23/05/2011

Di Benedetto para todos

Por

Sobre Cuentos claros,
de Antonio Di Benedetto (Adriana Hidalgo, 2008)

 

Existen dos razones de peso, estimo, para justificar la lectura de este libro. Primero, la previa impronta de un “clásico” de las letras argentinas que, bajo el título de Zama y el mismo sello editor, el autor ha sabido desgranar -cuyas impresiones fueron comentadas en este espacio tiempo atrás-. Después –detalle no menor-, ha sido uno de los selectos títulos que ese impreciso y fantasmagórico ente, oculto detrás del concepto global de “el Gobierno”, ha elegido allegar a las manos de nuestros adolescentes de escuelas de nivel secundario, con el fin de incentivar la lectura, o incorporarlo a los programas curriculares, o una mezcla de razones diversas que, cualesquiera sean los objetivos, son bienvenidos por el mero hecho de otorgar facilidades para desarrollar no sólo la capacidad de interpretación, sino el juicio crítico de aquel que aun se encuentra en pleno apogeo de la formación última de su personalidad.

El breve libro compila una serie de cinco cuentos, de diferentes extensiones e intensidades. “Enroscado” narra la oscura historia de un padre viudo, para quien no existe más que su hijo, Bertito, un déspota silente que impide cualquier atisbo de reencauzamiento de la vida cotidiana. El descubrimiento de un fenómeno literario encarnado en la piel de Don Pascual, un cuentista resignado, es el nudo central de “Falta de vocación”. Una mujercita de escasos 16 años pero con talento suficiente para ganar en cualquier clase de juego –sea ajedrez o póquer-, aparece en “As”. Un malentendido es la base de “El juicio de Dios”, en el que Di Benedetto despliega todas sus dotes de relator y constructor de ficciones, en torno a una minuciosa observación del normal desenvolvimiento de la vida en las afueras de las grandes ciudades a principios de siglo XX. Finalmente, “No”, resume tanto la nostalgia del ser amado como la imposibilidad de un futuro común con él, una vez que el encuentro denota los límites de la relación entre ambos.

Personalmente, me ha alegrado sobremanera que alguien –no se quién ni detrás de qué escritorio- haya decidido acercar este colosal autor a los más jóvenes –y, por ello, comprometido a sus maestros, sin duda-, de forma tal que el acceso libre y gratuito permita el contacto entre un escritor, cuya prosa nos enorgullece, y la sensibilidad de esos alumnos aun ávidos de lecturas significativas. Abogo porque este tipo de emprendimientos se extiendan por todo el país, con el fin de que nuestra literatura, la que se escribe desde nosotros y para la que somos sus únicos destinatarios, se convierta en un motivo más de afianzar y aunar esta patria de hermanos en la que nos reconocemos.


21/05/2011

Entrevista a Carlos Sampayo #2/2

Por

Segunda y última parte de la entrevista que Pablo Turnes le hizo a Carlos Sampayo.

[Para leer la primera parte]

***

Ahora bien, después de “Viet Blues” ustedes hacen un corte y al volver con “Encuentros y Reencuentros” y “Nicaragua” lo que se ve es una síntesis narrativa: Muñoz usa menos viñetas, el estilo es diferente, hay una condensación de toda la vida de Alack Sinner, quien ha envejecido. Retoman un personaje al cual también le ha pasado la vida. Y ya no se puede hablar de un género, no hay un crimen que resolver – más allá de la realidad que es criminal -, la trama es lo que pasa en la vida del personaje. En “Nicaragua” lo político ya es explícito desde el título, pero mantienen ese estilo más sintético sin abandonar la crudeza. ¿Cómo fue la vuelta a Alack Sinner eligiendo esos términos?

Por un lado porque vimos qué podíamos, que había lugar. Las editoriales estaban en manos progresistas – siempre hablando de Italia y Francia ¿no? – Había lugar, dentro de las limitaciones del género historietístico. Por otro lado, estábamos muy tocados por lo que estaba ocurriendo. Ya habiendo estabilizado nuestras situaciones personales – más o menos -, podíamos limpiar el espectro de las preocupaciones con lo que ocurría. Nunca tuvimos intención de denunciar nada ni cosas por el estilo; eso estaba allí ¿por qué no mostrarlo? La historieta también tenía derecho a entenderlo y a pensar en estas cosas. Y empezó nuestro declive como historieta popular, sobre todo allí donde la política era una actividad pero no era algo que pudiera distraerse con otras cosas. Por lo tanto el que leía historietas se distraía, se entretenía y pensaba en términos políticos, tal vez, correctos. Por ejemplo, la gran masa militante en Italia en esos años dejó de leernos.

