24/11/2010

Novedades de EDUVIM

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La gente de la Editorial Universitaria de Villa María (EDUVIM) tuvo la gentileza de enviarnos los cuatro títulos de narrativa que integran la colección “Temporal, narrativa del bicentenario” dirigida por Hernán Arias. Las tapas de los libros están ilustradas con obras de Marcelo Torretta excepto por Chicos que vuelven, con una obra de Diego Bastos.

  • Chicos que no vuelven, de Mariana Enríquez
  • Doble crimen, de Ariel Magnus
  • Hiroshima, de Juan Terranova
  • La moza, de Sergio Gaiteri

Sobre Chicos que vuelven:

Mechi es empleada del Centro de Gestión y Participación de Parque Chacabuco, y debe mantener y actualizar el archivo de chicos perdidos y desaparecidos en la ciudad de Buenos Aires. Un trabajo monótono al que, para peor, lleva adelante en una oficina ubicada debajo de la autopista, es decir, envuelta en un ruido incesante. Hasta que algo pasa: Vanadis, una chica desaparecida a los catorce años, bella y extraña, un día aparece. Y será la primera de una lista de chicos que vuelven después de haber estado ausentes durante años. Pero hay un detalle: estos chicos reaparecen exactamente en las mismas condiciones –con la misma edad, la misma contextura física y hasta la misma ropa– en las que se encontraban al momento de desaparecer.
En Chicos que vuelven Mariana Enríquez escribe sobre lo que no se habla: la trata de personas. Un asunto que no figura en las agendas políticas ni informativas, aunque hoy es, a nivel mundial, el delito más rentable. En una nouvelle que recupera lo mejor de la narrativa fantástica Enríquez señala lo que preferimos obviar: la trama secreta de la esclavitud. Pero su intención tiene menos que ver con un reclamo o una denuncia que con la reflexión. Le interesa pensar de qué manera nos vinculamos con nuestro pasado, y en qué medida somos capaces de soportar aquello que se rebela frente al olvido.

Sobre Doble crimen:

La cita que abre Doble Crimen, de Ariel Magnus, y que pertenece a Edgar Allan Poe, asegura que “el saber más importante” es “invariablemente superficial”. Esta parece ser una afirmación pertinente para una nouvelle policial protagonizada y narrada por un modesto barquero de la Patagonia, quien pasa sus días deslizándose de un margen al otro del lago “Epuyén”, e intenta determinar, en un largo monólogo, quién o quiénes fueron los autores de ese doble crimen, y cuáles fueron sus razones. Pero como suele pasar con los epígrafes –y en ocasiones también con los títulos–, en lugar de orientar al lector en la interpretación de la obra que preceden, muchas veces, como en este caso, funcionan más bien como desvíos, como una clave de lectura puesta al revés o simplemente distorsiva. En Doble Crimen, ese “saber más importante” del que habla Poe no es en absoluto superficial: el monólogo del barquero, Quintín Aníbal Alvarado –un personaje digno del escritor Thomas Bernhard–, es alucinado y profundo, y en su poderoso caudal narrativo confunde hechos, personajes y épocas, dejando en claro que no es posible atravesar el lago Epuyén sin tener en cuenta el bosque sumergido ni el cielo.

Hernán Arias

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07/07/2010

Escribir allá para leer acá

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Hace dos semanas, en una charla que dio Daniel Guebel lo pude escuchar decir que ya estaba un poco harto de las historias que empezaban con “un día Juan se levantó y dijo”. Comentó que ya no le interesan ese tipo de libros, más que la narración de historias, le interesa la narración de acontecimientos. A mi se me prendió la lamparita inmediatamente, pensé que esa era la señal perentoria de que tenía que escribir estas líneas sobre Diario de Alcalá.

Tranquilamente a este libro le cabe el mote de “librito”, por el tamaño físico. Después, no sé qué opinión tendrá el autor acerca de lo que podría ser una pata miscelánea de su obra. Terranova fue invitado a España por la Universidad de Alcalá dentro del programa “Escribir en residencia”. La idea era que durante su estaría tuviera un proyecto de escritura y que al mismo tiempo participara en diferentes eventos literarios, cosa que hizo y da cuenta en el libro.

