18/03/2010

Oración por Marilyn Monroe (Ernesto Cardenal)

Por

Una cruza misteriosa en esta ocasión es la que nos acercan Ezequiel Zaidenwerg y Alejandro Crotto. Un poema escrito por Ernesto Cardenal que incluye a Marilyn Monroe, ya veremos cómo. No se olviden de seguir la lectura hasta el final del post, más allá del “seguir leyendo” está el análisis que no desmenuza los versos sino que ofrece un camino posible para la lectura.

***

Oración por Marilyn Monroe

Señor

recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,

aunque ése no era su verdadero nombre

(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años

y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)

y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje

sin su Agente de Prensa

sin fotógrafos y sin firmar autógrafos

sola como un astronauta frente a la noche espacial.

.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia

(según cuenta el Times)

ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo

y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.

Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.

Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno

pero también algo más que eso…

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04/03/2010

Sexo sin amor (Sharon Olds)

Por

¿Cómo hacen, los que tienen sexo

sin amor? Imperturbables como bailarines,

deslizándose el uno sobre el otro, como patinadores

sobre hielo, los dedos enlazados,

uno dentro del otro, las caras

rojas como un bife o como el vino, húmedos como

bebés recién nacidos cuyas madres

piensan abandonar. ¿Cómo es que acaban

Dios cómo es que acaban

por llegar a las aguas tranquilas, sin amar

al que hizo el recorrido junto a ellos, mientras que poco a poco

subía la temperatura, y un vapor emanaba

de sus pieles? Yo creo que ellos son

los religiosos de verdad, los puristas, los profesionales,

los que se negarían a creer

en un falso Mesías, o a amar al sacerdote

en vez de al Dios. Jamás confundirían

a quien tienen al lado con la fuente de su propio placer.

Son como los mejores corredores: saben que están a solas

con el camino y sus características,

con el frío y el viento, las particularidades

del calzado, su condición cardíaca: variables, nada más,

como el otro en la cama; no su verdad, que es

el cuerpo aislado, solo en el universo,

tratando de batir su propio récord.1

.

La fuerza de este poema de Sharon Olds (Estados Unidos, 1942) radica en la peculiar ambigüedad con que trata uno de los grandes temas de la poesía. En un primer momento, el sujeto se pregunta alarmado cómo es posible el sexo sin amor (“Cómo es que acaban / Dios cómo es que acaban / por llegar a las aguas tranquilas, sin amar / al que hizo el recorrido junto a ellos…”). Sin embargo, a pesar de que inicialmente el poema parece ubicarse en una posición moralmente conservadora, no sólo manifestando su sorpresa ante la mera posibilidad de esta práctica, sino además presentándola de manera completamente fría y deserotizada(“…imperturbables como bailarines, / deslizándose el uno sobre el otro, como patinadores / sobre hielo…”), en una segunda instancia, a partir de la comprensión de que en el sexo sin amor hay una técnica y un arte (una vez más: “bailarines”, “patinadores sobre hielo”), y del hecho de que quienes lo practican se entregan a él con seriedad y devoción, el poema pasa de la esfera del arte (“los puristas, los profesionales”), mediante la trascendencia por la forma y el trabajo técnico, directamente al ámbito religioso (“los religiosos de verdad… /, los que se negarían a creer / en un falso Mesías / o a amar al sacerdote / en vez de al Dios…”). Si bien inicialmente pareciera condenar o al menos colocar el sexo sin amor en un lugar polémico, el poema reconoce una instancia de trascendencia en el ejercicio gimnástico y profesionalizado, que es sin embargo siempre individual: el sexo sin amor, para Olds, es otra forma válida de comunión, pero en este caso del sujeto para y consigo mismo, sin necesidad de la intervención de otra instancia superior o ajena.


