04/07/2011

Un olvido que se transforma en memoria

Por

Sobre Un hombre llamado Lobo,
de Oliverio Coelho (Duomo, 2011)

Había tenido noticia de su llegada. Recibí este libro de manos de un amigo, como se recibe una herencia en vida; con esa mirada triste y desvaída de quien, sabiéndose incapaz de continuar sobrellevando una duda existencial, en un póstumo gesto de renuncia, se despoja de algo querido, legándolo a aquel que ha sido un fiel escudero en pretéritas aventuras compartidas, con la íntima certeza de que éste llevará a cabo la tarea que ya se vislumbra imposible: en este caso, leerlo. Una persona cercana a mi lo rescató de en medio de otros títulos cuando los sometí a su elección.

Duró lo que un suspiro, tan amena es la prosa con que Coelho nos relata la historia de Silvio Lobo, un funcionario corrupto que a los cuarenta años de vida decide dejar a su madre y formar una familia. Para ello, conoce a Estela, con quien se casa y tiene un descendiente, Iván. Al tiempo, sin dejar rastros, ella abandona el hogar, luego rescata al hijo y se da a la fuga. Lo que sigue es el derrotero de él y Marcusse, un detective contratado, saliendo en busca de madre e hijo.

Ambientado a principio de los ’80, la acción se desarrolla en Buenos Aires, pasa a Carmen de Patagones y Viedma, para finalizar en San Manuel –cercanías de Tandil-. Ambos protagonistas van desgranando no solo los resultados de la pesquisa sino poniendo de manifiesto sus historias y recuerdos, en medio del fondo cansino y monótono que ofrece la vida en los pueblos del interior, con sus clásicas siestas, asados y chismorreos vecinales. Mas es también la crónica de un reencuentro entre padre e hijo, después de casi veinte años de separación. Un viaje realizado en ambos sentidos; un olvido que se transforma en memoria.

Lo que reúne a los personajes que se van dando cita a lo largo del relato es el estado de deterioro y resentimiento que provoca la ausencia de mujeres en sus vidas. Este es el denominador común, último responsable del grado de soledad y frustración que anima al universo masculino y, en gran medida, de lo que acontece en la trama. Las mujeres, así, componen la matriz donde se insertan cada una de las historias personales.

Provisto de un narrador y haciendo uso del recurso del intervalo para intercalar el presente dentro del pasado, el autor también repara en cómo favorece o perjudica el azar, con su lógica propia -inaccesible para cualquier profano- a las relaciones humanas tanto como al devenir de los sucesos.
Finalmente, la fluidez de las líneas y el estilo coloquial de la narración ayudan a que su lectura resulte entretenida y fácil de digerir, a más de estar provisto de un final emotivo. Un libro para llevar de viaje, sin duda.


02/05/2011

Recibimos: Un hombre llamado lobo

Por

Agradecemos a Ediciones Duomo por el envío de Un hombre llamado lobo, novela de Oliverio Coelho. Al mismo tiempo, Duomo debuta en las librerías argentinas con este título.

A los cuarenta años Silvio Lobo toma la decisión de dejar a su madre, casarse y tener una familia. Con los mismos artilugios que suele utilizar para obtener favores burocráticos, se hace con un lugar donde vivir, una esposa para mantener y un hijo. Pero con la misma facilidad con que ha obtenido esa vida segura, al poco tiempo lo pierde todo.
Abandonado, Lobo contrata los servicios de Marcusse, un detective privado, obsesionado con la mística del azar, cuya misteriosa mirada lo acompañará para ir tras aquello que sería su futuro: su mujer y su hijo Iván.

Silvio Lobo y Marcusse emprenden un viaje iniciático, una epopeya que transforma el sentido de sus vidas, y que poco a poco toma tintes de exilio amoroso y comienza a dibujar una cartografía definida por mujeres convertidas en recuerdo.

