04/03/2011

Mario Vargas Llosa: literatura y política

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Lo que sigue es un fragmento de una conferencia que dio Vargas Llosa en 2008 durante el Congreso “Lecciones y maestros”. Me pareció esclarecedor sobre el actual debate y la idea de algunas personas sobre esterilizar el probable discurso para que se trate “únicamente de literatura”. Abajo la referencia bibliográfica.

El compromiso del escritor estaba muy en el candelero cuando yo viví en París en los años 60; hoy día es un tema que casi no aparece en las preocupaciones de los escritores jóvenes. Creo que al final se ha entronizado, en nuestra época, la idea de que la literatura es fundamentalmente entretenimiento y diversión, sin que esto signifique nada peyorativo. Creo que a los escritores jóvenes hoy en día les parece ingenuo y pretencioso lo que en los años 60 nos parecía fundamental, que la literatura podía ser un instrumento para cambiar la realidad, para influir en la historia, para despertar la conciencia de los lectores sobre una problemática histórica, social, cultural, moral. En nuestro tiempo quien piensa así está de alguna manera desactualizado y es visto como una anomalía dentro de una cultura en la que la idea del entretenimiento o la diversión no tiene en absoluto ese carácter que parecía incompatible con la idea de un arte y una literatura serios.

En los años 60 este tema a mi se me planteó por primera vez de una manera dramática gracias a Sartre, que efectivamente tuvo mucha influencia en mi juventud y del que yo sólo empecé a distanciarme críticamente a mediados de los años 60. Sartre, con esa inteligencia poderosa que tenía, personificaba para mí eso que Arthur Kostler decía del intelectual: que «es capaz de demostrar todo aquello en lo que cree y de creer todo aquello que puede demostrar». A mediados de los 60 él hace una especie de terrible autocrítica, el gran defensor de la literatura comprometida deja de hacer literatura, confiesa que ha fracasado, que su literatura no ha cambiado en absoluto la historia, que la historia ha seguido su curso, un curso muy distinto del esperado y que, por lo tanto, su idea fundamental, que las palabras eran actos, que a través de la literatura se podía cambiar la historia era una idea fundamentalmente falsa. Eran los años en que toda una corriente, que resultó al final efímera pero que estuvo muy presente en la actualidad literaria en una época –lo que se llamó el noveau roman-, reinvindicaba el formalismo, el famoso artepurismo. La literatura no se escribía para cambiar la vida, la literatura consistía en explorar nuevas formas de convertir al lenguaje en un mundo de belleza, de movimiento espiritual o estético, ese era el comienzo de todo un proceso que al final proclamaría, y con mucho orgullo, el divorcio total de las palabras y la vida, y haría de la literatura una especie de realidad aparte que sólo se refería a ella misma.

“Contar una historia bien contada” (fragmento) de Mario Vargas Llosa, en Lecciones y maestros, II Cita internacional de la literatura en español, Santillana del Mar, 2008, pp 70-72


18/11/2010

Buenos Aires, Capital mundial del libro

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En el mundo del marketing corporativo existen muchas y variadas estrategias para posicionar marcas y productos en el mercado. Una de ellas es la posibilidad de las empresas de recibir premios y autopromocionarse con ellos. Parece una práctica común, pero tiene sus particularidades. Si recorrieron los diarios alguna vez habrán podido ver que cierta empresa, pongamos por caso una telefónica, publica un anuncio en el que promociona que la consultora “XX y asociados” con sede en (casi siempre)  EE.UU. le otorgó una distinción como “Lider de desarrollos tecnológicos del MERCOSUR”, por ejemplo. Hasta ahí todo bien. Lo que el lector (y consumidor) no sabe es que la empresa telefónica tiene que pagarle un canon a la consultora XX y asociados por utilizar su nombre y exhibir el premio. ¿Se entiende? Es un negocio publicitario en el que primero gana la consultora que otorga el premio y luego la empresa que lo recibe, que aunque paga, saca provecho y prestigia su marca.

Esta introducción para hablar de Buenos Aires como Capital mundial del libro 2011. Como todos ustedes saben, el título de Capital mundial del libro lo otorga la UNESCO, un organismo de las Naciones Unidas especializado en cuestiones culturales y científicas. Para acceder a la mención, cada ciudad debe postularse y tener ciertos méritos que le permitan conseguir la distinción tales como programas de promoción de la lectura y una frondosa actividad literaria y editorial.

