21/07/2011

Una lectura de Urgente, llamado al país

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Ya el nombre del libro es sugestivo, y funciona. Ni bien lo compré, pospuse todo lo que venía leyendo (todo en realidad era otro libro) y empecé a leerlo, aunque con tranquilidad. El que haya leído la trilogía de Terragno que recomendé1 en otro momento verá que hay cierta fórmula estructural que se repite: todos los temas son tratados en párrafos cortos y concisos. No pasan más de tres carillas sin que aparezca un nuevo título. Esto le da fluidez a la lectura y además permite abordar cada cuestión de una manera ordenada, evitando que se confundan los conceptos.

La idea que Terragno intenta transmitir de manera Urgente es que para que haya una verdadera transformación y en poco tiempo (el propone seis años, tomando el lapso transcurrido entre las revolución de mayo y la declaración de la independencia) se pase de un país sin ilusiones a uno de esperanzas, con una economía desarrollada, educación masiva de calidad, y sin marginados es menester acordar políticas de Estado básicas e inamovibles, que se lleven adelante independientemente del gobierno de turno.

Hace aproximadamente dos años, Terragno comenzó a difundir esta idea en busca de consensos: se reunió con políticos de distintos partidos, les enseñó su plan, los distintos puntos que el consideraba que debían conformar el acuerdo y les pidió que propusieran nuevos puntos o que objetaran los anteriores. Finalmente en diciembre del 2010 consiguió que varios políticos de distintos partidos, entre los cuales no figura ninguno del gobierno, (algunos de ellos son Sanz, Alfonsín, Stolbizer, Macri, Michetti, Cobos, Binner, Cortina, Duhalde, Solá y Estenssoro) firmaran dicho “acuerdo de gobernabilidad”. Paralelamente, a través de su página, convocó a personas de distintas áreas de conocimiento para que enviaran propuestas con el fin de dar soluciones a los problemas que figuraban en dichos puntos. Tengo entendido que hubo una selección de personas y que entonces formaron comisiones para analizar cada uno de los puntos; supongo que buena parte de las propuestas de este libro son resultado de dichas comisiones.

Ahora bien: ¿Será posible que esto tenga algún tipo de validez en un país como la Argentina? Terragno dedica los primeros cinco capítulos a tratar de convencernos de que sí. Menciona las críticas y ataques que sufrieron tanto San Martín como Belgrano a la hora de hacer valer sus convicciones, analiza los pactos preexistentes, los pactos de la Moncloa y, por último, los acuerdos del siglo XX. Enseguida examina y detalla los puntos del firmado “acuerdo de gobernabilidad” en un capítulo que no duda en titular: “Un hecho histórico”.

De ahí en más, creo yo, el libro empieza a ganar vuelo y a mostrar al Terragno estadista. El verdadero progresismo, los lugares comunes de la política actual y el surgimiento del BRIC son algunos de los temas que repasa antes de llegar al análisis de los tres puntos más importantes a solucionar en nuestro país: La desigualdad social, la educación y el crecimiento sostenido. ¿Cómo lograr mayor inclusión social? ¿Cómo tener educación masiva y de alta calidad? ¿Cómo crecer rápidamente sin generar una gran inflación? Son algunas de las disyuntivas. Siempre apoyado en los números, las citas y las comparaciones, Terragno no sólo responde con soluciones sino que plantea cómo se deben llevar a cabo y qué resistencias y obstáculos encontrará su implementación.

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04/05/2011

Tenemos un problema, Ernesto

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Sobre Tenemos un problema, Ernesto
de Diego Recalde (Planeta)

Voy a arrancar comentando algo que me pasó con esta novela y que, si mal no recuerdo, nunca me había pasado: reírme en voz alta. Sí, estaba haciendo un poco de bici en el gimnasio y de repente leí un párrafo (leo mientras hago bicicleta) que me arrancó una risa, no exagerada, pero lo suficientemente fuerte como para que la chica que estaba al lado mío girara la cabeza. Confieso que me dio un poco de vergüenza, más que nada porque no me suelo reír cuando leo, a lo sumo puedo llegar a sonreír pero apenas.

