02/09/2010

Democracia en la escuela

Por

Un 2 de septiembre de 1805 nacía en Buenos Aires Esteban Echeverría. Luego sería el poeta más importante de su generación y uno de los fundadores de la literatura argentina.

Lo que sigue es un fragmento del libro Esteban Echeverría, ideólogo de la segunda revolución de Felix Weinberg (Taurus, 2006)

Echeverría tuvo a lo largo de su vida, y especialmente durante sus últimos años, un profundo y reflexivo interés acerca de la educación. Con su visión política evaluó en los países del Plata la realidad del estado educacional de su época, recogió los antecedentes posrevolucionarios y a partir de ahí escrutó el futuro inmediato.

La educación para Echeverría no era un instrumento aséptico, aislado de la vida de la sociedad y limitado a la alfabetización. La educación debe tener como objetivos superiores la formación de ciudadanos y de productores, aspectos que más tarde desarrollaría Sarmiento en sus obras sobre educación popular.

Echeverría introduce en la escuela por vez primera entre nosotros el concepto de democracia. Interpreta Echeverría a la democracia, en este campo, como contenido de la concepción de los objetivos de la enseñanza y como marco de todas las actividades de la escuela.


08/06/2010

Toda La ilíada en gráficos

Por

Allá por diciembre de 2008 y después de publicar un esquema genial sobre el universo de La divina comedia, el escritor Martín Cristal inició una serie de posts en los que se dedicaría a todos los cantos de La ilíada y sus respectivas batallas (aunque avisa que los realizó durante 2006, en Adobe Illustrator).

La divina comedia, La ilíada y todas las grandes obras de la humanidad son amplísimas y admiten infinitas lecturas y enfoques. Ésta es una que ojalá yo hubiera tenido en mi primer intento de lectura, allá por mis quince años, mucho antes de que me pudiera interesar la métrica, la tradición o el mundo clásico. Editores: no duerman.

15/02/2010

Power Moby-Dick

Por

Hay libros que son más fáciles de leer que otros. Algunos por circunstancias históricas, otros por el modo de escribir del autor. Esos problemas se solucionan con las llamadas “ediciones anotadas” que no son otra cosa que los libros editados con el agregado de notas de un especialista en el tema para ampliar o explicar el texto.

Hay algunas que son muy buscadas y exhibidas por sus dueños con orgullo. Ahora me viene a la cabeza la edición de Viajes de Sarmiento anotada por Palcos pero también la excelente y más conseguible Cien años de soledad de la RAE. Lo mismo pasa con las ediciones de textos clásicos de Gredos.

¿Pero internet no podría aportar nada a esto? Claro que sí. La gente que hizo Power Moby Dick vio la herramienta y la utilizó poniendo online la novela clásica de Melvilla repleta de notas disponibles para todo el público. Si bien esta no es una edición colaborativa donde todos podemos agregar nuestras notas a la manera de una wikipedia, la idea hace pensar que tarde o temprano estos proyectos tienen que multiplicarse y así continuar con lo mejor que nos puede dar internet, la socialización del conocimiento.

Lo vi en Literatura electrónica

22/01/2010

LXI (César Vallejo)

Por

Desde hoy nos van a acompañar Ezequiel Zaidenwerg y Alejandro Crotto con una selección de poemas comentados especialmente para Hablando del asunto, en entregas semanales. Esperamos que los disfruten tanto como nosotros.

***

LXI

Esta noche desciendo del caballo,
ante la puerta de la casa, donde
me despedí con el cantar del gallo.
Está cerrada y nadie responde.

El poyo en que mamá alumbró
al hermano mayor, para que ensille
lomos que había yo montado en pelo,
por rúas y por cercas, niño aldeano;
el poyo en que dejé que se amarille al sol
mi adolorida infancia… ¿Y este duelo
que enmarca la portada?

Dios en la paz foránea,
estornuda, cual llamando también, el bruto;
husmea, golpeando el empedrado. Luego duda
relincha,
orejea a viva oreja.

Ha de velar papá rezando, y quizás
pensará se me hizo tarde.
Las hermanas, canturreando sus ilusiones
sencillas, bullosas,
en la labor para la fiesta que se acerca,
y ya no falta casi nada.
Espero, espero, el corazón
un huevo en su momento, que se obstruye.

Numerosa familia que dejamos
no ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cera
puso en el ara para que volviéramos.

Llamo de nuevo, y nada.
Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal
relincha, relincha más todavía.

Todos están durmiendo para siempre,
y tan de lo más bien, que por fin
mi caballo acaba fatigado por cabecear
a su vez, y entre sueños, a cada venia, dice
que está bien, que todo está muy bien.

