19/07/2011

Alan Pauls en el Club de traductores

Por

El Club de traductores literarios de Buenos Aires -capitaneado por Jorge Fondebrider- realiza encuentros periódicos en el Centro cultural de España en Buenos Aires. Acostumbran a invitar a escritores, traductores o personalidades destacadas a quienes entrevistan por el espacio de una hora.

Además de esa costumbre, tienen otra sana costumbre que es registrar todos los encuentros y dejarlos online para que gente como nosotros podamos disfrutarlos en vivo o tiempo después, como en este caso. El invitado fue Alan Pauls.


16/12/2009

Presentación de Excesos del cuerpo en New York

Por

Excesos del cuerpoLeonora Djament, Javier Guerrero y Nathalie Bouzaglo – Imagen cortesía de Eterna Cadencia

Cómo existe la idea de que la literatura es tribulación qué mejor que una antología sobre la enfermedad y el contagio. La felicidad y otras purgas son casi un repertorio ocasional, artistas invitados en la representación de los quejidos y la afección. Todo lo demás, dice el cliché, es autoayuda. Yo mismo no sé porqué estoy escribiendo sobre personas que en la salud se regodean de la enfermedad como producto redituable; siento que antes de poder evitarlo empezaré a enumerar síntomas, malestares que hasta ayer no les había puesto nombre.

Excesos del cuerpo de Eterna Cadencia Editora es una antología que reúne a escritores latinoamericanos; un libro que parece haber nacido en los pasillos de NYU (Enguayú), en el Programa de Escritura Creativa en Español. Participan Edmundo Paz Soldán, Silvia Molloy, Mario Bellatín, Sergio Chejfec y Alan Pauls, entre otros.

Llegué temprano a la presentación, demasiado temprano que hasta el de seguridad sospechó de esa, mi presencia anticipada. Me senté a leer mientras esperaba por las primeras apariciones. Se trató más de un evento académico entre profesores, alumnos y amigos. El edificio donde se llevó a cabo le pertenece a la universidad y faltaba un cuarto de hora para las ocho y no aparecía nadie. Un minuto después, sin embargo, comenzaron a caer todos como traídos por un colectivo.

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29/09/2009

Nanohistorias desde otro norte

Por

Livorno

Especial, desde Livorno

Los días proponían calma aunque no dejaban de recordarme la ausencia (pasajera; o pasajero yo en vuelos transatlánticos) de los pasillos agraciados que me confiere esta bitácora. Sin embargo, era perentoria la pausa e hincar el diente en el detalle (literario, que es el que cuenta aquí).

Por aquellos días (del 9 al 13 de septiembre) se realizó el “Festival Letteratura” de Mantova; indicio de que el verano europeo comenzaba a guardar las sombrillas, hora de meter la cabeza en los libros. Irse sacando las imágenes de bikinis y pechos al aire, todo en armoniosa clave de sol.

Al festival no fui, por cierta preferencia espacio-temporal: ofrecí mi asistencia al espectáculo de la perspectiva ofrecida por el mar de la costa Tirrena, pero la prensa me regaló trazas de lo que habría de vivirse, y luego se vivió. Las lista de invitados iba desde Nadine Gordimer hasta Dino Zoff (el arquero de la azzura del 82). Una invitada de lujo fue Muriel Barbery, una francesa (nacida en Marruecos) que ama vivir en Japón y que la insistencia de las vidrieras locales me trajinó a leer pocos días antes de viajar La elegancia del erizo (Seix-Barral). El sarcasmo de esta joven profesora de filosofía es sólo equiparable en las letras argentinas a Fogwill o a su versión con tetas, Pola Oloixarac. No parece una casualidad que ambas vengan de la filosofía. Ni tampoco que La elegancia del erizo y Las teorías salvajes hayan movilizado a propios y extraños en ámbitos locales e internacionales. Si invirtiéremos los títulos no provocarían disonancia alguna; Muriel enumera una suma de teorías magistrales y Pola hace del erizo un animal ciertamente doméstico.

