10/11/2009

Entrevista a Antoni Martí Monterde {2

Por

Antoni Martí MonterdeFoto de Àngel Monlleó

FT: ¿Por qué se destaca en el subtítulo del diario que el viaje literario es por Buenos Aires si también en parte transcurre en Rosario?

AMM: Fue una decisión editorial contra mi criterio: el diseño de la portada exigía una faja, donde decidieron poner “Un viatge literari a Buenos Aires”. Yo no estaba de acuerdo porque Rosario desaparecía. Pero este no es el subtítulo del diario, porque sólo aparece en la portada pero no en la quinta página (referencia en biblioteconomía a partir de la cual se construye una referencia bibliográfica).

De hecho, en un principio, la foto de Horacio Coppola debía ir en la portada y no en la solapa. Como hubo un cambio y el libro iba a editarse en una colección distinta a la que estaba previamente estipulada, la foto de la cubierta desaparecía y querían que pusiera una foto mía, cosa que me pareció absolutamente lamentable [Risas]. Como ya estaba pagada la foto de Horacio Coppola, exigí que se la utilizara por lo menos en la solapa. Pero insistieron en que hubiera por lo menos un detalle en la portada. Entonces pedí que usaran para ello un detalle de la foto de Coppola. Sugerí que se utilizara la silueta del edificio Kavanagh. Un día, a las tres de la tarde, me llamaron por teléfono y recuerdo que me despertaron, en aquella época tenía los horarios muy cambiados…

FT: ¿Por jet lag? ¿Acababas de llegar?

AMM: No, por mala vida, vaya [Risas]. Esto fue en el momento de edición del texto. Me llamaron de la editorial para decirme que la foto era muy mala y que el detalle no servía. Yo les dije [Pone voz de muy enojado]: “Oiga, la foto no es mala, las cosas como son, estamos hablando de uno de mis fotógrafos preferidos del siglo XX. En todo caso, nos habremos equivocado de detalle. Busquemos otro. Coge el coche, por ejemplo”. Hicieron una prueba, me la enviaron por mail, y encuentro que a pesar de que la edición sea un poco fea, el coche tiene algo de hipnótico. Se puede criticar que la foto remite a los años treinta y entonces que el libro toma partido por una época de Buenos Aires. Pero, ojalá todos los problemas fueran así.

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09/11/2009

Entrevista a Antoni Martí Monterde {1

Por

Antoni Martí Monterde

Antoni Martí Monterde (Torís, 1968) es un teórico y ensayista valenciano que escribe tanto en catalán como en castellano. Su Poética del Café fue finalista del XXX Premio Anagrama de Ensayo (2007). Es profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, donde dicta clases de Teoría del lenguaje literario, de Introducción a la Literatura Comparada y (a nivel pre-doctoral) de Debates actuales sobre Literatura Comparada.

En la Facultad de Letras, Antoni Martí es célebre por su proverbial pasión hacia la noción de weltliteratur de Goethe y sus intrincados conflictos con Madame de Staël, así como hacia el pensamiento de Barthes y la vocación de bibliófilo de Walter Benjamin. Se sospecha que es el introductor de Macedonio Fernández en las universidades catalanas, cuyos alumnos creyeron durante un buen tiempo que era una invención ficcional suya. Se podría argumentar en contra de esta idea que Macedonio es un personaje creado por Borges. Sé que Antoni Martí no se atrevería a posicionarse a favor de ninguna de estas aserciones.

