30/03/2011

Presentación de Las listas

Por


29/03/2011

Arranca el Club del eBook

Por

Queridos amigos, con un grupo de entusiastas, también amigos, nos decidimos a fundar el Club del eBook. Resulta que todos somos usuarios de lectores de libros electrónicos y nos encontramos con que no hay un espacio en internet donde se puedan leer noticias, trucos e información general sobre estos aparatitos que están haciendo correr a las editoriales para todos lados.

Nos dimos  a la tarea y empezamos. Esperamos poder compartir conocimientos que vayamos encontrando y al mismo tiempo ver cómo va creciendo la presencia de e-readers en nuestro país.

Me acompañan en esta aventura: @capitanintriga @princessxflo, @aizkiub y @diegorottman. Si quieren, pueden suscribirse al feed RSS; para visitarlo, otro clic acá.

Por las dudas, no se asusten, Hablando del asunto, sigue como siempre, con muchos proyectos.

29/03/2011

Degustar libros como se degusta el vino

Por

Sobre Cuentos reunidos,
de Kjell Askildsen (Lengua de Trapo, 2010)

Las degustaciones de vinos también tienen estas cosas. Fuimos cófrades etílicos –sendos desconocidos hasta ese momento y también a partir de ahí-. Él, munido de un libro de Bolaño (motivo por el que me acerqué a su ubicación, el pasado octubre), en medio de una de ellas y antes de partir rumbo a los cobros de una apuesta hípica, no fue menos audaz al recomendarme este título del autor, expresando que era un genio –poco menos- en el subgénero llamado “microcuentos”. Inmediatamente, pregunté acerca de él a nuestro editor el que, haciendo gala de su consabida generosidad, me lo acercó en mano. De allí a leerlo sólo mediaba un paso.

Este libro es una recopilación de relatos efectuada por el legendario Fogwill –cuyo sustancioso prólogo le pertenece-, de una serie de libros editados por el autor, muchos de los cuales se encuentran bajo el mismo sello –aunque aun no presentes en estas costas-. Algunos cuentos, abarcan varias páginas; otros, sólo un par de ellas.

Si me preguntás cuál es el denominador común, yo solamente podría responder: la soledad. Cada personaje que compone cada uno de los relatos está absolutamente solo. Y lo digo en el modo kafkiano de la soledad. Aquella en que sólo la puede vivir el protagonista, carente total de comunicación con el medio exterior.

En cada cuento, terminás viviendo esa soledad de todo lo que pensamos que podría ser –nuestros prejuicios, preconceptos, la propia elaboración e interpretación intelectual de cada uno de los quehaceres del otro- pero que, en los hechos, no son más que elucubraciones, juegos de la mente de las que hablaba John Lennon.

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28/03/2011

Zambas salvajes de un unitario: tras los pasos de Echeverría en París

Por

Segunda entrega del especial que Fabrizio Tocco está escribiendo mientras disfruta su estadía en París. En este caso recorre la ciudad cámara en mano hasta encontrar aquellos lugares que visitó Esteban Echeverría durante el siglo XIX.

***

Especial: Notas sobre una enorme metáfora.

  1. Introducción
  2. Zambas salvajes de un unitario

Llego a la estación de Guy Moquet, a los pies de Montmartre, para tomar el métro con la serenidad que me da un día franco. Me propongo un objetivo inverosímil: encontrar alguna huella de Esteban Echeverría en este siglo veintiuno parisino. Para mi escándalo provinciano, el métro de la línea 13, que une la periferia con el centro, llega abarrotado. No sé muy bien en qué parada tengo que bajarme. En mi netbook, tenía anotada la pista de Leonor Fleming, quien para la edición de Cátedra de El matadero escribe que Echeverría se instaló “en el barrio de Saint-Jacques”, al llegar del puerto de Le Havre, el 7 de marzo de 1826.

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Nunca escuché hablar del barrio Saint-Jacques, no pude ubicarlo en Google Maps antes de salir. Invento una errata en el texto, pienso en el precioso Boulevard Saint-Jacques, al sur de París, donde hice un curso de francés cuando llegué el año pasado. Más o menos a una hora de distancia de Guy Moquet. Está al otro lado de la ciudad, desde el noroeste al sudeste. Tal vez sea la fiaca que me da este día franco, pero rápidamente descarto la posibilidad de que Echeverría viviera tan lejos del centro histórico de la ciudad. Con seguridad se trata de la rue Saint-Jacques, arteria del Quartier Latin, desde la cual iría a pie a la Sorbona, para asistir a sus clases de economía y derecho.

