14/07/2011

El culto del libro

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Yo he pensado, alguna vez, escribir una historia del libro. No desde el punto de vista físico. No me interesan los libros físicamente (sobre todo los libros de los bibliófilos, que suelen ser desmesurados), sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido. He sido anticipado por Spengler, en su Decadencia de Occidente, donde hay páginas preciosas sobre el libro. Con alguna observación personal, pienso atenerme a lo que dice Spengler.

Los antiguos no profesaban nuestro culto del libro -cosa que me sorprende; veían en el libro un sucedáneo de la palabra oral. Aquella frase que se cita siempre: Scripta maner verba volat, no significa que la palabra oral sea efímera, sino que la palabra escrita es algo duradero y muerto. En cambio, la palabra oral tiene algo de alado, de liviano; alado y sagrado, como dijo Platón. Todos los grandes maestros de la humanidad han sido curiosamente, maestros orales.

“El libro”, en Borges oral, de Jorge Luis Borges, Alianza editorial, Madrid, 1998, p 10.


14/04/2011

La lectura de una novela circular

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Cuando cerré el libro de Martín Kohan, Cuentas pendientes; cuando lo cerré porque había llegado a la última página y más o menos me esperaba el artilugio técnico del final, pensé que era una novela circular. No sólo lo pensé, lo dije en voz alta para mí mismo, porque no me escuchaba nadie. Mi hija dormía en el cuarto y mi comentario azorado, espontáneo sobre una lectura que se acaba, no le movió un pelo. “Es una novela circular”, ve a ver porqué dije eso, porque sentí que esa frase me subía del estómago antes de yo poder hacer nada por evitarla o tal vez repensarla. ¿Qué entiendo yo por circularidad, en primer lugar? Pensé, por extensión en Borges, en sus Ruinas circulares y en lo literario y mitológico que encierra esa palabra.

Lo circular, lo que vuelve al punto de inicio, lo que cierra todo un trayecto y termina las cosas en el mismo lugar de inicio. Entonces, ¿fue todo una pérdida de tiempo? Digamos que no. En principio, no fue para nada una pérdida de tiempo leerme esa novela. Sabemos cuán sistemático puede ser Kohan (Me pregunto si sus vinculaciones sexuales las practica  con el mismo metodismo, si lo lleva todo anotado, si se aguanta si ve que está por irrespetar los ritmos que se ha establecido) pero la historia de Giménez es un deleite. Le tengo antipatía a los juicios de valor, sobre todo si lo que se escribe no es para uno mismo, es decir, si se intenta hacer crítica o reseñar algo, pero no hay más que verdad en ese adjetivo.

Imagen de blprnt_van con licencia CC

Fue un placer ser testigo en la intimidad de las lindezas (léase con ironía) de Giménez, un octogenario con un hastío que le cuelga hasta las rodillas. Un tipo que debe cuatro meses de alquiler y que no soporta a su ex-mujer y mucho menos a su suegra que roza el centenario. En esas descripciones, donde en realidad no pasa nada, salvo el capítulo de la carrera de caballos, la euforia y la subsiguiente decepción y el encontronazo con el portero del edificio, se manifiestan todo el escapulario de hábitos y costumbres del argentino promedio, sus luchas contra el consumo, sus modos de zafar y de aguantar y las masitas dulces como un anestésico. El argentino, viéndolo desde afuera, soporta de manera muy campante las apariencias, como si tales sirvieran como el muro de contención de la propia existencia. Tal vez me he ensañado con ese grupo en particular al punto de generalizar, pero esa es mi humilde y desvencijada opinión.

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11/03/2011

Historietas que aparecen adentro de la literatura argentina

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La literatura puede ocuparse de cualquier objeto: desde una libélula vaga hasta un fusilado que vive, nada de lo humano (y animal, y vegetal y mineral) le es ajeno. Y entre las diversas cosas de las que se ocupa la literatura, en ocasiones se ocupa de las historietas.

Esta nota es un ejercicio de memoria y un pedido de ayuda. Ejercicio: hago memoria. ¿Cuándo han aparecido historietas en la literatura argentina? Pedido: ¿recordará el hipotético lector otros ejemplos que ayuden a completar mi modesto catálogo?

Como para obtener una excusa que justifique el culpable placer de enlazarme a mí mismo, la semana pasada comenté unas ecfrasis historietísticas (o protohistorietísticas) en El Error, la novela de César Aira. Y el propio Aira ofrece un primer ejemplo, un poco tramposo de mi parte.

