02/08/2011

Presentación de Cine III hoy

Por


03/09/2010

Recibimos: Cine II. Europa, 1947

Por

Agradecemos a Eterna Cadencia editora por el envío de Cine II. Europa, 1947 de Juan Martini. Es la segunda parte de Cine, reseñada en este espacio.

La gira de Eva Perón por Europa en junio de 1947 es el tema de la segunda película que Sivori escribe sobre esa figura que llegaría a convertirse en un mito en tan solo siete años. Una Eva que por entonces empieza a sospechar su enfermedad, que durante ese interminable viaje se hará adicta al Femme de Rochas y que a su regreso, convencida más que nunca de que Perón es ella, se rebautizará y será a partir de entonces Evita.

Florencia, la hija de su amigo y ex productor Dippy Dillon, en medio de un torbellino emocional y con un intento de suicidio a cuestas, instalada en casa de Sivori lo ayuda con la investigación histórica. Con Florencia se entienden, sus informes reparan justo en aquello en lo que Sivori hubiese reparado. Datos y detalles que se filtran en una narración sin medida, que no escatima recursos y cuyos momentos más intensos bien pueden suceder en una anotación a pie de página o en las líneas del guión que se transcribe.

Una novela audaz y formalmente inquietante, que se deja llevar por los meandros de una mente preocupada por la creación tanto como por lo que queda de uno en los demás después de la muerte.

25/08/2010

Me volví argentino escribiendo este libro #2/2

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Segunda parte de la entrevista de la entrevista
con Fermín Rodríguez. [Leer la primera parte]

Fotos y video de Josefina Mogrovejo

Si para llegar al paisaje y a la literatura en el siglo XIX había que borrar de algún modo los cuerpos, ¿qué es lo que hay que borrar hoy, en los textos sobre el desierto, para que sean literatura, si es que hay que borrar algo? Pienso en esa afirmación del inglés Raymond Williams (en El campo y la ciudad) según la cual un campo en producción no puede ser un paisaje.

Y ya hay algunos textos alrededor de eso: La villa, La virgen cabeza

Yo pensaría tal vez en esos textos, en esa franja producida activamente por el discurso neoliberal. Una de las líneas que yo sigo es algo así como cierta genealogía de la implantación del capitalismo; qué tipo de cuerpos produce el capitalismo. Y llegaría a versiones contemporáneas del neoliberalismo que produce activamente esta zona de exterioridad de cuerpos abandonados.

Habría que hacer una diferencia acá. En el siglo XIX había de algún modo una región o población civilizable, o, como límite, exterminable. Ahora más bien de lo que se trata es de producir activamente un abandono respecto de un Estado que se retira justamente a dejar esta especie de campo a los nuevos muertos vivientes del capitalismo.

En ese sentido tal vez pensaría en eso. Hay un texto maravilloso, que tuve que dejar afuera porque ya no había espacio, que es El desperdicio, de Matilde Sánchez, donde aparece una especie de paisaje, una especie de gótico, de un momento donde la Argentina ya no existe y lo que queda en el campo son ruinas del pasado agropecuario. La ganadería se ha reconvertido en nuevas tribus de hombres jóvenes, linyeras, que viven en el desierto cazando liebres, que no son de nadie y atraviesan alambrados, son animales sueltos. Hay como una ganadería donde la liebre es el nuevo ganado argentino, que corre por encima de los alambrados y de la propiedad, y que es faeneada por obreras de la zona en fábricas frigoríficas que la venden directamente a Europa. Se da esta conexión entre la mano de obra indiferenciada, sin sombre, sin protección legal, sin Estado y un aparato de globalización; hacen máquina. Parece que esa novela es inagotable a la hora de pensar esta relación y esto que vos proponés como nuevo desierto.

Tampoco desaparecieron las novelas que entienden el desierto como se entendía en el siglo XIX. Hay una mirada estética del campo.