13/04/2011

Llega Duomo ediciones a la Argentina

Por

22/03/2011

Escritores argentinos en París #2/2

Por

[Leer parte anterior]

Martín Kohan: Viniendo hacia aquí con el metro, pasé por Montparnasse. Es decir que pasé muy cerca de Sartre. Porque estamos hablando de él, de alguna manera. Probablemente, lo que estemos haciendo básicamente es esto. Una marca generacional, en todo caso, puede integrar generaciones distintas pero siempre posteriores a las de aquellos que creyeron en Sartre completamente. Nuestro legado ha sido la duda con respecto a esa tradición. Creo que en un punto muy concreto, Sartre, como un Platón contemporáneo, expulsa a la poesía de su República del “Compromiso”. Quizás nosotros la estamos repatriando, al descartar o abandonar la dicotomía que obligaba a los escritores a elegir por el lenguaje como forma o por el contenido político. Como si no fuese el lenguaje como forma el instrumento más eficaz para tocar lo político en la literatura.

Moderador: Muchas gracias, Martín, quisiera presentar a los demás escritores, porque aún no lo he hecho. Hernán nació en 1975 en Chivilcoy, es sociólogo, profesor en la Universidad de Buenos Aires, autor de La descomposición. Hernán es parte de La Joven Guardia. Su obra Le dernier train à Buenos Aires ha sida traducida al francés, y es una obra que quiero evocar a propósito de lo que señala Martín Kohan. Tu novela es un rompecabezas de cuatro épocas históricas diferentes que construye una historia que habla como Ciencias morales de un contexto político muy concreto. Hernán, ¿elegiste abordar la historia desde una elaboración formal muy marcada?

Hernán Ronsino: Bueno, sólo dos cosas más sobre política y después me meto en el texto. La primera: la cita que abre el texto de Operación masacre de Rodolfo Walsh me permitió pensar la novela como una esquirla de una violencia política nacional que sucede en otro lugar, distinto del pueblo donde ocurre la novela. Un lugar que además es el lugar donde yo nací y viví durante veinte años. En ese sentido, hay una idea que está presente en mis dos novelas: el trabajo con lo fragmentario, con el desvío. Recuperar cierta tradición que me interesa, pero trabajarla desde los desvíos y desde la periferia. La narración sucede en un territorio que está en la Pampa Húmeda, en la Provincia de Buenos Aires, un lugar que ya no es importante en términos políticos y culturales pero sí en términos económicos: la tierra siempre es importante. Estas ideas aparecen en mis novelas, también en el título de La descomposición, donde pienso ciertas tradiciones argentinas que a mí me interesan pero torciéndolas.

M: Esta descomposición no es sólo formal, en cuanto a la narración por fragmentos, sino también de aquellas cosas que se alteran, que se corrompen, aquellas heridas aún no cerradas.

Hernán Ronsino: Si, también hay una descomposición perceptiva de la realidad, de los espacios. Especialmente, en esta novela, la desaparición del ferrocarril como eje articulador. Una última observación política: es curioso que el liberalismo del siglo XIX pensó y construyó el ferrocarril para integrar el territorio nacional; mientras que el liberalismo de fin del siglo XX lo desarticuló totalmente. La novela piensa también ese espacio.

M: Muy bien. Quisiera presentar a Andrés Neuman. Naciste en 1977 en Buenos Aires, sos hijo de músicos emigrados, sos hispano-argentino. Estudiaste en la Universidad de Granada, en España, donde también diste cursos de literatura latinoamericana. Fuiste señalado por diferentes críticos, fuiste seleccionado en Bogotá entre los mejores 39 autores jóvenes de lengua española. [Neuman advierte al moderador que también Oliverio Coelho fue seleccionado]. Con él, sí, es cierto, preveía decirlo en su presentación, gracias. [Risas] Publicaste cuatro novelas, novelas cortas, cuentos. En francés sólo tenemos un libro de microficción, me gustaría que nos hablaras de este género, que creo que es muy contemporáneo en Argentina, vos sos parte de un grupo de jóvenes que re-escriben esta forma breve que practicaba Cortázar, por ejemplo. ¿Cuál es la importancia que das a estos géneros más breves, como la novela corta o el microficción?