Hace más de una década, Antoni Martí viajó por Buenos Aires y por Rosario, donde dio conferencias sobre los límites entre el diario como género literario y la autobiografía. Producto de esas semanas es L’Erosió (Edicions 62, 2001), “Premi dels Escriptors Valencians”, una puesta en práctica de esas reflexiones teóricas. Germen esencial de Poética del Café, L’Erosió es un diario cuyo universo abarca desde la autoficción al testimonio histórico, donde el espacio urbano es analizado desde la estructura de sus cafés, de sus redes ferroviarias (en el caso de Buenos Aires, de su precariedad) y de su arquitectura. Antoni Martí recorre las calles argentinas con los ojos de Blanchot o Barthes y con las memorias de Santiago Rusiñol y Josep Pla; en busca de los secretos que guarda el colectivo catalano-argentino, siempre reflexionando desde una posición distanciada (aunque profundamente) sobre el exilio con Gombrowicz, María Zambrano y Ramón Gómez de la Serna.

Para concluir el ciclo de “Intelectuales españoles en Argentina”, nos encontramos en el Café-Teatro “Cincómonos”, en el centro de Barcelona, y charlamos sobre su libro y sus inquietudes intelectuales.

Entrevista traducida del catalán.

Fotos: Àngel Monlleó.

***

L’Erosió

Fabricio Tocco: ¿Cómo se construyó tu atracción por la Argentina?

Antoni Martí Monterde: En el libro admito que la Argentina, como cualquier otro país que no está alrededor de uno, para mí era una entelequia difusa. Fue un interés creciente, construido por casualidades. Cuando iba a la facultad, en Valencia, era medio ratón de biblioteca, pero también medio ratón de bar. Comencé a hacer lecturas de creación, pero también ensayo, memorialismo, ciertas lecturas de filosofía y teoría de la literatura. Curiosamente, me terminaba dando cuenta que siempre los libros se habían impreso en Buenos Aires. Además, un día algún amigo con cara de conspirador me puso sobre la mesa determinados libros de Macedonio Fernández [Risas]. De esa manera, me fui dando cuenta que allí habían sucedido una serie de cosas, se había publicado una serie de obras, que aquí no. Cierta bibliografía requería un desplazamiento (por lo menos, imaginario) hacia la otra punta del Atlántico.

Después de eso, esta atracción no fue voluntaria ni sistemática. Al terminar la licenciatura, casualmente fui recibiendo diversas lecturas que hacia el año 1996 fue cristalizando en un deseo de conocer Buenos Aires. Así fue como solicité una beca como estudiante de doctorado para irme para allí. En el año 1998 volví, pero ya como profesor, en un proyecto similar. Ambos viajes fueron la confirmación absoluta de aquellas intuiciones. La constatación de que era imprescindible, para una persona que se considerara de letras, conocer Buenos Aires.

También fue la constatación de un cierto fracaso. Barcelona me había decepcionado profundamente como capital. Yo, que aún no había viajado lo suficiente por Europa, en Buenos Aires encontré un modelo urbano muy europeo, con todas las contradicciones que tiene esta afirmación. A pesar de que también estuviera presente la experiencia americana en la ciudad.

En este sentido, creo que fui muy honesto, puesto que no me puse ninguna máscara: era un viajero europeo. Renuncié a dialogar con la literatura argentina (porque me desbordaba), pero me permití hacerlo con los escritores que habían tenido la misma posición que yo: los viajeros europeos que habían experimentado Buenos Aires en diversas épocas del siglo XIX y XX. Las preguntas que tenía que hacerme no pasaban por la literatura argentina. Porque yo me hacía unas interrogaciones como europeo (que encima, sabía que volvía a Europa) que tenía que relacionarse con la Argentina y con otras definiciones de Europa.

A partir de aquí, el corpus bibliográfico que emerge en el libro se fue construyendo. Pero todo esto era muy imprevisible. Antes de viajar, no tenía nada claro. Es cierto que todo viaje comienza en una biblioteca, pero no todas las lecturas que aparecen en el libro sucedieron antes del viaje. Había lecturas que aún no había hecho y otras que ni siquiera sabía que iba a hacer. La finalidad del viaje era hacer una conferencia sobre el diario como forma literaria en Buenos Aires y un seminario sobre el mismo tema pero también sobre el escritor catalán J.V. Foix en la Universidad de Rosario.

