14/04/2011

La lectura de una novela circular

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Cuando cerré el libro de Martín Kohan, Cuentas pendientes; cuando lo cerré porque había llegado a la última página y más o menos me esperaba el artilugio técnico del final, pensé que era una novela circular. No sólo lo pensé, lo dije en voz alta para mí mismo, porque no me escuchaba nadie. Mi hija dormía en el cuarto y mi comentario azorado, espontáneo sobre una lectura que se acaba, no le movió un pelo. “Es una novela circular”, ve a ver porqué dije eso, porque sentí que esa frase me subía del estómago antes de yo poder hacer nada por evitarla o tal vez repensarla. ¿Qué entiendo yo por circularidad, en primer lugar? Pensé, por extensión en Borges, en sus Ruinas circulares y en lo literario y mitológico que encierra esa palabra.

Lo circular, lo que vuelve al punto de inicio, lo que cierra todo un trayecto y termina las cosas en el mismo lugar de inicio. Entonces, ¿fue todo una pérdida de tiempo? Digamos que no. En principio, no fue para nada una pérdida de tiempo leerme esa novela. Sabemos cuán sistemático puede ser Kohan (Me pregunto si sus vinculaciones sexuales las practica  con el mismo metodismo, si lo lleva todo anotado, si se aguanta si ve que está por irrespetar los ritmos que se ha establecido) pero la historia de Giménez es un deleite. Le tengo antipatía a los juicios de valor, sobre todo si lo que se escribe no es para uno mismo, es decir, si se intenta hacer crítica o reseñar algo, pero no hay más que verdad en ese adjetivo.

Imagen de blprnt_van con licencia CC

Fue un placer ser testigo en la intimidad de las lindezas (léase con ironía) de Giménez, un octogenario con un hastío que le cuelga hasta las rodillas. Un tipo que debe cuatro meses de alquiler y que no soporta a su ex-mujer y mucho menos a su suegra que roza el centenario. En esas descripciones, donde en realidad no pasa nada, salvo el capítulo de la carrera de caballos, la euforia y la subsiguiente decepción y el encontronazo con el portero del edificio, se manifiestan todo el escapulario de hábitos y costumbres del argentino promedio, sus luchas contra el consumo, sus modos de zafar y de aguantar y las masitas dulces como un anestésico. El argentino, viéndolo desde afuera, soporta de manera muy campante las apariencias, como si tales sirvieran como el muro de contención de la propia existencia. Tal vez me he ensañado con ese grupo en particular al punto de generalizar, pero esa es mi humilde y desvencijada opinión.

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22/03/2011

Escritores argentinos en París #2/2

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[Leer parte anterior]

Martín Kohan: Viniendo hacia aquí con el metro, pasé por Montparnasse. Es decir que pasé muy cerca de Sartre. Porque estamos hablando de él, de alguna manera. Probablemente, lo que estemos haciendo básicamente es esto. Una marca generacional, en todo caso, puede integrar generaciones distintas pero siempre posteriores a las de aquellos que creyeron en Sartre completamente. Nuestro legado ha sido la duda con respecto a esa tradición. Creo que en un punto muy concreto, Sartre, como un Platón contemporáneo, expulsa a la poesía de su República del “Compromiso”. Quizás nosotros la estamos repatriando, al descartar o abandonar la dicotomía que obligaba a los escritores a elegir por el lenguaje como forma o por el contenido político. Como si no fuese el lenguaje como forma el instrumento más eficaz para tocar lo político en la literatura.

Moderador: Muchas gracias, Martín, quisiera presentar a los demás escritores, porque aún no lo he hecho. Hernán nació en 1975 en Chivilcoy, es sociólogo, profesor en la Universidad de Buenos Aires, autor de La descomposición. Hernán es parte de La Joven Guardia. Su obra Le dernier train à Buenos Aires ha sida traducida al francés, y es una obra que quiero evocar a propósito de lo que señala Martín Kohan. Tu novela es un rompecabezas de cuatro épocas históricas diferentes que construye una historia que habla como Ciencias morales de un contexto político muy concreto. Hernán, ¿elegiste abordar la historia desde una elaboración formal muy marcada?

