04/11/2008

Festival Internacional de Poesía en Rosario

Por


por G.M.


“Todos aquí para mirar arder y consumirse este fuego”. Con este verso de Juan L. Ortiz como divisa, entre el 5 y el 8 de noviembre se realizará la XVI edición del Festival Internacional de Poesía de Rosario, el evento poético más importante de la Argentina. Organizado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe y la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario, el Festival tendrá lugar en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, en otros espacios culturales y académicos de Rosario, será presentado en la Casa de Santa Fe, en la ciudad de Buenos Aires y ofrecerá por primera vez La Isla de la Poesía, un festival para chicos.

Mañana con una lectura a cargo del poeta y ensayista uruguayo Eduardo Milán dará comienzo una nueva edición del Festival. Algunos nombres realmente interesantes participan este año: Fabio Morabito de Méjico, Fabian Casas, el peruano Reynaldo Jiménez, poeta que ha trabajado mucho sobre Néstor Perlongher. Jiménez por ejemplo hará una performance el viernes en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia.

También vienen el chileno Jaime Huenún, la peruana Rocío Santisteban y la venezolana María Auxiliadora Álvarez. Además, leerán poetas de Bélgica, Brasil, Inglaterra, Irlanda, Chile. Charlas sobre edición de poesía, audiovisuales, y la presencia de Rodolfo Fogwill y James Fenton, son algunos de los ingredientes fuertes este año.


08/10/2008

Jugar con fuego: obedecer a lo que no se elige

Por

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Entrevista a Hugo Gola.

filtraciones

Fundó en 1990 la revista Poesía y Poética en Méjico. Actualmente dirige El poeta y su trabajo desde hace ocho años. Premio Konex en el 2004. Lejos de las estridencias, construye una obra única:

Hablo o canto/ por el gusto de hacerlo/ sin voz/ sin magia alguna/ ni pose/ ni postura…

El cuidado en el uso del lenguaje para recurrir a la simpleza:

…palabras repartidas/ cuidadosamente/ como armas.

Juan José Saer escribe en el prólogo de Filtraciones:

Gola fue la primer persona en quien pude observar una práctica del trabajo poético en la que el conocimiento y la reflexión sobre la historia y la razón de ser de la poesía tenían la misma importancia que la mera capacidad de escribir versos.

En Prosas, Hugo Gola dice:

Las mañanas son para mí el momento más rico del día, el de mayor disponibilidad, aunque muchas veces las pierda o gaste sin mayor beneficio. Lo que sé con certeza es que, sin ese espacio vacío de la mañana, el día se me vuelve difícil. Sin esas horas iniciales, lentas del alba –porque para mí allí empiezan las mañanas-, no alcanzo, en el resto del día, a acordar mi paso con el tiempo; algo así como si el ritmo inicial marcara lo que se dará en el resto de la jornada.

Es sábado, nueve de la mañana hora argentina. Uno tiene un ritmo de vida más parecido al de Abelardo Castillo. En Méjico son las siete de la mañana, el poeta –despierto quien sabe desde qué hora- espera y responde.

¿Cómo llega su primera publicación, con qué sensación?

Mi primera publicación no se dio muy temprano, yo tenía alrededor de treinta y tres años cuando apareció el primer libro. No fue el resultado de una intención mía de publicar sino que se había hecho un concurso en la ciudad de Santa Fe, lo hacía la Municipalidad. Un amigo -el día anterior al cierre del concurso- me dijo que él había pensado que yo debía presentarme. Le dije: “ya no hay tiempo”. Él me respondió “yo paso todo el material y mañana lo llevo”. Así se hizo, se presentó el material al concurso y fue seleccionado. El premio consistía en la publicación del libro. Es decir que mi primera publicación fue resultado un poco del azar.

¿Hay alguna persona que despierta en usted la necesidad de vivir de-en la poesía?

No sé si personas. Cuando uno empieza a escribir no tiene mucha relación con personas que puedan inducirlo a uno a trabajar, eso más bien viene un poco más tarde. En realidad, quien lo induce a uno a trabajar -más que las personas- son los libros.

La lectura de poetas, de obras narrativas o ensayísticas o de reflexión, es decir, a una disposición interna se suma el impulso que provoca la relación con los libros. A veces son escritores de la misma lengua o de otras lenguas. En mi caso, más que la poesía argentina, lo provocó mi relación con la literatura europea, italiana o francesa, también norteamericana. Ese aire que venía de otras partes fue muy importante para orientar la propia búsqueda.