 

¿O sea que los militantes italianos leían Alack Sinner antes de eso, y no lo leyeron cuando estaba “Nicaragua” como tema?

 

No, y yo lo detecté por la cifra de ventas. Además los editores nos decían “Muchachos, vuelvan a los casos policiales”.

Pero en “Nicaragua”, hay un caso ahí, lo que pasa es que las dimensiones son otras. La denuncia de la criminalidad es el sistema mismo, es lo que está pasando. Usted mencionó la palabra “entretenimiento”, y alguien que iba a buscar entretenimiento no quería eso.

Yo no uso ese término peyorativamente, entretenerse también quiere decir sostenerse. Todos necesitamos entre-tenernos. Podemos leer un libro que plantea cosas terribles, pero es mejor si el libro está bien llevado desde el punto de vista narrativo, donde podés acceder a la historia y refugiarte en ella cuando la cosa es muy insoportable. Yo acabo de leer las tres obras de un escritor búlgaro llamado [Angel] Wagenstein que cuenta el horror del pueblo judío durante el siglo XX. Uno de los libros es un chiste judío ¡es en joda! Absolutamente sabio. Se llama El Pentateuco de Isaac. Cuenta la historia de alguien que vivió con cinco nacionalidades y en tres campos de concentración. Fue: austrohúngaro, austríaco de la República, polaco, alemán del Tercer Reich sin derechos ciudadanos y soviético. Y estuvo internado en dos campos en Alemania y en Polonia y después el estalinismo lo mandó a Siberia porque se equivocó en un formulario: en el lugar de nacimiento puso “Imperio Austrohúngaro”. Entonces le dijeron “¡Usted ahora es ciudadano soviético, Ud. es un traidor, un monárquico!”, y lo mandaron 10 años a un gulag.  Y es un libro fantástico, cada capítulo termina con un chiste judío. Por eso entre-tenerse es también mantener la cordura en un mundo que hace mucho es un desastre. Desde hace treinta años, después de Thatcher y Reagan y sus continuadores, es un mundo inhabitable. Hasta entonces no lo era. A partir de ahí, se ha desmantelado la idea de humanidad. ¿Cómo podés sustraerte a eso? Bueno, denunciando el tema y amargándote o a través de un vehículo en el cual el lector se sienta confortado de alguna manera; ya sea con los chiste de Wagenstein o a través de una trama…¿Quién dice que La jungla de asfalto de Huston no habla de la crueldad del capitalismo en las ciudades? Yo creo que el arte de contar historias salvaguarda de alguna manera al lector – el receptor de estas historias – de la amargura total. Lo que estás contando es simplemente la observación de lo que está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo es muy alarmante…pareciera que no hay esperanza por ningún lado, aunque hay algunas que son las esperanzas morales y éticas que me temo cada vez más conciernen a la persona individual que al conjunto social. Cuando hay un proyecto social fuerte no es incluyente a través de una reflexión colectiva – en el caso que exista -,  sino que es a través de unas emociones proyectadas desde otro lado.

En nuestra obra están todas estas preocupaciones, a pesar de a veces la moderación de José [Muñoz] y mi impronta ideológica, que es un poco más específica, pero lo hacemos juntos, vamos equilibrando a través de nuestros propios medios, nos metemos cada uno en el trabajo del otro porque es una proyección del propio.

La misma figura de Alack Sinner es eso, uno ya lo ve en los mismos rasgos del personaje: con respecto al contorno que siempre es mucho más oscuro, en el rostro de Alack Sinner siempre se mantiene el blanco como preponderante y son líneas las que definen los rasgos; las arrugas, los pómulos, esta mezcla de Charles Bronson y Steve McQueen.

Al principio lo queríamos hacer como Richard Burton, pero era demasiado lindo [risas].

 

Y también está esto del policial negro, donde la protagonista es siempre la ciudad.

