02/06/2010

Mi amigo fiel

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Hoy es el día del perro, mirá vos, quién lo diría. La literatura está llena de animales, y sobre todo de perros. Pero en pocas literaturas el perro ha sido tan protagónico como la que escribió Jack London. Así lo prueba una novela fantástica y sin edad como Colmillo Blanco, aunque es mucho más cara a mi corazón su contraparte menos ingenua y más feroz, El llamado de la selva” (En Scribd)

Si gustan de películas sobre animales, hay en cartelera (quién sabe por cuánto tiempo) una propuesta interesante y sensible con Richard Gere como co-protagonista: el verdadero personaje es Hachi-ko, un Akita que llega a la vida de un profesor de manera accidental, creando con él un vínculo que excede la capacidad de razonamiento humana. Si bien se trata de un filme modesto, hay en él un respeto a la condición canina que no puedo encontrar en otros productos que apuntan más directamente al entretenimiento y que si bien despiertan sus simpatías, no dejan de ser paródicos (Como perros y gatos) o directamente imbéciles (Marmaduke). De chica me encantaba ver una y otra vez Las aventuras de Chatrán, Tarka, la nutria y El oso, ese filme de Jean-Jacques Annaud que fue cayendo en el olvido con los años; todas estas películas tienen en común una buena síntesis entre perspectiva del cineasta y cierta mirada pretendidamente documental del animal sobre la historia misma. Siempre a su lado, la historia de Hachi-ko y su dueño, se adscribe más a este tipo de cine.

En lo que a London respecta, creo que llegó un paso más allá y consiguió transgredir la norma en la literatura: fue capaz de humanizar al animal y animalizar al hombre. Su libro de cuentos La quimera del oro, que aún se puede conseguir en librerías, merece en este sentido una lectura múltiple, atenta a los detalles. Relatos como “Amor a la vida” y “Las mil docenas” se centran en hombres comunes, empujados al atavismo en un coqueteo frenético y borderline con el instinto de supervivencia más básico en un ambiente hostil. Uno de los mejores cuentos de este libro, “Diablo“, curiosamente tiene como protagonista a un perro tan ladino que parece humano, al menos en su capacidad de discernimiento de la maldad.

Imagen: Brothergrimm


16/06/2009

Stieg Larrson por Lucas Varela

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En un recorrido de fines de semana que ya es habitual, me reencontré gracias a la recomendación de una amiga con el excelente blog de ilustraciones e historietas de Lucas Varela (donde hay más personajes).
La historieta argentina tiene actualmente varios representantes con vigencia en distintos medios gráficos, no sólo la revista “Fierro” o volúmenes exclusivos. Varela es uno de ellos. Ha publicado ilustraciones en las revistas TXT, Rolling Stone, La mujer de mi vida y La mano, y en una ocasión el historietista Carlos Trillo (que trabajó en el guión de “El cuerno escarlata“) dijo de él: “Todo lo que hace está definido por la sorpresa”.
Y vaya agradable sorpresa que me llevé al descubrir que Lucas es otro entusiasta lector de la saga Millennium, de Stieg Larsson. En los últimos días, viene publicando ilustraciones sugestivas para quienes no tuvieron contacto con los libros, aún; aunque elocuentes para quienes sí los leímos. Los personajes están tomados de la segunda novela, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.