Luego vinieron algunas relaciones personales entre los cuales no puedo dejar de mencionar la gravitación que tuvo inicialmente sobre mí la personalidad de Juan L. Ortiz. También la de algunos amigos con los que yo compartía mis preocupaciones como es el caso de Juan José Saer, con quien mantuve una larga relación desde los comienzos de ambos hasta el momento de su muerte.

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03/09/2008

Santa fe en la poesía

Por

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Se me ha sugerido escribir sobre autores de Rosario. Se me ha sugerido dar a conocer algunas nuevas voces de la ciudad. Tamaña empresa no es sencilla, sobretodo para alguien que no ejerce el oficio de crítico, sino más bien el de un pequeño difusor de actividades culturales y artistas -algunos conocidos, otros no tanto- en gran medida a través de la radio.

Nací en Rosario, pero me crié en San Jenaro Norte hasta los dieciocho años. Un pequeño pueblo pegado a San Genaro. Cualquiera diría que San Genaro anexó a su territorio a San Jenaro Norte, pero eso hiere mi susceptibilidad de origen. Prefiero pensar que ninguno de los dos existe hoy, ya que desde el año pasado se fusionaron y forman la ciudad de San Genaro (allí vive aproximadamente la misma cantidad de gente que habita una manzana del microcentro porteño).

Este período hace que me sienta más santafecino que rosarino. Por ende me pareció justo empezar haciendo una breve cita de quienes considero los tres mayores poetas del litoral, vinculados estrechamente entre sí, pero cada uno con una poética particular: Juan L. Ortiz, Hugo Padeletti y Hugo Gola.

Rosario tiene una potencia poética propia, varios lugares de lectura, numerosos escritores jóvenes intentando dar sus primeros pasos, un Festival Internacional que se realiza todos los años, y editoriales que se preocupan por dar lugar a estas expresiones.

Este itinerario comienza con un hallazgo reciente. Entre ellos, desde hace varios meses, se encuentra para mí Hugo Gola. Editorial Alción de Córdoba publicó en octubre de 2007 una recopilación de textos bajo el nombre de Prosas.

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30/07/2008

Escribir: arte de recibir palos y patadas

Por

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Entrevista a Ana María Shua.

Una de las notas negativas de Rosario en 2008 será la no realización de la Feria del Libro. La ciudad que se jacta a sí misma de ser icono cultural del país deberá esperar hasta el próximo año, para ver si las anteojeras de las editoriales locales encargadas de la realización, posibilitan el retorno de la Feria.
El año pasado en una sala colmada mayormente de niños, mujeres y ancianos, Ana María Shua leyó parte de su obra. Al día siguiente se realizó la entrevista en un hotel céntrico. La oralidad y la minificción, el oficio de la escritura, algunos de los temas de los temas de la charla.


¿Cómo fueron sus primeras experiencias con la escritura, previos a la publicación?

Lo que me pasó a mí es que empecé todo muy jovencita, escribía poesía en la escuela primaria y mi primer libro de poesía lo hice cuando estaba en la secundaria. Me estimulaba mucho una profe de teatro que yo tenía, ella me sugirió la idea de presentarme en un concurso; concursé y gané un premio muy chiquito del Fondo de las Artes y así publiqué mi primer libro. Casi no pasé por esa angustia.

Beatriz Guido leyó Los amores de Laurita y le pareció terrible, no sólo me dijo que no me la publicaba sino que me aconsejó que la queme.

Cuando empecé a tratar de publicar prosa empezó la complicación. Un escritor durante su carrera tiene que tener la piel muy dura, estar preparado para recibir palos y patadas. Y rechazos de todo tipo. Con mi primer libro de cuentos anduve de editorial en editorial y en todos lados me decían lo mismo “…si fuera una novela”. Finalmente recalé en una editorial que me dijo: “nosotros lo publicamos”. Me hicieron un contrato y yo creí que tocaba el cielo con las manos. No me di cuenta que el contrato establecía todas mis obligaciones para con el editor, pero la única obligación para el editor que era el plazo en que iba a editar el libro, había quedado en blanco.

Mucho tiempo después cuando el libro no salía, y no salía, me di cuenta lo que había firmado. En ese momento alguien me dijo que si le empezaba a pagar a ese editor quizá… y aceptó encantadísimo; le empecé a dar el dinero y él me daba los recibos al revés: en lugar de decir “recibí de Ana María Shua”, ponía “recibí de la editorial tal”. Puse mi dinerillo y el libro de todas maneras no salía.