 

Exactamente, es un poco lo de la película de Jules Dassin [La ciudad desnuda]. La protagonista es la ciudad, son las voces que hay por detrás como cuando vos salís por la calle, y ahora aún más con los teléfonos la gente habla fuerte, hay un material impresionante. El otro día iba en el colectivo y me enteré de cosas de personas – yo ni miraba -, hablan más fuerte que hablando normalmente. Pero aún si coloquian entre ellos – las personas – tenés ese paisaje sonoro, y nosotros lo utilizamos. Y después hay cosas que le agregamos nosotros, eso lo hemos hecho siempre.

En esa Nueva York imaginaria, que es una ciudad muy dura: está el expresionismo de Muñoz, los rostros deformados…

¿Pero sabés una cosa? Creo que no es tan dura como esta ciudad [Buenos Aires]…[Preguntándole a su mujer, Susana] Vos que viviste en Nueva York, ¿no pensás que esta ciudad es más dura?

Susana: ¡Cien mil veces más dura! Yo viví en la Nueva York de los años ´76, ´77, ´78, cuando la ciudad era una ciudad durísima. Prácticamente de noche no podías meterte en el subte, no podías salir. Yo era una adolescente y vivíamos en New Jersey y teníamos que llegar hasta [la terminal de micros] Port Authority, donde está la Biblioteca Nacional, y por ahí no podías pasar.

 

Yo estuve en el año ´82 y casi me achuran, era como meterte en La Boca. Esa ciudad sombría que ponemos ahí, yo la saqué de una frase con la que empieza una novela de Saul Bellow [Las aventuras de Angie March, 1948]: Yo soy americano, nacido en Chicago. Chicago, esa ciudad sombría. Yo dije ¡éste es el título! Yo no tengo ningún escrúpulo para afanar, me hago cargo de una idea que me traduce lo que quiero decir y la pongo ¿viste? Tampoco le afané el título…

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20/05/2011

Entrevista a Carlos Sampayo #1/2

Por

El presente texto es la primera parte de una extensa y exhaustiva entrevista que Pablo Turnes le hizo a Carlos Sampayo sobre la creación más célebre  personaje de la dupla Muñóz-Sampayo, Alack Sinner. Agradecemos especialmente a Pablo por cedernos este trabajo para publicar en Hablando del asunto. Esperamos que puedan disfrutarlo tanto como nosotros.

***

Muñoz y Sampayo en la librería Eterna Cadencia para la presentación de Carlos Gardel

Pablo Turnes: Quisiera comenzar con una duda personal: ¿por qué el tema [de Charlie Parker] Cheryl aparece como Cheryl Blues? Lo he buscado así, pero no lo encontré…

Carlos Sampayo: ¡Porque se lo agregamos! [risas] Nunca quisimos ser literales.

Me interesaba saber acerca de, por un lado, las condiciones de producción, de la gestación de Alack Sinner; y por otro la historia de su publicación. Ustedes lo plantean en el ´74 entre Barcelona y Mallorca y en el ´75 sale publicado finalmente en Italia.

Sí, ya en enero del ´75. Lo terminamos, lo entregamos…fuimos directamente a la editorial, que era Milano Libri, y no nos recibieron. Pasamos por un agente, nos recibieron, se llevó su 30%… [risas] era así. Un asco, pero era así.

Alack Sinner no tiene una continuidad ininterrumpida. Hay una o dos interrupciones…

No apeles a mi cronología mental porque estoy con alzheimer [risas]. Estamos hablando de 35, 36 años… No llevo registro de nada, es muy silvestre todo. Pero hubo interrupciones en el sentido de cambios de rumbo y desviaciones desde el argumento general hacia cosas que tuvieran que ver – fundamentalmente “Sophie” y “El Bar de Joe” -. Y después interrupciones por otros trabajos que no tuvieron nada que ver con Alack Sinner, pero para salir de ese flujo general que era convivir con algo que nos pesaba, que era que él [Alack Sinner] iba envejeciendo y nosotros también. En ese sentido es una novedad en el mundo de la historieta, un tipo de implicación personal que no era fácil de sobrellevar. Envejecer significa claudicar muchas cosas una tras otra. En principio en un cambio de ideas general, que pasan de ser más o menos taxativas y dogmáticas a incorporar la duda. En otro sentido está el problema de las enfermedades que aparecen, la neura recurrente en cada uno. Y claro, poníamos mucho ahí…seguimos poniendo mucho de lo personal – de ambos -. Las otras interrupciones fueron por otros trabajos que no coincidían, pero en “Billie Holiday” se nos escapó donde [Alack Sinner] se introduce, no por una planificación previa del guión sino porque se introdujo. Coincidía la época donde él [Alack Sinner] estaba en la policía y entra ahí y vigila a Billie Holiday y la historia sale redondita. Pero no salió así porque lo hubiéramos planificado, porque nuestro método de trabajo es abierto. Es decir, nunca tenemos el final, nunca tenemos todo el desarrollo. Tenemos el espíritu general de lo que se va a decir y algún acontecimiento importante que quisiéramos insertar y que a lo mejor de ser el argumento principal pasa a ser secundario porque aparecen otras cosas.