Lucas Varela

Lucas Varela

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27/05/2009

Los boys, de Junot Díaz

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Los boys

Un niño que pierde y recupera a su padre, que viaja de una tierra primordial a otra prometida, que sufre y admira a su hermano mayor, que aprecia en silencio el trabajo de su madre. Un dealer discreto con un amor enfermizo por la junkie que lo visita tres o cuatro veces al mes. Un joven que protagoniza y atestigua la euforia y la decadencia de una generación amargada por las derrotas de sus padres en guerras de ultramar y a la vez reflexiona sobre el destino de un país que le es propio y ajeno, el país de su segundo gran desarraigo (el primero, aunque minimizado, es la ausencia del padre).
¿El mismo personaje? Posiblemente. Quizá. Once relatos en total, todos en primera persona condensados en un pequeño libro que Junot Díaz escribió allá a mediados de los ´90, evocando sucesos de dos décadas atrás. Los sucesos de su propia juventud, sublimados en un ejercicio literario interesante que motivó la aparición de un segundo libro, esta vez novela.
Para este dominicano-estadounidense, que es una especie de “chico-del-momento” desde hace algunos años, además del ganador del premio Pulitzer 2008 (por su primera novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao) suelen abundar los elogios por su capacidad de captar con precisión y calidad los ámbitos donde se desarrolló su infancia y su adolescencia, esa suerte de universo mixto que habitan los inmigrantes, los desarraigados y que tan bien expresó con motivo de su visita a la Feria del Libro. Sin embargo, siempre queda fuera la solvencia y la capacidad con la que sus relatos cautivan al lector, más allá de que a éste le interese la temática que se aborda en ellos. Díaz reviste a la marginalidad de sus personajes en Los Boys con un aura que no elude ni un cierto romanticismo, ni la chabacanería, ni lo escatológico. La perspectiva varía tanto como el mismo protagonista; lo afectan el tránsito de una edad a otra, el lugar donde se encuentra (alternativamente, República Dominicana y EE.UU.); los espacios geográficos, la familia, los panas.

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20/05/2009

Cineclub, de David Gilmour

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Delitos

David (homónimo del guitarrista de Pink Floyd sólo por casualidad) es un periodista cincuentón que ha transitado los sinsabores de la profesión y del matrimonio en varias ocasiones. La experiencia lo marcó en varios sentidos, aunque él sólo lo cuente (retaceando mucho la perspectiva) en una serie de flashbacks a lo largo del libro. Es fácil darse cuenta de que David está acostumbrado a un cierto estilo de vida que no puede resignar ni aún desempleado y que suele encarar los problemas con el optimismo de un adolescente. Entonces, cuando las circunstancias lo ponen frente a un desafío sin precedentes (la educación de un hijo de dieciséis años), todas esas vivencias deberán cobrar un nuevo sentido. Deberán hacerlo por fuerza, o es posible que pierda a su hijo para siempre. Sí, con esa fatalidad lo perciben David y su ex esposa Maggie, madre de Jesse, el adolescente en cuestión.

Jesse no quiere ir al colegio y tampoco trabajar. David y Maggie no quieren que el hijo adorado se les eche en contra si lo obligan a continuar con sus estudios, entonces David le propone un audaz experimento: No irá al instituto y tampoco trabajará (a menos que él quiera), pero tendrá que ver tres películas por semana, elegidas por su padre. Se mantendrá alejado de las drogas. Y eso es todo.

El relato de Cineclub es el de un arriesgado experimento sociocultural, basado en la intuición que un padre tiene de su propio hijo. Intuición subjetiva, teñida por el amor y por momentos distorsiva. David idealiza al muchacho, como todo padre, y se auto justifica al hacerlo. No importa que el crío subvierta reiteradamente las reglas; su padre lo tolerará y disculpará cada vez.

La naturaleza de Jesse, a quien se muestra como un adolescente que quiere rebelarse pero no sabe cómo (ni por qué, si después de todo las condiciones son óptimas: puede hacer absolutamente lo que quiera, excepto drogarse) es lo suficientemente cándida como para sobrellevar con éxito este experimento. El chico no miente y tiene un amor y un respeto por sus padres que resulta chocante y ajeno para el lector, tan acostumbrado en la literatura, el cine y las noticias a escuchar cómo los adolescentes atropellan, toman y hacen a gusto. El cambio es refrescante, pero deviene anodino y por momentos surgen planteos irritantes. Con un hijo de tan buena pasta, ¿por qué a David le cuesta tanto hacer respetar las reglas básicas que estableció en un principio?

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13/05/2009

Junot Díaz en La feria del libro /4

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Junot Díaz

Esta es la cuarta y última parte de la charla que Junot Díaz (pronúnciese Yunó) ofreció el domingo 3 de mayo en la sala Julio Cortázar de la Rural, en el marco de la Feria del Libro y con el auspicio de la embajada de EE.UU, Random House Mondadori y Clarín.
La entrevista estuvo a cargo de la periodista Patricia Kolesnicov.