Entonces en el interín escribí una novela y la presenté al concurso de Editorial Losada, y ganó el primer premio en los ‘80 y se publicó la novela en Losada. Después de que se publicó la novela con éxito, me sacaron el libro de cuentos.

Eso no me facilitó los libros que siguieron. Esa era una fantasía que yo tenía, que me iban a publicar todo lo que escribiera. Después intenté publicar La sueñera -minificciones- me dijeron “esto es poesía, esto no se vende” y no me lo publicaron; y otra vez con la carpeta de editorial en editorial.

Entonces escribí Los amores de Laurita, y dije: esto es un libro que sabía que era comercial, más allá de que a mí me gustaba y me interesaba como literatura, sabía que una novela con alto voltaje erótico era comercial. Sin embargo otra vez empecé el peregrinaje: en Losada la leyó Beatriz Guido y le pareció terrible, no sólo me dijo que no me la publicaba sino que me aconsejó que la queme. [Risas]

Fui a ver a uno de los jurados que estaba en editorial Legaza, que estaba publicando mucho, y no conseguí que me contestara nunca nada, lo llamé muchas veces y nunca me contestó. Ya tenía dos libros publicados con premios, exitosos, y nadie se animaba con Los amores de Laurita, hasta que finalmente lo publicó Sudamericana.

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16/07/2008

Un escritor escribe hasta cuando no escribe

Por

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Entrevista a Abelardo Castillo.

Pasada la medianoche atiende un contestador automático, sin embargo del otro lado Abelardo Castillo trabaja como reconocido noctámbulo. “Usted empiece a hablar igual”, advierte Silvia Iparraguirre su mujer, días antes de concretar la charla. En efecto, listo para disparar, Abelardo responde.

Habla de sus comienzos, hace referencia a Kafka, Sartre, y cuenta una anécdota imperdible sobre Pío Baroja. Es uno de los escritores vivos más importantes del país. Recibió el Premio Internacional de Autores Contemporáneos de la UNESCO en París, el Premio Casa de las Américas de Cuba, Municipal de Novela, Nacional Esteban Echeverría y un Konex de Platino. Trabaja casi siempre durante la madrugada y aconseja a los inéditos poner la libido en el acto de escribir.

Abelardo Castillo
Foto: Martín Felipe, para ADN Cultura

¿Qué relación establece con los alumnos en sus talleres?

Es la relación de alguien que asiste a un taller y yo, hasta que pasan un número de meses o hasta de años y se transforma en una especie de relación de pares. No creo demasiado en la relación discípulo-maestro, aunque he tenido innumerables maestros. En la relación personal cuando trato con un escritor, aunque tenga veinte años, y estoy seguro que se toma la literatura en serio, se transforma en una relación de pares.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes escritores acerca de la ansiedad por publicar?

Les diría que posterguen esa ansia de publicar un libro y la ubiquen en la necesidad de escribir. El escritor fundamentalmente lo que siente es necesidad de escribir, la necesidad de publicar se da bastante más tarde cuando uno siente que puede comunicar. Cuando es mera necesidad de publicar, muchas veces es pura vanidad y no tiene nada que ver con la literatura. Basta ver los diarios de Kafka para darse cuenta que todo su poder literario lo había puesto en la escritura y casi terminó desdeñando la publicación al punto que pidió que sus obras fueran quemadas. No es el único caso donde se nota evidentemente lo que desde el punto de vista psicoanalítico llamaríamos la libido, esta puesta en el acto creador y no en el acto de publicación.

¿Cree que si alguien empieza a trabajar sobre un texto a sabiendas de que será publicado, le quita rigor artístico?

Hay dos maneras de ver ese “saber que se va a publicar”. Uno puede tener la certidumbre secreta de que su obra a la larga se va a publicar que es lo que siempre ocurre con las obras que verdaderamente importan. Y también puede tener un contrato editorial; en este segundo caso evidentemente no significa nada. La certidumbre interna, personal y a veces intransmisible, eso sin duda está en el deseo secreto de todo escritor, aun cuando, citando nuevamente a Kafka, decida quemarla. Pero cuando él decide que su obra no debe ser publicada es porque no la considera publicable, porque él cree que era una obra frustrada; afortunadamente Max Brod -que fue su albacea testamentario- no creyó lo mismo y para felicidad de todos nos legó su obra.