Me da un poco de gracia que en la breve reseña bibliográfica de la página del programa se consigne que “nunca ganó un premio”. Imagino su mano en la aportación de datos, aunque no en la redacción del párrafo. Da gracia la definición por la negativa y da apenas que pensar sobre el prestigio del premio y el valor que estos dan, cosas sobre las que el autor seguro tiene algo que decir.

¿Qué espera el lector de un diario? ¿Un encabezado tal como “querido diario” al principio de cada página? No podrá encontrarlo. Diario de Alcalá es un relato de puro presente. Por eso sentí que el libro me llamaba en aquella charla cuando se habló de acontecimiento. Se trata todo un acontecimiento continuo que atraviesa diferentes contingencias que no son sincrónicas por el dictatorial carácter lineal de la lengua: una letra tiene ir detrás de la otra, una anécdota detrás de la anterior. Terranova siempre está llegando, está circulando, mira cómo entregan un premio, habla del rey, mira una momia con su amigo Antonio Jiménez Morato.

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25/06/2010

La Córdoba que aparece en mis cuentos tiene poco que ver con la Córdoba real

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Juan Terranova para Hablando del asunto

Conocí a Federico Falco hace unos años en la presentación de un libro que se hizo en San Telmo. Después, los escritores cordobeses nos desafiaron a un partido de futbol y fuimos para allá con Maxi Tomas, Lloyds, Pedro Mairal y Funes. Falco, que nos recibió en su casa, entró cinco minutos, hizo un gol en contra y lo sacaron. Después, nos hicimos amigos. Falco lee bien. Para mí ese es el mejor elogio que se le puede hacer a un escritor. Aparte, también tiene equilibrio, imaginación, ductilidad en el uso del lenguaje y la suficiente confianza en sí mismo como para ser paciente. Cada vez que puedo recomiendo su libro Made in China. Federico Falco, Luciano Lamberti y Carlos Godoy fueron los primeros cordobeses contemporáneos que leí. Como crítico, no me podría haber imaginado una mejor introducción a la provincia. Pero enseguida me di cuenta de que estaban también entre los mejores de mi generación sin la necesidad, un poco tonta, de limitar la lectura a su lugar de origen.

Este miércoles, a las 19 horas, en la Librería del Pasaje, Thames 1762, Falco presenta La hora de los monos con otros libros de cuentos de Samanta Schweblin, Oliverio Coelho y Mariana Enríquez. Sobre La hora de los monos le hice estas cinco preguntas.


¿Cómo entendés lo autobiográfico en relación a la construcción de los cuentos de La hora de los monos?

En general no escribo desde lo autobiográfico. En ninguno de los cuentos de La hora de los monos aparece un narrador o un personaje que pueda ser leído como una ficcionalización de mi yo o una construcción de mi biografía. O para decirlo de manera más simple, nada de eso “me pasó”. Por supuesto, comparto ciertas ideas, ciertos sentimientos, ciertas sensaciones con algunos de los personajes, con personajes antagonistas incluso, pero no creo que eso sea autobiografía, sino simple experiencia de vida que uno le presta al personaje. La mayoría de los cuentos, en cambio, obedecen a un detonante, una escena, un diálogo, algo que en algún momento presencié de manera circunstancial, o algo que me contaron. Una especie de chispazo que me hizo decir: ahí hay un cuento. Pero no es más que eso, un puntapié inicial. Hace muchos años me quedé varado en el aeropuerto de Manaos y conocí a una mujer que se llamaba Fátima, que estaba aterrorizada de volar y que, enseguida me confesó, tenía muchos “enamorados” y viajaba a ver a uno de ellos en Santa Cruz de la Sierra. Ese fue el inicio de La hora de los monos. Todo el resto es ficción. En algunos cuentos hay algún coqueteo con la autoficción, más que con la autobiografía. En “Ballet” por ejemplo. En “Flores nuevas”, también. La historia expresamente transcurre en el pueblo en que nací y en el que viví hasta los diecisiete años. A manera de chiste interno algunos de los nombres y apellidos de los personajes pertenecen a compañeros, amigos o conocidos de Cabrera, algunas de las costumbres y ciertos acontecimientos cabrerenses están allí (por ejemplo, la Iglesia que su hunde en la tierra y a la que se la abren grietas en el techo), pero nada de lo que se cuenta es verdadero en el sentido estricto de la palabra, y mucho menos, autobiográfico.