Una nota de color “a la Barbery” de la edición inglesa: “ Tea and mangas instead of coffee and newspapers: something elegant and enchanting, instead of adult power struggles and their sad aggressiveness.” (p. 95)

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20/08/2009

Entrevista a Jorge Carrion {3

Por

*Fotos de Míkel Aboitiz

Fabrizio: En España, este último año distintas novelas de escritores argentinos residentes en la Península fueron premiadas: El comienzo de la Primavera (Premio Jaén de Novela XIV), de Patricio Pron, El Heredero (Bruguera) de Mario Catelli y el caso más emblemático quizás sea El viajero del siglo (Alfaguara) de Andrés Neuman. Imagino que seguís la trayectoria de estos escritores.

Jorge: Yo hago crítica de literatura hispanoamericana en el suplemento literario del diario ABC. Eso me lleva a leer mucha novela latinoamericana. De estas tres, concretamente sólo he leído la de Patricio Pron. Me pareció muy interesante pero no la acabé de entender en el contexto de una trayectoria mucho más experimental. El comienzo de la primera es su novela más realista. Estoy a la espera de su próxima novela para ver dónde ubica esta pieza en su trayectoria. Más tarde, después de leerla y reseñarla, entendí que había una voluntad de empezar a hablar de la historia contemporánea, que posiblemente le lleve a hablar más de Argentina.

Creo que durante los últimos años hemos pecado en España de sólo adorar la literatura hispanoamericana respecto a la literatura española y creo que la literatura española se ha vuelto igual de interesante que la argentina en los últimos 3, 4 años, al menos.

F: Creo que él mismo, en una entrevista que le hicieron para HdA, asume que intenta hacer eso: quiere hablar de Argentina escribiendo sobre Alemania.

J: Creo que fui el primer crítico que habló de Patricio Pron en España, porque reseñé Una puta mierda en ABCD. Me parece un libro muy atrevido, muy interesante, por llevar la poética de Copi y del absurdo a un ámbito como el de Malvinas que está muy connotado por Fogwill. Por cierto, te has olvidado de Martín Kohan y de Alan Pauls, que ganaron el Herralde hace unos de años. En España, hay una presencia fuerte de la literatura argentina sólo comparable con la presencia que tiene la literatura mexicana. Creo que hasta hace muy poco la literatura argentina joven, hablamos de autores menores de 45 años, era más vigorosa que la española y creo que ahora se están poniendo a la par. Me interesa mucho, en mi caso particular, aprender de la literatura argentina; como sabes, he editado El lugar de Piglia: Crítica sin ficción (Candaya), donde se analiza la recepción pigliana en los dos países. No obstante, creo que durante los últimos años hemos pecado en España de sólo potenciar la literatura hispanoamericana en detrimento de la literatura española y creo que la literatura española se ha vuelto igual de interesante que la argentina en los últimos 3, 4 años, al menos.

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25/09/2008

Talando Arboles: ¿Somos muchos más que dos? /7

Por

Jornada 1: “Literatura argentina. ¿Somos muchos más que dos?”
Participan: Alan Pauls, Fabián Casas y Alberto Díaz.
Coordinan: Damián Tabarovsky y Fernando Pérez Morales
Septima y última parte de la desgrabación, por P. Z. (Leer la sexta).


talando arboles
foto de prensa cedida por Interzona

Damián Tabarovsky: [A Fabián Casas] ¿Cómo es tu relación con los editores?

Fabián Casas: Yo tengo varios editores. O sea, tengo un editor que es como mi papá, que es Mangieri, porque me publicó de chiquito y tengo una relación como si fuera mi papá. No es una relación como la que uno puede tener con un editor, que te sentás a hablar o a discutir, tenés que firmar algo. Después tengo muchos editores, varios editores que son amigos míos, tengo relaciones de amistad.