Andrés Neuman: Igual que con la política, en la forma literaria, a mí me importa la opinión contraria. Lo contrario de lo que hago o lo que pienso. Respondo esto porque aparte de la microficción, curiosamente mi última novela tiene quinientas páginas, la va a publicar en el mes de septiembre Fayard, el título es Le voyageur du siècle. Es una novela que refuta totalmente la micronarrativa. Viendo a la inversa, lo que me interesa de la micronarración es cómo prescinde de todos los grandes valores que entendemos por novelísticos: la psicología del personaje, el desarrollo temporal, la descripción minuciosa, todo eso que en mayor o menor medida necesitaremos para construir una novela. En cuanto a la tradición argentina de la microficción, inclusive diría latinoamericana, tengo la sensación de que más que haber cambiado la escritura, lo que cambió fue la consciencia de lectura. Como bien ha mencionado usted, Cortázar, el mismo Borges, también Roberto Arlt, si queremos, por mencionar sólo argentinos (también Monterroso, Piñera, Denevi), han cultivado aquello que llamamos microficción. Lo que no había era un marco teórico y de recepción para destinar esos textos a una zona específica de la literatura. Creo que solamente hace unos veinte años, hay un montón de autores de microrrelatos que son conscientes de estar escribiendo un género. En último lugar, como bien ha dicho Hernán, a mí también me interesa mucho el posible puente entre estos dos extremos. Mi primera novela habla de basureros que recogen fragmentos, residuos, pedazos; la estructura de esta novela (que se llama Bariloche) reproduce esa fragmentariedad de una bolsa de basura. No me interesaría en absoluto como un paradigma formal si no tuviese su capacidad de mezclarse y de ser refutada. Inclusive en la obra de un mismo autor.

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21/03/2011

Escritores argentinos en París #1/2

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Después de que la UNESCO eligiera Buenos Aires como la capital mundial del libro 2011, una veintena de escritores argentinos fueron invitados a participar del 31° Salon du livre de Paris en una serie de charlas, debates y conferencias, que tuvieron lugar este último fin de semana. Las mismas inauguraron el “Tandem Paris – Buenos Aires”, con encuentros artísticos organizado por el Institut Français, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el de París. Ayer por la tarde, tuve ocasión de presenciar la charla “Les nouvelles voix de la littérature argentine” entre Martín Kohan, Andrés Neuman, Oliverio Coelho y Hernán Ronsino. Acá van algunos fragmentos muy interesantes, repartidos en dos partes.

***

Moderador: [En francés] Martín Kohan, voy a comenzar con vos, porque llegaste tarde a propósito, [risas] pero si quieren tomar el micrófono luego y continuar con el debate, no lo duden. Martín, naciste en Buenos Aires en 1967. Antes comentaba que diez años separan los nacimientos de ustedes cuatro, así que podríamos estar hablando de una generación. Vos escribiste ya un ensayo sobre Walter Benjamin y siete novelas. En Francia sólo dos han sido traducidas: Dix-sept secondes hors du ring (2007) y Sciences morales (2010). Teniendo en cuenta tu formación en teoría y crítica literaria así como tu trayectoria novelística, si digo que en tu obra se puede encontrar de forma simultánea una aproximación erudita y creativa de la literatura, quisiera saber qué es lo que te suscita esta definición.

Martín Kohan: En primer lugar quisiera excusarme por haber llegado tarde; soy discreto pero soy un discreto que fracasa [risas]. Con respecto a la pregunta, personalmente lo que me entusiasma de la literatura es que a diferencia de lo que puede pasar con los músicos o los artistas plásticos, que trabajan con materiales distintos a los que emplean en su vida cotidiana; los que nos dedicamos a la literatura hacemos nuestro arte con lo mismo que llevamos adelante nuestra rutina: con las palabras. Pero esas mismas palabras en literatura parecen sonar de otra forma, parecen cobrar más sentidos que los que tienen cuando las utilizamos cotidianamente. Esa posibilidad de descubrir cada palabra y al mismo tiempo reconocerla es para mí el milagro de la literatura. Esto me provoca un inmenso placer.