Trilce (1922), de César Vallejo, suele considerarse un libro experimental. Pero más allá de sus aventuras léxico-sintácticas, y a menudo a pesar de ellas, existe un núcleo de poemas cuya efectividad no se debe a esas torsiones, sino a que recrean en el lector la intensidad de una experiencia.

En el poema LXI, el sujeto regresa a la casa de su niñez. Ya en la primera estrofa quedan claramente delimitadas dos temporalidades: el presente, caracterizado por la oscuridad nocturna, y el pasado del recuerdo, con predominio de imágenes solares. Eventualmente, estas temporalidades habrán de confluir: al “cantar del gallo” sigue “el poyo en que dejé que se amarille al sol mi adolorida infancia”, y luego, ya acercándose la noche, “ha de velar papá rezando, y quizá / pensará se me hizo tarde”. Sin embargo, la noche del recuerdo contrasta fuertemente con la noche presente: en la primera, de atmósfera festiva y bulliciosa, las hermanas están “canturreando sus ilusiones / sencillas, bullosas, / en la labor para la fiesta que se acerca”, mientras que en el presente del poema la casa “está cerrada y nadie responde”.

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13/01/2010

Yo acuso

Por

El programa de Victor Hugo en Radio Continental es de lo mejor que se puede escuchar por la mañana. Hoy recordó el aniversario del Yo acuso del escritor Émile Zola, un hito de la lucha contra el antisemitismo a nivel mundial que es recordado hasta hoy por el escándalo que significó para la sociedad francesa.

Aunque leí el texto alguna vez, nunca había visto cómo se editó originalmente. Hoy puede verse en Internet, gracias a la inmensa Wikipedia, 113 años después (clic acá para leer en castellano).

Por suerte ya superamos todos los problemas de discriminación en el mundo.

02/12/2009

Las lecciones del Marqués

Por

DOLMANCÉ: Y bien, angelito, ¿estás convencida? ¿Vas a seguir pensando que la sodomía es un delito?

EUGENIA: Y aunque lo fuera, ¿qué podría importarme? ¿Acaso no me habéis demostrado la inexistencia de esos delitos? Son muy pocas las acciones que ahora se presentan como criminales ante mis ojos.

DOLMANCÉ: En este mundo no hay nada criminal, querida niña, no importa de lo que se trate: la más monstruosa de las acciones, ¿no tiene acaso para nosotros una faceta que nos es propicia?

EUGENIA: ¿Quién lo duda?

DOLMANCÉ: Pues bien, desde ese momento deja de ser un crimen; porque para que fuese un crimen aquello que a uno le sirve mientras al otro le perjudica, habría que demostrar que el ser dañado es más valioso a la naturaleza que el ser favorecido. Ahora bien, esta predilección es imposible, pues todos los individuos son iguales ante los ojos de la naturaleza; en consecuencia, la acción que beneficia a unos y perjudica a otros, le es completamente indiferente.

En Filosofía en el tocador de Marqués de Sade, Edimat (1ra ed. 1795), p.130

10/11/2009

En el día de la tradición…

Por

Dende que elige a su gusto, (6545)
lo más espinoso elige;
pero esto poco me aflige
y le contesto a mi modo:
la ley se hace para todos,
mas sólo al pobre le rige.

La ley es tela de araña
en mi inorancia lo esplico:
no la tema el hombre rico;
nunca la tema el que mande;
pues la ruempe el bicho grande
y sólo enrieda a los chicos.

Es la ley como la lluvia:
nunca puede ser pareja;
el que la aguanta se queja,
pero el asunto es sencillo:
la ley es como el cuchillo,
no ofende a quien lo maneja.

Fragmento correspondiente al Moreno, en la contienda que sostiene con el gaucho Martín Fierro.

Si no condenamos a Martín Fierro, es porque sabemos que los actos suelen calumniar a los hombres. Alguien puede robar y no ser ladrón, matar y no ser asesino. El pobre Martín Fierro no está en las confusas muertes que obró no en los excesos de protesta y bravata que entorpecen la crónica de sus desdichas. Está en la entonación y en la respiración de los versos; en la inocencia que rememora modestas y perdidas felicidades y en el coraje que no ignora que el hombre ha nacido para sufrir. Así, me parece, lo sentimos instintivamente los argentino. Las vicisitudes de Fierro nos importan menos que la persona que las vio.

Jorge Luis Borges: El Martín Fierro*

(Cita tomada de la edición de Martín Fierro de Clásicos esenciales Santillana)

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