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08/09/2009

Entrevista a Manuel Fuentes Vázquez {2

Por

F: ¿Estarás de acuerdo conmigo en que en España se lee en mayor medida literatura argentina contemporánea que la literatura española que se lee en Argentina?

MF: Es cierto, pero sólo de 3 ó 4 años para acá. Ahora empezó a haber un flujo en el que empieza a ser más fácil encontrar literatura argentina o hispanoamericana, en general. Pero no ha sido tan fácil. Alfaguara, por ejemplo, tiene dos líneas editoriales: una española y una argentina. Lo que publica Alfaguara Argentina no llega aquí.

F: A excepción de Cortázar.

MF: Claro, pero Cortázar no solamente es Cortázar; Cortázar es un negocio. Que ahora va a seguir y que empezó hace años, cuando un señor que se llamaba Juan Cruz (te hablo de hace diez años atrás) dijo: “hay que leer a Cortázar”. Pero a Cortázar no hay que leerlo por obligación, hay que descubrirlo por devoción. Sin embargo, volviendo a tu pregunta, en Buenos Aires hay escaparates con literatura española contemporánea.

El escritor mexicano Gabriel Zaid, en Los demasiados libros (Mención especial del Premio Anagrama de Ensayo, 1996), estudió cómo el volumen de producción es tan inmenso que el fenómeno de la discriminación se ha convertido en algo imposible. De ahí que siga siendo válida la idea de la sólida base de los clásicos y a partir de ahí, operar. Hay que leer primero a los clásicos argentinos antes que a lo que escriben los contemporáneos. En Argentina, la gente se cachondea de La Cautiva de Echeverría: es lógico, porque se la metían a los pobrecitos niños como aquí en España se hacía con La Celestina, desde la primaria. Pero de meterlo antes de lo que toca hemos pasado al desprecio. Eso es peligroso. Con esto que estoy diciendo, quizá me esté volviendo un tanto viejo.

F: ¿De dónde surje esa hispanofobia mezclada con anglofilia-galofilia patente en las letras argentinas? Se me ocurren, como dos excepciones, Macedonio y Mujica. Después está la ambigüedad de Borges que admiraba a Cervantes y Quevedo, pero desdeñaba gran parte de la tradición española.

MF: Esta pregunta da para muchos prismas. Sintéticamente: el romanticismo español es una mierda. Aunque mis colegas hispanistas se enfaden mucho conmigo, no lo digo yo sino una autoridad: Dámaso Alonso, quien lo definió como un “movimiento rebotado, tardío y mediocre”. Más allá de la razón política (que el español fuera el enemigo en la construcción de la identidad literaria argentina decimonónica), el romanticismo español era una basura. Si lo comparas con el alemán, el inglés o hasta el francés, sacas la conclusión de que si te hablan de romanticismo español te están engañando. Creo que esa es la principal causa por la cual los argentinos rechazan la literatura española desde el momento de su nacimiento. Un colega argentino me dijo una vez, bromeando: “ustedes tienen toda la literatura de la edad media, el siglo XVI, un maravilloso XVII, déjennos a nosotros ahora, ¿no?”.

F: ¿Cómo explicás el Martín Fierro a tus alumnos españoles? Te lo pregunto porque he oído a algún profesor establecer una analogía entre el gaucho y el gitano.

MF: Ese paralelismo es erróneo. Para explicar el Martín Fierro, primero, no hay que explicarlo como lo hizo Unamuno. Desde una postura de usurpación.