Yo lo que veía es que esta primera aproximación es más bien clásica, dentro del policial negro, que tenía que ver con intereses compartidos también. Desde el cine, desde el jazz, Chandler, etc. Pero ya desde Fillmore y el Caso Webster había una aproximación podríamos decir política, una mirada social…

Muy tenue… En realidad lo que estábamos buscando era un laburo. Yo había dejado mis actividades en editoriales, la publicidad antes y también ciertas actividades académicas. Había dejado todo y estaba haciendo laburitos muy poco remunerados y con problemas económicos. José estaba harto de trabajar en Inglaterra para editoriales inglesas que le apretaban los huevos; “entregá tal fecha, estas cosas son así”, un esquema rigurosísimo. Como todo lo comercial es riguroso, si no, no es comercial. Por lo tanto nuestra primera aproximación al laburo fue ingenua. Yo no sabía nada de historieta, cero, ignoraba que se pudieran decir otras cosas. Cuando aparece “Viet Blues” ya empezamos a hablar de otras cosas. Pero recién ahí, aunque vos captes en las dos primeras…

Claro, yo lo que decía es que se capta algo pero sin salir de las reglas del género. Es un policía white thrash – para los términos norteamericanos –  inserto en cuestiones criminales de la alta sociedad. Con cierta mirada irónica pero donde los límites están marcados. Ahora en “Viet Blues” ya la cuestión pasa por algo más explícitamente político.

Sí, bueno, pasa por la guerra y las drogas. Algo si se quiere bastante epigráfico, bastante literario. Estaba hecho pensando en que era una historieta y no una historia, no una narración. La sujeción a un personaje, aunque sea un personaje tan particular como éste que tiene, digamos así, una vida propia – aunque no la tiene -, te obliga a mantener ciertas reglas de género, aunque un género de personaje. ¿Por qué no decir que este personaje crea un género que es el de aquel que envejece junto con sus autores, que es un género muy serio?

Es un género extraño para la historieta en general.

Es un género extraño, aunque en la literatura se ve.

En la historieta la regla en general, aunque sea tácita, es que no se envejece.

El personaje queda cristalizado, es el caso del Corto Maltés. Pasa el tiempo y está siempre igual.

También es entendible, es una forma de decir “yo puedo envejecer pero el personaje no”.

Bueno, de cara al lector, al contemplador de historietas, es más reconfortante. Esto [señalando “Viet Blues”] no es reconfortante. Y por otra parte en la medida en que ocurría todo este proceso perdimos lectores. Pero no claudicamos en lo absoluto. En la medida en que la cosa se complejizaba, perdimos lectores. ¿Por qué? Porque el lector-tipo de historietas es un joven que no admite demasiadas exigencias. Cuando empezás a exigir sólo queda aquel que admite ser exigido. Por ahí va la cuestión ¿no?

Alack Sinner no sólo es una historieta sino que es una historieta que en algún punto toma conciencia de sí misma, de las posibilidades de lectura. Al mismo tiempo es un constante desafío. Y cambia la percepción cuando uno tiene la obra recopilada. Al leerlo de continuo es exigente para el lector, no es fácil, es una lectura muy compleja y también muy dura, por los temas que trata y por cómo los trata.

El tema y la manera son lo exigente. Cualquier persona que lea, preste un poco de atención y no pase por arriba de las cosas puede leer Alack Sinner porque en general son narraciones que van de adelante para atrás con algún flashback. No hay grandes secretos ni pretensiones poéticas extrahistorietísticas.