Ahí hablamos ya del campo. Habría que diferenciar: así como un discurso significó ciertos lugares o ciertas lógicas como las del desierto, también hubo un discurso oficial. Es el mismo discurso que había construido ese espacio en la realidad y en los sujetos, diseñados a la medida de esa realidad (básicamente el consumidor capitalista se funda a partir de un vacío).

Y también hay un discurso en los ochenta para desmontar ese aparato discursivo para construir el campo, de algún modo. Cuando digo discurso acá no digo solamente textos, sino también prácticas, escrituras sobre lo real concretamente: agrimensuras, alambrados, tasaciones. Hay una escritura del espacio.

El movimiento inverso, digamos.

Sí. A mí me interesa la literatura contemporánea que desarticula el campo para armar este especie de desierto, para ver lo que pasa entre el campo. Como en el libro de Matilde Sánchez: las liebres van entre el campo, los liebreros van de noche. Tampoco se puede hablar de jornada laboral, porque no están sujetos a un régimen capitalista, están sueltos y son recapturados por esas empresas globalizadas.

Además pienso en una serie de textos, como Opendoor, de Iosi Havilio. Y vos hablaste de una serie de textos como, La villa, de Aira, La virgen cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara, que están deshaciendo de algún modo la cartografía civilización/barbarie, ciudad/campo. Hay un espacio nuevo.

Sí, y esa cartografía es también una cartografía de tiempos, ¿no?

Si, exacto. Me parece que ahí no hay una vuelta atrás exactamente, al desierto del siglo XIX, sino que el desierto es lo que queda, lo que queda cuando la Argentina terminó. Por Argentina me refiero a cierta significación histórica de este espacio. Podríamos decir que esa significación está clausurada y ahora hay otra cosa. La literatura está explorando esa otra cosa.

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24/08/2010

Me volví argentino escribiendo este libro #1/2

Por

Entrevista con Fermín Rodríguez acerca
del lanzamiento de su libro Un desierto para la nación.
La escritura del vacío
, por Eterna cadencia Editora.

Fotos y video por Josefina Mogrovejo

El encuentro con Fermín Rodríguez es en la Librería Eterna Cadencia, en el bar de la editorial del mismo nombre. Es Honduras y Fitz Roy, en el barrio de Palermo. Parece un lugar común, pero por esas mismas coordenadas geográficas se registraban, hace ya un tiempo (¿pero cuánto es mucho tiempo? ¿y para qué?), la lucha y la convivencia siempre inestable de la ciudad y el desierto. Fermín Rodríguez vuelve, en Un desierto para la nación. La escritura del vacío, a uno de esos dos espacios: el de la extensión inagotable de la pampa, la llanura infinita.

Fermín Rodríguez – Foto de Josefina Mogrovejo

Es un lugar común. Pero no deja de ser cierto y, para peor, se trata de un hecho y de una frontera difusa que no dejan de interrogarnos. En la literatura, la geografía, la política: el desierto está ahí. A veces es amenazante, otras veces sucumbe dócil a la mirada del viajero o a la fuerza productiva de la explotación económica. Siempre está ahí.

En Un desierto para la nación, Fermín se hace cargo de esa tradición de discursos diversos, inestables como el mismo espacio que fundan. Porque de eso se trata la inversión del título (que homenajea a Una nación para el desierto argentino, del historiador Tulio Halperín Dongui): el desierto, por paradójico que suene, es un lugar que se construye, que se modela, que se funda al mismo tiempo que se nombra. Algunas de las escrituras que el ensayo de Fermín aborda se dedicaron a esa tarea. La lista de autores es larga e incluye a viajeros y escritores argentinos y extranjeros, entre los que están Sarmiento, Echeverría, Mansilla, Zeballos y los ingleses Hudson, Francis Bond Head y John Miers, por nombrar a algunos.