De todas maneras, ahora que lo pienso, no me extraña. Conozco a Diego Recalde y me he reído mucho con sus tres películas. Recalde es un artista polifacético: es el cantante y compositor del “Trío Ibáñez”, es director de cine, fue guionista y notero de CQC, escribió para Video Match y Delicatessen, entre otras tantas cosas, hizo radio y TV con Pettinato y hoy se lo puede escuchar en la 103.1 junto a Martín Ciccioli en Zona Liberada.

Tenemos un Problema, Ernesto es su primera novela publicada; digo publicada porque él reconoce tener al menos una decena de novelas más escritas.

La historia comienza cuando Ernesto Ramponi, un guionista de TV desempleado, se despierta una madrugada para ir al baño a hacer pis y se encuentra con el misterioso y aterrador hecho de que no tiene pene (ni testículos). Supone enseguida que está soñando, aunque se da cuenta de que no es así, y empieza a proyectar las hipótesis más descabelladas, tratando de entender qué es lo que le pudo haber pasado. De ahí en más se lanza a una búsqueda desesperada por recuperarlo que lo llevará a contradecir su pensamiento racional y a abrirse a opciones menos tradicionales, donde se contacta con personajes tan disparatados como patéticamente posibles. Cada uno de ellos a su manera trata de sacar provecho del problema de Ernesto, sin importarles preservar su integridad o privacidad. La novela transcurre en la víspera de la crisis del 2001, por lo que se hace evidente el deseo de todos de salvarse a cualquier precio. Sólo su novia, a quién él de alguna manera teme no poder complacer, o no estar a su altura, lo consuela y apoya en todo momento. Por otro lado vive a la sombra de un jefe que cada tanto le da algún guión para escribir, pero que le hace firmar contratos miserables, le roba las ideas y nunca lo pone en los créditos. Las conexiones simbólicas entre el problema de Ernesto y su vida aparecen en varios momentos, transcribo dos al azar:

“Cuando llegué a la puerta del bar, me quedé parado como un nabo, mirando las muchas calcomanías de distintas tarjetas de crédito que había pegadas sobre el vidrio.

En lugar de preguntarme por qué seguía sin pene, me pregunté por qué nunca tuve una tarjeta de crédito. Lo máximo que tuve fue una tarjeta de débito.”

“Escuchen esto, dijo con voz grave. El noventa por ciento de los chicos a los que se les preguntó qué quieren ser de grandes, respondieron que querían ser famosos. Y todos los periodistas que estaban con este periodista, pusieron el grito en el cielo y dijeron: qué barbaridad. Ahora, lo paradójico, mejor dicho, lo grotesco, era que quienes decían qué barbaridad eran tipos que estaban ahí porque quieren ser famosos. Mejor dicho, quieren seguir siendo famosos. Si no, no estarían ahí, mostrándose en la tele opinando de cualquier cosa. Se hubieran dedicado a otra cosa. Ojo, yo soy de los que cree que está buenísima la fama. O el reconocimiento, como lo que vos perseguís —dijo con sorna—. ¿Y sabés por qué está buenísima? Porque te da un montón de beneficios. De hecho, porque sos famoso, publicás tu libro.”

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05/05/2010

Diario íntimo de San Martín

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Me habían recomendado leer a Rodolfo Terragno por sus ideas políticas y, sobre todo, por ser un hombre que piensa en un país a mediano y largo plazo, algo muy difícil de encontrar hoy en día en la Argentina. Así comencé con La Argentina del siglo XXI (Planeta, 1985) y continué con dos libros que, a mi humilde entender, forman junto al anterior una trilogía imperdible, y de los cuales calculo hablar en algún momento: Memorias del presente (Legasa, 1984) y Proyecto 95 (Planeta, 1991). Enseguida me vi cautivado por sus ideas, por la claridad con la que es capaz de expresarlas y por el riguroso estudio que realiza de cada tema antes de precipitarse a formular cualquier tipo de hipótesis o juicio de valor. Por eso cuando compré Diario íntimo de San Martín lo hice con la esperanza de encontrar una investigación seria, objetiva y, más que nada, basada en fuentes inéditas a las que pocos habían tenido acceso. Y debo confesar que mis deseos fueron complacidos.

