21/07/2009

Monstruos

Por

Al doctor Jorge Corsi

Por El Gordo Gostanián

Los “monstruos sexuales” de Nabokov en Lolita (y de Copi en El baile de las locas) admiten, entre sí, varias diferencias conceptuales, a la vez que operan sobre diferentes perspectivas literarias alrededor de tópicos propios de las categorizaciones sexuales y las normas y métodos de individuación y dominación ligados a los sexos (es decir, a las sexualidades).
Ambas “monstruosidades” parten, o sólo pueden entenderse como “monstruosidades”, a partir de su enfrentamiento con la categoría opuesta. Lo humano, que configura históricamente la tradición Humanista. A partir de la segunda mitad del siglo, indefectiblemente ligada a su propio agotamiento como categoría estable e indiscutible, la humanidad del Humanismo deviene monstruosidad. Es decir, post-Humanismo.

Una y otra monstruosidades comparten la misma raíz, a partir de esta idéntica oposición conceptual. Es por ello que, al margen de las representaciones imaginarias de diversas sexualidades (sexualidades monstruosas), es a la luz de este conflicto Humanismo/Post-Humanismo que toman un rol principal los modos en que deseo-sexo-amor-monstruo se articulan.

El ascenso de nuevas formas políticas e ideologías, un nuevo contexto económico donde el capitalismo se ubica sobre una mayor versatilidad para su crecimiento y los nuevos parámetros estéticos, acompañados del surgimiento de los mass-media (todo lo cual confluye en el apogeo de una cultura de masas) establecen nuevas bases: post-humanísticas.

Los seres humanos, antes “animales bajo influjo” y “domesticables” por una cultura humanista que los ponía a resguardo de sus propias tendencias bestializantes (mediante la inhibición) han cambiado. Se abren nuevos caminos de formación. La definición de la persona humana se liga nuevos parámetros (en especia la desinhibición).

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12/05/2009

Para leer La maravillosa vida breve de Óscar Wao

Por

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com

N del E: Con esta lectura crítica realizada por G.G. la novela de Junot Díaz se convierte en el libro más analizado en Hablando del asunto. Se pueden visitar después de leer la presente, las lecturas de Celia Dosio y de María Agustina Melchiori.


La maravillosa vida breve

Hay un artista de landscape art que escribió un libro diciendo que hay lugares que son un somewhere y otros que son elsewhere, lugares que son un lugar y otros que no, que son cualquier parte.

I

Una literatura menor, estimado Sucesor, es una literatura de la disidencia. Disidencia, estimado Sucesor, ante una literatura homogénea. Institucionalizada e institucionalizadora. Imperial. (El lector que adivine las referencias inmediatas será bienvenido a entender lo siguiente. El resto, queda invitado a mirar tinelli hasta que la lobotomía sea absoluta).

La maravillosa vida breve de Óscar Wao se vuelve menor -no quisiera provocarlo, estimado Sucesor, abusando de un verbo como deviene– desde el título. Trátase de un título hagiográfico. Con la potencia nostálgica del martirologio en la mejor tradición Occidental. Católica. Europea. Central.

La operación de miniaturización, estimado Sucesor, parte de una dislocación abrupta de los parámetros de una literatura mayor a los parámetros -y allí, tal vez, su único límite: la inevitable parametrización- de una literatura menor. Una hagiografía de la disidencia, porque trata de la vida “maravillosa y breve” de un dominicano (y no un dominico). Un dominicano que, además, expande la revulsión de su minoridad al ser un inmigrante en Nueva York. Un intruso lateral entre intrusos. Atravesado, además, por todas las características transnacionales del paria simbólico y cultural.

¿Quieres saber de verdad cómo se siente un X-Man? Entonces conviértete en un muchacho de color, inteligente y estudioso, en un gueto contemporáneo de Estados Unidos. Mamma mia! Es como si tuvieras alas de murciélago o un par de tentáculos creciéndote en el pecho.

Ubicarnos en el campo discursivo de una hagiografía minoritaria, estimado Sucesor, no deja de ser, sin embargo, ubicarnos en el relato de una experiencia sensible. Que es, en términos inevitablemente hagiográficos, un relato amoroso.

Lo único que podía comparársele era lo que sentía por sus libros; sólo la combinación de todo lo que había leído y todo lo que aspiraba a escribir podía acercarse a ese amor.