No hay ningún problema hasta ahí. Lo que hay que saber es que la distinción a Buenos Aires como Capital mundial del libro no atañe más que eso, es un título que la ciudad acreedora debe explotar como más le convenga. Ni la ONU ni la UNESCO aportan ningún tipo de incentivo. Simplemente señalan con el dedo.

¿Esto qué significa? Creo que lo más importante es saber que todo está en manos del Gobierno de la Ciudad y de los planes que pueda generar al respecto. Debe decidir entre hacer una campaña de actividades que promocionen a Buenos Aires como una Ciudad cultural en un sentido turístico o poner manos a la obra en programas de fomento de la lectura de los que hacen falta.

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04/11/2010

El mismo error de la música, ahora en e-book

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En una reseña de la novella de Iain M Banks Surface detail, un fan de Banks protesta: “Como fanático de la cultura y dueño de un Kindle, hubiese comprado este libro, pero no cuando la edición digital cuesta más que la de tapa dura. Ahora tampoco voy a comprar la segunda. ¿Los editores tienen algún extraño interés en empujar a las personas hacía los sitios de torrents?

Un lector de Sthephen King se queja en una reseña de uno de sus libros Just after subset: “El precio en formato kindle para este libro es absurdo. Sugiero a la gente que no compre ninguna edición de este libro hasta que la editorial detenga esta farsa*

En Europa y Estados Unidos empieza a surgir el mismo problema que hundió al esquema tradicional de la distribución de música: la gente se queja por tener que pagar lo mismo por un archivo con DRM o no que por una edición en papel.  Acá lo dice con mejores palabras José Antonio Millán en una nota que se publicó en el diario El País.

Además de dejar reseñas negativas califican con una estrella (de cinco) a los libros de autores célebres, de manera que bajen y desaparezcan de los rankings de popularidad.

¿Tan dificil es darse cuenta de que están haciendo las cosas mal? Y ojo, algunos se quejan, otros prefieren ahorrar clics y descargar un arhivo de un blog conocido.

*Fuente: The Guardian

01/11/2010

El fantasma de la copia: excepciones para las Bibliotecas

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Como alguna vez discutimos por acá, las leyes vigentes de propiedad intelectual, (Ley 11723) y de “fomento del libro y la lectura”(Ley 25.446) convierten en delincuentes a todos los que de un modo u otro trabajan con el conocimiento: docentes, bibliotecarios, investigadores académicos, lectores de todo tipo. La prohibición absoluta de copia (aún para fines de investigación, aún para uso privado, aún sin fines de lucro, aún de obras inhallables), convierte a estas leyes en un obstáculo para los fines que promueven.

La necesidad de establecer excepciones a esas prohibiciones absolutas no tiene que ver con el debate sobre las leyes de copyright (que es más complejo y abarcativo) sino con el más puro sentido común: al menos 128 de los 184 países miembros de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) tienen excepciones para bibliotecas. No se trata de afiliarse al eje del mal, por lo visto.

Por suerte, un primer paso de suma importancia acaba de darse: el ingreso a la Cámara de Diputados de un proyecto de modificación de la Ley 11723. El Proyecto (Expediente 7819-D-2010), que lleva la firma de los diputados Heller y Basteiro (del partido Nuevo Encuentro Popular y Solidario), propone algo tan sencillo y obvio como eximir del pago y de requerir la autorización a su titular del servicio de préstamo de obras protegidas, y de la reproducción, por cualquier medio, de obras científicas, literarias o artísticas, en tanto la reproducción no afecte la explotación normal de la obra. En resumen: si el proyecto se convierte en ley, una biblioteca podrá reproducir íntegramente obras no disponibles en el mercado o con fines de preservación, además de partituras y artículos de revistas, y hasta un 30% en el resto de las obras de su colección.