Hernán Ronsino: Bueno, sólo dos cosas más sobre política y después me meto en el texto. La primera: la cita que abre el texto de Operación masacre de Rodolfo Walsh me permitió pensar la novela como una esquirla de una violencia política nacional que sucede en otro lugar, distinto del pueblo donde ocurre la novela. Un lugar que además es el lugar donde yo nací y viví durante veinte años. En ese sentido, hay una idea que está presente en mis dos novelas: el trabajo con lo fragmentario, con el desvío. Recuperar cierta tradición que me interesa, pero trabajarla desde los desvíos y desde la periferia. La narración sucede en un territorio que está en la Pampa Húmeda, en la Provincia de Buenos Aires, un lugar que ya no es importante en términos políticos y culturales pero sí en términos económicos: la tierra siempre es importante. Estas ideas aparecen en mis novelas, también en el título de La descomposición, donde pienso ciertas tradiciones argentinas que a mí me interesan pero torciéndolas.

M: Esta descomposición no es sólo formal, en cuanto a la narración por fragmentos, sino también de aquellas cosas que se alteran, que se corrompen, aquellas heridas aún no cerradas.

Hernán Ronsino: Si, también hay una descomposición perceptiva de la realidad, de los espacios. Especialmente, en esta novela, la desaparición del ferrocarril como eje articulador. Una última observación política: es curioso que el liberalismo del siglo XIX pensó y construyó el ferrocarril para integrar el territorio nacional; mientras que el liberalismo de fin del siglo XX lo desarticuló totalmente. La novela piensa también ese espacio.

M: Muy bien. Quisiera presentar a Andrés Neuman. Naciste en 1977 en Buenos Aires, sos hijo de músicos emigrados, sos hispano-argentino. Estudiaste en la Universidad de Granada, en España, donde también diste cursos de literatura latinoamericana. Fuiste señalado por diferentes críticos, fuiste seleccionado en Bogotá entre los mejores 39 autores jóvenes de lengua española. [Neuman advierte al moderador que también Oliverio Coelho fue seleccionado]. Con él, sí, es cierto, preveía decirlo en su presentación, gracias. [Risas] Publicaste cuatro novelas, novelas cortas, cuentos. En francés sólo tenemos un libro de microficción, me gustaría que nos hablaras de este género, que creo que es muy contemporáneo en Argentina, vos sos parte de un grupo de jóvenes que re-escriben esta forma breve que practicaba Cortázar, por ejemplo. ¿Cuál es la importancia que das a estos géneros más breves, como la novela corta o el microficción?

Andrés Neuman: Igual que con la política, en la forma literaria, a mí me importa la opinión contraria. Lo contrario de lo que hago o lo que pienso. Respondo esto porque aparte de la microficción, curiosamente mi última novela tiene quinientas páginas, la va a publicar en el mes de septiembre Fayard, el título es Le voyageur du siècle. Es una novela que refuta totalmente la micronarrativa. Viendo a la inversa, lo que me interesa de la micronarración es cómo prescinde de todos los grandes valores que entendemos por novelísticos: la psicología del personaje, el desarrollo temporal, la descripción minuciosa, todo eso que en mayor o menor medida necesitaremos para construir una novela. En cuanto a la tradición argentina de la microficción, inclusive diría latinoamericana, tengo la sensación de que más que haber cambiado la escritura, lo que cambió fue la consciencia de lectura. Como bien ha mencionado usted, Cortázar, el mismo Borges, también Roberto Arlt, si queremos, por mencionar sólo argentinos (también Monterroso, Piñera, Denevi), han cultivado aquello que llamamos microficción. Lo que no había era un marco teórico y de recepción para destinar esos textos a una zona específica de la literatura. Creo que solamente hace unos veinte años, hay un montón de autores de microrrelatos que son conscientes de estar escribiendo un género. En último lugar, como bien ha dicho Hernán, a mí también me interesa mucho el posible puente entre estos dos extremos. Mi primera novela habla de basureros que recogen fragmentos, residuos, pedazos; la estructura de esta novela (que se llama Bariloche) reproduce esa fragmentariedad de una bolsa de basura. No me interesaría en absoluto como un paradigma formal si no tuviese su capacidad de mezclarse y de ser refutada. Inclusive en la obra de un mismo autor.

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21/03/2011

Escritores argentinos en París #1/2

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Después de que la UNESCO eligiera Buenos Aires como la capital mundial del libro 2011, una veintena de escritores argentinos fueron invitados a participar del 31° Salon du livre de Paris en una serie de charlas, debates y conferencias, que tuvieron lugar este último fin de semana. Las mismas inauguraron el “Tandem Paris – Buenos Aires”, con encuentros artísticos organizado por el Institut Français, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el de París. Ayer por la tarde, tuve ocasión de presenciar la charla “Les nouvelles voix de la littérature argentine” entre Martín Kohan, Andrés Neuman, Oliverio Coelho y Hernán Ronsino. Acá van algunos fragmentos muy interesantes, repartidos en dos partes.