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07/09/2009

Entrevista a Manuel Fuentes Vázquez {1

Por

Manuel Fuentes VázquezManuel Fuentes Vázquez. (Foto de Àngel Monlleó, nuestro agradecimiento especial a él)

Manuel Fuentes Vázquez (Villa Nador, Marruecos, 1953) es autor de los ensayos reunidos en El espejo de obsidiana. Estudios de literatura hispanoamericana y española (2007); fue presidente del VIII Congreso Internacional de la AEELH (2008); y editó junto a Paco Tovar, La aurora y el poniente. Borges (1899-1999), conjunto de ponencias en homenaje al centenario de J.L.B. Se doctoró en Filología Románica en la temprana transición española hacia la democracia. Hace ya dos décadas que se dedica apasionadamente a enseñar literatura hispanoamericana en una universidad catalana. Además de todo esto; me enseñó literatura en el secundario. Acaso él no lo sepa, acaso no importe demasiado para esta entrevista; pero este hecho mínimo en su biografía supuso uno de los factores claves para que yo me convirtiera en un entusiasta estudiante de letras, poco tiempo después. La inclusión de su testimonio en este ciclo radica en su experiencia al impartir clases de literatura en la Universidad del Salvador, en Buenos Aires, a principios de esta década.

Sur europeíza la literatura argentina hacia el sur. El proyecto de Ortega era germanizar la literatura española hacia el norte. De tal manera en que se da un juego entre las tesis que defendían Ocampo y Ortega de forma antitética. Sin embargo, ambos contaban con un aspecto común en sus proyectos que para mí es muy interesante: depurar la literatura de la lacra nacionalista

Nadie debería ignorar que el nombre auténtico de Manuel es “Manolo”. Después de algunos años sin vernos, Manolo me recibió en la húmeda terraza del bar de la Universidad Rovira i Virgili, Tarragona, capital catalana de la provincia homónima, ubicada al sur de Barcelona. Manolo padece una obsesión por Borges que él mismo no dudaría en calificar de patológica y se queja del “bochorno”, (curioso término peninsular que en criollo llamaríamos meramente “aire caliente”). Me invita un café: “aprovecha, che”. Me confiesa que se ha encerrado monacalmente este verano para leer las obras completas de Bolaño. Se ha gastado un dineral, dice. Ha sucumbido a la presión de sus pares universitarios, quienes ya no toleraban más su espera deliberada de unos años para acometer dicha empresa. Bolaño le gustó. Se interrumpe. “Luego se pueden retocar todas estas fotos en el Photoshop, ¿verdad?”. Manolo enciende un cigarrillo y se deja llevar por las preguntas.

Fabrizio: ¿Cómo nace tu relación carnal con la Argentina?

Manuel Fuentes: Supongo que podría remontarse a la infancia, al gaucho Martín Fierro, pero entonces entraríamos en tópicos. Realmente, la carnalidad con Argentina empieza muy pronto, pero empieza con Borges. Es una paradoja, ¿verdad? Porque si algo se le ha criticado desde el nacionalismo argentino (tanto de derechas como de izquierdas) fue el haberse dedicado a la literatura, por un lado, y que no le gustara el fútbol, por el otro.
También hay una vía familiar: una tía abuela (que aún vive) emigró hacia allá. Eso en un niño también crea un imaginario. Aunque en mi carnet de identidad diga lo contrario, antes me considero argentino, después francés, y finalmente, como decía Cernuda, “soy un español sin ganas”.
He estado dos veces en el país. La primera vez, fui invitado a un congreso en honor a Borges en Tucumán. Ése fue mi descubrimiento de la otra Argentina, porque en Buenos Aires estuve de pasada. La segunda vez, ya estuve dando clases en la Universidad del Salvador. Viví un mes en una casita en la Avenida Pueyrredón, que la Universidad me facilitó todavía en tiempos de corralito. Tengo sólo agradecimientos por todo lo que me brindaron. Después conocí Mar del Plata, donde vive una catedrática que es amiga mía, Elsa Calabrese. Pero sobre todo quería ir allí por Girondo y su poema liminar de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, fechado en Mar del Plata, 1921. Quería ponerme delante del mar para trabajar mejor de vuelta el poema con mis alumnos en clase.

F: ¿Qué diferencias notás entre los sistemas universitarios español y argentino?