Ahora ¿ustedes tuvieron problemas con algún tipo de censura o de limitación editorial?

Nos cuidamos muy bien. Hay ciertas normas que son tácitas en una revista de historietas – las revistas, cuando todavía existían -, salvo que fueran muy bestia como eran las muy transgresoras. Pero tampoco nos autocensurábamos, porque ni José ni yo somos artífices de la violencia ni pornógrafos. Y desde el punto de vista político está claro lo que queríamos decir y lo dijimos. Empezamos en un momento donde socialmente había una fuerte crítica al statu quo en Europa. Acá [en Argentina] no se publicó hasta después de la dictadura, cuando nosotros ya llevábamos 6 o 7 años. Es decir, todo lo que llegaba aquí era viejo para nosotros. Nosotros estábamos en otra cosa. A Quino cuando lo van a felicitar por Mafalda dice “Yo hace 40 años que no dibujo”. Pero bueno, es así, habla de la persistencia de una obra. Ya cobra vida en sí, uno no tiene mucho que ver con eso. Ni yo narraría estas cosas así… Creo que José no las dibujaría así tampoco.

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17/05/2011

Recibimos: La mujer, el estado y la revolución

Por

Agradecemos a nuestros amigos de Ediciones IPS y la Agrupación Pan y Rosas por el envío de La mujer, el estado y la revolución, un libro que es fruto de la investigación de la especialista Wendy Z. Goldman sobre la política familiar y la vida social soviéticas entre 1917 y 1936.

Nos comentan también que el libro se presentó durante la Feria del libro y que se puede conseguir en la librería del Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx” (Riobamba 144, CABA).

Cuando los bolcheviques llegaron al poder en 1917, estaban firmemente convencidos de que bajo el socialismo la familia “se extinguiría”. Imaginaron una sociedad en la que los comedores comunales, las guarderías y lavanderías públicas reemplazarían el trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar. Esta eliminación de la carga del trabajo doméstico sentaría las bases para alcanzar la igualdad con los hombres. El afecto y el respeto mutuos reemplazarían la dependencia legal y económica como base de las relaciones entre los sexos. Fruto de los debates al interior del Partido Bolchevique y entre mujeres y hombres de las ciudades y el campo, una generación de juristas soviéticos elaboró una legislación para liberar a las mujeres y alentar la “extinción” de la familia.

Sin embargo, para 1936, el experimento social había cedido frente a soluciones crecientemente conservadoras destinadas a fortalecer los lazos familiares tradicionales y el rol reproductivo de las mujeres. Los funcionarios del partido [de esta época] denunciaron las ideas revolucionarias de la década de 1920 como “propaganda pequeñoburguesa y anarquista”.

Este libro explora –con especial énfasis en la relación dinámica entre el Estado, la sociedad y la ideología revolucionaria– los debates en el naciente Estado obrero y el amplísimo horizonte que abrió la Revolución Rusa e intenta explicar la reversión ideológica que significó la reacción estalinista, que afectó todas las esferas de la vida social, económica y política de la Unión Soviética.

16/05/2011

Los espectros, quién es el loco y quién el cuerdo

Por

Sobre Los espectros,
de Leonid Andreyev (Acantilado, 2008)

Consecuencia lógica de leer a Pasternak fue desembocar en este autor ruso, del cual existen en el mercado literario muy pocas obras traducidas y editadas, la mayoría importadas a nuestro país y todas ellas a un precio exorbitante para el volumen que componen. Éste, en un formato mínimo y con sólo setenta escasas páginas, tiene un costo equivalente a un dólar cada vez que se leen tres de ellas. Si, has leído bien.

Esta suerte de relato extendido nos sitúa en la realidad de un ser que enloqueció y que ha sido destinado a una clínica privada donde es recluido. Pomerántsev, su protagonista, otrora subjefe de la oficina de la Administración, va ganando la confianza y el respeto de los restantes internos debido a su don de gentes y su buena disposición hacia los demás, en general. Como contracara se encuentra Sheviriov, el médico responsable de la clínica; un hombre de pocas palabras pero conocedor del mal que aqueja a cada recluso, quien se hace presente profesionalmente cada vez que las circunstancias lo requieren, y cuyo único atisbo de vida más allá de esas paredes consiste en asistir todas las noches a la bohemia que ofrece el restaurante Babilonia, a pocos kilómetros de allí.