***

Moderador: [En francés] Martín Kohan, voy a comenzar con vos, porque llegaste tarde a propósito, [risas] pero si quieren tomar el micrófono luego y continuar con el debate, no lo duden. Martín, naciste en Buenos Aires en 1967. Antes comentaba que diez años separan los nacimientos de ustedes cuatro, así que podríamos estar hablando de una generación. Vos escribiste ya un ensayo sobre Walter Benjamin y siete novelas. En Francia sólo dos han sido traducidas: Dix-sept secondes hors du ring (2007) y Sciences morales (2010). Teniendo en cuenta tu formación en teoría y crítica literaria así como tu trayectoria novelística, si digo que en tu obra se puede encontrar de forma simultánea una aproximación erudita y creativa de la literatura, quisiera saber qué es lo que te suscita esta definición.

Martín Kohan: En primer lugar quisiera excusarme por haber llegado tarde; soy discreto pero soy un discreto que fracasa [risas]. Con respecto a la pregunta, personalmente lo que me entusiasma de la literatura es que a diferencia de lo que puede pasar con los músicos o los artistas plásticos, que trabajan con materiales distintos a los que emplean en su vida cotidiana; los que nos dedicamos a la literatura hacemos nuestro arte con lo mismo que llevamos adelante nuestra rutina: con las palabras. Pero esas mismas palabras en literatura parecen sonar de otra forma, parecen cobrar más sentidos que los que tienen cuando las utilizamos cotidianamente. Esa posibilidad de descubrir cada palabra y al mismo tiempo reconocerla es para mí el milagro de la literatura. Esto me provoca un inmenso placer.

M: La mirada invisible, película basada en Ciencias morales, aparecerá próximamente en Francia. Si sintetizamos el argumento de la novela: se trata de la historia de una preceptora que vigila y reprime a los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires en los años ochenta. Además del placer que generan, yo creo que las palabras en Ciencias morales van siempre más allá, cuentan con otros sentidos. Ciertas palabras (en Argentina, en la actualidad, el caso más evidente es el de “desaparición”) que llevan una carga histórica particular. A veces parece que la significación de algunas de estas palabras es aquello que hace avanzar la narración.

Martín Kohan: Te agradezco las observaciones. Yo creo que estas características generales de la literatura deben subrayarse mucho más cuando se trata de una novela política. Porque la realidad política, sobre todo cuando se trata de un período muy intenso como puede ser la dictadura militar de un país, es muy potente. El riesgo de una literatura que se interesa por lo político, como es el caso de Ciencias morales, consiste en que esa realidad política imponga sus sentidos. Hay una fuerte tradición de literatura política en la que yo no me reconozco: aquella en la que la literatura se subordina a la representación de una realidad que impone su lógica y fija los sentidos. La literatura se limita a ser un espejo que refleja algo que está afuera. En cambio, a mí me interesa la posibilidad que la literatura tiene de transformar las palabras cotidianas, porque permite definir otros sentidos posibles para esa realidad. Incluso, esa posibilidad permite hacerle decir a la política aquello que la política por sí misma no dice, aquello que la literatura sí puede revelar. En ese caso, para mí sí cobra sentido la literatura política.

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23/09/2010

¿Por qué Kohan no tanguea?

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Cuando hablamos de literatura tan cerca de la industria editorial terminamos mordiendo la banquina y hablando del producto libro. Salimos de lo literario.

Este bien podría ser uno de esos casos. Le hicieron una entrevista a Martín Kohan para The Guardian donde habló especialmente de Segundos afuera que se edita en inglés, antes de Ciencias morales que llegará el próximo año como Natural sciences.

“¿Por qué Kohan no tanguea?” podría ser una traducción factible para el título de la nota, algo útil para decir que Kohan no apela al tango como herramienta de identificación en su literatura y por eso no sería representativo de la argentinidad.

No se puede polemizar con esto porque es obvio. La literatura argentina es mucho más que tango, fútbol y dictadura. Sin embargo aquí se ve de manera evidente cómo funciona la industria encasillando los productos en estanterías. Kohan termina argumentando para sus lectores ingleses, que él no es representativo de la argentinidad. Quizás no lo sea porque ya no es posible hablar de tal cosa. Kohan es un porteño y como cualquier habitante de una megalópolis tiene un sistema de valores y una tradición muy diferente a lo que podría llamarse identidad nacional, mucho más fuerte en la literatura decimonónica.