MF: La primera diferencia es notabilísima: intentar que un estudiante argentino admita a un profesor español. Digamos que los españoles no somos muy bien vistos en el mundo académico argentino. Entre toda Hispanoamérica y Europa (pero fundamentalmente, España) se produce una gran red de afectos y desafectos. Lo digo por ahí, en algún articulito, si se me permite el autoplagio. Hay un corte que los historiadores de la literatura suelen situar en el Romanticismo, cuando empieza a puentearse España: los intelectuales van de Argentina a Francia. Eso siguió hasta hace no mucho. Por otra parte, yo creo que la gente que iba a dar conferencias a Buenos Aires era pesadísima. Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna… tenían que decirle, «¡cállese usted!» y los echaban del teatro. Contribuyeron al mito del español realmente pesado. Al único que aguantaban (aunque fuese pesado) era Lorca, porque iba con Neruda que era más pesado que él. Creo también que tuvo mucho que ver Victoria Ocampo, que a la sazón era la directora de Sur, (con aquel maravilloso equipo de los años treinta) pero también colaboraba en Revista de Occidente,

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20/08/2009

Entrevista a Jorge Carrion {3

Por

*Fotos de Míkel Aboitiz

Fabrizio: En España, este último año distintas novelas de escritores argentinos residentes en la Península fueron premiadas: El comienzo de la Primavera (Premio Jaén de Novela XIV), de Patricio Pron, El Heredero (Bruguera) de Mario Catelli y el caso más emblemático quizás sea El viajero del siglo (Alfaguara) de Andrés Neuman. Imagino que seguís la trayectoria de estos escritores.

Jorge: Yo hago crítica de literatura hispanoamericana en el suplemento literario del diario ABC. Eso me lleva a leer mucha novela latinoamericana. De estas tres, concretamente sólo he leído la de Patricio Pron. Me pareció muy interesante pero no la acabé de entender en el contexto de una trayectoria mucho más experimental. El comienzo de la primera es su novela más realista. Estoy a la espera de su próxima novela para ver dónde ubica esta pieza en su trayectoria. Más tarde, después de leerla y reseñarla, entendí que había una voluntad de empezar a hablar de la historia contemporánea, que posiblemente le lleve a hablar más de Argentina.

Creo que durante los últimos años hemos pecado en España de sólo adorar la literatura hispanoamericana respecto a la literatura española y creo que la literatura española se ha vuelto igual de interesante que la argentina en los últimos 3, 4 años, al menos.

F: Creo que él mismo, en una entrevista que le hicieron para HdA, asume que intenta hacer eso: quiere hablar de Argentina escribiendo sobre Alemania.

J: Creo que fui el primer crítico que habló de Patricio Pron en España, porque reseñé Una puta mierda en ABCD. Me parece un libro muy atrevido, muy interesante, por llevar la poética de Copi y del absurdo a un ámbito como el de Malvinas que está muy connotado por Fogwill. Por cierto, te has olvidado de Martín Kohan y de Alan Pauls, que ganaron el Herralde hace unos de años. En España, hay una presencia fuerte de la literatura argentina sólo comparable con la presencia que tiene la literatura mexicana. Creo que hasta hace muy poco la literatura argentina joven, hablamos de autores menores de 45 años, era más vigorosa que la española y creo que ahora se están poniendo a la par. Me interesa mucho, en mi caso particular, aprender de la literatura argentina; como sabes, he editado El lugar de Piglia: Crítica sin ficción (Candaya), donde se analiza la recepción pigliana en los dos países. No obstante, creo que durante los últimos años hemos pecado en España de sólo potenciar la literatura hispanoamericana en detrimento de la literatura española y creo que la literatura española se ha vuelto igual de interesante que la argentina en los últimos 3, 4 años, al menos.