[1] Sex Without Love

How do they do it, the ones who make love / without love? Beautiful as dancers, / gliding over each other / like ice-skaters / over the ice, fingers hooked / inside each other’s bodies, faces / red as steak, wine, wet as the / children at birth whose mothers are going to / give them away. How do they come to the /come to the come to the God come to the / still waters, and not love / the one who came there with them, light / rising slowly as steam off their joined / skin? These are the true religious, / the purists, the pros, the ones who will not / accept a false Messiah, love the / priest instead of the God. They do not / mistake the lover for their own pleasure, / they are like great runners: they know they are alone / with the road surface, the cold, the wind, / the fit of their shoes, their over-all cardio- /vascular health–just factors, like the other /

in the bed, and not the truth, which is / the single body alone in the universe / against its own best time.

25/02/2010

Me detengo frente a la barrera (Fabián Casas)

Por

Después de los dos posts iniciales de Crotto y Zaidenwerg, primero con Vallejo y después con Auden, llega el primer poeta argentino que, además, es contemporáneo. Se trata de Fabián Casas.

***

Me detengo frente a la barrera


Me detengo frente a la barrera.

Es una noche clara y la luna se refleja

en los rieles. Apago las luces del auto.

Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo.

Pero no comprendo nuestra relación;

no sirvo para eso: ¿Acaso serviría de algo?

Tu padre está enfermo y mi madre está muerta;

pero igual yo podría ir y tirarme encima tuyo

como todas estas noches. Eso es lo que sé.

Ahora la tierra vibra y un tren oscuro

lleva gente desconocida como nosotros.

.

“Me detengo frente a la barrera” ejemplifica de manera palpable una de las facetas más eficaces de la poética de Fabián Casas (Buenos Aires, 1965): presentar en un tono en apariencia indiferente y algo descuidado la punta del iceberg de una situación dada, para que se vislumbre lo que se oculta bajo la superficie: por eso, no es casual que dos de los precursores que Casas reinventa con su poesía sean el argentino Joaquín Orlando Giannuzzi y el estadounidense Raymond Carver.

Este poema nos interpela porque pone los tópicos clásicos de la ruptura amorosa en la voz de un sujeto que no puede procesar sus propias emociones. Ya desde el título y los primeros versos se sugiere la construcción del correlato objetivo que estructura el poema. Entre la detención del auto, propicia para la reflexión, y el final de los últimos dos versos, encontramos referida indirectamente y en un tono anodino la noticia que acaba de recibir el sujeto del poema: la decisión, ajena a él, de su separación. De dicha noticia, se adivinan los pormenores psicológicos esgrimidos durante la ruptura (“tu padre está enfermo y mi madre está muerta”), así como el clásico eufemismo con el que la otra le presenta su decisión (“Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo”), que el abandonado recibe con una mansa aceptación que acentúa el efecto del poema.

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18/02/2010

Musée des Beaux Arts (Wystan Hugh Auden)

Por

Hoy Crotto y Zaidenwerg nos acercan un poema de Wystan Hugh Auden que líneas más abajo comentan y amplían proponiendo algunos caminos para la lectura. Además, podrán escuchar el poema en la voz original del autor. La traducción es de Ezequiel Zaidenwerg.

***

Sobre el dolor jamás se equivocaban

los Antiguos Maestros: comprendían muy bien

su expresión en el hombre; cómo ocurre

mientras algún tercero está comiendo, o abriendo una ventana

o simplemente caminando por ahí;

cómo, mientras que los ancianos esperan con pasión y reverencia

el nacimiento milagroso, siempre debe haber chicos

sin interés particular porque aquello suceda, patinando

en un lago adonde empieza el bosque:

y tampoco olvidaban

que el terrible martirio debía seguir su curso,

aun en otra parte, en un rincón mugriento

donde los perros siguen con su vida perruna y el caball

o del torturador

se rasca su inocente trasero en algún árbol.