El recorrido puede parecer típico, pero la mirada de Fermín Rodríguez, lo somete a una nueva fuerza (la de su escritura), la tradición, hecha de monumentos como La cautiva y el Facundo, deja ver las grietas que se le suelen escapar a lecturas más binarias y reduccionistas. Por si quedara alguna duda respecto a lo novedoso de este libro, en los “Desvíos” (así se titulan) que incluye en cada capítulo de su ensayo, Fermín analiza textos de escritores contemporáneos (César Aira, Juan José Saer, Carlos Gamerro) para rastrear en ellos los huecos que las viejas antinomias (campo/ciudad, civilización/barbarie, atraso/desarrollo) intentaban sellar, siempre en vano.

Le llevó varios años escribir este libro (él mismo lo confiesa). Varios años y algunos viajes propios: de su Monte Hermoso natal a Buenos Aires, de Buenos Aires a Estados Unidos. Por eso el espacio es, para el autor, y entre otras cosas, el paisaje de la infancia. En el medio de esa travesía permanente estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en Literatura Comparada en Princeton (actualmente ejerce la docencia en la Universidad Estatal de San Francisco).

En algún momento de esta charla, Fermín se pregunta para qué sirve viajar. En todo caso, y si tuvo algo que ver con el resultado de sus investigaciones, se puede decir que tanto movimiento, sin dudas, vale la pena.

***

Lucas Mertehikian : ¿Para escribir este libro partiste del trabajo que habías hecho para tu tesis de doctorado?

Fermín Rodríguez: Bueno, sí, pero tuve que pensar en otro registro, en otro tipo de lector. Y también la tesis me había quedado muy larga. La fórmula que se me había ocurrido para acortarla era que tenía que agregar cosas [risas]. Paradójico, pero lo que hice fue esto: terminar de agregar un montón de cosas que me habían quedado fuera del tiempo de la tesis y a partir de ahí empecé a acortar y reescribir.

¿Los “Desvíos”, por ejemplo, eran parte de tu trabajo de tesis?

Sí, sí. ¡Yo diría que todo empezó como un desvío! [risas] Primero ahí había una especie de huella de la historia de mis lecturas en relación a esto. En realidad, yo empecé a leer estos textos a partir de Saer, Aira, autores contemporáneos. Fueron esos textos los que me dieron el deseo de lectura a medida que avanzaba en esa relectura de la cual vienen estos textos, que son de algún modo reescrituras de esos otros del siglo XIX.

Me encuentro entonces con muchas cosas. Primero con que son textos que trabajan con un corpus de textos muy incompletos. La definición de literatura de fin de siglo es una definición muy incompleta, muy indeterminada. Por lo tanto, son textos que a la hora de ser reescritos o repuestos, dejan muchísimo espacio de maniobra para la critica. Había mucho espacio para reescribir, entendiendo esto como la operación de génesis de un texto como Las Nubes, de Saer, o El vestido rosa o La liebre, de Aira. Es decir, estos textos me dieron como un mecanismo de repetición con diferencias que sostiene en algún modo esto que yo llamo el “cruce” del desierto, el “corte” del desierto. Fue el punto donde encontré la forma para poder escribir. Me parece que el camino cuando escribís significa cierta forma, cierta disposición…

Sobre todo cuando uno trata de salirse de un formato académico, porque me imagino que esas producciones saldrán un poco más automáticamente.

Bueno, al mismo tiempo reconozco que hay una incapacidad ahí. Me hubiera encantado producir una periodización, reconstruir sistemas literarios. Realmente no lo sé hacer, no lo aprendí. De algún modo el texto es un poco el fracaso de sistematizar y armar un texto lineal o de acuerdo a una periodización en el sentido fuerte del término.

Pero al mismo tiempo me di cuenta de que encontré algo con esta especie de limitación para organizar una dispersión de textos. Y más allá de decir “esto se escribió en la década del cincuenta”, “esto es parte del sistema del ochenta”, al descartar esa posibilidad, tuve que pensar en otro tipo de sincronía. Ahí apareció un poco la idea del mapa, de los mapas, de que esto es una especie de cartografía. Y de acercar con esta especie de anacronismo deliberado textos tan alejados en el tiempo y ver qué tipo de perversión se producía, qué tipo de fricción.

