01/06/2011

Recibimos: La sed

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Agradecemos a Editorial Entropía por el envío de La sed, novela de Hernán Arias.

Nada tan complejo como narrar la historia de una mirada cuando el mundo parece recién creado. En La sed, el ojo del narrador extrae del paisaje un retrato asombroso de la infancia: la vida adulta como infierno nómada; la pampa, la familia, el alcohol y el ritual de la caza como instantes de peligro que desafían la inocencia. La prosa de Hernán Arias es milagrosa porque articula la forma más misteriosa de la temporalidad –el recuerdo–, en un continuo de horas y días indivisibles. ¿Por qué llevar la memoria tan lejos, a un límite tan parecido a la muerte? Para que suceda la infancia. En ese plano semejante a un espejismo, algo extraordinario y mínimo siempre está por ocurrir en la pampa.
Pocos escritores pueden dominar la infancia desde una nostalgia cerrada, sin arruinar su enigma. Por suerte Hernán Arias es una de las excepciones y da cuenta de eso en una primera novela que, si invirtiéramos los tiempos de la vida, podría ser el resultado de años futuros de escritura.

Oliverio Coelho


18/03/2011

Mirá Invernadero y charlá con Bellatín

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Atención: luego de la proyección del día domingo a las 18:30 en Malba, Mario Bellatín estará presente para dialogar con el público.

09/03/2011

Hoy, presentación de Placebo

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23/12/2010

Recibimos: La comemadre

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Agradecemos a Editorial Entropía por el envío de La comemadre, primera novela de Roque Larraquy.

La comemadre ofrece dos relatos que hunden sus raíces en la misma materia y abrevan en las mismas obsesiones. De un lado, un médico que se ve envuelto en una iniciativa científica descabellada y cruel, en un sanatorio suburbano. Por otra parte, un célebre artista plástico que lleva al extremo su búsqueda estética y se transforma, él mismo, en objeto de experimentación. Por ambos hemisferios de este libro rondan la intervención sobre el cuerpo y la búsqueda de la trascendencia. Primero, presentadas como derivación de una contrahecha esperanza positivista, a comienzos de 1900. Luego, como resultado de una apuesta artística radical, exitosa y, finalmente, banal en los inicios del siglo XXI. En el centro de esta novela, puntuada por el humor y la velocidad de su cadencia narrativa, flota la idea de lo monstruoso. Roque Larraquy lo presenta no ya de un modo ajeno o repudiable, sino como el motor de un quimérico progreso colectivo o personal, como una de las absurdas secuelas del amor.

10/12/2010

Precipitaciones aisladas no hace agua

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Gracias al pedido de un amigo tuve que hacer un repaso de todos los libros que había leído a lo largo del año. Esas cosas no son fáciles. Todo lo que pasó de abril para atrás parece que fuera de otro año o década. Sin embargo después de sacar la maleza pude quedarme tranquilo diciéndole que el mejor libro que leí este año se llama Precipitaciones aisladas. Estos señalamientos suelen ser injustos, pero no este caso, por eso abrí el paraguas previamente. Se trata del mejor libro que leí. Recibí comentarios de otros tantos que parecen ser excelentes, pero el tiempo es finito, ya lo sabemos.

Precipitaciones aisladas es una novela breve (no llega a las 200 páginas) de Sebastián Martínez Daniell que sin embargo se estira como la masa de la pizza entre las manos. Napoleón Toole, el protagonista, escapa de una realidad que lo asfixia en la gran ciudad, la capital de Carasia, un país insular, ficcional e indeterminado, pero sin embargo inserto, mucho más que otros “países de novela”, en una tradición occidental. ¿Qué le pasa a Napoleón? Escapa de su mujer o más bien se toma un descanso, necesita pensar. Una familia del pueblo pesquero Limmermonk, donde llegó en tren, lo hospeda. Una madre con su hijita y un marido que, como buen pesquero, aparece de vez en cuando.

Apenas empecé a leer Precipitaciones sentí que leía una novela decimonónica. Entendí que ese efecto está minuciosamente buscado, al repasar la contratapa. Pero eso no me decepcionó. Ese personaje, Napoleón, que no huye de otro más que de sí mismo, camina por un pueblo ferroviario que parece todo pintado con una estética steampunk delicada y literaria. Páginas más adelante, a medida que la primera impresión cede, se inmiscuyen otros colores que permiten no encasillar a la novela en la simple exposición de una escenografía.

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08/11/2010

Recibimos: Precipitaciones aisladas

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Agradecemos a Editorial Entropía y a Sebastián Martínez Daniell por el envío de su segunda novela, Precipitaciones aisladas.

Napoleón Toole, protagonista y narrador de Precipitaciones aisladas, habita un archipiélago de geografía incierta llamado Carasia. Sobre ese paisaje se desarrolla su universo simbólico en el que se alternan, de modo inestable, discusiones sobre las guerras de la Europa decimonónica, un jardín cultivado por hormigas, la cuidadosa disección de la meteorología de Marruecos o una evaluación crítica del destino de los estoicos.

Sin embargo, en el centro de su discurso se erige la figura de Vera, una mujer cuya presencia omnímoda y multiforme lo perseguirá en una excursión ferroviaria hasta un pueblo pesquero. A partir de ese viaje, y a semejanza de los egiptólogos a los que en algún punto del relato elogia, Napoleón Toole también se lanzará en la búsqueda de una fórmula para desarrollar una genealogía del futuro y la reconstrucción inteligible de su historia.

Tal como ocurría en Semana, su primera novela, Sebastián Martínez Daniell explora en Precipitaciones aisladas la fertilidad de la palabra y su propia capacidad para manipular los materiales de las enciclopedias y los mecanismos de la realidad. El resultado, lúdico y fantasmático, es una serie de radios convergentes en los que la alucinación, la memoria y los actos se traslucen a través de una poética de la fragmentación.

08/06/2010

Recibimos:Hélice

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Agradecemos a Editorial Entropía por el envío de Hélice, segunda novela de Gonzalo Castro.

El cuerpo y las articulaciones, la alimentación, los estímulos sensoriales y la reacción del sistema nervioso; la preocupación por los espacios y su mobiliario, por la cognición de la realidad, por los tecnicismos, por el desorden, por el paso del tiempo y por el declive de las relaciones interpersonales…
Tal es el barro de esta novela.

Alejandro García Schnetzer

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