05/08/2011

De cómo Fabián Casas recomienda a Pamuk

Por

Cada vez que le digo a alguien que estoy leyendo los libros de Orhan Pamuk, me miran como si estuviera tan loco al igual que ese personaje de la película “Supersize” que, para demostrar que la comida chatarra te aniquila, se filma comiéndola sin parar hasta colapsar. Por algún motivo, a la gente no le gusta mucho Pamuk o le cuesta terminar sus libros. Yo hice un experimento. En los últimos tres cumpleaños de seres queridos, regalé La vida nueva para ver qué efecto tenía en ellos. El primero, que fue Pedro Mairal, un escritor que admiro, dejó de contestarme los mails y de atenderme el teléfono. Mi primo Carlos –un pintor cuarentón, ex monto- me dijo: “Me parece que el libro es mi vida, que me habla a mí. Me fascina, pero me hace mal leerlo”. El tercero, Diego Bianchi, un artista conceptual ultramoderno, me llamó y me dijo: “El libro me cambió la vida, voy a tener un hijo”.

En Breves apuntes de autoayuda, de Fabián Casas, Santiago Arcos editor, Buenos Aires, 2011, p. 138


14/07/2011

El culto del libro

Por

Yo he pensado, alguna vez, escribir una historia del libro. No desde el punto de vista físico. No me interesan los libros físicamente (sobre todo los libros de los bibliófilos, que suelen ser desmesurados), sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido. He sido anticipado por Spengler, en su Decadencia de Occidente, donde hay páginas preciosas sobre el libro. Con alguna observación personal, pienso atenerme a lo que dice Spengler.

Los antiguos no profesaban nuestro culto del libro -cosa que me sorprende; veían en el libro un sucedáneo de la palabra oral. Aquella frase que se cita siempre: Scripta maner verba volat, no significa que la palabra oral sea efímera, sino que la palabra escrita es algo duradero y muerto. En cambio, la palabra oral tiene algo de alado, de liviano; alado y sagrado, como dijo Platón. Todos los grandes maestros de la humanidad han sido curiosamente, maestros orales.

“El libro”, en Borges oral, de Jorge Luis Borges, Alianza editorial, Madrid, 1998, p 10.

11/04/2011

Liniers y Bioy Casares en Brasilia

Por

Brasilia propiamente dicha consiste en cierto número de casas en construcción -no tan pocas, advierto, como parecen desde el aire-, muy distantes una de otra. Aquello tiene algo del sueño de arte moderno de un funcionario imaginativo; tal vez, de un demagogo imaginativo. Ignoro hasta qué punto la nueva capital es necesaria y cómo el consiguiente derroche afectará a la economía del Brasil; he podido corroborar que la gente obligada a mudarse de Río a Brasilia está resentida y triste. Dicen que destruir las costumbres, alterar la vida cotidiana de tanta gente, es criminal. Brasilia es una operación de sátrapa indiferente a los sentimientos de miles y miles de personas que formaron su vida en Río y deberán truncarla, para empezar de nuevo en otra parte; pero también es una operación demagógica, porque las multitudes, por ahora no afectadas directamente, están orgullosas, exaltadas de patriotismo. Brasilia es ambiciosa, futura, pobre en resultados presentes, incómoda (1960).

Fragmento de Unos días en el Brasil (Diario de viaje) de Adolfo Bioy Casares, La compañía, Buenos Aires, 2010, pp. 40-41

11/03/2011

Uno de Las listas

Por

Comparto con ustedes un poema de nuestro compañero Lucas Mertehikian de su libro Las listas editado por El fin de la noche, que se presentará hacia fin de mes.

