19/09/2011

No sos vos, soy yo. Despedida.

Por

A menos que pase algo raro, este es mi último post en Hablando del asunto. Mi despedida. A ver si puedo contarles en unas pocas líneas por qué lo dejo.

Tomé la administración de este blog allá por diciembre de 2008, no parece tanto tiempo en la vida de una persona pero sí lo es en la vida de un blog, muchísimo. Un poco antes ya había empezado a colaborar semanalmente.

Como todos ustedes saben, Patricio Zunini comenzó Hablando del asunto. Cuando él se fue a trabajar en Eterna Cadencia, lo dejó en mis manos. Arranqué con muchísimo entusiasmo y publiqué durante una buena parte del tiempo tres posts diarios de lunes a viernes. A veces con la colaboración de amigos, otras no. Eso es bastante trabajo. El blog se convirtió en una parte fundamental de mi vida, ocupando mi tiempo todos los días hasta las dos y tres de la madrugada en una rutina que no es sostenible para siempre.

Hice entrevistas y participé en buena cantidad de eventos que sin Hda seguramente no hubiese podido presenciar. Habrán podido ver que las editoriales me enviaron pilas de libros. No podría decir específicamente cuántos pero créanme que fueron muchos. Para todos aquellas cabecitas inquietas: puedo contar los libros que pedí con los dedos de una mano. Las editoriales nunca me condicionaron o me pidieron alguna contraprestación non-sancta a cambio de un libro. Yo, en cambio, siempre me sentí un poco responsable en devolver la confianza y el favor que los editores y los autores pusieron en este espacio. La mayoría de las veces con un acuse de recibo, la tradicional foto y en el caso de los libros que más me interesaban, con algún texto dedicado especialmente.

Todo esto empezó, escribir en el blog, por las ganas de leer y de compartir esa experiencia, la de la lectura. Siempre nos jactamos de no ser excluyentes y de compartir la lectura como una actividad placentera, no dogmática. Creo que lo logré, que lo logramos. Tanto yo administrando el espacio como los colaboradores que ustedes pudieron conocer a lo largo de estos años.

Personalmente estoy muy orgulloso de  las cosas que publiqué, hayan salido de mi teclado o no (la mayoría, no). Eso hizo que Hda se convirtiera en un espacio de consulta y referencia.

Pero este año, empecé a trastabillar. Se dieron algunos cambios en mi vida que apretaron mi rutina y mantener el blog como se merece terminó siendo más una carga que un placer. En un momento dado dejé de leer; ya sean los libros que me enviaban, como los libros que quería leer por gusto personal. Ahí me sonó la alarma. Desde entonces intenté encontrarle una vuelta al problema pero no lo logré, el tiempo es precioso, finito. Lo que sí pude es darme cuenta de que ya se había cumplido un ciclo para mí, que prefería dejar este espacio para que lo continúe alguien más antes que empezar a despreciarlo. Me costó mucho llegar a la decisión; por eso me estoy despidiendo.

Quiero agradecer a muchas personas, pero ya sé que no voy a poder hacerlo como corresponde en este texto brevísimo. Agradezco a los escritores, a las editoriales y a los periodistas que vieron en este blog una fuente de calidad y reconocieron el trabajo y la responsabilidad que pusimos en cada post.

También quiero agradecer a mis amigos y colaboradores que hacen que este texto oscile entre la primera persona del singular y la primera del plural casi sin que me de cuenta. Permitanme que señale especialmente a los que me acompañaron en el día a día: Al gran Federico Reggiani, maestro de maestros, al incansable lector Marcelo Zuccotti, al emprendedor Fabricio Tocco, al finísimo Cristian Piazza y al curioso Leandro Vives. Todos son mis amigos.

En nombre de ellos a todos los lectores, los que me acercaron un texto, los que me señalaron una falta de ortografía y los que gracias a este blog, se entusiasmaron y leyeron un libro.

Yo me retiro a leer un rato, si me buscan, estoy acá. Muchas gracias.


09/09/2011

Escribir, escribir sobre historietas, escribir sobre cualquier cosa

Por

La autobiografía, la confesión, la autocrítica, el curriculum vitae y la despedida son formas que inventamos para darnos importancia.

Por una vez voy a ceder a una poco decorosa primera persona. Casi cada viernes, por más de dos años, publiqué en Hablando del Asunto una página de texto. Casi siempre, escribí sobre historietas. Escribir sobre historietas es, en principio, como escribir sobre cualquier cosa, aunque se corre algún modesto riesgo adicional: siempre hay una sospecha de impostura o de exceso, como si la historieta no se pudiera encerrar en palabras o no valiera la pena el esfuerzo. Las relaciones de la historieta con el mundo de aquello que alguna vez se llamó la “cultura letrada” (esa vieja señora) no son, todavía, del todo armónicas, lo que bien mirado es para celebrar.

También escribí un poco sobre literatura, un poco menos sobre política, bastante sobre el modo en que me gusta que las frases suenen. Cité a Borges más seguido de lo recomendable, despedí a algunos desconocidos (Cascioli, Solano López, sobre todo Fogwill) que nunca sospecharon los efectos de su trabajo en mi educación sentimental. Me di el gusto enorme de tener lectores más o menos atentos a la textura de mis caprichos ocasionales. Aprendí mucho sobre esa gimnasia que llamamos escribir.