Creo que las editoriales pequeñas como dice él [Alberto Díaz], intentan de alguna manera… para darte un ejemplo con un libro y no hablar en abstracto, hace poco el editor de Santiago Arcos, Miguel Villafañe, venía y me decía que a él le gustaba mucho una novela de Quique, que se llama La Buena Nueva. Me decía que estaba buena, él estaba entusiasmado con la novela y me dijo “cada vez que lo llamo a Quique, Quique me dice que es una mierda esa novela, es malísima”. Yo la leí y me gustó mucho. Creo que tuve el prejuicio de no leer libros de Biblioteca del Sur, por ejemplo, cuando empecé a leer.

Damián Tabarovsky: Es la primera novela, ¿no?

Fabián Casas: Sí, es la novela con la que abrió. Inclusive cuando la fui a leer le escribí a Forn preguntándole dónde estaba la novela, si estaba circulando, si él sabía.

En realidad, en ese momento, cuando empezó a salir esa editorial, para mí fue muy reactiva, digamos. No me estimulaba leerla por prejuicios estúpidos, ni siquiera había leído ese libro de Quique. Ni siquiera me estimulaba el título, que era “los libros del caminante”… La buena nueva del caminante y por lo general los libros de Fogwill tienen títulos muy lindos: Muchacha Punk, Vivir afuera… No me gustaba nada de ese libro. Ahora lo leí y me pareció hermoso porque es una novela donde te muestra mucho el transfondo alrededor. Es como Caminando alrededor de Saer, por ejemplo. Te das cuenta que el tipo todavía no maneja bien su estilo y su voz, y que se está creando en ese momento.

Y es interesante por eso, porque te encontrás con un [primer] Fogwill; creo que tenía esta novela y otra que se llama Estados Unidos que no se llegó a editar. Los Pichiciegos que salió después. Pero me parece que le da otra luz esa novela a toda la obra de Quique. Incluso diría contra la crítica parasitaria que hay sobre la obra de Fogwill, que me parece que es una crítica que depende mucho de lo que dijo Fogwill sobre cómo hay que leerlo, y que precisamente impide leerlo de una manera interesante, pero eso es una opinión personal.

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23/09/2008

Alan Pauls en Esperando a Godot

Por


por P. Z.


esperando a godot - nro 19

El nuevo número de Esperando a Godot incluye un extenso reportaje a Alan Pauls. “El desconcierto es la gran noción artística”, afirma el escritor. De ese reportaje, como adelanto, extraemos las tres primeras preguntas.

Tres dispositivos narrativos muy diferentes en las últimas tres novelas (Wasabi, El Pasado, Historia del Llanto) ¿qué percibís de eso, es algo consciente?

Lo que veo es que hay cierta afinidad entre Wasabi y El Pasado, Wasabi no sé si es un boceto pero sí una maqueta de El Pasado, no se lo puede reducir a un prólogo de El Pasado pero al mismo tiempo son libros bastante hermanos. Me parece que El Pasado lo que tiene es que está muy rápidamente planteado como una novela-territorio, muy oceánica, y al estar planteada así desde muy temprano cambia el aliento de la novela; pero encuentro cierta relación, no creo que haya allí un corte. Encuentro sí una diferencia importante con Historia del Llanto, me parece que es otra formulación literaria. En principio porque Historia del Llanto está pensada como una especie de trilogía sobre los años 70, eso ya es raro para mí, estar pensando en un proyecto que integre más de un libro articulado alrededor de una época o de un mundo temático. Después hay un trabajo muy concreto con un género que es el testimonio y creo que un cierto retorno a una forma breve, digamos a la nouvelle, que es un género que a mí siempre me gustó, que es lo que yo hacía antes de escribir el novelón. En ese sentido hay una diferencia pero también hay un cierto retorno a lo que hacía antes y que me gustaría seguir haciendo, creo que la forma extensa es la que es excepcional para mí.

¿Qué factores contribuyeron para esa forma extensa como excepción?