Mientras toma cocaína
en la cocina de su casa,
Camilo me habla
de los grandes problemas de nuestro siglo.
Algunos amigos saltan
de facultad en facultad
sin encontrar su vocación.
Otros siguen dos o tres carreras
al mismo tiempo.
Un conocido suyo enloqueció
leyendo foros en Internet,
porque pensaba que por ahí se mandaban mensajes
su novia y otro tipo.
Lo internaron después de encontrarlo
inconciente frente a la computadora.
Hacía tres días que no dormía
ni comía nada.
En el monitor quedaron
varias ventanas abiertas;
un foro de aeromodelismo y otro
de recetas naturistas.
En un documento de Word había pegado
algunas frases:
-Yo te recomiendo
una hélice de madera
-A veces no conviene
hervir todas las verduras.

04/03/2011

Mario Vargas Llosa: literatura y política

Por

Lo que sigue es un fragmento de una conferencia que dio Vargas Llosa en 2008 durante el Congreso “Lecciones y maestros”. Me pareció esclarecedor sobre el actual debate y la idea de algunas personas sobre esterilizar el probable discurso para que se trate “únicamente de literatura”. Abajo la referencia bibliográfica.

El compromiso del escritor estaba muy en el candelero cuando yo viví en París en los años 60; hoy día es un tema que casi no aparece en las preocupaciones de los escritores jóvenes. Creo que al final se ha entronizado, en nuestra época, la idea de que la literatura es fundamentalmente entretenimiento y diversión, sin que esto signifique nada peyorativo. Creo que a los escritores jóvenes hoy en día les parece ingenuo y pretencioso lo que en los años 60 nos parecía fundamental, que la literatura podía ser un instrumento para cambiar la realidad, para influir en la historia, para despertar la conciencia de los lectores sobre una problemática histórica, social, cultural, moral. En nuestro tiempo quien piensa así está de alguna manera desactualizado y es visto como una anomalía dentro de una cultura en la que la idea del entretenimiento o la diversión no tiene en absoluto ese carácter que parecía incompatible con la idea de un arte y una literatura serios.

En los años 60 este tema a mi se me planteó por primera vez de una manera dramática gracias a Sartre, que efectivamente tuvo mucha influencia en mi juventud y del que yo sólo empecé a distanciarme críticamente a mediados de los años 60. Sartre, con esa inteligencia poderosa que tenía, personificaba para mí eso que Arthur Kostler decía del intelectual: que «es capaz de demostrar todo aquello en lo que cree y de creer todo aquello que puede demostrar». A mediados de los 60 él hace una especie de terrible autocrítica, el gran defensor de la literatura comprometida deja de hacer literatura, confiesa que ha fracasado, que su literatura no ha cambiado en absoluto la historia, que la historia ha seguido su curso, un curso muy distinto del esperado y que, por lo tanto, su idea fundamental, que las palabras eran actos, que a través de la literatura se podía cambiar la historia era una idea fundamentalmente falsa. Eran los años en que toda una corriente, que resultó al final efímera pero que estuvo muy presente en la actualidad literaria en una época –lo que se llamó el noveau roman-, reinvindicaba el formalismo, el famoso artepurismo. La literatura no se escribía para cambiar la vida, la literatura consistía en explorar nuevas formas de convertir al lenguaje en un mundo de belleza, de movimiento espiritual o estético, ese era el comienzo de todo un proceso que al final proclamaría, y con mucho orgullo, el divorcio total de las palabras y la vida, y haría de la literatura una especie de realidad aparte que sólo se refería a ella misma.

“Contar una historia bien contada” (fragmento) de Mario Vargas Llosa, en Lecciones y maestros, II Cita internacional de la literatura en español, Santillana del Mar, 2008, pp 70-72

