29/04/2011

Contra la muerte

Por

Gonzalo Rojas dejó este mundo hace pocos días. Cuando le comenté a mi amiga, Gabriela Franco que quería publicar algún poema, ella, que lo tiene bien leído, me recomendó “Contra la muerte”. Un poema de puños apretados tan duro como humano.

Contra la muerte:

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.

No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.

¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.

No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.

Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, pero no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.


23/04/2011

Gardel, Muñoz, Sampayo y Reggiani

Por

22/04/2011

Feria del libro – una fiesta – hacía falta

Por

Felicitaciones a los organizadores, al DJ, a la gente que trabajó en la Feria que apenas comienza. Hacía falta una fiesta y apenas pasarla bien. Estuve sacando muchas fotos. Si los interesados las quieren, me las piden. Son privadas así que solo tendrán aquellas en que fueron protagonistas.

19/04/2011

Recibimos: El mármol

Por

Agradecemos a La bestia equilátera por el envío de la última novela de César Aira, El mármol, en una de sus tres versiones de tapa.

A falta de cambio, el cajero de un supermercado chino le ofrece al protagonista de esta novela que elija entre un montón de naderías. Resignado, el hombre manotea al azar unas pilas chinas, un ojo de goma con luz, una tabla de proteínas, una hebilla dorada, una cucharita lupa, un anillo de plástico y una cámara fotográfica del tamaño de un dado. Ignora que al salir lo espera una aventura, y que a esos objetos que cree inútiles podrá darles una función insólita en cada capítulo de sus andanzas.

Las novelas de César Aira convocan a un lector dispuesto a jugar con él el juego de la improvisación. Con la irreverencia de un niño y la inocencia de un artista genial, Aira consigue lo imposible: crear la sensación de que lo que cuenta va naciendo, frase a frase, en el puro presente del lector.

Heredero de las vanguardias del siglo XX, César Aira encontró en sus procedimientos un atajo hacia la fuente primordial de la narración y, con más de sesenta novelas publicadas, ha creado una obra entregada al riesgo y tocada por la gracia de una rara libertad.

19/04/2011

Mi reunión con editores extranjeros en la Semana de editores Typa

Por

Ayer tuve la oportunidad, gracias a la Fundación Typa, de participar en uno de los eventos de la Semana de editores. Este evento consistía en que dos periodistas y yo comentemos una decena de libros a elección. La idea, dentro de esa elección, era que se tratase de libros de edición reciente y que no estén traducidos. Vamos, teníamos que llevar material literario fresco a los editores de otros países.

El encuentro se hizo en una galería de arte de la calle Paraná, un espacio tan privado como lindo. Llegué temprano. Conversé brevemente con un editor que parecía inglés, aunque hablaba con un castellano excelente. Me preguntó qué hacía yo, ahí le comenté que tengo un blog de libros -este blog- y que por eso me habían convocado. En forma de agradecimiento me abstuve de decirle cosas del estilo “mirá cómo la pifiaron llamándome a mí eh”, porque pensé que llevarían a malos entendidos. Sin embargo, después de decirle qué hacía yo, me dijo que leía el blog y que lo conocía. Después -suenan redoblantes- me dijo que él era el editor de revista Granta. No quería dejar de contar esto, para darme dique ahora y en momentos futuros.

La periodista convocada finalmente no llegó, así que fuimos solo dos. Empezó mi compañero con una extensísima lista de libros que apenas había puntuado en un cuaderno. Habló media hora sin parar hilando títulos tanto de narrativa como de ensayo nacional.

Cuando él terminó, me decidí a hacer lo que pude, a salvar la dignidad. Había llevado para eso los seis o siete libros sobre los que iba a hablar. Me gustó poder pasarlos, para que cada uno de ellos los viera. Hablé, hablé y hablé sin parar. Cuando terminé la garganta se me había convertido en un pote de cera Suiza. Levanté la mirada y pude ver que los gestos de los editores también.

Es fácil pensar que ante un aluvión tal de nombres y títulos desconocidos, hubo un punto en el que simplemente la mente dijo basta. Es comprensible. Sobraron dos minutos, para que en la instancia de preguntas que la coordinadora ofreció, uno de ellos mostrara una mínima objeción a nuestra lista de títulos que en mi caso era de autores casi todos nóveles, pero que en el caso de mi compañero incluía a nombres como Cohen, Fogwill o Carlos Altamirano, para los ensayistas.

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18/04/2011

Primer paso hacia Flaubert

Por

Sobre Tres cuentos,
de Gustave Flaubert (Losada, 2004)

Elaborando una retrospectiva de la obra de un escritor nacional, me encontré husmeando acerca del mismo en la red, tanto en lo referente a ella como a su quehacer literario. Hete aquí que en una de las consultas, aparecía comentando, en pocas líneas, un relato contenido en este libro -el último publicado en vida del autor- en el que exponía las cualidades que lo movieron a hacer de este texto parte de su selección. Ése ha sido el elemento disparador de su lectura, unido a la curiosidad que despertó un título de Flaubert, ignoto para mi hasta el momento -sin la trascendencia alcanzada por su ya célebre Madame Bovary-, y lo exiguo de su bajo costo en la presente edición.

Como su título indica, está constituido por tres relatos breves, de casi la misma extensión. En el primero, “Un corazón sencillo”, se narra la historia de una eficiente doméstica al servicio de una señora, a quien la vida le acontece como a cualquiera. Repleto de minuciosas descripciones, Flaubert crea una atmósfera que se debate entre lo melancólico y lo bucólico, sin por ello apartar situaciones que nos permiten una sonrisa o una carcajada.

En segunda instancia, “La leyenda de San Julián el Hospitalario” alude a un personaje destinado a convertirse en un santo varón desde su concepción. Mas la verdad arroja a un ser sediento de sangre, que no escatima derramamiento ninguno –en especial, de animales- con tal de saciarse. En este caso, la historia se relata con un estilo que recuerda –o remeda, por momentos- la literatura clásica, con una cadencia pausada, sin apasionamientos, plena de detalles que alimentan la trama.

Finalmente, “Herodías” es un texto que podría inscribirse en lo que hoy conocemos como “novela histórica”. A partir de un hecho histórico puntual –presente en los libros sagrados-, el autor reelabora los pormenores que llevaron a segar la cabeza –y la vida- de Juan Bautista a manos de Herodes Antipas. Nuevamente, la secuencia principal del relato está sostenida magníficamente por una multitud de imágenes que con maestría Flaubert despliega a lo largo de todo el desarrollo del cuento, aportando solidez a la adecuada ambientación.

Confieso ser un debutante en la lectura de este famoso autor galo. Me pareció buena ocasión para orillar su obra, iniciarme con un libro menos frondoso y si se quiere más ágil que aquellos que le son reconocidos mundialmente. Y emerjo gustosamente sorprendido de su estilo, nada pomposo pero lleno de agudezas, su prosa fluida y ese talento natural en saber crear el ambiente narrativo apropiado, que enfatiza el contenido.

La única nota opaca la lleva la edición, que para ser accesible a cualquier bolsillo no ha sido todo lo cuidada que debiera y se deshoja como las margaritas en primavera.

18/04/2011

Ideas frescas para parquetistas

Por

Estoy nuevamente cerca de una mudanza con “obra” incluida. El albañil, el pintor y la mar en coche. Mientras tanto, navegando con inocencia me encuentro con este piso. Le voy a pedir presupuesto al parquetista a ver qué me sale (aunque para limpiar debe ser un castigo).

Fuente.

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