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19/08/2009

Entrevista a Jorge Carrion {2

Por

*Fotos de Míkel Aboitiz

Fabrizio: En tu libro analizás a García Lorca y Ortega y Gasset desde la elisión tácita de La Boca en sus respectivos mapas mentales de la ciudad. Además, resaltás su actitud aristocratizante. Más allá de estos síntomas de clasismo que pueden percibirse en estos textos, ¿qué otra lectura posible rescatás de sus visiones como españoles que visitaron el Buenos Aires de la primera mitad del s. XX?

Jorge: Hay una cuestión nefasta en la relación entre ambos países en esos años: que yo conozca, no hay ningún viajero español que produjera un texto interesante sobre Argentina. ¿Por qué? Intento denunciar en el libro que el viaje español a América Latina, generalmente, se produce en el marco de ir a dar conferencias, como invitado, bien por una institución de allí o bien por el gobierno español. Una vez Franco gana la Guerra Civil, se crea el Consejo de la Hispanidad, y eso se recubre de una voluntad de misión evangelizadora propagandística del régimen, de la cruzada. También de contra-propaganda, porque hay exiliados españoles que están viviendo allí que evidentemente están defendiendo sus propias ideas republicanas. Eso hace que un montón de escritores españoles, pagados por Franco, vayan a hacer de misioneros culturales. Ninguno de esos textos, de Díaz Plaja, Ortega y Gasset, Camilo José Cela, es interesante desde el punto de vista estético. Si vas a dar una conferencia, no a viajar, ya asumes una posición de poder retórico: tú tienes una verdad, un patrimonio que debes, no compartir, sino imponer. Por eso me interesan mucho más los libros de Juan Goytisolo por el Mediterráneo, que básicamente se deben a viajes personales y no a itinerarios profesionales.

…cuando Argentina se convierte en un país más importante, cultural y económicamente, no tiene una tradición de centralidad y no sabe, digamos, perpetuarla.

F: De hecho cuando citás a Ortega o a Lorca, no citás ningún ensayo sino pasajes de correspondencias.

J: Claro, siempre son artículos, cartas, que para mí también son literatura de viajes pero no un libro de viajes, son textos que no están pensados con esa finalidad. Después, los hay que sí, pero siempre son a posteriori. Primero hacen el viaje y una vez hecho, escriben el libro. Hay muchos libros de autores menores o profesores de universidad que relatan viajes a Argentina en los años 10 ó 20 con esa perspectiva. Obviamente, un libro de viajes que se concibe a posteriori no es bueno. Porque has ido a Buenos Aires, Rosario, Salta, Mendoza a dar conferencias y ese itinerario no tiene otra lógica que la de la misma conferencia. No hay una lógica narrativa.

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18/08/2009

Entrevista a Jorge Carrion {1

Por

Jorge Carrión (Tarragona, 1976) escribe ficción, enseña literatura contemporánea en una importante universidad catalana donde se doctoró, ejerce un nomadismo hedonista incansable con el fin de narrarlo de vuelta en Europa, co-dirige la prestigiosa revista literaria Quimera, redacta trabajos de crítica literaria en su blog, en el suplemento cultural del periódico Abc, en Letras libres, y un admirable etcétera. Aún le queda tiempo para sentarse a tomar un café conmigo una mañana en el centro de una Barcelona cuyo verano nadie duda en calificar de excesivo.

En La piel de La Boca (Libros del Zorzal, 2008) Jorge Carrión narra su experiencia de seis meses en una habitación de conventillo que alquiló en pleno Buenos Aires post-2001. El libro gozó de muy buena recepción crítica a ambos lados del Atlántico (tanto acá como allá), no repetiré sus merecidos elogios. Simplemente quiero subrayar el interés que provoca su postura antirromántica. Carrión demuestra mucha honradez intelectual al asumir que es un turista que no se avergüenza de su condición de turista. Al definirse como inmigrante apócrifo, su poética distanciada de la nostalgia le permite retratar de forma paradójica, analítica, un barrio cuya esencia tradicionalmente ha sido la contraria.