14/12/2010

Salí del clóset, Hyde

Por

Ya he dicho que los placeres que me apresuré a buscar bajo mi disfraz eran de un género indigno; no tengo por qué emplear un calificativo más duro. Pero, en manos de Edward Hyde, esos placeres empezaron muy pronto a desviarse hacia el terreno de lo monstruoso. Muchas veces, de vuelta de mis expediciones, quedaba yo sumido en una especie de asombro, pensando en la depravación de mi segunda personalidad. Aquel ser interior que yo había sacado al exterior desde mi propia alma, dejándolo en libertad para que se buscase sus placeres, era un ser malvado y ruin por naturaleza; era en sus actos y pensamientos el egoísmo personificado; bebía el placer con avidez bestial en cualquier clase de tortura que podía inferir a otro; era implacable como un hombre sin corazón. Henry Jekyll se quedaba en ocasiones mudo de asombro ante los actos de Edward Hyde; pero aquella situación escapaba a las normas corrientes y relajó insidiosamente la presión de la conciencia. A fin de cuentas, era Hyde y nadie más que Hyde el culpable. Jekyll era el mismo de antes; volvía a su antigua personalidad sin que sus virtudes hubiesen sufrido menoscabo; y hasta, siempre que le era posible, se apresuraba a deshacer el daño infligido por Hyde. De ese modo su conciencia seguía adormecida.

En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert L. Stevenson, Alfaguara, pp. 108

25/11/2010

The luck of the irish

Por

Por si acaso

El episodio que encumbró a Swift como el gran patriota irlandés fue conocido como “el incidente del medio penique”. Inglaterra, transgrediendo la costumbre, otorgó una patente de acuñamiento a un oscuro mercader cuyo nombre era William Word, quien a su vez la obtuvo mediante un soborno a la duquesa de Kendall, amante del rey. Irlanda no sólo se veía despojada de su posibilidad de acuñar moneda, como había hecho en tiempos precedentes, sino que la suma pretendida por Wood era de cien mil libras, cifra que superaba la modesta necesidad irlandesa de sólo diez mil.

Razones políticas y económicas confluían en el rechazo a la patente de Wood. Si por un lado la excesiva suma de dinero a acuñar conspiraba contra la frágil economía irlandesa presagiando una devaluación (el medio penique era de carácter no convertible, y en consecuencia no servía para saldar deudas en Inglaterra), a esto debía agregarse que el medio penique era de una aleación sospechosa y fácil de falsificar. El aspecto político reviste mayor importancia, ya que el derecho a acuñar su propia moneda era un símbolo de la soberanía que les era negada a los irlandeses. Este no es un dato menor, si se tiene en cuenta que desde el año 1300 los irlandeses padecieron la imposición de colonias y se asentamientos militares que llevaron a cabo políticas de tierra arrasada, y que incluso les fue prohibido el uso gaélico bajo pena de muerte.

En  el prólogo de Facundo Maggio Ramírez a Una modesta proposición y otros escritos patrióticos irlandeses de Jonathan Swift, El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2010

Entradas anteriores

Recibimos: El señor de la lu...

12/08/2011
Agradecemos a la editorial La Bestia Equilátera por el envío de El señor de la luz, novela del francés Maurice Renard. Editada en su odioma original en el año 1933, ahora encuentra esta nueva edi...
Seguir leyendo

Bricolaje libresco

11/08/2011
Aunque no lo crean, este blog también es servicio, es por eso que en esta ocasión les acercamos un motivador material que ni en Utilísima les habrán ofrecido. En cualquier tienda de decoración p...
Seguir leyendo

Relatos como excusas

09/08/2011
Cuando lo compré, su nombre me sabía a ayer. Claro, tenía otro de la misma autora en una colección de tapa dura aparecido hace algunos años atrás –sedicente su mejor título-, aunque ambos esp...
Seguir leyendo

Bibliografía obligatoría pa...

08/08/2011
La noche del sábado fui a ver medianoche en París. Estaba entre Capitán América y ésta otra. Finalmente le di mi voto de confianza a Woody, voto que no siempre honra. A ver si puedo contar de qu...
Seguir leyendo

De cómo Fabián Casas recomi...

05/08/2011
Cada vez que le digo a alguien que estoy leyendo los libros de Orhan Pamuk, me miran como si estuviera tan loco al igual que ese personaje de la película “Supersize” que, para demostrar que la ...
Seguir leyendo

Puede fallar: mapa con divisi...

04/08/2011
Para los que nos saben, cada vez que en un libro o publicación (como los fascículos coleccionables que se venden con los diarios) se incluye un mapa del territorio nacional, éste tiene que ser revi...
Seguir leyendo