Por supuesto, estimado Sucesor, hay amores múltiples en las páginas de Junot Díaz. Tantos que cualquiera podría interesarse en profundizar una lectura hagiográfica de Óscar Wao sólo en esa clave. La clave amorosa. Que es también, siempre, la lectura de un cuerpo puesto a disposición de los Otros. Pero le propongo, estimado Sucesor, en cambio, dirigir la atención hacia otros puntos de la experiencia sensible. Los de todos aquellos haces de rasgos que colocan a Óscar Wao exclusivamente en sintonía con lo menor.

Los blancos miraban su piel negra y su afro y lo trataban con jovialidad inhumana, Los muchachos de color, cuando lo oían hablar o lo veían moverse, sacudían la cabeza. Tú no eres dominicano. Y él contesta, una y otra vez, Claro que sí lo soy.

Considere, estimado Sucesor, que la minoridad etnográfica se establece como intersticio. Óscar, para los blancos, no es blanco, pero tampoco es negro. Para los negros, no es negro. Pero tampoco blanco. El color no es un rasgo negativo, sino un impedimento en huída permanente de las clases. Una diferencia constitutiva, estimado Sucesor, que no es tampoco, ni debe confundirse, con una oposición. La oposición es inevitablemente dialéctica: la diferencia no lo es. No es la negación de una afirmación. Ni antítesis de ninguna tesis. La diferencia, estimado Sucesor, como la etnografía de Óscar Wao, escapa a la dialéctica.

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15/04/2009

Para leer Realidad, de Sergio Bizzio

Por

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com


Realidad

¿Y ese Bizzio quién corno es?

El vínculo estigmático entre realidad y ficción, estimado Sucesor, implica la lectura sucesiva de textos variados que parten desde la inteligencia benefactora de los inestimables griegos, pasando luego por los filósofos pre-kantianos. Para sobrevolar, sin mayores detalles, a los teóricos del romanticismo. Alemán e incluso inglés. Sin olvidar detenerse en los antológicos teóricos de la revolución socialista. Hasta desembocar, para regocijo de las amas de casa con inquietudes, en la tristeza nihilista del posmodernismo peor digerido. Previa fagocitación -ineludible, estimado Sucesor- de las recomendables lecturas de abominadores crónicos de la cuestión. Como el histérico Theodor Adorno.

Sin embargo, estimado Sucesor, me niego a quitarle más tiempo del estrictamente necesario. Paso a informarle, sin más, que Realidad, novela de Sergio Bizzio, trata de la mecánica y la lógica centrípeta de los desplazamientos.

A. Primer desplazamiento: soportes

El primer desplazamiento, estimado Sucesor, supura obviedad. Insisto en remarcarlo, en todo caso, por la sana costumbre -es decir: estatalista y conservadora- de establecer series. Trátase del desplazamiento del soporte. De la maquinaria de ondas de alta frecuencia que compone un televisor, a la maquinaria de rayas de tinta que compone un libro.

Usted, estimado Sucesor, con su modestia habitual, no dudará en decir: Por supuesto, Realidad es un libro. Un libro escrito sobre la televisión. En calidad de crítico canónico, yo habré de responderle: Por supuesto, estimado Sucesor. Pero preste atención al siguiente recorte de la novela:

Asaltar el canal… Nadie estaba al tanto del ultimátum terrorista, pero sí de la posibilidad de asaltar el canal: de esa manera se resolvía esta clase de asuntos en la literatura que habían oído, en el cine que les habían dicho, en el periodismo que los entretenía y en la televisión que los había formado.

Relea con atención las construcciones propositivas adjetivas. Perciba el mecanismo de desplazamientos en los grados de percepción (la literatura que se oye y no se lee, el cine que se dice y no se mira) de los soportes. Porque el desplazamiento perceptivo de los soportes, estimado Sucesor, es la clave crítica -aunque algunos insisten en confundirla con una parodia y hasta con la más rústica comicidad– de un temario insistente entre los terroristas que toman el canal que trasmite Gran Hermano y los participantes del juego rabiosamente dominados por su voluntad de ganar. A falta de una descripción menos clara y más compleja, sugiero llamar a ese temario, sencillamente, la decadencia de la cultura. Establezco aquí, estimado Sucesor, el primer axioma crítico de Realidad: la decadencia de la cultura es una serie de desplazamientos.