Las Aventuras de Barbaverde (¡un libro de Aira de 379 páginas!) no habla de historietas pero es “una de superhéroes”, un género inventado por las historietas y que, me parece, sólo Aira es capaz de volver verosímil para la literatura. Un salmón que mide cincuenta millones de años luz, el Barbamovil, un plan para abolir el Presente, un rayo juguetizador, son invenciones que sólo pueden salir de los extremos opuestos de la cultura: de la extrema sofisticación de un lector de las vanguardias más exquisitas o de ese campo de juegos irresponsables que eran las historietas de superhéroes antes de que llegara un escuadrón inglés a convertirlas en cosa seria, en lectura para adolescentes tardíos que necesitan incorporar citas de la cultura alta en su entretenimiento de toda la vida.

Uno de los personajes de Cicatrices de Saer escribe una serie de ensayos (“Momentos fundamentales del realismo moderno”) con títulos como “Murciélago y Robin, confusión de sentimientos”, “El profesor Nietzsche y Clark Kent” o “La evolución ideológica de Mickey Mouse”. (En un viejo número de la Revista Iberoamericana, maravillosamente resucitado por la digitalización y las licencias Creative Commons, puede consultarse un artículo sobre el particular). Por otra parte, bien mirado –o mal mirado–, el universo balzaciano de Saer se parece un poco al agobiante universo mitológico con pretensiones de coherencia con que las principales editoriales de superhéroes norteamericanas se dedicaron a exprimir a sus lectores más fieles. Quizás un saeriano del futuro escriba una “Crisis en Tierras Santafesinas” en que el Tomatis de Tierra 2 une fuerzas con el Pichón Garay de Tierra 1 para salvar a Serodino de las garras del Ultra Washington Noriega, pero no creo.

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10/02/2011

Notas sobre una enorme metáfora
París: Una introducción

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Especial: Notas sobre una enorme metáfora.

  1. Introducción
  2. Zambas salvajes de un unitario

Mi avión llegó a París a fines del 2010, dubitativo y tímido. Mi avión atravesó los Pirineos, esquivando temporales de nieve, huelgas generales y hasta clandestinas. Mi avión me dejó en el aeropuerto de Orly (que yo sólo conocía por el samba homónimo de Chico, Toquinho y Vinícius) con un fin concreto: pausar mi vida en Barcelona durante un tiempo delimitado por el calendario académico.


París desde mi ventana

Desde mi buhardilla milimétrica, situada a los pies de Montmartre, le mandé un mail a Matías para contarle que tenía ganas de escribir algo al respecto, aprovechar la ocasión para hablar de asuntos sobre los que siempre vuelvo, pero desde un ángulo distinto al de las reseñas y las entrevistas con las que vinimos trabajando estos últimos años. La forma, acordamos, sería la crónica; la condición, que giraran en torno a escritores argentinos que vivieron en París.

Me limitaré a intentar rastrear, nikon y netbook en mano, vericuetos parisinos donde alguna vez vivieron algunos de estos veintisiete escritores. Estudiaré en las Universidades en las que algunos de ellos fueron alumnos. Caminaré por las calles que pisaron, solitarios y anónimos. Indagaré en librerías y bibliotecas parisinas, en busca de traducciones francesas de sus libros.

Acordamos, también, establecer un lapso acotado: desde 1825 hasta 2005, desde la llegada de Esteban Echeverría al puerto de Le Havre (la puerta normanda que desembocaba en América) hasta los últimos días de Juan José Saer, combatiendo un cáncer de pulmón, en un hospital de la banlieu, una suerte de conurbano al que casi todo parisino teme por defecto. Durante los últimos dos siglos, puedo contar una treintena de escritores argentinos que residieron en algún momento de sus vidas en París. Borges, creo, lo dijo mejor que nadie: las listas son ejercicios excluyentes; seguro me olvidaré de unos cuantos.

Mientras me dirigía hacia mi curso intensivo de francés, durante las primeras mañanas en Montmartre, paseaba por el métro una edición española de El sueño de los héroes. Aún no consigo disfrutar de los libros de Bioy Casares (para mi oprobio, lo sé), así que lo abandoné rápidamente por París no se acaba nunca, seguido por una lectura compulsiva de The Invention of Solitude y luego de La tía Julia y el escribidor. No podía estar incidiendo en mayor transgresión ociosa. Por obvios motivos, ni Vila-Matas, ni Paul Auster, ni Vargas Llosa aparecían en el corpus de la tesina que vine a escribir a París, y que trata de los orígenes socio-históricos de la literatura fantástica escrita en español. También por obvios motivos, ninguno de ellos jamás aparecería entre la “treintena de escritores argentinos” que me jacto de poder enumerar. Pero lo más grave de todo es que no podía estar incurriendo en un cliché más escandaloso: joven estudiante de Letras, flamante residente de Montmartre (ciertas ínfulas de intelectual), becado para estudiar en la Sorbona, se va a enclaustrar en una buhardilla para leer a escritores que vivieron antes en buhardillas similares (alguno hasta es un Nóbel).