[Guía de lectura: 1ra parte, 2da parte, 3ra parte]

PK: Bueno, quería abrir a preguntas del público si hay…

Pregunta del público: Le quiero agradecer por todo lo que ha dicho, todo muy entretenido y educativo. Una sola pregunta sobre su infancia en NY: ¿Dónde vivió, en qué barrio?

JD: Muchas gracias. Yo me crié no en Nueva York, creo que soy el único dominicano en el ’74… la familia mía llegó directamente a New Jersey, creo que entonces había sólo dos dominicanos. No sólo fue la comunidad african-american que tenía que aprender sobre la comunidad dominicana, sino los “boricuas”. Los portorriqueños no sabían nada de nada. Yo decía “Yo soy dominicano” y ellos decían “¡qué e eso!”. Nadie sabía nada de los dominicanos. Una cosa que nunca me voy a olvidar es que el neighborhood, el barrio nuestro, estaba ubicado al lado de un landfield (basurero, relleno sanitario) de trescientos metros, y recuerdo que tenía seis años. Cuando hay un landfield hay olor de basura quemándose día y noche, pero también hay pájaros, esos pájaros, las gulls. Me recuerdo de niño que siempre había millones de esos pájaros en el aire. Aunque era un lugar bien feo, por todos esos pájaros, me sentía como si mi familia estuviera viviendo en un árbol. Porque todo estaba lleno de esos malditos pájaros, eso es una memoria.

PDP: Realmente nos encantó en la novela el retrato de los dominicanos en EE.UU. y de la cultura latina, de la inmigración de la madre de Óscar, es una historia impresionante. Pero también resulta interesante la historia de Trujillo. La pregunta que me gustaría hacerle es que vi algunas alusiones a La fiesta del Chivo de Vargas Llosa, me interesaba mucho la opinión suya sobre la pintura del trujillato comparada con la suya.

JD: Primero muchas gracias. Para mí la novela de Vargas Llosa es una súper novela. Es excelente. Pero creo que, desde mi punto de vista, no hablaba mucho del trujillato, porque para mí aunque tú metes todos los detalles del trujillato, se tiene que entender como una locura, o como un acto de ciencia ficción. Me fascinó la novela y me demostró que uno tiene que buscar otra estrategia para comunicar la locura de una dictadura como la de Trujillo. Y es que mira, toditos nuestros países han sufrido dictaduras y cada uno tiene su personalidad. La de Trujillo fue algo muy, muy particular y muy, muy loca. Yo soy hijo de militar, entonces nosotros siempre tenemos en la casa ese trujillato, lo viví como niño con un papá que era pro-trujillo. La peor cosa que sucedió en Santo Domingo desde el punto de vista de mi papá es la democracia, fíjate. Entonces imagínate de vivir en una casa con una postura como esa. Especialmente para un muchacho como yo que soy muy, muy izquierdista. Me dices “dictador” y yo te digo “no voy p’allá”. Creo que la novela mía no fue como una reacción, pero estaba tratando de iluminar que a veces experiencias como la dictadura se tienen que entender en los géneros y no con el realismo. El realismo falla, fracasa tratando de describir lo surreal que es una dictadura. Para entender una dictadura uno tiene que agarrar otros géneros y por eso yo usé la ciencia ficción, fantasía y eso.

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12/05/2009

Junot Díaz en La feria del libro /3

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Junot Díaz

Esta es la tercera parte de la charla que Junot Díaz (pronúnciese Yunó) ofreció el domingo 3 de mayo en la sala Julio Cortázar de la Rural, en el marco de la Feria del Libro y con el auspicio de la embajada de EE.UU, Random House Mondadori y Clarín.
La entrevista estuvo a cargo de la periodista Patricia Kolesnicov.