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01/04/2009

Para leer Los domingos son para dormir

Por

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com


Los domingos son para dormir

I. Cosmopolitano ? Cosmopolita

La manifestación de feminidad, estimado Sucesor, consiste en la magnífica capacidad para la insatisfacción.

“No sé… es un poco… es simpático, no sé, medio paisano, se le nota el acento de campo… igual es chico para mí -dice.” (Fuera de temporada)

Insisto, estimado Sucesor, en que la insatisfacción no es una hermana insignificante de la histeria. Y que la histeria, a pesar del abuso incondicional de la doxa de origen cosmopolitano -gentilicio que usted no debería confundir, nunca, estimado Sucesor, con cosmopolita- no es tampoco un simple modus vivendi. En todo caso, es más bien una categoría de pensamiento compleja. En principio, estimado Sucesor, una categoría con la que hasta el triste Roland Barthes estaba familiarizado. Tal vez, por su magnetismo poderosamente capitalista.

“…no sólo hay que ser buena, también hay que parecerlo -crema Avon antiage que mantiene el equilibrio hídrico de la piel-, así hago yo…” (Las cosas que brillan a mí alrededor)

O casi le diría, estimado Sucesor, que, lateralmente, por su magnetismo lacaniano. Porque la histeria es, inevitablemente, la satisfacción producida por una declamación permanente de insatisfacciones.

“…fomentar prejuicios sobre la estupidez femenina siempre juega a favor: es bueno que el enemigo subestime las fuerzas del adversario (una suerte que el machismo y Matías no se den cuenta de eso)…” (Todo lo de anoche)

En otras palabras, estimado Sucesor, se trata de una constante imbatible en las construcciones contemporáneas de feminidad.

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27/10/2008

El devenir zombie

Por

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com


Cinco puntos alrededor de El amanecer de los muertos

George A. Romero (New York, 1940), el director y escritor de películas de terror evidentemente necrófilo -la muerte: obvia omnipresencia hasta en los títulos Night of the Living Dead (1968), Dawn of the Dead (1978), Day of the Dead (1985), Land of the Dead (2005)- aunque no por azar, implementó en sus películas una serie de innovaciones temáticas y formales que lo encumbraron como uno de los “popes” del género, convirtiéndose en uno de sus referentes más influyentes y prolíficos. Es, en suma, el inventor del gore: tripas sueltas, serpenteando sangre para salpicar a todos; escenas en las que cerebros (por poner un órgano) explotan de tal manera que pueda seguirse la trayectoria de sus muchos pedacitos por todo el decorado; sangre, sangre y más sangre, más algo de sexo bruto, son, en parte, un invento suyo. Inevitable, entonces, mirar una (cualquiera) de sus películas, al menos para reírse. Aunque también podrían mirarse para otras cosas.

Catalogado a fines de la década del ´60 como “cine independiente” (es decir, al margen del sistema de producción, distribución y circulación hegemónico hollywoodense, y, en consecuencia, inscripto en otros), el cine de Romero, con el tiempo, además de en curiosidad fílmica, pasó a convertirse, también, en una mercancía jugosa para los grandes estudios. Como dijo Theodoro Adorno, junto a Max Horkheimer, en su Dialéctica de la Ilustración:

“Distinciones enfáticas, como aquellas entre películas de tipo A y B o entre historias de semanarios de diferentes precios, más que proceder de la cosa misma, sirven para clasificar, organizar y manipular a los consumidores. Para todos hay algo previsto, a fin de que ninguno pueda escapar; las diferencias son acuñadas y propagadas artificialmente”. (“La industria cultural: Ilustración como engaño de masas”, pág. 168, Ed. Trotta)[1]

Al margen de la actual onda remake en Hollywood, situación que, si bien exhibe cierta sequía mental de los guionístas asegura un público cuantioso de nostálgicos o amnésicos (Batman Begins, Starkey & Hutch, Charlie and the chocolate factory, Spiderman, Swat, The ring, Texas Chainsaw Massacre y tantas otras son algunas de estas películas ready-made), en las remakes de las películas de Romero –Night of the Living Dead (1990), Dawn of the Dead (2004)-, además, como en todo el género terror, influyen otras cuestiones ligadas, indirectamente, a las razones de mercado. Razones generales que hacen al conflicto violento, la muerte y el pavor. Puntualmente, influye una de las producciones más constantes y expansivas del orden económico capitalista: la Guerra (y sus consecuencias).

