28/03/2011

Zambas salvajes de un unitario: tras los pasos de Echeverría en París

Por

Segunda entrega del especial que Fabrizio Tocco está escribiendo mientras disfruta su estadía en París. En este caso recorre la ciudad cámara en mano hasta encontrar aquellos lugares que visitó Esteban Echeverría durante el siglo XIX.

***

Especial: Notas sobre una enorme metáfora.

  1. Introducción
  2. Zambas salvajes de un unitario

Llego a la estación de Guy Moquet, a los pies de Montmartre, para tomar el métro con la serenidad que me da un día franco. Me propongo un objetivo inverosímil: encontrar alguna huella de Esteban Echeverría en este siglo veintiuno parisino. Para mi escándalo provinciano, el métro de la línea 13, que une la periferia con el centro, llega abarrotado. No sé muy bien en qué parada tengo que bajarme. En mi netbook, tenía anotada la pista de Leonor Fleming, quien para la edición de Cátedra de El matadero escribe que Echeverría se instaló “en el barrio de Saint-Jacques”, al llegar del puerto de Le Havre, el 7 de marzo de 1826.

[nggallery id=2]

Nunca escuché hablar del barrio Saint-Jacques, no pude ubicarlo en Google Maps antes de salir. Invento una errata en el texto, pienso en el precioso Boulevard Saint-Jacques, al sur de París, donde hice un curso de francés cuando llegué el año pasado. Más o menos a una hora de distancia de Guy Moquet. Está al otro lado de la ciudad, desde el noroeste al sudeste. Tal vez sea la fiaca que me da este día franco, pero rápidamente descarto la posibilidad de que Echeverría viviera tan lejos del centro histórico de la ciudad. Con seguridad se trata de la rue Saint-Jacques, arteria del Quartier Latin, desde la cual iría a pie a la Sorbona, para asistir a sus clases de economía y derecho.

Mi escándalo provinciano regresa: es literalmente imposible consultar mi netbook en este vagón, pienso ahogado por un mar de brazos con iPhones 4. (¿Son cameruneses?, ¿senegaleses?, ¿congoleñas?). Nada hubiera cambiado si yo hubiera salido a primera hora o si lo intentara después del mediodía: la línea 13 es la más lenta, precaria y saturada del subte parisino.

Unos cuarenta minutos más tarde, después de hacer transbordos, caminar kilómetros subterráneos y subir escalones que mi perezoso franco multiplica, me bajo en la estación de Saint-Michel, en el centro de la ciudad. Tardo en encontrar un café con wifi que no sea carísimo: otro objetivo inverosímil. Mi netbook no me ayuda: fracaso al googlear “quartier saint-jacques paris” o “ancien quartier saint-jacques paris”; fracaso, también, con la Wikipedia.

Estoy cerca de la rue Saint-Jacques, pero sé que no voy a encontrar ninguna placa que condecore la residencia de un estudiante argentino que mis profesores franceses ni siquiera conocen. Además, Fleming insiste en que se trata de un barrio. En la séptima página de resultados, Google finalmente cede: muchos críticos y biógrafos reiteraron el dato de Fleming, sin matizar que Saint-Jacques no existe como barrio en la capital francesa desde hace siglo y medio: “Saint-Jacques-de-la-Boucherie” era uno de los diminutos cuatro quartiers en los que se dividía París en la Edad Media. Hoy pertenece al 4ème arrondissement, el distrito cuarto que comprende edificios tan dispares como Notre-Dame, Hôtel de Ville, el Centre Pompidou y las sinagogas del Marais. Como sospechaba, Echeverría vivía en el centro histórico. Al otro lado del río. Pago el café crème a la camarera (¿argelina?, ¿marroquí?) dejo el café, empiezo a caminar.

Seguir leyendo


10/02/2011

Notas sobre una enorme metáfora
París: Una introducción

Por

Especial: Notas sobre una enorme metáfora.

  1. Introducción
  2. Zambas salvajes de un unitario

Mi avión llegó a París a fines del 2010, dubitativo y tímido. Mi avión atravesó los Pirineos, esquivando temporales de nieve, huelgas generales y hasta clandestinas. Mi avión me dejó en el aeropuerto de Orly (que yo sólo conocía por el samba homónimo de Chico, Toquinho y Vinícius) con un fin concreto: pausar mi vida en Barcelona durante un tiempo delimitado por el calendario académico.


París desde mi ventana

Desde mi buhardilla milimétrica, situada a los pies de Montmartre, le mandé un mail a Matías para contarle que tenía ganas de escribir algo al respecto, aprovechar la ocasión para hablar de asuntos sobre los que siempre vuelvo, pero desde un ángulo distinto al de las reseñas y las entrevistas con las que vinimos trabajando estos últimos años. La forma, acordamos, sería la crónica; la condición, que giraran en torno a escritores argentinos que vivieron en París.