[Guía de lectura: 1ra parte, 2da parte, (esta es la 3ra)]

PK: Estuvimos hablando todo el tiempo de la inmigración, que es la parte de la llegada. Vamos a hablar un poco de la partida. ¿Vos cómo te sentís en República Dominicana? Quedaste en el medio del agua, me parece…

JD: No, no es que me quedé en medio del agua. Ser inmigrante no es que tú te quedas en medio de nada, ni que tú vives una vida dividida, no es eso. Es que tú vives dos vidas simultáneamente. Eso es para mí lo raro. La gente siempre cree que hay un defecto, ¿verdad? que los inmigrantes han perdido algo. Que porque tú no hablas español has perdido algo, o porque tú no has vivido aquí has perdido algo, algo te falta. No es como yo lo vivo es. Cuando vivo en los EE.UU., estoy en ese país y estoy mirando todo… entre mi y ese país hay como un screen, una pantalla, y es una pantalla de todas mis experiencias en Santo Domingo. Que a veces me siento como que tengo dos personalidades. Y cuando yo estoy en Santo Domingo estoy ahí, en la República Dominicana, esa parte que vivió en los EE.UU. siempre me está comentando.

PK: ¿Comentando qué cosas?

JD: No… Como decir: Los EE.UU. te preparan muy bien para identificar la comemierdería de las culturas latinas. En Santo Domingo la gente habla tres idiomas: español, español y comemierdería. Y creo que si yo viviera en Santo Domingo no vería qué tanto comemierda somos. Perdona, es que cuando uno habla con alguien en Santo Domingo la gente siempre piensa “Yo soy licenciado en tal y ese es mi trabajo, y eso que yo hago”. Y yo ahí pensando: “Na má quiero saber dónde está el baño”. Sé que estoy simplificando las cosas, pero eso me ayuda mucho. También cuando tomo el caso ideológico. Hay cosas que suceden en los EE.UU. que mis amigos los gringos no se dan cuenta que la vaina se va a poner peligrosa y el lado dominicano mío me dice “vete de aquí de una vez, que si no te vas ahora vas a tener un problema”. Eso es un ejemplo, aunque no todos. Es difícil escribir the subjectivity de cada uno, sé que me lo estás preguntando de buena fe, pero es muy difícil escribir como uno en cada situación. La única cosa que puedo decir es que vivo dos vidas simultáneamente, ¿cómo es eso? Ese es el gran misterio y creo que escribí este libro para tratar de describirlo, para tratar de comunicar cómo vivo el mundo: en Santo Domingo, en EE.UU., cuando estoy visitando otros países. Si tengo que contestar en tres minutos sueno como un idiota. Creo que la mejor respuesta es estos malditos libros.

PK: Entonces volvamos al libro.

JD: Ojalá, ojalá, es que a la gente no le gusta leer.

PK: Me gustaría que me cuentes cómo comenzó esto hace once años, cómo pensaste los personajes, por dónde empezó.

JD: Yo publiqué un libro y -de una vez que tú publicas un libro en los EE.UU- ellos querían que yo escribiera una novela. Empecé a escribir esa novela en el ’97 y me fue muy grave. Escribí como trescientos páginas de una novela y la tenía que botar porque era una porquería. Te prometo: es porquería. Mis amigos cuando me quieren burlar agarran capítulos de esa novela perdida y empiezan a leerlos en voz alta. Qué horror. Insoportable.

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08/05/2009

Junot Díaz en La feria del libro /2

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Junot Díaz

Esta es la segunda parte de la charla que Junot Díaz (pronúnciese Yunó) ofreció el domingo 3 de mayo en la sala Julio Cortázar de la Rural, en el marco de la Feria del Libro y con el auspicio de la embajada de EE.UU, Random House Mondadori y Clarín.
La entrevista estuvo a cargo de la periodista Patricia Kolesnicov.

[Leer la primera parte]

PK: ¿Te sentís incómodo en castellano?