El libro está escrito, como el título previene, a la manera de un diario íntimo, como si fuera el cuaderno de bitácora de un espía fantástico (ya que está escrito en tercera persona) abocado a seguir de cerca las acciones que el General San Martín lleva a cabo en el año 1824, luego de abandonar el Perú. Terragno justifica esta elección diciendo que, habiendo juntado en Inglaterra tanta información de diarios, cartas y documentos, y habiéndolos ordenado cronológicamente, se había dado cuenta de que podía reconstruir ese año casi día por día. Aclara, a su vez, que si no lo escribió en primera persona fue porque, de haber hecho hablar al General San Martín, se hubiera convertido en una ficción. De todos modos, y más allá de que Terragno aclara que no se trata de una novela sino de un trabajo de investigación histórica, uno termina perdiendo la noción de la realidad y se deja llevar por los acontecimientos como si hubiese abierto una buena novela.

Además de tal cualidad, y de haber conocido personajes importantes de la revolución, que hasta ese momento no eran para mí más que algunas de las calles de mi antiguo barrio, como García del Río y Paroissien, descubrí varios detalles que  desconocía y que tal vez muchos otros desconozcan:

  • Que el misterioso encuentro de Guayaquil no es en realidad tan misterioso.
  • Que San Martín continuó su lucha por la independencia de Sudamérica de forma diplomática, desde Londres, ya que creía que, por la situación que se vivía en Europa, se requería que Inglaterra reconociera la independencia de las colonias para asegurar su continuidad. Incluso planea un viaje al Perú para retomar la lucha junto a Bolívar, que luego se ve frustrado.
  • Que no vino como espía de los ingleses como algunos aducen, sino que aprovechó el conocimiento que ellos habían adquirido mientras planificaban la forma de apoderarse de la región, para llevar a cabo su estrategia. Además se dio que tanto ingleses como revolucionarios querían la independencia de las colonias españolas, los primeros para poder comerciar libremente y los otros porque luchaban contra las monarquías absolutas.
  • Que inmediatamente después de haber libertado al Perú, San Martín pensó que la mejor forma de gobierno para ese país era una monarquía constitucional, por eso envió a Europa a García de Río y a Paroissian a buscar un monarca apropiado.
  • Que San Martín era, en aquella época, más conocido de lo que ahora se piensa y que era tan alabado como criticado, tanto por los personajes públicos como por los periódicos, tal como sucede con la política en la actualidad.

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21/12/2009

Las manos de Okinawa, de Luis Vázquez

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La primera vez que este libro llegó a mis manos fue en año 1997, cuando el autor aún no tenía ni la remota idea de que algún día sería publicado. Me acuerdo de que en ese entonces yo estaba buscando reflotar una revista de karate que había dirigido mi primer maestro en el Club Ciudad de Buenos Aires y él, que había pasado a ser mi nuevo maestro (y que a su vez, había sido el maestro de mi primer maestro), me había acercado una copia, escrita a máquina: “Leelo, son cuentos que escribí después del viaje que hice en el 88’, si te gusta, podrías sacar uno por cada número de la revista”, me había dicho. De esa forma, salió el primer número con el primer relato, pero hubo dificultades para continuar con la revista y el proyecto quedó trunco.

Cuando hace unos meses me comentó que el libro se iba a publicar, me puse muy contento, me pareció que era la mejor forma de salir al ruedo. Hice memoria y traté de recordar el efecto que aquellos catorce cuentos habían tenido en mi mente, en mi práctica y, sobre todo, en mi espíritu. Era una época de menos obligaciones y menos responsabilidades, más irreal, más propensa a la fantasía. Sé que el primer impulso que sentí fue el de querer viajar a Okinawa y practicar junto a esos maestros legendarios y conocer a todos aquellos personajes que él narraba en sus cuentos; porque, y eso era lo más importante, todos ellos eran reales.

El libro plasma las vivencias de un joven aprendiz de karate que parte hacia la isla de Okinawa, con sólo tres cosas en claro:

  • Que le atrae combatir en un torneo en la cuna del karate.
  • Que desea conocer cómo es practicar junto a los grandes maestros.
  • Que sólo tiene ciento ochenta dólares en el bolsillo.