Es muy recomendable leer completos los extensos y precisos fundamentos del Proyecto. Me quedo con una cita:

La ausencia de un adecuado régimen de excepciones, la falta de reglamentación del entorno digital y el singular régimen represivo instituido, por la Ley de Fomento del Libro y la Lectura; a la par de pecar de defecto y, estar a contrapelo de la legislación comparada y de los convenios internacionales -en cuanto propician que los Estados consagren en sus legislaciones el equilibrio entre el interés privado y el bien público-, choca contra toda racionalidad; dado que nuestra legislación se ocupa de colocar, en lo que respecta a la reprografía, en condición de delincuente a cualquier habitante del país (sea juez, legislador, funcionario, docente, investigador, intelectual, estudiante o un simple curioso) que haya osado hacer o haga, sin autorización del autor y del editor y sin ánimo de lucro, una copia o reproducción de ese material para su uso personal, como copia privada o para fines socialmente relevantes.

Vayan las felicitaciones al enorme trabajo de la Subcomisión de Propiedad Intelectual de la Asociación de Bibliotecarios de la Argentina. Y un recordatorio: los proyectos de ley son objetos frágiles. Es importante que todos los que de un modo u otro somos parte de la comunidad del libro estemos atentos a apoyar esta ley, que muchas veces va a ser atacada con mala fe, pero muchas más veces por sencilla ignorancia.

13/07/2010

El escritor y el crítico que llevamos dentro

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Foto de jontintinjordan. Licencia CC.

Las diferencias entre escritores y críticos son inabarcables. Es por eso que el escritor se desentiende del crítico y viceversa. Más aun cuando ambas disciplinas confluyen en una misma persona. El crítico, aunque se exprese moderadamente de una novela o una antología de cuentos difiere en origen y en sustancia de la intención del novelista o cuentista. Su labor es la de desglosar un trabajo ya concluido, de prestarse (como los que hacen autopsias) para desmembrar el cuerpo del trabajo literario. Por siempre la eficacia del crítico es relativamente proporcional al número de insultos o desaprobaciones que pueda inferir a la obra cuestionada.

La crítica se aleja del proceso creativo no por carencias estructurales de parte de la segunda, ni tampoco por carencias de relevancia artística por parte de la primera. Ambas, se podría decir, coinciden en este punto. La crítica posee sus reglas y como explica Alfonso Reyes, consta de tres etapas que todo buen crítico debe seguir: una primera etapa empática, fenomenológica entre la obra de ficción y el lector, en este caso el crítico. Luego una segunda etapa o fase más analítica donde se comienza con el análisis del texto y las variantes externas, de tipo sociológico, cultural y filosófico. Para así concluir con lo que se llama en crítica un “estado de exégesis” que pocos cultivan, según Reyes y según lo que se ve hoy en día.

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22/12/2009

Literatura argentina y española,
“teoriafilia” y “teoriafobia”

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Las fotos de Vila Matas y Chejfec son de Cristian Piazza, la de Fresán de Àngel Monlleó y la de Javier Marías de la Universidad Católica de Chile

Una lectura de la primer parte de Tu rostro mañana de Javier Marías en un reciente viaje por el Litoral me suscitó varias preguntas que gloso en estas líneas con apoyo crítico. En la última edición de la revista española Quimera, Jorge Carrión coordinó un dossier temático en torno a las diez mejores novelas españolas de esta última década. Para el mismo, reunió una serie de críticos prestigiosos que se inclinaron por diferentes obras. Entre ellos, el mismo Carrión realizó un análisis (“Teoríafobia. Hipótesis sobre la literatura española estrictamente contemporánea”[1]) donde vertió una idea tan certera como atractiva: definió la literatura española como teórico-fóbica y la literatura argentina como teórico-fílica, al menos en lo que respecta a las últimas cuatro décadas. Para ilustrar esta oposición, el escritor catalán cita entre los primeros a Cela, Delibes, Marsé, Muñoz Molina y entre los segundos, a Piglia, Aira, Fogwill y Saer.