Lo maravilloso de esta narración es que ambos mundos –el loquero y el gastronómico- coinciden. La descripción de la vida en el manicomio y de algunos de sus personajes principales se solapa con la de aquellos que se dan cita cada noche a la mesa del doctor, de manera que el lector llega a confundir quiénes son los locos y quiénes los cuerdos. Porque si los primeros son capaces de mantener coherencia en una conversación entre ellos –al menos por un tiempo-, y los segundos la pierden debido al alcohol, las drogas y un cierto deja vu, se nos desdibuja el límite preciso entre unos y otros. Entonces, ¿cuáles de ellos son “los espectros”? Es eso justamente lo que Andreyev pretende hacernos meditar –y por momentos lo consigue-; que nada separa a un mundo del otro, salvo el que el hombre mismo –con sus normas y leyes- decida quiénes están de cada lado.

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13/05/2011

Escrito en mármol

Por

Sobre El Mármol,
de César Aira (La bestia equilátera, 2010)

Los trastornos en el mundo del libro –del libro electrónico a la concentración transnacional de editoriales– nos han alertado acerca del componente material de aquello que leemos, nos recuerdan algo que los lectores -salvo, claro está, los lectores de historietas- tienden a olvidar: toda lectura se realiza sobre un soporte físico, y ese soporte no es neutro en relación con los efectos que esa lectura pueda producir.

Los últimos libros de César Aira que leí fueron El Error, en una elegante edición convencional de Mondadori, El todo que surca la nada, en una edición artesanal de Eloisa Cartonera, y El mármol, en una placentera edición de La Bestia Equilátera (¡qué placenteros son los libros de La Bestia Equilátera!). Una de las lecturas posibles de toda la obra de Aira sería como una reflexión práctica sobre la materialidad del libro, su circulación, las políticas editoriales, el significado de la palabra “publicar” (tan lamborghiniana).

Daniel Link habló de un posible “estilo tardío” en algunas novelas de Aira. En las novelas primeras de Aira (pienso en La Liebre o El Bautismo) el relato funciona como una estructura vacía a la que se le puede volcar literalmente cualquier cosa: siempre habrá, al final, un cierre y una organización de los elementos, aún con la línea de fuga del error sobre la que tanto insistió Aira. (Se dice que la complicada genealogía familiar que cierra La Liebre tiene una falla, pero soy un lector demasiado desatento como para pescarla).

En las últimas novelas, en cambio, el relato parece haber dejado de ser una estructura para ser un cuento que se desarrolla mientras puede, sin un destino, sin que el sentido del final venga a reorganizar nada.

El Mármol es un Aira raro. En principio, el cierre está, exacerbado, circular. Una primera peculiaridad es, justamente, lo evidente de esa estructura: toda la novela es el intento de un narrador por justificar y justificarse la situación inicial, el intento por saber porqué está sentado sobre una superficie de mármol, con los pantalones bajos, mirando gratificado sus piernas y sus genitales. Y el relato en sí tiene mucho de cuento popular: un personaje se enfrenta a diversas peripecias y las resuelve, como el sastrecillo valiente, sacando del bolsillo pequeños objetos recogidos al azar que se adaptan con la exactitud de una llave a la resolución de esas peripecias.

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13/05/2011

Recibimos: Dos estaciones

Por

Agradecemos a La máquina infernal ediciones por el envío de Dos estaciones, la última creación historietística de la dupla Reggiani-Terranova. Hace poco comentamos el book trailer de este libro realizado por uno de los más destacados colaboradores de este espacio.

“¿Vos sabés quién fue Herminio Iglesias?”, pregunta el hombre anónimo a un pibe que mendiga. Ha descubierto, el día en que sepultan a Alfonsín, que su memoria política y personal se disuelve. Y sale a buscar una primavera que acaso no fue tal.

“A nadie le gustan los fanáticos”, le informa el director de la empresa a su jefe de personal, tras haber negociado el secuestro de unos delegados sindicales. Y sonríe, como sonríe el Gauchito del Mundial, mientras el invierno se esparce.

En Dos estaciones, Federico Reggiani y Rodrigo Terranova construyen una reflexión sobre las creencias políticas y la muerte de la identidad con precisión y potencia: oponen, a la marcha ciega de la historia, el tiempo congelado de cada viñeta.

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