05/08/2011

De cómo Fabián Casas recomienda a Pamuk

Por

Cada vez que le digo a alguien que estoy leyendo los libros de Orhan Pamuk, me miran como si estuviera tan loco al igual que ese personaje de la película “Supersize” que, para demostrar que la comida chatarra te aniquila, se filma comiéndola sin parar hasta colapsar. Por algún motivo, a la gente no le gusta mucho Pamuk o le cuesta terminar sus libros. Yo hice un experimento. En los últimos tres cumpleaños de seres queridos, regalé La vida nueva para ver qué efecto tenía en ellos. El primero, que fue Pedro Mairal, un escritor que admiro, dejó de contestarme los mails y de atenderme el teléfono. Mi primo Carlos –un pintor cuarentón, ex monto- me dijo: “Me parece que el libro es mi vida, que me habla a mí. Me fascina, pero me hace mal leerlo”. El tercero, Diego Bianchi, un artista conceptual ultramoderno, me llamó y me dijo: “El libro me cambió la vida, voy a tener un hijo”.

En Breves apuntes de autoayuda, de Fabián Casas, Santiago Arcos editor, Buenos Aires, 2011, p. 138


02/11/2010

El experimento Casas

Por

Sobre Los Lemmings y otros,
de Fabián Casas (Santiago Arcos editor, 2010)

1. Las primeras intuiciones que me vienen a la cabeza después de leer Los Lemmings y otros, de Fabián Casas, tienen -según cómo se vea- poco o mucho que ver con Los Lemmings y otros, de Fabián Casas. (A estas intuiciones, en los papers y los congresos académicos, las agruparían bajo el rótulo literatura y mercado, sea lo que eso sea). Pienso: ¿por qué Fabián Casas, cuya poesía completa publicada por Emecé (Horla City y otros) agota los tres mil ejemplares de la tirada, publica sus relatos en una editorial chica/independiente/emergente/especializada como Santiago Arcos? Probablemente me equivoque -tanto en lo que refiere a literatura como en lo que tenga que ver con el mercado-, pero si la narrativa siempre vende más que la poesía y si Casas vende tres mil ejemplares de Horla City en Planeta, ¿no debería vender, digamos, diez mil de una novela o seis mil de un libro de cuentos? Y, sin embargo, Ocio y Los Lemmings salieron por Santiago Arcos. Si este último va por su tercera edición en Santiago Arcos, ¿no iría por la quinta en Planeta?

Sé que el cálculo no es ni tan lineal ni tan previsible, pero creo que se entiende dónde apunto. La relación que Casas estableció con esas categorías -literatura y mercado- que a los críticos les da miedo unir (¿cuántas incertidumbres caben en ese “y” que los separa?) parece contraria a la normal, lo cual puede que se deba a la falta de estrategia con la que Casas publica.

Según dice en esta entrevista, por haber armado su vida laboral (entiéndase: sus métodos de subsistencia) por fuera de la literatura, no necesita pensar en publicar según un plan que vaya más allá de sus deseos y el de sus amigos-editores. Bien. Debe ser la única forma de oscilar entre ser un fenómeno de ventas (modesto, si se quiere, pero fenómeno al fin) y un escritor de culto: siendo fiel a los amigos (una para vos, otra para él, aquélla para el de más allá). En esta otra entrevista, dice que él amontona sus textos en cajones hasta que viene alguien (Cucurto, por caso) y le empieza a trabajar la cabeza para que las publique.

No voy a sugerir que esta no-estrategia sea, a su manera, una estrategia. En primer lugar, porque la inversión es una forma bastante gastada de la duda metódica; en segundo lugar, porque aunque suene bien, no parece demasiado cierto. Puede haber una estrategia personal en la no-estrategia económica, pero ¿de qué lado cae ese individualismo en la “y” del principio? Del de la literatura no, si tiene algo que ver (como decía) con la amistad. Del lado del mercado, menos. No se puede explicar, visto así, cómo después de agotar Ensayos Bonsai en Planeta, ahora va a salir Ensayos Bonsai II por Santiago Arcos.