JD: Ay, por favor. Yo siempre me siento incómodo [Risas], no sólo en lo idiomático. Creo que fue Fanon que dijo que “la condición de un nativo es una condición nerviosa”. Como dije antes, siempre me he sentido medio incómodo, qué me importa si mis amigos, si mis hermanos dominicanos me dicen “coño, pero tú sí que hablas un español feo”, eso no es nada nuevo. Es como si unos gringos me dijeran “tú sí que hablas un inglés feísimo”, uno no puede hablar mal, parece.

PK: Ya que te convertiste en algo así como el arquetipo del inmigrante, ¿podrías contarnos cómo era para los inmigrantes latinos?

JD: Bueno, pero no sé si esa historia dura mucho. Porque imagínate estar guardado en un país donde hay cada año millones de inmigrantes. Tengo un tío que vivía en el mismo pueblo mío, que cuando tú le hablas de la inmigración le dices: “Tío, ¿cómo te fue siendo inmigrante?”. Y él te dice ahí, en su casa enorme, con su client shopping, con todos sus hijos, su escuela privada, el tipo privado de español, te dice “No, fue muy bieeen… la inmigración es cosa buena”. Tengo otro que se metió en muchos problemas, casi lo deportaron, y tú hablas con él y el tipo es bien marxista: “La inmigración es un abuso, los Estados Unidos chupan la sangre del mundo entero para sobrevivir”.

La diferencia mía fue como la experiencia de un niño. Nosotros llegamos… somos una familia de trabajadores, soy hijo de un papá militar, mi papá fue cabo en Santo Domingo, yo llegué en el ’74, en diciembre… Imagínate: abril del ’74, como cinco meses después por fin se terminó la guerra de Vietnam, en abril fue la vaina cuando se fueron ya todos los gringos de la embajada, esa imagen espantosa de los helicópteros llegando allí… Eso no fue un ambiente de los Estados Unidos muy abiertos, muy tolerantes; fueron años de crisis en la economía, también el pueblo perdió y estaba traumatizado por esa guerra, veía a los extranjeros y a la gente de colores como enemigos, como una invasión. Los padres de uno no viven tanto el choque de la inmigración como los niños, siempre le digo a la gente “si tú no conoces un high school norteamericano no conoces los Estados Unidos, tú no entiendes ese maldito país”. Para entender ese país tú tienes que ver esa clase de violencia, esa clase de control social, esa clase de presión que les pone a los niños.

Aunque yo tenía una diferencia que era, como todas las diferencias, única, ¿verdad? Había muchas cosas que me gustaron, como niño. Soy muy lector, porque llegué a los EE UU. Yo sé que yo empecé a leer como reacción para sobrevivir como inmigrante, porque la inmigración es muy difícil para un niño. Aprender un idioma nuevo, apegarme a una cultura nueva… una reacción mía fue leer. Porque cuando tú lees un libro nadie puede comentar sobre tu acento, nadie puede decir que tú no hablas inglés. O que el acento tuyo es feo.

En ese libro, en ese momento, el lector se siente un poco más cómodo. Soy capaz de coordinar, entonces por un lado soy lector por esas creencias, pero por otro lado también tengo ese punto de vista y hablo.

Nosotros en nuestras sociedades les ponemos la vida muy difícil a nuestros inmigrantes. Muy difícil. Lo veo básicamente así, sé que no di muchos detalles, pero imagínate, es una historia muy larga. Muy, muy larga. Recuerdo que cuando llegué a Estados Unidos en esa imagen que la gente tiene de lo gringo es que toditos son blancos. No, hombre; yo me crié en un barrio moreno, yo me crié con todos los Obamas del mundo, para mí los norteamericanos fueron los maldito’ moreno’, no sabía nada de lo gringo. Nada más cuando fui a la universidad me encontré con lo blanco. Entonces cuando pienso en lo americano, pienso que la primera comunidad que conocí, la comunidad a la que me tenía que enfrentar, que yo tenía que aprender a bregar con ella era la comunidad african-american.

Y es muy muy distinto, muy distinto. La mayoría de los inmigrantes, cuando hablan de la inmigración, hablan de los problemas que han tenido con los blancos, con los gringos, pero yo me tenía que definir como dominicano enfrente de la comunidad “AA”, y fue una cosa muy distinta.

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