El deseo es un insumo escaso. Durante más de dos años disfruté la certeza de tener ganas de escribir, por lo menos una vez por semana. Es algo para agradecer, así que le agradezco a Matías, que es sin dudas un gran editor1, aunque no haya logrado convencerlo de que es posible repetir cinco veces una palabra en el mismo párrafo sin perder la elegancia.

Nos leeremos otra vez, calculo: sé que me queda por lo menos un magnífico libro que no llegué a comentar y, en cualquier caso, lo que tiene el deseo es que es más vale movedizo y uno nunca sabe cuándo le toca aparecer de nuevo. Digamos que son unas vacaciones

1 N del E.

05/09/2011

Cosas que los nietos deberían saber

Por

Cosas que los nietos deberían saber,
de Mark Oliver Everett (Puntocero, 2011)

Esta historia empezó mucho antes que el libro fuese escrito. Fue a mediados de 2006 en que junto a uno de mis amigos más cercanos visitábamos una disquería y él, melómano si los hay, me recomendó Blinking Lights and Other Revelations, de una banda llamada Eels. “Un bajonazo, pero muy bueno”, me advirtió. Lo era. En marzo de 2008, en un artículo aparecido en una revista española de divulgación científica –que aun recibo periódicamente- se hacía alusión al padre del cantante de esa banda; un eminente físico en su tiempo, creador del concepto de “universos paralelos” en mecánica cuántica –y, de paso, daba cuenta de su “caída en desgracia” y de los avatares de la relación con su hijo, expuestos por éste en la letra de una canción-. Cuán grande habrá sido mi sorpresa cuando, ante el escaparate de una librería palermitana, la última semana me choqué –literalmente- con la portada de este libro, cuyo título recogía el nombre de aquella canción. De ahí a leerlo, un paso.

Aclaro que el autor, muy reconocido en E.E.U.U. como músico y compositor, no hace más que contarnos en una suerte de biografía informal, todo lo ocurrido en el seno de su entorno familiar, sin alardear sobre su condición de músico, ni utilizar el texto como trampolín para promover las ventas de sus discos; nada más lejos. Es la descarnada –y si se quiere, burlona- historia de su vida, en la que repasa sus vínculos con un padre genial pero ausente –que muere joven-; una madre emocionalmente inestable –víctima del cáncer-; una hermana mayor adicta al alcohol y a las drogas –cuyo suicidio se anticipa- y hasta con una prima azafata, que volaba en el avión que se estrelló contra el Pentágono. Vida – catástrofe si la hay.

Lo destacable es que Everett –o Mr. E, como se lo conoce- puede sobrellevar el dolor y la angustia que provocan esta serie de infortunios, convirtiendo todo lo negativo en música, su único refugio y amparo. En ningún momento hace apología de sus actos, como tampoco se aboca a la búsqueda de golpes de efecto acudiendo a poses lastimeras para el lector; sólo narra los hechos como un observador externo, no sin cierta melancólica ironía.

Son escasas las escenas donde el autor se reconoce feliz; tiende a asumirse como un “tipo difícil”, al que la adversidad pareciera robustecerlo. La tragedia familiar en la que se ve envuelto es acompañada con las realidades que pululan en el mundo discográfico, del que rescata su obra, explicando sus porqués. Pero, ante todo, es su propia capacidad de resiliencia la que expone al público; esa virtud de transformar todo lo patético e intolerable que le ocurre en una obra de arte, algo valioso también para los demás.

No suelo leer libros de rock, porque considero que el rock es para escuchar, no para leer. Ésta ha sido una excepción, puesto que resulta un intento de exorcizar los demonios que todo ser humano posee en su interior, lo que también muchas veces se evidencia en la literatura. Son pocas las ocasiones en que ambas –música y literatura- están de acuerdo. Afortunadamente, ésta es una de ellas. Bienvenida, entonces, esta inyección de ánimo.

19/08/2011

Fantagás, de Carlos Nine

Por

“Se dice que Girri es un poeta ‘intelectual’ –aunque , salvo algunos surrealistas, los débiles mentales nunca han escrito poesía”. El memorable brulote es de C. E. Feiling (Con toda intención, p. 95), y resume bien cierta sensación de debilidad, no necesariamente mental, que producen esos avejentados textos que utilizan la receta surrealista. Borges hubiera compartido el dictamen: Bioy Casares recuerda en su Borges (p. 327) que Jorge Luis habló alguna vez de “la creación impremeditada, repentina” de los surrealistas, que “es un procedimiento para los que enfrentan el famoso problema de Mallarmé de la página en blanco. Ése es un problema de periodistas, no de poetas. El periodista debe llenar un número de páginas. El problema del poeta consiste en cómo decir lo que tiene que decir”

No creo que pueda sostenerse que Borges o Feiling defendían una poética de lo racional: el chiste de Feiling discute eso. Sí que defendían una poética de lo deliberado: no es el azar, sino la decisión lo que construye el efecto poético.