Me limitaré a intentar rastrear, nikon y netbook en mano, vericuetos parisinos donde alguna vez vivieron algunos de estos veintisiete escritores. Estudiaré en las Universidades en las que algunos de ellos fueron alumnos. Caminaré por las calles que pisaron, solitarios y anónimos. Indagaré en librerías y bibliotecas parisinas, en busca de traducciones francesas de sus libros.

Acordamos, también, establecer un lapso acotado: desde 1825 hasta 2005, desde la llegada de Esteban Echeverría al puerto de Le Havre (la puerta normanda que desembocaba en América) hasta los últimos días de Juan José Saer, combatiendo un cáncer de pulmón, en un hospital de la banlieu, una suerte de conurbano al que casi todo parisino teme por defecto. Durante los últimos dos siglos, puedo contar una treintena de escritores argentinos que residieron en algún momento de sus vidas en París. Borges, creo, lo dijo mejor que nadie: las listas son ejercicios excluyentes; seguro me olvidaré de unos cuantos.

Mientras me dirigía hacia mi curso intensivo de francés, durante las primeras mañanas en Montmartre, paseaba por el métro una edición española de El sueño de los héroes. Aún no consigo disfrutar de los libros de Bioy Casares (para mi oprobio, lo sé), así que lo abandoné rápidamente por París no se acaba nunca, seguido por una lectura compulsiva de The Invention of Solitude y luego de La tía Julia y el escribidor. No podía estar incidiendo en mayor transgresión ociosa. Por obvios motivos, ni Vila-Matas, ni Paul Auster, ni Vargas Llosa aparecían en el corpus de la tesina que vine a escribir a París, y que trata de los orígenes socio-históricos de la literatura fantástica escrita en español. También por obvios motivos, ninguno de ellos jamás aparecería entre la “treintena de escritores argentinos” que me jacto de poder enumerar. Pero lo más grave de todo es que no podía estar incurriendo en un cliché más escandaloso: joven estudiante de Letras, flamante residente de Montmartre (ciertas ínfulas de intelectual), becado para estudiar en la Sorbona, se va a enclaustrar en una buhardilla para leer a escritores que vivieron antes en buhardillas similares (alguno hasta es un Nóbel).

Pero los límites de mi identidad literaria argentina no son muy férreos (lo sé, lo único que falta es que me declare “cosmopolita”). Mi rudimentario acercamiento a la literatura argentina ha sido mediatizado por bibliotecas y profesores catalanes, por revistas literarias publicadas en Barcelona, por las bondades del Google Scholar, por editoriales madrileñas y por las revistas digitales que inundan internet. Mi gusto literario fue invadido por los teóricos franceses del siglo pasado (hay quien diría que fue contaminado) y tal vea sea esta invasión la causa por la cual decidí mudarme a París. Seguir leyendo

Entradas anteriores

Recibimos: El señor de la lu...

12/08/2011
Agradecemos a la editorial La Bestia Equilátera por el envío de El señor de la luz, novela del francés Maurice Renard. Editada en su odioma original en el año 1933, ahora encuentra esta nueva edi...
Seguir leyendo

Bricolaje libresco

11/08/2011
Aunque no lo crean, este blog también es servicio, es por eso que en esta ocasión les acercamos un motivador material que ni en Utilísima les habrán ofrecido. En cualquier tienda de decoración p...
Seguir leyendo

Relatos como excusas

09/08/2011
Cuando lo compré, su nombre me sabía a ayer. Claro, tenía otro de la misma autora en una colección de tapa dura aparecido hace algunos años atrás –sedicente su mejor título-, aunque ambos esp...
Seguir leyendo

Bibliografía obligatoría pa...

08/08/2011
La noche del sábado fui a ver medianoche en París. Estaba entre Capitán América y ésta otra. Finalmente le di mi voto de confianza a Woody, voto que no siempre honra. A ver si puedo contar de qu...
Seguir leyendo

De cómo Fabián Casas recomi...

05/08/2011
Cada vez que le digo a alguien que estoy leyendo los libros de Orhan Pamuk, me miran como si estuviera tan loco al igual que ese personaje de la película “Supersize” que, para demostrar que la ...
Seguir leyendo

Puede fallar: mapa con divisi...

04/08/2011
Para los que nos saben, cada vez que en un libro o publicación (como los fascículos coleccionables que se venden con los diarios) se incluye un mapa del territorio nacional, éste tiene que ser revi...
Seguir leyendo