Carrión indica que en España la ruptura la establece Juan Goytisolo y propone y refuta dos excepciones aparentes para la teoría-fobia española: Javier Marías y Enrique Vila-Matas. Comparto esta afirmación, pero propongo dos excepciones algo menos ambiguas para la “teoríafilia” argentina: Rodrigo Fresán y Sergio Chejfec. De modo constante, ambos escritores (que la crítica significativamente agrupó en una misma generación literaria) se distanciaron de las formulaciones teóricas en torno a su propia obra en particular y a la órbita académica en general. Cuando presentó su última novela en Barcelona, Mis dos mundos, recuerdo que Chejfec me refirió que cualquier descripción de su estética era un trabajo para la crítica universitaria, que él definitivamente no pensaba en términos de etiquetas al componer su obra. Fresán a su vez, agregó en esta línea que no se considera tan consciente de los mecanismos estructurales de una obra literaria (sea escrita o no por él) como para poder describirlos. Y, además, que no le interesa hacerlo. Porque, según defiende, la reflexión teórica va en detrimento de la magia (el efecto estético) que pueda producir el arte[2]. A pesar de sus infaltables postfacios, donde enumera las fuentes principales de cada uno de sus trabajos, Fresán es escéptico con la necesidad de la teoría: “No soy de esas personas que le gusta ir con la teoría por delante. Escribo y pienso del modo en que lo hacía desde niño. Kafka o Fellini veían el mundo de una determinada manera que después la gente calificó de kafkiano o felliniano”.

Por otro lado, en el mismo dossier, el profesor Pozuelo Yvancos (una eminencia en el campo de la teoría literaria en la Península) finaliza su análisis con una reflexión lúcida: “el discurso político oficial dice […] el español es hegemónico para todos cuantos hablan de él, pero la literatura en español (y la americana de modo principal entre ella) no va a la zaga de tales triunfos y ni siquiera intercomunica fácilmente en los dos continentes dentro de la misma lengua”.[3] ¿Por qué existe tanta indiferencia entre las literaturas nacionales escritas en español? Concreto esta pregunta en un fenómeno que observo desde que empecé a estudiar literatura: ¿por qué se lee tan poco a los escritores españoles en Argentina? Salvo honrosas excepciones (como sucede parcialmente con Vila-Matas en la actualidad y obviamente con Cervantes desde hace siglos); este síntoma se percibe desde los orígenes mismos de la literatura argentina. Tiene explicaciones históricas que exceden los límites de esta reseña y sobre las que ya he indagado en diferentes entrevistas. Conozco pocas excepciones. Macedonio Fernández, Mujica Láinez y Borges fueron fervientes lectores de Cervantes, Quevedo y Gracián. Durante los casi dos siglos de literatura argentina, la tendencia dominante fue la adoración recurrente de otras literaturas nacionales europeas. En un principio, se ejerció la importación de la literatura francesa (un hecho que también caracterizó la literatura española y otras literaturas europeas durante siglos)[4]; durante el s. XX (sobre todo, después de las Vanguardias) esta tendencia se desplazó hacia la hegemonía anglófona: la literatura inglesa y, luego, la estadounidense, se convirtió en herencia imprescindible para cualquier escritor argentino que haya canonizado la historiografía literaria. Borges, tan conflictivo en su relación con la literatura española (tan hispanófobo, tan hispanófilo), es un ejemplo paradigmático de este desplazamiento desde la galofilia hacia la anglofilia.

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07/12/2009

Beatriz Busaniche: el arte en su época de reproductibilidad digital

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Actualización 11/12: Le pido disculpas a Noelia Rivero, editora de Zorra poesía, que organizó el evento con gran esfuerzo por no haberla citado como corresponde en los créditos de la charla.

El día jueves pasado en el Centro Cultural de la Cooperación tuvo lugar una charla sobre centro uno de los grandes problemas que asoman desde el horizonte en la distribución de literatura: los derechos de autor.

Con la llegada de los soportes digitales y la posibilidad de producir libros con tiradas no industriales de manera relativamente accesible la pregunta sobre los derechos y sobre la propiedad intelectual no tarda en llegar. Beatriz Busaniche es una de las especialistas argentina en el tema. Trabaja en la Fundación Vía Libre y acercó las experiencias y los avances que se hicieron en el campo del software libre para que quienes se dedican a la producción de libros puedan empezar a interiorizarse.

La charla duró más de dos horas y participaron, además de Beatriz, Nicolás Echaniz, Lucas Funes Oliveira y Carolina Sborovsky en la que fue, seguramente, el primero de muchos encuentros y discusiones por venir.

Acá un video con algunos minutos introductorios, en la semana iremos desgrabando el resto.

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