Mi escándalo provinciano regresa: es literalmente imposible consultar mi netbook en este vagón, pienso ahogado por un mar de brazos con iPhones 4. (¿Son cameruneses?, ¿senegaleses?, ¿congoleñas?). Nada hubiera cambiado si yo hubiera salido a primera hora o si lo intentara después del mediodía: la línea 13 es la más lenta, precaria y saturada del subte parisino.

Unos cuarenta minutos más tarde, después de hacer transbordos, caminar kilómetros subterráneos y subir escalones que mi perezoso franco multiplica, me bajo en la estación de Saint-Michel, en el centro de la ciudad. Tardo en encontrar un café con wifi que no sea carísimo: otro objetivo inverosímil. Mi netbook no me ayuda: fracaso al googlear “quartier saint-jacques paris” o “ancien quartier saint-jacques paris”; fracaso, también, con la Wikipedia.

Estoy cerca de la rue Saint-Jacques, pero sé que no voy a encontrar ninguna placa que condecore la residencia de un estudiante argentino que mis profesores franceses ni siquiera conocen. Además, Fleming insiste en que se trata de un barrio. En la séptima página de resultados, Google finalmente cede: muchos críticos y biógrafos reiteraron el dato de Fleming, sin matizar que Saint-Jacques no existe como barrio en la capital francesa desde hace siglo y medio: “Saint-Jacques-de-la-Boucherie” era uno de los diminutos cuatro quartiers en los que se dividía París en la Edad Media. Hoy pertenece al 4ème arrondissement, el distrito cuarto que comprende edificios tan dispares como Notre-Dame, Hôtel de Ville, el Centre Pompidou y las sinagogas del Marais. Como sospechaba, Echeverría vivía en el centro histórico. Al otro lado del río. Pago el café crème a la camarera (¿argelina?, ¿marroquí?) dejo el café, empiezo a caminar.

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22/03/2011

Escritores argentinos en París #2/2

Por

[Leer parte anterior]

Martín Kohan: Viniendo hacia aquí con el metro, pasé por Montparnasse. Es decir que pasé muy cerca de Sartre. Porque estamos hablando de él, de alguna manera. Probablemente, lo que estemos haciendo básicamente es esto. Una marca generacional, en todo caso, puede integrar generaciones distintas pero siempre posteriores a las de aquellos que creyeron en Sartre completamente. Nuestro legado ha sido la duda con respecto a esa tradición. Creo que en un punto muy concreto, Sartre, como un Platón contemporáneo, expulsa a la poesía de su República del “Compromiso”. Quizás nosotros la estamos repatriando, al descartar o abandonar la dicotomía que obligaba a los escritores a elegir por el lenguaje como forma o por el contenido político. Como si no fuese el lenguaje como forma el instrumento más eficaz para tocar lo político en la literatura.

Moderador: Muchas gracias, Martín, quisiera presentar a los demás escritores, porque aún no lo he hecho. Hernán nació en 1975 en Chivilcoy, es sociólogo, profesor en la Universidad de Buenos Aires, autor de La descomposición. Hernán es parte de La Joven Guardia. Su obra Le dernier train à Buenos Aires ha sida traducida al francés, y es una obra que quiero evocar a propósito de lo que señala Martín Kohan. Tu novela es un rompecabezas de cuatro épocas históricas diferentes que construye una historia que habla como Ciencias morales de un contexto político muy concreto. Hernán, ¿elegiste abordar la historia desde una elaboración formal muy marcada?

Hernán Ronsino: Bueno, sólo dos cosas más sobre política y después me meto en el texto. La primera: la cita que abre el texto de Operación masacre de Rodolfo Walsh me permitió pensar la novela como una esquirla de una violencia política nacional que sucede en otro lugar, distinto del pueblo donde ocurre la novela. Un lugar que además es el lugar donde yo nací y viví durante veinte años. En ese sentido, hay una idea que está presente en mis dos novelas: el trabajo con lo fragmentario, con el desvío. Recuperar cierta tradición que me interesa, pero trabajarla desde los desvíos y desde la periferia. La narración sucede en un territorio que está en la Pampa Húmeda, en la Provincia de Buenos Aires, un lugar que ya no es importante en términos políticos y culturales pero sí en términos económicos: la tierra siempre es importante. Estas ideas aparecen en mis novelas, también en el título de La descomposición, donde pienso ciertas tradiciones argentinas que a mí me interesan pero torciéndolas.

M: Esta descomposición no es sólo formal, en cuanto a la narración por fragmentos, sino también de aquellas cosas que se alteran, que se corrompen, aquellas heridas aún no cerradas.