¿Cómo serían tus cuentos si en vez de Córdoba apareciera tematizada la Ciudad de Buenos Aires? ¿Podrías contar de la misma manera historias similares?

No lo sé. Nunca viví en Buenos Aires y si bien visito la ciudad con cierta regularidad, lo hago siempre por períodos cortos. Tengo la sensación, tal vez superficial, de que hay estilos de vidas, problemáticas, formas de relación entre las personas que se dan de manera diferente en Buenos Aires, que son más propias de una gran ciudad que de una ciudad mediana o pequeña. En ese sentido, uso Córdoba como escenario o trasfondo porque sé cómo son las cosas en Córdoba y, a pesar de no escribir desde el realismo, eso me da cierta tranquilidad, cierta seguridad. En muchos aspectos Córdoba funciona casi como un pueblo. Yo me crié en un pueblo y mi idea de cotidianeidad está dada por esos vínculos sociales fuertes, por la observación casi obsesiva de cada miembro de la comunidad, por la lógica del chisme, del rumor, o por la obligación que se impone de entender a un individuo a través de su genealogía familiar, de dos o tres hitos en su biografía que son lo que se recuerdan en la historia oral. En ese punto, Córdoba y toda ciudad pequeña o mediana, facilita el trabajo del escritor: los conflictos están más a flor de piel, los personajes pueden interactuar desde otro lugar. El espacio funciona casi como un cuarto cerrado donde los personajes sí o sí van a terminar por encontrarse. De todos modos, a esta altura, la Córdoba que aparece en mis cuentos tiene poco que ver con la Córdoba real. Es una especie de construcción entre mítica y degradada de un referente que a mí también se me escapa de las manos. En ese sentido, no creo que “tematice” Córdoba. Algunas historias transcurren en Córdoba, pero tranquilamente podrían transcurrir en cualquier otra ciudad mediana del interior del país.

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04/06/2010

Las más grandes

Por

Una cita de la crónica de viaje que Terranova publicó por Pánico el pánico y me hizo reir. De esas chistes que se pueden hacer entre amigos. Ya hablaremos sobre el libro.

Domingo al mediodía. Plaza Tirso de Molina. Puestos punks que venden remeras y libros de Kropotkin. Mientras esperamos, Andrea dice que Santiago mira mucho a Estados Unidos y me pregunta a dónde mira Buenos Aires. “Se mira a sí misma, es la ciudad narciso” respondo. Más allá, hay una bandera de Cuba. De ahí nos vamos al mercado del Rastro. Después de dar un par de vueltas por los puestos, Morato nos lleva a un Sex Shop, limpio y luminoso como una iglesia. También hay varias casas de rezagos militares y librerías abarrotadas de libros viejos. Comemos en un fondín. Todos toman pastillas. Para la digestión, para dormir, para los dolores de cabeza o para concentrarse mejor. Las pastillas que toma Pron son las más grandes. (p. 41)

02/06/2010

Once literario

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Ya dije por algún lado que este será el blog donde no podrán leer nada acerca de fútbol primero y del mundial después.

Las razones son varias: desinterés, ignorancia, desprecio… no podría decir cuál va primero.

Pero sí hay gente que se anima no sólo a escribir sobre fútbol sino también a hacerlo bien. En Once literario, un espacio del diario español El mundo participan varios escritores entre los cuales están los argentinos Andrés Neuman, Juan Terranova y Sebastián Martínez Daniell.

Los invito a que pasen por allí, lean y luego vuelvan a esta casa.

*Las ilustraciones son de Luis Sánchez Parejo y pertenecen a Once literario.

28/05/2010

Recibimos libros de Pánico el pánico

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Nos llegaron dos libros de la nueva editorial “Pánico el pánico” que se presentaron hace poquito.

  • Fogonazos, con crónicas de Mariano Abrevaya Dios
  • Diario de Alcalá, de Juan Terranova. El segundo es una crónica de viaje.

28/01/2010

Terranova en la radio española

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