11/04/2011

Liniers y Bioy Casares en Brasilia

Por

Brasilia propiamente dicha consiste en cierto número de casas en construcción -no tan pocas, advierto, como parecen desde el aire-, muy distantes una de otra. Aquello tiene algo del sueño de arte moderno de un funcionario imaginativo; tal vez, de un demagogo imaginativo. Ignoro hasta qué punto la nueva capital es necesaria y cómo el consiguiente derroche afectará a la economía del Brasil; he podido corroborar que la gente obligada a mudarse de Río a Brasilia está resentida y triste. Dicen que destruir las costumbres, alterar la vida cotidiana de tanta gente, es criminal. Brasilia es una operación de sátrapa indiferente a los sentimientos de miles y miles de personas que formaron su vida en Río y deberán truncarla, para empezar de nuevo en otra parte; pero también es una operación demagógica, porque las multitudes, por ahora no afectadas directamente, están orgullosas, exaltadas de patriotismo. Brasilia es ambiciosa, futura, pobre en resultados presentes, incómoda (1960).

Fragmento de Unos días en el Brasil (Diario de viaje) de Adolfo Bioy Casares, La compañía, Buenos Aires, 2010, pp. 40-41


15/12/2010

El horror

Por

Si sos fan de Liniers y tenés Ipod/Iphone, clic acá.

“Macanudo”, de Liniers, en La nación del día 15/12/2010

01/09/2010

La cúpula

Por

Ojalá pudiera reseñar un libro como lo hace Liniers.

08/04/2010

The raven by Liniers

Por

Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`’Tis some visitor,’ I muttered, `tapping at my chamber door –
Only this, and nothing more.’

Y sigue…

11/12/2009

Presentación de Macanudo #7 y El arte

Por

13/11/2009

Prosas profanas, versos sencillos

Por

En algún momento, calculo que a mediados del siglo XX, comenzó a perderse el oficio o la técnica de la versificación regular. No es que nadie pueda hoy hacer versos con rima y métrica regular, pero sí es cierto que los escritores y, sobre todo, las industrias culturales, perdieron el ojo para juzgarlos. Basta ver qué ocurre cuando se edita algún libro de rimas -generalmente infantil- o cuando en la televisión algún humorista pretende mimar a un payador o a una recitadora. Para no salir demasiado del ámbito de la historieta, puedo recordar la cantidad de sílabas sobrantes y faltantes y la chambona acentuación -por no hablar de las rimas triviales- en la página que Pablo de Santis escribió para Max Cachimba en la Fierro de Octubre, o en la por otra parte bella historieta “Abajópolis” que Liniers incluyó en Macanudo 6.

No pretendo incursionar en la rancia discusión entre poesía clásica y verso libre, ni deplorar un hecho que originó a buena parte de mis poetas preferidos, que no son precisamente epígonos escolares de Darío. (Aunque Dario es, digámoslo, extraordinario). Sólo noto que había una técnica más o menos generalizada y que esa técnica parece haberse hecho mucho más rara.

Aún muchas historietas mudas, incluso, son verbales, en la medida en que su contenido puede parafrasearse con entera facilidad en un par de frases: cualquiera que intente “contar” un chiste de Sempé se hunde en el ridículo. Cuando la precariedad de medios técnicos es evidente, lo verbal se vuelve dominio absoluto.

¿Qué tiene que ver esto con la historieta?

La semana pasada tuve el gusto de ser anfitrión de un debate muy interesante, y por momentos un tanto crispado, sobre el estatuto del “chiste” en las formas breves de la historieta contemporánea argentina. El propio debate me impide usar el término “humor gráfico” si lo que postulo es que la presencia del chiste dejó de ser condición necesaria para constituir una de esas formas breves.

La situación actual da cuenta de varios fenómenos interesantes. Por un lado, la presencia de “chistes sin chiste” parece ligarse a un creciente uso de modos de producción cercanos a la institución arte, lo que implica polémicas sobre el valor de esa institución y sobre los modos humillados en que la historieta la espía.

Hay además un cambio muy fuerte en el modo en que una tira construye su núcleo de lectores. Me robo la idea de una conversación con un amigo: los contenidos cada vez más prescinden de los contenedores y el lector del diario, el que lo compra en el kiosco, es el lector minoritario de la tira, el que muy probablemente ni la lee o la detesta, y las tiras van creciendo solas y de manera lateral al medio, granjeando más popularidad en Internet que en la prensa. Y esos lectores que buscan especialmente a un autor y a veces ni saben en qué medio publica, establecen relaciones de complicidad que permiten abandonar la necesidad de un efecto directo en cada entrega. Seguir leyendo

06/11/2009

La gran llanura de los chistes

Por

El concepto de chiste entró en crisis. Si durante mucho tiempo se pudo hablar de “la página de los chistes” de un diario, hoy la etiqueta empieza a perder sentido. Para no hablar en el aire, si pensamos estás tiras como chistes, ¿no le estamos dando a la palabra chiste un sentido nuevo?


Liniers

Gustavo Sala
Gustavo Sala


Kioskerman

El problema, previo a cualquier otra consideración, sería pensar qué cosa es un chiste. Para alguien con tanta resistencia al psicoanálisis como yo, algunas puertas están cerradas. Los académicos madrileños son una fuente tan poco confiable como los antiacadémicos vieneses, pero más sencilla: el diccionario de la RAE informa que un chiste es un “dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa”. La tira de Sala “mueve a risa”, la de Liners es un juego gracioso, la de Kioskerman es ya otra cosa. Pero en todos los casos, lo que ha sido alterado de modo evidente es la necesidad de una de esas construcciones sorprendentes -y graciosas- a efectos de justificar el género “tira”. No es necesario que se construya una tensión o una ruptura del sentido común, ni se ata la tira a su eficacia.

Algunas precisiones. No todos los autores de tiras y demás formas breves de la historieta (a los que empieza a ser problemático llamar humoristas gráficos) han abandonado el chiste tradicional, ni Liniers, Sala y Kioskerman (o Max Aguirre, Tute, el duo Langer/Mira en Clarín, o Rep) dejan de lado en todos los casos ese recurso. Pero me parece indudable que el chiste dejó de ser una condición necesaria para calificar algunos géneros o formatos característicos de la historieta, como la tira diaria sin “continuará”.

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