Jorge CarrionJorge Carrion. Foto: Míkel Aboitiz

Fabrizio: ¿Por qué te fuiste hasta La Boca?

Jorge: La verdad es que primero fue por casualidad. Ningún amigo mío de Buenos Aires alquilaba habitación o apartamento excepto mi amigo Martín, que vive en La Boca. Lo había conocido en un viaje anterior: cuando fui a Australia mi avión hizo escala en Buenos Aires y el último día, por casualidad, fui a La Boca. Una vez que estuve allí viviendo, me di cuenta de que era la única zona de Buenos Aires donde la experiencia que un europeo podía tener era muy diferente a la que puede tener en cualquier ciudad de Europa. Entonces fue cuando decidí quedarme, digamos que ya más por activismo, aunque yo en esa época estudiaba alemán en el Goethe Institut de Corrientes y era un poco pesado ir y volver cada día. Por comodidad, quizá habría buscado otra zona de Buenos Aires para vivir, pero me pareció que la más interesante era La Boca.

F: ¿Y por qué no arrancaste con un monográfico desde el principio y sí empezaste con la idea de hacer un documental audiovisual?

J: Quizás porque cuando yo vivía en La Boca estaba escribiendo dos libros: Australia y mi libro de crónicas La brújula. De modo que supongo que como estaba pensando en esos libros, aunque tomaba apuntes sobre mi vida boquense, como de un diario, no se me pasaba por la cabeza que pudiera escribir otro libro mientras tenía dos en marcha. Por otro lado, La Boca es un espacio muy visual, con contrastes estéticos, lo que la hace ideal para ser filmada. Lo más interesante es cómo se configuró como un espacio pictórico a partir de Quinquela. De algún modo supongo que eso llamó mi atención. Además, me gusta mucho experimentar con materiales diversos: igual que intento aprender fotografía, aunque soy muy torpe, o trabajar el collage en mis cuadernos de viajes (también con resultados poco satisfactorios), pues pensé que podía hacer un documental o una aproximación.

Hoy día, no sé qué ciudad aparte de Nueva York se sentiría central. Si lo sienten, es que viven en una mentira flagrante. Para mí la periferia, como el norte es sur o el sur es norte, tiene que ser la periferia de otra cosa. Justamente creo que es lo que busco yo siempre. Cuando pienso Argentina lo pienso desde aquí y cuando pienso Mataró-Barcelona lo pienso desde allí.

F: ¿Qué significa la frase: “Norte es Sur”, perdida en algún vericueto de La piel de La Boca y que reaparece como título en tu último libro de viajes por Latinoamérica?

J: Es una voluntad de cambiar los paradigmas, las convenciones. El norte es Europa, Estados Unidos y China según una convención cartográfica; puede ser al revés. El lema “Norte es Sur”, particularmente, viene de un famoso cuadro de Joaquín Torres García, un pintor uruguayo que aquí en Cataluña llamamos Joaquim Torres Garcia, que yo hasta 2003 pensaba que era catalán. Él vivió mucho tiempo aquí e hizo unos murales muy importantes en Barcelona, sobre todo en la Generalitat de Cataluña. A finales de 2003 voy a Montevideo y me encuentro con su museo, descubro que él es uruguayo y que vivió en Mataró, mi ciudad. Lo descubro porque un dibujo suyo muy famoso de Mataró está en el museo. Él pintó un cuadro, un mapa dibujado al revés, que dice “Nuestro Norte es el Sur”. Y ese mapa es el encabezamiento, la cita que abre La brújula y Norte es Sur, una recopilación venezolana de las crónicas de La brújula por América Latina sumadas a La piel de La Boca

F: ¿Dónde inventa Unamuno la noción de argentinidad y por qué escribís que te pesa?

J: No me acuerdo dónde lo hace Unamuno. Creo que fue en un artículo.

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