Hernán Ronsino: Si, también hay una descomposición perceptiva de la realidad, de los espacios. Especialmente, en esta novela, la desaparición del ferrocarril como eje articulador. Una última observación política: es curioso que el liberalismo del siglo XIX pensó y construyó el ferrocarril para integrar el territorio nacional; mientras que el liberalismo de fin del siglo XX lo desarticuló totalmente. La novela piensa también ese espacio.

M: Muy bien. Quisiera presentar a Andrés Neuman. Naciste en 1977 en Buenos Aires, sos hijo de músicos emigrados, sos hispano-argentino. Estudiaste en la Universidad de Granada, en España, donde también diste cursos de literatura latinoamericana. Fuiste señalado por diferentes críticos, fuiste seleccionado en Bogotá entre los mejores 39 autores jóvenes de lengua española. [Neuman advierte al moderador que también Oliverio Coelho fue seleccionado]. Con él, sí, es cierto, preveía decirlo en su presentación, gracias. [Risas] Publicaste cuatro novelas, novelas cortas, cuentos. En francés sólo tenemos un libro de microficción, me gustaría que nos hablaras de este género, que creo que es muy contemporáneo en Argentina, vos sos parte de un grupo de jóvenes que re-escriben esta forma breve que practicaba Cortázar, por ejemplo. ¿Cuál es la importancia que das a estos géneros más breves, como la novela corta o el microficción?

Andrés Neuman: Igual que con la política, en la forma literaria, a mí me importa la opinión contraria. Lo contrario de lo que hago o lo que pienso. Respondo esto porque aparte de la microficción, curiosamente mi última novela tiene quinientas páginas, la va a publicar en el mes de septiembre Fayard, el título es Le voyageur du siècle. Es una novela que refuta totalmente la micronarrativa. Viendo a la inversa, lo que me interesa de la micronarración es cómo prescinde de todos los grandes valores que entendemos por novelísticos: la psicología del personaje, el desarrollo temporal, la descripción minuciosa, todo eso que en mayor o menor medida necesitaremos para construir una novela. En cuanto a la tradición argentina de la microficción, inclusive diría latinoamericana, tengo la sensación de que más que haber cambiado la escritura, lo que cambió fue la consciencia de lectura. Como bien ha mencionado usted, Cortázar, el mismo Borges, también Roberto Arlt, si queremos, por mencionar sólo argentinos (también Monterroso, Piñera, Denevi), han cultivado aquello que llamamos microficción. Lo que no había era un marco teórico y de recepción para destinar esos textos a una zona específica de la literatura. Creo que solamente hace unos veinte años, hay un montón de autores de microrrelatos que son conscientes de estar escribiendo un género. En último lugar, como bien ha dicho Hernán, a mí también me interesa mucho el posible puente entre estos dos extremos. Mi primera novela habla de basureros que recogen fragmentos, residuos, pedazos; la estructura de esta novela (que se llama Bariloche) reproduce esa fragmentariedad de una bolsa de basura. No me interesaría en absoluto como un paradigma formal si no tuviese su capacidad de mezclarse y de ser refutada. Inclusive en la obra de un mismo autor.

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21/03/2011

La contemplación: adicción y dependencia

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La casa de las bellas durmientes,
de Yasunari Kawabata (Emecé, 2011)

Fue a principios de este año cuando una mujer muy querida, muy respetada por mi y gran lectora, fanática de autores orientales, me allegó este título, entre otros que me sugería leer porque le habían encantado. Asimismo, me advirtió de las limitaciones para hallarlo, puesto que estaba agotado hacía ya varios años. De hecho, su proverbial nobleza hizo que me lo ofreciera prestado, con la única condición –siempre quimérica y azarosa- de que se lo devolviera una vez finalizada su lectura. Tozudo y resuelto -como toda mi vida-, deambulé un sinnúmero de días tratando de obtener algún paradero de él, sin fortuna. Cuando el pasado domingo, al entrar en una librería palermitana buscando abrevar mi sed con alguna bebida, choqué literalmente con la torre de ejemplares recientemente reeditados, afluyó el terror. En mi juventud, la omnipotencia me hacía creer que podía conseguir cualquier libro. Luego, al entrar en la adultez, comencé a pensar que los libros buscaban que yo los encontrase. Ahora, en mi plenitud, mucho me temo que exista un silente complot entre las editoriales con el fin de sorprenderme, editando aquello que vengo buscando desde hace tiempo o que ya no se encuentra en el circuito.