Pero los límites de mi identidad literaria argentina no son muy férreos (lo sé, lo único que falta es que me declare “cosmopolita”). Mi rudimentario acercamiento a la literatura argentina ha sido mediatizado por bibliotecas y profesores catalanes, por revistas literarias publicadas en Barcelona, por las bondades del Google Scholar, por editoriales madrileñas y por las revistas digitales que inundan internet. Mi gusto literario fue invadido por los teóricos franceses del siglo pasado (hay quien diría que fue contaminado) y tal vea sea esta invasión la causa por la cual decidí mudarme a París. Seguir leyendo

30/07/2010

Recibimos: Borges profesor

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Agradecemos a Emecé (Editorial Planeta) por el envío de la nueva edición de Borges profesor, un trabajo de Martín Arias y Martín Hadis.

Se trata de las clases de literatura inglesa que dio Borges en la Cátedra de literatura inglesa y norteamericana de la UBA. Fueron recuperadas a partir de cintas desgrabadas por sus alumnos que sirvieron como fuente de Arias y Hadis. Un gran trabajo que me da mucho gusto tener y que leeré en cuanto me sea posible.

En 1966 Jorge Luis Borges dictó un curso de literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Las veinticinco clases fueron grabadas por algunos alumnos que luego las transcribieron para que otros pudieran estudiar. Las cintas grabadas se han perdido, pero los textos transcriptos a máquina se conservaron hasta hoy. Después de un intenso trabajo de análisis e investigación de las fuentes citadas, Martín Arias y Martín Hadis lograron compaginar las transcripciones, sin modificar el lenguaje oral de Borges, que nos ha llegado intacto con sus inflexiones y modismos. La edición se completa con notas que amplían la información.
Con su erudición y simpatía habituales, Borges se explaya sobre sus temas predilectos: los anglosajones, los vikings, los orígenes de la poesía en Inglaterra, Samuel Johnson y James Boswell, James Macpherson, William BIake y William Wordsworth, Samuel T. Coleridge, Thomas Carlyle, Robert Browning, Dante Gabriel Rosetti, WiIIiam Morris, Charles Dickens y Robert L. Stevenson, entre otros.

Borges profesor es un libro valioso y fascinante porque revela la tarea docente, hasta ahora no documentada. del gran escritor argentino.

02/07/2010

About Borges

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Como buenos ególatras que somos los porteños (desisto ante la enorme tentación para hablar del país en su totalidad) nos encanta escuchar o leer qué dicen los extranjeros sobre nuestros más altos héroes. Así es que les alcanzo el link de una extensa nota que salió en la revista The Nation acerca de la publicación de dos libros de Borges por Penguin. Uno calculo que será Historia de la noche (Poems of the night) y otro que recopila sus sonetos (The Sonnets).

La nota atraviesa con prolijidad todos los tópicos conocidos del escritor, así que se puede leer con cierta velocidad. A mi todavía me produce una fascinación inocente ver cómo se maravillan ante un escritor que nos resulta tan argentino.

Borges was drawn to Arab literature, including the imaginary Arabic of Edward Fitzgerald’s Rubáiyát and the tales of the One Thousand and One Nights, and to mystical traditions, from Sufism to the Kabbalah. Though these works arrived via Spanish culture, he was also shaped by local influences. At least since the duel between Domingo Sarmiento’s anti-caudillo and anti-gaucho tract of 1845, Facundo: Or, Civilization and Barbarism, and José Hernández’s 1872 dialect masterpiece, The Gaucho Martín Fierro, Argentine writing has been tangled in political struggles between the city and the provinces, between liberal reform and caudillo independence, between the criollismo emphasis on Spanish ancestry and the cosmopolitan fact of the country’s immigrant history.

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16/06/2010

Borges sobre Ulises

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BURGIN: ¿Usted cree que un libro como Ulises, por ejemplo, era, entre otras cosas, un intento por mostrar la imagen del pensamiento?

BORGES: Sí, pero creo que Ulises es un fracaso. Cuando se ha leído lo suficiente se sabe miles y miles de circunstancias sobre los personajes, pero no se los conoce. Y pensar en los personajes de Joyce no es lo mismo que pensar en los de Stevenson o Dickens, porque en el caso de un personaje, en un  libro de Stevenson, por ejemplo, un hombre puede que sólo esté presente en una página, pero se siente que lo conoces o que hay más de él por conocer, pero en el caso de Ulises te cuentan miles de circunstancias sobre los personajes. Sabes, por ejemplo, que han ido dos veces al lavabo, sabes los libros que leen, sus posturas exactas cuando están sentados o de pie, pero, realmente, no se los conoce. Es como si Joyce hubiera pasado por ellos con un microscopio o una lupa. (p. 77)

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