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23/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {5

Por

Guillermo Martinez © Daniel JurjoAquí la quinta y última parte de la entrevista que Leandro Vives le realizó a Guillermo Martínez. A él va nuestro especial agradecimiento por su tiempo y predisposición para esta conversación, ojalá la haya disfrutado tanto como nosotros.

[Leer la cuarta parte]

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

***

Leandro Vives: Y literatura, ¿te imaginás escribiendo de a dos como hacían Borges y Bioy Casares?

Guillermo Martínez: No, no. O sea, como juego sí, pero no como proyecto serio. No, además mis temas son como muy personales, no podría compartir un libro.

LV: ¿Es verdad que con este libro te retiraste de la matemática?

GM: Sí, este libro para mí es como una despedida de la matemática, aunque sigo estudiando con Gustavo las implicaciones filosóficas y lo que tiene que ver con el platonismo… eso todavía me interesa entenderlo un poco más.

LV: Pero no matemática pura.

GM: Sí, ya no es matemática.

LV: ¿Qué pasó? ¿Te dejó de gustar?

GM: No, lo que pasa es que, mientras hice la carrera de matemática, fui terminando mis novelas como en una especie de esquizofrenia, pero llegó un momento en que se resentía la matemática y se resentía también la literatura. Me parece que la matemática que yo hacía la puede hacer cualquier otro matemático, mientras que los libros propios, sean buenos o sean malos, solamente los puede escribir uno. Hay algo puramente personal en la literatura. Esto también es algo muy discutible: hay matemáticos que piensan que hay una marca muy personal, y una forma de expresión muy personal, en la matemática. Pero, a la vez, se ven tantos ejemplos de resultados a los que, si no llega un matemático, llega otro en otro país que…

LV: Pero existe la posibilidad de inmortalidad dentro de la matemática.

GM: Sí, pero hay problemas planteados y hay muchos matemáticos pensando en esos problemas. Entonces es muy fácil que cualquiera los resuelva. De hecho a nosotros nos pasó eso: cuando encontramos una de las conexiones fundamentales que daba lugar a un paper, y lo enviamos en el 97, lo mismo ya se había probado en el 95. De modo que lo que creíamos que habíamos acabado de probar, ya se había probado dos años antes.

LV: Y eso te desanima.

GM: Y… te desmoraliza, eso en general desmoraliza mucho, son años de trabajo.

LV: En la ciencia, si no llegas a un resultado importante, puede ser muy frustrante. Y yo en realidad te lo pregunté porque te escuché decir que sólo escribías 3 horas por día, y eso te deja tiempo para investigar.

GM: Totalmente, pero yo prefiero ahora recuperar la lectura. Yo leía de una manera que tuve que relegar por la matemática, y ahora estoy como en una especie de programa de lectura muy variado, me estoy poniendo al día con viejos proyectos de lectura, también. Es posible que, en algún momento del futuro, intente hacer algo que tiene que ver con la crítica literaria, asociado a estos sistemas formales: un intento como de formalizar y crear algo así como una teoría crítica personal, en el mismo sentido que Wittgenstein reflexiona sobre el lenguaje desde una especie de punto de vista ingenuo, pero rigurosamente vigilado, me gustaría hacer algo así con la cuestión de las impresiones estéticas con que uno se enfrenta a un texto.

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22/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {4

Por

Guillermo Martinez © Daniel JurjoCuarta y ante última parte de la entrevista a Guillermo Martínez.

[Leer la tercera]

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

***

Leandro Vives: ¿Y no crees que en la ciencia, por más que se hayan descubierto muchas cosas, estamos, parafraseando a Borges, como en una esfera de radio infinito y centro en cualquier lado? ¿No estamos en cualquier punto del conocimiento?

Guillermo Martínez: Si bien hay muchas cosas que no se han descubierto, si uno mira lo que se ha hecho en ciencia, de algún modo, eso es un conocimiento que tiene un factor acumulativo. No es que estamos construyendo como si levantásemos arena, que cada vez que uno levanta se cae todo. No es así. Y eso sirve también de base para pensar que se sabrá más. Por otro lado va a haber cosas que no se sabrán, pero que para mí van a tener las características de la construcción de Gödel, es decir: va a haber cosas que no se van a saber, pero que ni siquiera se va a saber que no se saben.