El cine de terror se (re)produce en momentos históricos de (redituable) crisis y (funcional) ansiedad y pánico: Depresión del ´30, Segunda Guerra, Vietnam, Golfo Pérsico, Afganistán, Irak y G. W. Bush (lo cual explica un auge a largo plazo del género); pero, también, el proceso mismo de expansión y dominio neoliberal inexactamente bélico: marginalización y pauperización de la mayoría, concentración de recursos y bienes en la minoría, reestructuración de las normas de convivencia social y redistribución consecuente del espacio (público: villas miserias, privado: countries). Todo eso que esparce el FMI, y cuyo mejor ejemplo es Argentina.

De Dawn of the Dead (o El amanecer de los muertos, Z. Snyder, 2004), película a la que, por experiencia, no recomendaría intentar mirar con una mujer (más allá de la efectividad del chamuyo que justifique – o no – por qué habría que mirarla) pueden leerse determinadas ideas implícitas o explícitas que (insisto) hacen que valga la pena verla, aunque sea a solas:

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03/09/2008

Un episodio de barbarie sarmientina

Por

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com


La Historia, estimado Profesor, la escriben los que ganan.

Así imponen su propio mapa de ideas.

Su única percepción y diseño de lo que fue y debe ser la realidad.

Claro que, a veces, este único discurso se cruza, como es inevitable, con oposiciones: con las otras ideas. Con el disenso de los derrotados, Profesor.

Pero, ¿qué pasa cuando ese discurso único y esa sola idea dominante se permiten el fugaz arrebato de cruzar la línea y de conocer en carne propia al oponente? ¿Qué pasa cuando alguien disiente consigo mismo, estimado Profesor, aunque sea en una única ocasión?

Hablemos de Domingo Faustino Sarmiento.

Sarmiento pensaba que el gran problema de Argentina era el atraso. Civilización y barbarie. Como muchos pensadores de su época, entendía que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano, con lo que estaba en contacto con los ideologemas europeos. Y Europa, estimado Profesor, era el Progreso.

La barbarie, por el contrario, era el campo, el atraso, el indio y el gaucho. En una carta famosa, Sarmiento le aconsejaba a Mitre:

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27/08/2008

El peronismo de Jorge Asís

Por

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com


Menem, entonces el Jefe Político, se encontraba compulsivamente alojado en la quinta-prisión de Gostanián, alias El Gordo, el crítico literario de Mavrakis y Valdés.

Interrógolo, estimado Profesor, acerca de los orígenes improbables de una facción genética del ser. Del ser precisamente político. Del ser, específicamente, político y nacional. Prescinda usted, en este momento anterior a la pregunta clave, profesor trepalón, de cualquier eco portantieril. Interrógolo, entonces, acerca de la cuestión central del único ser político y nacional del que vale la pena interrogarse algo: ¿cuáles son los orígenes del peronismo? Y aún pidiéndole, además, que prescinda de cualquier eco puiggrosiano, ¿cuáles son las causas del peronismo?

Como es usted el que firma mis cheques, sabrá muy bien que mi tarea consiste en interrogarlo para, inmediatamente después, ahorrarle la tarea de responder. Le propongo partir de una base defendible: en principio, el sociológico no es un camino potable para comprender al peronismo. Mucho menos el de esa sociología culposa, que se gestó inmediatamente después de septiembre de 1955. Y que, hasta ese momento, con la autosuficiencia comprensible del impudor, prefería cerrar los ojos. Y taparse, además, la nariz. Ante el fenómeno.

Trátase, convengamos, la única brecha de comprensión posible para la cuestión peronista, mi querido Profesor, de la literaria. Eso se sabe en La Biela de Recoleta y en el Charly de Gorlero y la 29. Sitios, ambos, no sólo dotados de la gentileza indescriptible de ofrecer un ambiente ideal donde lucir camisas Rigar´s, sino donde también gozar de un respetablemente rápido wi-fi.

Catastro político e ideologemas setentistas

Si no el único, le decía, el literario es el mejor método para comprenderlo todo. Incluso, por supuesto, al peronismo. Del que supo ocuparse, en su momento, en el libro de cuentos La manifestación, el escritor Jorge Asís. Concretamente, en el cuento “La resistencia”. Que por sólo faltar en aquella antología ad hoc, Perón Vuelve, la vuelve prescindible. Comencemos, entonces, la excitante vivisección textual.

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