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26/10/2010

Una semana en Frankfurt con Fabián Casas

Por

Timo Berger desde Alemania nos envía la siguiente crónica. En ella persigue como un espectro a Fabián Casas y da pistas de lo que pasó durante los días de la Féria de Frankfurt con algunos nombres reales, otros inventados. Algunos evidentes, otros no tanto.

Fotos de Timo Berger

***

1

Cuando Casas emprendió el viaje a Frankfurt, con la valija llena de los libros que iba a presentar en lo que dicen la feria libresca más grande del mundo, no pensó que pronto lo iba a perseguir una fuerza maligna e invisible que tomaría su rastro para finalmente enfrentarle sus fusiles el séptimo día.

Volvamos atrás, a las pocas horas felices que Casas pasó entre amigos berlineses que lo acompañaban a Frankfurt y los integrantes de la delegación oficial de escritores y funcionarios invitados a la feria.

Al aterrizar en el aeropuerto internacional de la urbe a orilla del río Meno, Casas respiró profundo y besó tierra alemana: Ahí le habían dado el premio Anna Seghers, ahí, estaba convencido, iban a tramarle el camino hacia el Nobel, que por un equívoco este año le tocó a la lagarta limada o al limoncellero limeño.

Durante los últimos meses, Casas había seguido una rutina estricta y sana: se levantaba temprano y sin tomar el desayuno, iba a karate, cumplía con los cien ejercicios que le prescribió su Sensei y volvía a su casa para darle el beso de buen día a su novia y a su hija recién nacida; y de ahí – un café en el bar de la esquina de por medio – al trabajo. Casas se veía potente, delgado y bello en su llegada a Alemania. Dejó atrás unas cuantas polémicas blogueras con poetas de tercera fila en las que no se cansaron de discutir si era verdad el comunicado de la editorial de Casas, en el que decía que el tomo de su antología poética se había agotado en apenas dos meses. Apaguen los facebooks, cierren los blogs, no crean en los libros electrónicos, dijo Casas cuando subió al primer escenario en Frankfurt. Fue a presentar su novela Ocío que en versión alemana se llama Lob der Trägheit (Oda a la inercia), charló sobre su poesía traducida al alemán en el libro Mitten in der Nacht (A mitad de noche), firmó libros y saludó a los adeptos.

2

Uno de los fans de primera hora no se podía despegar de Casas y la gente alrededor empezó a llamarlo “La sombra”. El joven cusqueño, al que ya se le empezaba a caer el pelo, maneja con habilidad una cámara digital como si fuera un revólver. La sombra siempre seguía a Casas: en el baño mojaba el inodoro contiguo al de él sacando su risa demoníaca.

Hay varios pasos que llevaron finalmente al poeta y a La Sombra a la muerte. El cura del pueblo dice que la culpa era de Casas mismo, por su tono inusitado a la hora de escribir, en el que cambiaba bruscamente de la melancolía a la depresión. La representante de la Sociedad de Escritores reclamaba derechos humanos y defendía la estética de los noventa encarnada en su figura. No vamos saber nunca, cuáles fueron las causas verdaderas de su fallecimiento repentino, por eso nos limitamos acá a narrar sólo lo que pasó y lo que se puede documentar.

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13/08/2010

Recibimos: Evita vive y Los Lemmings

Por

Agradecemos a Santiago Arcos editor por el envío de Evita vive y otros relatos, de Néstor Perlongher y la tercera edición de Los Lemmings y otros, del querido Fabián Casas.