M: La mirada invisible, película basada en Ciencias morales, aparecerá próximamente en Francia. Si sintetizamos el argumento de la novela: se trata de la historia de una preceptora que vigila y reprime a los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires en los años ochenta. Además del placer que generan, yo creo que las palabras en Ciencias morales van siempre más allá, cuentan con otros sentidos. Ciertas palabras (en Argentina, en la actualidad, el caso más evidente es el de “desaparición”) que llevan una carga histórica particular. A veces parece que la significación de algunas de estas palabras es aquello que hace avanzar la narración.

Martín Kohan: Te agradezco las observaciones. Yo creo que estas características generales de la literatura deben subrayarse mucho más cuando se trata de una novela política. Porque la realidad política, sobre todo cuando se trata de un período muy intenso como puede ser la dictadura militar de un país, es muy potente. El riesgo de una literatura que se interesa por lo político, como es el caso de Ciencias morales, consiste en que esa realidad política imponga sus sentidos. Hay una fuerte tradición de literatura política en la que yo no me reconozco: aquella en la que la literatura se subordina a la representación de una realidad que impone su lógica y fija los sentidos. La literatura se limita a ser un espejo que refleja algo que está afuera. En cambio, a mí me interesa la posibilidad que la literatura tiene de transformar las palabras cotidianas, porque permite definir otros sentidos posibles para esa realidad. Incluso, esa posibilidad permite hacerle decir a la política aquello que la política por sí misma no dice, aquello que la literatura sí puede revelar. En ese caso, para mí sí cobra sentido la literatura política.

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01/12/2009

Nuevo número de La comunidad inconfesable

Por

Para quienes no la conocen aún, salió el nuevo número de La comunidad inconfesable, la revista digital y breve que cuenta entre su staff a Oliverio Coelho y Leonardo Valencia. No se la pierdan.

01/10/2009

La antología coreana de Oliverio Coelho

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Ji-doOliverio Coelho antologó un libro de relatos que se aparta un poco del esquema tradicional: narrativa coreana, algo que estaba ausente en las librerías porteñas. No sólo me llamó la atención la hermosa tapa del libro sino también la mirada hacia una literatura exótica que confirma nuestras ansias cosmopolitas de porteños.

Contestó para Hda estas preguntas sobre el libro.

***

  • ¿Por qué relatos coreanos?

Porque creo que es una literatura poco conocida en Argentina, una literatura a la que fortuitamente accedí y que está pasando por un muy buen momento, como el cine. Vale la pena lanzar un elemento extraño a un campo literario como el nuestra, tan endogámico.

  • ¿Elegiste autores consagrados o jóvenes narradores?

Hay autores consagrados y jóvenes. Pero que fueran jóvenes o consagrados en realidad es algo secundario, no formó parte del criterio de selección, porque cuando me propuse hacer esta antología conté con una cierta cantidad de cuentos, suficientes para tener un panorama, traducidos ya por Kim Un-kyung, y sabía quién era cada autor, ni su importancia ni su fama. En base a esos cuentos, hice una selección bastante ecléctica. Como advertí en el prólogo, la antología es parcial y más bien yo, como antólogo, intenté encontrar entre los textos una concordancia o un relato social-histórico bien amplio y elegí ciertos textos y otros no en base a esa premisa: de la colonización japonesa, pasando por la guerra de Corea y las posteriores dictaduras, hasta el neoliberalismo salvaje actual.

  • ¿Estuviste viviendo en Seúl?

Sí, estuve viviendo en las afueras de Seúl parte del 2007. Ahí conocí varios escritores contemporáneos y pude percibir como la sociedad coreana se encontraba en una etapa de neoliberalismo avanzado. Desde hace tiempo la influencia norteamericana en el estilo de vida es fuerte y creo una especie de mirada occidental, o globalizada, en muchos coreanos. Entonces me pregunté cómo se enfrentaban a este dilema, el fin de las tradiciones milenarias, los artistas. Porque es tan antiguo como China, y sin embargo este pasado milenario parecía reducido a folclore del que los mismos coreanos eran espectadores extranjeros. En la mayoría de los escritores vi una postura crítica hacia esa nueva sociedad globalizada. Y me sorprendió notar el compromiso con los recientes dramas del pasado, como si en sus manos estuviera la responsabilidad de saldar esas cuentas.

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