Estuve diez años sin publicar ficción hasta que apareció El Pasado, o sea, estuve guardando durante un tiempo, guardando y guardado. Supongo que eso tuvo que ver al menos con una cierta manera de fermentar que tuvo la novela. En esos diez años de reclusión hay alguna clave para pensar cómo vuelvo a aparecer con una novela de ese tamaño. Y esa novela tiene un carácter muy de apuesta, como de poner toda la carne en el asador, es medio una novela descabellada en ese sentido, como una novela que no se guardó nada, lo cual es falso porque guardé mucho pero hay algo en el gesto de la novela que creo tiene un poco este sentido de “a todo o nada”, si uno piensa que fue hecho por alguien que durante diez años estuvo por lo menos sin comunicar públicamente lo que tenía para decir en el campo de la ficción. El gran formato no es un género con el que sienta que a partir de ahora voy a tener mayor familiaridad que antes. A veces veo El Pasado y no entiendo cómo pude haber escrito una novela tan larga y haber estado tanto tiempo trabajando en ella, porque eso fue muy importante, estar trabajando cinco años en la novela. Hay gente que puede escribir novelas largas rápido. Toda esa novela tuvo un proceso de fabricación y de elaboración muy lento, muy dilatado, como de mucha inmersión, yo estuve ahí adentro durante cinco años.

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23/09/2008

Talando Arboles: ¿Somos muchos más que dos? /5

Por

Jornada 1: “Literatura argentina. ¿Somos muchos más que dos?”
Participan: Alan Pauls, Fabián Casas y Alberto Díaz.
Coordinan: Damián Tabarovsky y Fernando Pérez Morales
Quinta parte de la desgrabación, por P. Z. (Leer la cuarta).


talando arboles 2008
foto de prensa cedida por Interzona

Damián Tabarovsky: Quiero volver un poco atrás, como un loop, diría Casas. Porque –quizá sea una obsesión mía–, hay una palabra que no se nombró aquí, estuvo flotando, que es la palabra democracia. De alguna manera es un “voto no positivo” por ella. Alan dijo hay que acostumbrarse a no tener más centro; no hay más centro legitimador, y eso nos requiere más trabajo y más esfuerzo. Y Fabián, más irónicamente, dijiste “estoy a favor de todo, me gusta todo”.

Fabián Casas: No, no me gusta todo.

Damián Tabarovsky: Claro, a eso iba. Hay una idea de democracia liberal. Y también hay la palabra diversidad, que muchas veces yo la asocio con los parques naturales: hay que preservar la diversidad porque está en extinción…

Por un lado uno valora la diversidad cultural y literaria porque en la biblioteca personal puede tener una diversidad infinita. Por ahí es el autor, el crítico, el lector el que le da una coherencia a esa diversidad. Y cuando vas a la casa de otro decís “¿lee esto?”. Después lo ves y es de una coherencia absoluta cuando él habla.

Entonces, en este mundo sin centro, “estoy a favor de todo”, ¿no hay más un lugar de clivaje, de discusión, de fronteras? Que no pasa solamente por el gusto –que es una práctica pequeñoburquesa, “esto me gusta, esto no”–, si no por un pensamiento crítico sobre la praxis de la escritura o por las estéticas.

Eso en relación a la literatura argentina, si ustedes lo ven –o no– acá, ahora.

Alan Pauls: Sí. Yo creo que el hecho de que no exista más centro, más bien nos compromete, no a que todo nos dé lo mismo, si no francamente al revés, a que todo no nos dé lo mismo.

No comulgo con esa especie de utopía liberal de mercado, “bueno, ahora que no hay más valores, consumamos todo alegremente”. De hecho no me da todo lo mismo. En ese sentido, me parece que estoy en una posición medio bisagra, una especie de mundo viejo que se desmorona, o que ya se desmoronó, muy marcado por ciertas categorías, por ciertos modos de pensar, por ciertos rituales culturales, por ciertos hábitos y un mundo nuevo que no se termina de formar, que tal vez no se forme nunca porque su rasgo principal sea justamente una especie de condición informe.

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