Sobre Evita vive y otros relatos:

¿ Te vas, Néstor? Te crees que porque soy tu hermana voy a dejarte irte sin pagar, otario, y los morlacos de la gilada despilfarrar por una cuna (aunque dorada, sí, la veo un poco verde ahora, será el vino), no; y yo tengo que mantener este relato, Néstor: porque si yo te dejo irte sin pagar, mañana viene cualquier versero de sub-urbio (lo separó, tuvo como un gorgojeo) y me tajea, gratis, las pupilas: el negocio es negocio. (El negocio del cero: mi hermana había leído antes a Lyotard y ya tosía, estaba colorada de la ira). Soy tu hermano, le dije (respirando: hasta ese momento, la cabeza, las vergas del morocho, todo estaba borroso como una herida antigua: esa blasfema), y como soy tu hermano, no me podés hacer un pagaré por una pavada semejante: en esta oscuridad, en este quilombo, el viejo parecía más joven (tenía una pija anquilosada pero plegada en varios tramos: y cobraba por trozo; la cuestión era irme sin pagar antes que ella llamara a la cana: y tenía la mano sobre el teléfono; yo estaba sentada sobre un puff, lleno de viejas, de impagadas trusas). Yo, ¿o era ella? ¿Ella o yo?

“Chola, o el precio”

“Evita vive”, “Azul”, “El Sabra”, “Chola, o el precio” y “El informe Grossman”, los cinco relatos incluidos en este libro, son piezas centrales de obra de Néstor Perlongher. En ellos se condensan (vistos en un Aleph brillante y despiadado) los mitos, las representaciones y las fantasías más inquietantes de nuestra historia contemporánea, en la tradición de la mejor literatura argentina de todos los tiempos.

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12/04/2010

Hablemos de Ocio

Por

Ayer fui a la segunda función de Ocio, la pelicula de Lingenti y Villegas basada (y en una versión muy libre según las palabras de los directores) en el libro del mismo nombre de Fabián Casas.

Fabián Casas y Alejandro Lingenti. Foto de Lucio Ramirez, gentileza de Eterna Cadencia

Lo mejor del festival es poder ver cosas que no se ven todos los días. Si vieron la película los invito a que sumen sus miradas a la mía para poder hacerla más rica. Generalmente estas líneas “volarían” de cualquier post en este blog, pero quiero prevenir cualquier idea de ataque personal y fomentar una conversación crítica, a ver si podemos.

No queda duda de que fui al cine mucho más por mis intereses literarios que cinematográficos. Iba a ver “la versión” del libro llevada a la pantalla. Quizás por eso me decepcioné con una película largamente esperada y que propone un contacto que si bien no es tangencial -porque se toca en más de un punto con el libro- es por lo menos esquiva.

Cuando terminó la proyección se escuchó rápidamente y antes de que se enciendan las luces un “buu” solitario. Nadie se hizo eco y apenas la luz iluminó la sala hubo aplausos para los directores que estaban presentes y dispuestos a responder preguntas del público. En un primer momento me sentí identificado con ese abucheo y cierta decepción de una película que no se presenta como un apéndice del libro de Casas y debería ser “leída” en forma autónoma.

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25/02/2010

Me detengo frente a la barrera (Fabián Casas)

Por

Después de los dos posts iniciales de Crotto y Zaidenwerg, primero con Vallejo y después con Auden, llega el primer poeta argentino que, además, es contemporáneo. Se trata de Fabián Casas.

***

Me detengo frente a la barrera


Me detengo frente a la barrera.

Es una noche clara y la luna se refleja

en los rieles. Apago las luces del auto.

Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo.

Pero no comprendo nuestra relación;

no sirvo para eso: ¿Acaso serviría de algo?

Tu padre está enfermo y mi madre está muerta;

pero igual yo podría ir y tirarme encima tuyo

como todas estas noches. Eso es lo que sé.

Ahora la tierra vibra y un tren oscuro

lleva gente desconocida como nosotros.

.

“Me detengo frente a la barrera” ejemplifica de manera palpable una de las facetas más eficaces de la poética de Fabián Casas (Buenos Aires, 1965): presentar en un tono en apariencia indiferente y algo descuidado la punta del iceberg de una situación dada, para que se vislumbre lo que se oculta bajo la superficie: por eso, no es casual que dos de los precursores que Casas reinventa con su poesía sean el argentino Joaquín Orlando Giannuzzi y el estadounidense Raymond Carver.