No se cómo describírtelo. En lo que se lee, es la historia de Eguchi, un hombre de sesenta y siete años al que se le propone participar de un encuentro con una mujer joven y bonita, en una posada en la cual ella estará dormida –narcotizada- y no podrá despertarse durante toda la noche. Estará expuesta a su voluntad durante el lapso que dure su sueño, desnuda, con su respiración y los aromas que emitan su cuerpo y su aliento, sin posibilidad de otro contacto que no sea compartir una manta calefaccionada eléctricamente. Se le solicita no sólo discreción, sino integridad –sin maltratos ni actos pecaminosos-; se trata sólo de acompañar el descanso de la joven con su propio descanso.

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21/03/2011

Escritores argentinos en París #1/2

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Después de que la UNESCO eligiera Buenos Aires como la capital mundial del libro 2011, una veintena de escritores argentinos fueron invitados a participar del 31° Salon du livre de Paris en una serie de charlas, debates y conferencias, que tuvieron lugar este último fin de semana. Las mismas inauguraron el “Tandem Paris – Buenos Aires”, con encuentros artísticos organizado por el Institut Français, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el de París. Ayer por la tarde, tuve ocasión de presenciar la charla “Les nouvelles voix de la littérature argentine” entre Martín Kohan, Andrés Neuman, Oliverio Coelho y Hernán Ronsino. Acá van algunos fragmentos muy interesantes, repartidos en dos partes.

***

Moderador: [En francés] Martín Kohan, voy a comenzar con vos, porque llegaste tarde a propósito, [risas] pero si quieren tomar el micrófono luego y continuar con el debate, no lo duden. Martín, naciste en Buenos Aires en 1967. Antes comentaba que diez años separan los nacimientos de ustedes cuatro, así que podríamos estar hablando de una generación. Vos escribiste ya un ensayo sobre Walter Benjamin y siete novelas. En Francia sólo dos han sido traducidas: Dix-sept secondes hors du ring (2007) y Sciences morales (2010). Teniendo en cuenta tu formación en teoría y crítica literaria así como tu trayectoria novelística, si digo que en tu obra se puede encontrar de forma simultánea una aproximación erudita y creativa de la literatura, quisiera saber qué es lo que te suscita esta definición.

Martín Kohan: En primer lugar quisiera excusarme por haber llegado tarde; soy discreto pero soy un discreto que fracasa [risas]. Con respecto a la pregunta, personalmente lo que me entusiasma de la literatura es que a diferencia de lo que puede pasar con los músicos o los artistas plásticos, que trabajan con materiales distintos a los que emplean en su vida cotidiana; los que nos dedicamos a la literatura hacemos nuestro arte con lo mismo que llevamos adelante nuestra rutina: con las palabras. Pero esas mismas palabras en literatura parecen sonar de otra forma, parecen cobrar más sentidos que los que tienen cuando las utilizamos cotidianamente. Esa posibilidad de descubrir cada palabra y al mismo tiempo reconocerla es para mí el milagro de la literatura. Esto me provoca un inmenso placer.

M: La mirada invisible, película basada en Ciencias morales, aparecerá próximamente en Francia. Si sintetizamos el argumento de la novela: se trata de la historia de una preceptora que vigila y reprime a los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires en los años ochenta. Además del placer que generan, yo creo que las palabras en Ciencias morales van siempre más allá, cuentan con otros sentidos. Ciertas palabras (en Argentina, en la actualidad, el caso más evidente es el de “desaparición”) que llevan una carga histórica particular. A veces parece que la significación de algunas de estas palabras es aquello que hace avanzar la narración.

Martín Kohan: Te agradezco las observaciones. Yo creo que estas características generales de la literatura deben subrayarse mucho más cuando se trata de una novela política. Porque la realidad política, sobre todo cuando se trata de un período muy intenso como puede ser la dictadura militar de un país, es muy potente. El riesgo de una literatura que se interesa por lo político, como es el caso de Ciencias morales, consiste en que esa realidad política imponga sus sentidos. Hay una fuerte tradición de literatura política en la que yo no me reconozco: aquella en la que la literatura se subordina a la representación de una realidad que impone su lógica y fija los sentidos. La literatura se limita a ser un espejo que refleja algo que está afuera. En cambio, a mí me interesa la posibilidad que la literatura tiene de transformar las palabras cotidianas, porque permite definir otros sentidos posibles para esa realidad. Incluso, esa posibilidad permite hacerle decir a la política aquello que la política por sí misma no dice, aquello que la literatura sí puede revelar. En ese caso, para mí sí cobra sentido la literatura política.

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