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15/07/2008

Ejercicios del oído

Por

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Escribir es una tarea auditiva. El lenguaje mismo es un sonido articulado, por ende, heterogéneo y mutante. La conversación se convierte entonces en una instancia de aprendizaje, de intercambio. Así como Arlt hacía hablar a sus personajes, Puig grababa a sus amantes o Rulfo dialogaba con los ambulantes, la escritura es –fundamentalmente- una tarea de escucha.

La voz es una extensión del cuerpo, allí es posible percibir los rasguños, las pasiones, los anhelos. Luego la tensión en el renglón o en la página en blanco o en donde se pueda, pero siempre esa tensión. Dice Gilles Deleuze que “escribir es buscar el límite entre lenguaje y animalidad”. En ese borde -entre las reglas y los ruidos- transitamos con más verosimilitudes que certezas; con más intenciones de avances que encuentros efectivos.

Este espacio nuevo en Hablando del Asunto, escrito desde la húmeda Rosario, donde a menudo la gente aspira la “s” para guardar un poco de aire -de tacaños nomás- pretende dialogar con los “otros”. Los que le dan algún sentido a la escritura. Porque como dice Bajtin: “Mi propia expresividad encuentra a todas las palabras ya habitadas por la expresividad del otro”.

A partir de la lectura, la conversación y sus bifurcaciones; se intenta abrir otras posibilidades de escritura; otras formas vitales.

Esta columna se alimenta en gran medida de un programa radial llamado “Tropofonia”, una experiencia de trabajo colectivo que actualmente se emite por www.fmaz.com.ar los sábados de 21 a 22. La radio es uno de los lugares que elijo para intentar contagiar las ganas de leer y –de algún modo- poner a disposición de quienes están vinculados a la creación artística un lugar de experimentación, producción y circulación.

Para seguir leyendo:

02/07/2008

Una obra sobre lo siniestro de lo cotidiano

Por

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Entrevista a Tato Pavlovsky

Estrena Sólo bruma en el mes de julio en Buenos Aires con dirección de Norman Brisky. Es uno de los dramaturgos más importantes de la Argentina. El conflicto por las retenciones, la influencia de Deleuze; la relación entre ficción y realidad; forman el itinerario de una entrevista con Eduardo “Tato” Pavlvosky.


¿En qué momento decide empezar a utilizar el teatro como modo de expresión?

Creo en el ‘57 cuando vi “Esperando a Godot”, fue un descubrimiento no teatral sino existencial para mí porque ese autor, Samuel Beckett, me plantea un problema muy fuerte, me plantea la profesión, me plantea la angustia, la vida, la muerte, el deterioro. No sé si no es la obra del siglo. Yo era muy joven y ahí fue donde empecé a tomar contacto con el teatro y a estudiar con Asquini Boero.

¿Cómo cree que lo modifica la lectura de la filosofía de Gilles Deleuze, a la hora hacer teatro en los últimos años?

Es muy difícil saberlo porque yo he elegido una forma de teatro y después lo he leído teóricamente. Por ejemplo La caída de la representación, se refería a un teatro de estados, los personajes no están definidos por una singularidad, un contorno, sino que tienen muchos devenires. Esto corresponde a la filosofía de Deleuze, la posibilidad de los devenires que uno tiene y va creando acontecimientos, tal vez todo mi teatro está impregnado.

La literatura norte- americana me resulta muy afín a la manera de concebir el teatro, más que la Europea.

Cuando murió Deleuze yo hacía psicoterapia en grupo de niños, y decía “he sido deleuziano sin saberlo”; yo planteaba una metodología de grupo que no era la común, lúdica, más abierta, que correspondía no a la mirada individual de cada chico, sino a la figura que creaba, con un nuevo tipo de individuación. Es una mezcla, hago transitar cada personaje mío por muchos devenires existenciales, en ese sentido podría decir que la influencia de Deleuze es importante en la producción actoral, autoral y de médico.

¿Qué cosas de la cotidianeidad le permiten fluir y cuáles le disminuyen la potencilidad?

Soy bastante lector de muchas cosas, preocupado por muchos temas que superan lo teatral y van de lo teatral a lo político. Me parece que siempre estoy buscando la pasión, los afectos alegres, la acción, en detrimento de la resignación, las pasiones tristes, tomando una concepción spinoziana ¿no? Lo que me hace vivir a mí es mi próxima obra Solo bruma, que se estrena el cuatro de julio en el Centro Cultural de la Cooperación. Para mí es vida, es decir, tengo la misma ansiedad que cuando estrené La espera trágica. Eso me parece es el intento del desafío de seguir con la pasión, con el devenir, de seguir siendo joven ya siendo viejo.

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