Este poema nos interpela porque pone los tópicos clásicos de la ruptura amorosa en la voz de un sujeto que no puede procesar sus propias emociones. Ya desde el título y los primeros versos se sugiere la construcción del correlato objetivo que estructura el poema. Entre la detención del auto, propicia para la reflexión, y el final de los últimos dos versos, encontramos referida indirectamente y en un tono anodino la noticia que acaba de recibir el sujeto del poema: la decisión, ajena a él, de su separación. De dicha noticia, se adivinan los pormenores psicológicos esgrimidos durante la ruptura (“tu padre está enfermo y mi madre está muerta”), así como el clásico eufemismo con el que la otra le presenta su decisión (“Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo”), que el abandonado recibe con una mansa aceptación que acentúa el efecto del poema.

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31/10/2008

La cadencia del asunto: segundo encuentro /6

Por

Ciclo “La cadencia del asunto”
Participan: Celia Dosio, Sylvia Iparraguirre y Fabián Casas.
Modera: Patricio Zunini
Sexta y última parte de la desgrabación [leer la quinta], por P. Z..


la cadencia del asunto
Foto: Lucio Ramírez

P.Z.: Hacemos la última… [dos personas del público levantan la mano] ¿Quieren hacer dos preguntas? Las últimas dos preguntas.

[Intervención del público]: Yo lo que quería preguntar a cada uno, es qué relación tienen con el humor a la hora de escribir, dado que muchos de sus libros –por ejemplo El parque de Sylvia, de Fabián algunos ensayos y cuentos– se nota el humor. Cómo eso repercute a la hora de pensar la literatura relacionada al humor. De qué manera lo piensan ustedes cuando escriben.

Fabián Casas: Yo naturalmente soy una persona que tiendo a reírme de las cosas que me parecen un poco trágicas, forma parte de mi personalidad. Es un poco de lo que decíamos antes, la idea de que el horror a determinado nivel de ebullición si no produce risa te volvés loco. En ese sentido, yo me he reído mucho en el velatorio de mi mamá, por ejemplo.

Creo que eso también estará cuando escribo. No pienso “ahora voy a poner humor”. Forma parte de lo que soy. No pienso “voy a hacer un chiste”. Creo que es una manera natural.

Con eso también, de alguna manera la pregunta que hizo él, que tiene que ver con las marcas de época en un relato: cuando un relato lo único que tiene son marcas de época va a envejecer: está fechado. Cuando él le preguntaba a Sylvia, yo me acordaba una polémica entre Pasolini y Montale, donde Pasolini le exigía a Montale que dejara de ser metafísico y fuera pragmático y práctico. Y Montale le escribió un poema hermoso donde le dice “malvorio”. Malvorios son los hombres de mala voluntad en el Infierno de Dante. Le dice “no hay que cambiar lo esencial por lo transitorio”.

Me parece que lo transitorio quizá sea la convertibilidad, quizá sea Menem. Lo esencial es lo que está siempre, lo que está en Tolstoi, lo que está en los libros de los contemporáneos que se van a escribir. Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Esas cosas, me parece.

Sylvia Iparraguirre: Totalmente, yo leo así. Eso es lo que queda. Las marcas de época, como en una época pasó acá, que había que poner los jeans, las marcas, la Quilmes. Está bien, le da carácter, pero eso como programa se agota.

Fabián Casas: Si te fijás en Rayuela, por ejemplo, las partes que están fechas son las que están fenecidas. Y las partes donde Cortázar se enloquece, por ejemplo, me acuerdo cuando va al concierto de piano de Bertha Trépat, esa parte es increíble. Y después en las partes donde todo parece una tarjeta postal parisina, que justo el tipo que está tocando arriba el violín es un jorobado. ¡Pará un poco! [Risas]

Estoy hablando de una persona a la que yo quiero mucho y me parece un escritor notable.

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