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18/08/2010

Recibimos: Cine II. Europa, 1947

Por

Agradecemos a Eterna cadencia editora por el envío de Cine II. Europa, 1947 de Juan Martini. Segunda parte de Cine.

La gira de Eva Perón por Europa en junio de 1947 es el tema de la segunda película que Sivori escribe sobre esa figura que llegaría a convertirse en un mito en tan solo siete años. Una Eva que por entonces empieza a sospechar su enfermedad, que durante ese interminable viaje se hará adicta al Femme de Rochas y que a su regreso, convencida más que nunca de que Perón es ella, se rebautizará y será a partir de entonces Evita.

Florencia, la hija de su amigo y ex productor Dippy Dillon, en medio de un torbellino emocional y con un intento de suicidio a cuestas, instalada en casa de Sivori lo ayuda con la investigación histórica. Con Florencia se entienden, sus informes reparan justo en aquello en lo que Sivori hubiese reparado. Datos y detalles que se filtran en una narración sin medida, que no escatima recursos y cuyos momentos más intensos bien pueden suceder en una anotación a pie de página o en las líneas del guión que se transcribe.

Una novela audaz y formalmente inquietante, que se deja llevar por los meandros de una mente preocupada por la creación tanto como por lo que queda de uno en los demás después de la muerte.

06/07/2010

Lo cotidiano y lo abrupto

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Sobre Antártida, de Claire Keegan (Eterna Cadencia, 2009)

El libro me fue facilitado por la mano de un amigo, al que la escasez de tiempo junto a otras obligaciones le había hecho poco menos que imposible su lectura. Por otra parte, nunca había leído nada publicado baja el sello de esta novel editorial y me pareció una buena ocasión para entrar en contacto con su selección. Además, desde mediados del año pasado vengo incursionando en la literatura de origen irlandés; si bien se trata de un libro de relatos –al que me reconozco poco inclinado-, al menos la autora me ofrecía un material más reciente que los últimos libros leídos.

Todos los relatos tienen como ambientación geográfica la Irlanda de los campos o el sur norteamericano. Infidelidades, celos, visiones del futuro, desencuentros, la demencia que se gana con la edad,  son parte de los avatares que padecen los personajes, en medio de pasajes bucólicos en los que se desarrollan cada uno de los cuentos.

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05/05/2010

Recibimos: Las infantas

Por

Agradecemos a Eterna Cadencia por el envío de Las infantas, novela de la escritora chilena Lina Meruane.

En un tono que recuerda a los clásicos cuentos infantiles de Perrault, Lina Meruane narra las peripecias y desventuras de dos infantas que abandonan el palacio antes de que su padre las entregue como prenda en un juego de naipes. Una historia en diez episodios que se va entrecruzando con otros once relatos, para develar la crueldad y la ambivalencia de ese mundo donde todo está por construir: el de la infancia.

Una niña se encuentra en el bosque con otra y desde entonces no puede dejar de buscarla y esperarla, de sentir su olor a musgo en el aire; una mujer batalla con el recuerdo amargo de su padre mientras las manos de su masajista recorren su cuerpo. Mientras, las infantas recorren el camino que las volverá a  unir, en el que no faltan los enanos, los lobos feroces y las viejas brujas, pero donde las acciones tienen consecuencias y la inocencia y la ingenuidad son solo una ironía.

Como señaló Roberto Bolaño, la prosa de Lina Meruane posee una fuerte potencia literaria: “surge de los martillazos de la conciencia, pero también de lo inasible y del dolor”. Fantasías, carencias, deseos y juegos, atravesados de principio a fin por una tensión erótica que se resuelve en contra de todas las convenciones. Un libro tan perturbador como conmovedor.

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