Pero intentemos una vez más: ¿Kohan no representa la argentinidad, si tal cosa existe? Tiene una novela sobre Echeverría durante su estadía en Los talas, tiene otra novela sobre San Martín y el cruce de Los andes. Su primera novela es sobre un estudiante de la UBA, Segundos afuera es sobre la pelea Firpo-Dempsey, tiene otra novela sobre la dictadura y el mundial. ¿Me olvido de algo? Si, una recopilación de artículos sobre Eva Perón.

Yo creo que no hace otra cosa más que representarla (y hagámosle una gambeta a este último término). Pero lo que trata de decir es que él no está interesado en la argentinidad sino en la novela y en el lenguaje ante un entrevistador un poco perezoso.

20/09/2010

Desde el Colegio Nacional

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Sobre Ciencias morales,
de Martín Kohan (Anagrama, 2007)

Fue Patricio Zunini quien me lo recomendó en primera instancia, ni bien se publicó, a sabiendas de mi pasión por la docencia, carrera por la que he ofrendado, entre otras, garganta, parejas y amigos. Pero fue una amiga especial la que lo sacó del letargo, en medio de ese tótem siempre sediento de más libros, al hacerme partícipe de sus impresiones sobre una película, aun hoy en cartelera, basada en esta novela. Si a esto le sumamos que el libro recibió el Premio Herralde de Novela ese año, supuse que había suficientes motivos para encarar su lectura.

Es la historia de una insulsa pero obsesiva preceptora del Colegio Nacional de Buenos Aires, a cargo de un curso de tercer año, que decide investigar la posible violación a la norma de fumar por parte del alumnado masculino, escondiéndose dentro del baño durante los recreos. Con anuencia del jefe de preceptores respecto de la investigación, la novela narra las vicisitudes y riesgos tomados por la protagonista para llevar a cabo semejante pesquisa, y lo que deparan los hechos posteriores.
Ambientada en el año 1982, en el período que transcurre entre el aniversario del autodenominado proceso de reorganización nacional y la rendición argentina en la Guerra de Malvinas, Kohan nos muestra a una joven anodina y sin inquietudes, con una madre enferma y un hermano distante -que ha sido reclutado-, cuya vida toda gira en torno a su desempeño en la institución. Lo notable del libro es cómo Kohan se vale de los tics propios de ese tiempo para dar credibilidad narrativa a la trama: la necesidad de “disciplina”, la confección de “listas” de alumnos (que habrán de “desaparecer”), la impunidad que otorga el poder omnímodo, son elementos del trasfondo que el autor utiliza en pos de este objetivo.

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02/09/2009

Sobre Esteban Echeverría un día como hoy

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No podría decir si Esteban Echeverría fue “el que empezó todo”, pero seguramente está en el podio de los creadores de la literatura nacional argentina. Es el responsable máximo de la importación del romanticismo a nuestra tierra en la primera mitad del siglo XIX. Hoy es el aniversario de su nacimiento, el 2 de septiembre de 1805.

A diferencia de Sarmiento, poco se sabe de su vida privada, de su biografía. El viaje que hizo a Europa, salvo pequeñas excepciones, es un misterio. Qué hizo, con quiénes estuvo, son preguntas que muchos aún se hacen. Pero eso no le quita ningún mérito. Con seguridad muchos de ustedes leyeron La cautiva o El matadero en la escuela y cuando escuchan pingüe patrimonio no piensan más que en él.

Se ha proclamado la igualdad y ha reinado la desigualdad más espantosa, se ha gritado libertad y ella sólo ha existido para un cierto número, se han dictado leyes y éstas sólo han protegido al poderoso. Para los pobres no se han hecho leyes, ni justicia, ni derechos individuales, sino violencia, sable, persecuciones injustas. Ellos han estado siempre fuera de la ley.1

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02/06/2009

Recibimos: La madriguera

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Agradecemos a editorial La compañía por el envío de La madriguera, de Franz Kafka, con traducción de Ariel Magnus e introducción de Martín Kohan.
Atención con estas ediciones muy cuidadas de La compañia hechas por traductores locales y a precios razonables. Es la segunda traducción de Magnus que se publica en dos meses, junto a La conquista de lo imposible.

La Madriguera

Este es quizás el último relato de Kafka y el más extenso, luego de La metamorfosis. Escrito en Berlín, durante un invierno de autoexilio, tuberculosis y vaivenes emocionales, forma parte de sus mejores fábulas. La transformación que de algún modo había empezado con Gregorio Samsa llega aquí a su paroxismo.

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