LV: Sí, puede ser. Yo también me hice otra idea a partir del dibujo del asesinato que vos pones en el libro para hablar de lo verdadero y lo demostrable, donde hay dos personas y un muerto en una habitación cerrada y no se puede determinar quien es el asesino. Ahora, supongamos que en algún lugar de la habitación hay una cámara, pero que nadie sabe que está ahí, y la maneja alguien externo: un servicio de inteligencia de otro país, por ejemplo.

GM: Ese es el Argumentum Ornithologicum, o sea, son los pájaros, bueno, ¿cuántos son? Nadie los ha contado pero hay un número.

LV: Claro, alguien lo sabe, pero yo imagino de pronto infinitas cámaras y llego a la conclusión de que tiene que haber algo también, así como hace siglos se preguntaban por el primer principio, qué fue lo que inició todo, e iban para atrás hasta que en el algún punto se detenían y decían: está bien, a esto le ponemos un nombre, que en el caso de Aquino, bueno, él trató de explicar a Dios con esa idea.

GM: Pero para mí, justamente, no es necesaria la idea de Dios, incluso la idea del primer principio, yo creo que se va a encontrar que no es así, sino que es algo que tiene más que ver con la estadística, con el pasaje de estados… que es más o menos la idea de la física estadística, que no es que haya leyes sino un pasaje de estados menos probables a estados más probables, sería la física vista de esa manera. O sea, el desorden es un pasaje de un estado de más información y menos probable, a un estado de menor información y más probable.

LV: Claro, es por lo que Shannon le pone a la información media el nombre de Entropía.

GM: Claro, es eso en el fondo, no hay leyes físicas. Yo leí hace poco un artículo extraordinario en Izquierda y derecha en el cosmos, y ahí el autor lo explica con esta figura del juego de pool, donde el triángulo que tiene las bolas en el golpe inicial contiene una información altamente sofisticada: están todas las bolas reunidas y eso es altamente improbable, ¿y cómo se ve esto? Porque cuando vos rompés el esquema con la primera bola, lo que obtenés es que las bolas pegan en todos lados pero no vuelven a formar el triángulo.

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21/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {3

Por

Guillermo Martinez © Daniel JurjoTercera parte de la entrevista a Guillermo Martínez.

[Leer la segunda]

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

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Leandro Vives: Hay gente de distintas disciplinas, que no tienen nada que ver con las ciencias duras, que están esperando algunos de sus resultados para poder justificar sus propias ideas de una manera más convincente o porque no encuentran argumentos dentro de sus disciplinas.

Guillermo Martínez: Y además es como que no entienden exactamente cómo es el proceso de la formación de los conceptos científicos, que tiene más que ver con la idea del límite, de los refinamientos, de las reformulaciones. Es decir, la crisis de los griegos con respecto de la raíz de dos se resuelve con la creación de conceptos que antes no existían, y la creación de esos conceptos da un nuevo punto de vista y da una nueva manera de definir las cosas y de pensarlas. Llega un momento en el que lo que una generación anterior, un siglo anterior, no podía concebir, se vuelve una herramienta totalmente conocida; que es lo que pasa con los infinitos de Cantor, o sea, gran parte de lo que fue la discusión alrededor de los fundamentos de la matemática era si se aceptaba o no la definición de los infinitos como una totalidad, de Cantor, y Hilbert arma toda su teoría para tratar de retener esa idea para la matemática que es una idea crucial. Ahora un estudiante de la universidad no podría entender la crítica que le hacían los filósofos a esa idea, que para los matemáticos contemporáneos es una idea totalmente normal.

LV: Lo que pasa es que el infinito es una de las cuestiones que más lugar da a la polémica y que roza casi con la religión, en algún punto.

GM: Todo eso si uno conoce la serie de objeciones y discusiones que rodearon lo que son las primeras paradojas que aparecieron. Pero digamos que para un matemático común y corriente, en la práctica diaria, es una herramienta totalmente exacta.

LV: Una de las ideas que se me ocurrieron mientras leía el libro tiene que ver con lo verdadero y lo demostrable. O sea, hay cosas que son verdaderas pero que no son demostrables. Y yo me pregunto, ¿verdaderas desde qué punto? Desde otra teoría que no está dentro de la que se quiere demostrar.

GM: Sí.

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