Por ejemplo, en el Ícaro de Brueghel: cómo cada elemento

da la espalda al desastre despreocupadamente; quizás el labrador

escuchó el chapuzón, el grito ahogado,

pero eso para él no era motivo de inquietud; el sol brillaba

como debía brillar sobre las piernas blancas que desaparecían

bajo las aguas verdes; y ese barco, tan caro y elegante,

que ha de haber asistido a algo asombroso, un chico desplomándose del cielo,

tenía que llegar a algún lugar, y siguió navegando mansamente.1

.

En muchos de los mejores poemas de Wystan Hugh Auden (Reino Unido, 1907-1973) se verifica la existencia de una idea o tesis central que los estructura y a la que las imágenes sirven de vehículo. Así, el poema “Musée des Beaux Arts”, está construido alrededor de una idea que Auden lee en el famoso cuadro Paisaje con caída de Ícaro, atribuido a Brueghel: varias de las imágenes de la primera estrofa, que aluden a distintos cuadros (“el caballo del torturador” rascándose “su inocente trasero en algún árbol”; o en el marco del nacimiento milagroso, “los chicos patinando en un lago donde empieza el bosque, sin interés particular porque aquello suceda”), así como las de la segunda, que se ocupa de reflexionar particularmente sobre la pintura atribuida a Brueghel, van en apoyo de una misma hipótesis: que los acontecimientos trascendentes suelen desarrollarse en un marco de indiferencia.

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22/01/2010

LXI (César Vallejo)

Por

Desde hoy nos van a acompañar Ezequiel Zaidenwerg y Alejandro Crotto con una selección de poemas comentados especialmente para Hablando del asunto, en entregas semanales. Esperamos que los disfruten tanto como nosotros.

***

LXI

Esta noche desciendo del caballo,
ante la puerta de la casa, donde
me despedí con el cantar del gallo.
Está cerrada y nadie responde.

El poyo en que mamá alumbró
al hermano mayor, para que ensille
lomos que había yo montado en pelo,
por rúas y por cercas, niño aldeano;
el poyo en que dejé que se amarille al sol
mi adolorida infancia… ¿Y este duelo
que enmarca la portada?

Dios en la paz foránea,
estornuda, cual llamando también, el bruto;
husmea, golpeando el empedrado. Luego duda
relincha,
orejea a viva oreja.

Ha de velar papá rezando, y quizás
pensará se me hizo tarde.
Las hermanas, canturreando sus ilusiones
sencillas, bullosas,
en la labor para la fiesta que se acerca,
y ya no falta casi nada.
Espero, espero, el corazón
un huevo en su momento, que se obstruye.

Numerosa familia que dejamos
no ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cera
puso en el ara para que volviéramos.

Llamo de nuevo, y nada.
Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal
relincha, relincha más todavía.

Todos están durmiendo para siempre,
y tan de lo más bien, que por fin
mi caballo acaba fatigado por cabecear
a su vez, y entre sueños, a cada venia, dice
que está bien, que todo está muy bien.

Trilce (1922), de César Vallejo, suele considerarse un libro experimental. Pero más allá de sus aventuras léxico-sintácticas, y a menudo a pesar de ellas, existe un núcleo de poemas cuya efectividad no se debe a esas torsiones, sino a que recrean en el lector la intensidad de una experiencia.

En el poema LXI, el sujeto regresa a la casa de su niñez. Ya en la primera estrofa quedan claramente delimitadas dos temporalidades: el presente, caracterizado por la oscuridad nocturna, y el pasado del recuerdo, con predominio de imágenes solares. Eventualmente, estas temporalidades habrán de confluir: al “cantar del gallo” sigue “el poyo en que dejé que se amarille al sol mi adolorida infancia”, y luego, ya acercándose la noche, “ha de velar papá rezando, y quizá / pensará se me hizo tarde”. Sin embargo, la noche del recuerdo contrasta fuertemente con la noche presente: en la primera, de atmósfera festiva y bulliciosa, las hermanas están “canturreando sus ilusiones / sencillas, bullosas, / en la labor para la fiesta que se acerca”, mientras que en el presente del poema la casa “está cerrada y nadie responde”.

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