro pareciera tener como una vida propia, un alma propia.

Esa alma, de verdad lo digo, sin querer ser demagógico, la forman los lectores. Tomando esta idea de que el alma la forman los lectores, el alma de un libro es la suma de lecturas, la suma de maneras de entender un libro, todas esas lecturas posibles, cuando se hace una película, como pasó con Sabrina Love, la película de un modo se superpone arriba de un libro. Como una lectura del director que de algún modo se congela, la lectura del director queda congelada en esa película y de algún modo impide la diversidad de lectura. Ahora está Cecilia Roth en la tapa de la novela, y difícil para los que compran el libro imaginársela distinta, tenés que hacer un esfuerzo de imaginación.

De todas formas, no quiero quedar como una cosa así, medio llorona con respecto a la película. Después si querés hablemos de eso, estoy contento que la hayan hecho. Pero un poco lo decía para profundizar qué es el alma de un libro, eso me parece que es, es la suma de lecturas.

A cada uno lo quiero así con sus defectos.

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