La debilidad adolescente que produce (o al menos me produce) cualquier texto canónicamente surrealista, creo que puede tener que ver con que el surrealismo, o lo más interesante del surrealismo, es básicamente visual. La frase del Conde de Lautréamont, tan festejada por los surrealistas, “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas” funciona como la descripción de una instalación o un cuadro: es el cruce de los objetos lo que produce la belleza, más allá de los sentidos de esos objetos, salvo, quizás, por el carácter ominoso, y caro a cierto tremendismo surrealista, que aporta la mesa de disección.

Creo que este desvío un poco extenso puede ser útil como introducción a Fantagás, el libro de Carlos Nine que editó Moebius. Carlos Nine es uno de los más extraordinarios dibujantes que hayan dado estas tierras de muy buenos dibujantes, y hacía mucho que no podía verse por aquí alguno de sus trabajos, así que esta edición ya es una buena noticia en sí. (El libro recopila una historieta aparecida en Fierro, con una calidad de impresión que la hace parecer algo completamente nuevo).

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16/08/2011

Carver, el pesimista

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Supe de Carver desde hace tiempo, puesto que varios lectores amigos ya me habían señalado su magnífica prosa. De hecho, me recomendaron su lectura en más de una ocasión. Pero no contaba en mi haber con ningún título suyo, más por una cierta negación que mantengo hacia el género del relato –al que no soy muy afecto y en el cual el autor ha sido reconocido, aun por sus pares-, que por desinterés hacia su obra. Al final, tanto fue el cántaro a la fuente que no quedó más remedio que hacerme el tiempo para encarar lo que muchos suscriben como su mejor ejemplar. Y debe serlo; no por nada la casa editora lo anuncia como su decimotercera edición.

Este volumen se compone de una colección de cuentos relativamente breves que abordan temáticas diversas. En todos ellos se percibe una atmósfera de amenaza, como si algo inminente fuera a ocurrir, aun cuando lo que suceda finalmente no cobrase trascendencia o no estuviera a la altura de la expectativa generada.

En un estilo seco y lacónico, -minimalista, para ser preciso-, Carver despliega a través de una galería de personajes cotidianos sendos paisajes opresivos, en donde la tensión va en aumento y con desenlaces que muchas veces resultan inesperados. Así, los protagonistas son siempre gente común, parejas mal avenidas o separadas; depresivos por falta de empleo; padres ausentes y borrachines en reeducación –notoriamente presentes en varios relatos-, entre otros; todos entrelazados mediante malentendidos, situaciones violentas, experiencias frustrantes, circunstancias incómodas, con rencores y decisiones equivocadas incluidos.

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12/08/2011

Francisco Solano López (1928-2011)

Por

Murió uno de los más grandes historietistas de la historia.

Los recuerdos  no van a faltar, porque Solano disfrutó en estos últimos años de un merecido y consistente reconocimiento. Sólo me gustaría anotar por aquí dos o tres observaciones sobre su obra, que quizás podamos ampliar alguna vez.

En principio, Solano López fue un enorme dibujante, pero un dibujante discreto. Aunque era dueño de uno de esos estilos que se reconocen de inmediato, también es cierto que los lectores sensibles al efectismo podría pasarlo de largo como a un dibujante correcto más, como tantos. Creo que el gusto por Solano López es un gusto maduro, porque sus logros mayores (un lenguaje corporal y sobre todo gestual incomparable, una memoria sensible para los detalles, las arquitecturas y hasta las caras del pasado, y un montaje fluído hasta la invisibilidad) no son compatibles con la búsqueda del asombro fácil.

Quizás un efecto de esa discreción sea el riesgo de que Solano López sea recordado sólo por una obra mayor (El Eternauta) y menos que eso, por un pictograma afortunado.

En las librerías argentinas se pueden conseguir, con apenas un poco de esfuerzo, Ana, Historias tristes El día del juicio y Slot Barr. Y, por supuesto, Evaristo: esa historieta enorme, uno de los más grandes libros que se hayan hecho en Argentina. Qué mejor despedida para un dibujante que dedicar un día de lluvia a leer una de sus historietas.

11/08/2011

Bricolaje libresco

Por

Aunque no lo crean, este blog también es servicio, es por eso que en esta ocasión les acercamos un motivador material que ni en Utilísima les habrán ofrecido.

En cualquier tienda de decoración palermitana, podrán ver que el objeto fetiche libro, se convierte en una excelente materia prima para lámparas, estanterías y ventanas, entre otros objetos. Todas esas ideas, las sacan de The Repurposed Library: 33 Craft Projects that Give Old Books New Life, un libro con 33 proyectos del más cool bricolaje libresco. Está a la venta en Amazon por apenas U$S 16, 47, dinero con el cual no se comprarían ni medio de los artículos que se enseñan a fabricar en él.

Como materia prima para estos divertídísimos proyectos pueden comprar libros por metro en las feria de Plaza Italia, de los que usan para hacer escenografías televisivas o pueden entregarse al frenesí pro-ebook y achurar sin más la propia biblioteca.

 

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