30/12/2010

Chin-chin

Por

Imagen de Susanaudrey, licencia CC

Al fin llega la hora de despedir el año. Una tarea obviamente rutinaria, pero no menos placentera, por lo menos para mí.

Este año en Hablando del asunto hicimos muchas cosas. El blog se distinguió especialmente por el trabajo de mis amigos que aportan su trabajo con brillantez y esfuerzo.

Ustedes ya los conocen, pero repaso por si hiciera falta. Federico Reggiani cada viernes entregó un pequeño ensayo sobre historieta, Marcelo Zuccotti lee con voracidad y cada sábado o domingo deja un mail en mi casilla de correo con una reseña lista para ser publicada. Fabrizio Tocco y Cristian Piazza son nuestros ojos al mundo. El primero desde Europa (antes desde Barcelona, ahora desde París) y el segundo desde la luminosa Nueva York envían textos que parecen compuestos por pinceladas y no por oraciones.

Otros amigos también nos visitaron y espero que sigan pasando por acá: Lucas Mertehikian, Javier Quintá, Ezequiel Zaidenwerg y Alejandro Crotto.

Personalmente me quedo con ganas de más. Conocí a muchas personas valiosas y sin dudas fue un buen año, sin embargo el segundo semestre no me permitió hacer todas las entrevistas o notas que hubiese querido, a veces la vida real le gana a la vida virtual. Gracias a mis compañeros, eso no se notó.

Por lo pronto me voy a tomar unos poquitos días, dos semanas, para leer y planear cosas para empezar el nuevo año con energía.

Felicidades para todos, nos seguimos leyendo en unos poquitos días.


28/12/2010

Recibimos: Los hijos únicos

Por

Agradecemos a Editorial Gárgola por el envío de Los hijos únicos, la novela de Manuel Crespo que obtuvo el premio “Laura Palmer no ha muerto” otorgado por el sello. Es su primera novela.

Podría decir que la de adentro es una novela sobre la amistad, pero lo más justo sería reconocer que es una novela sobre mis amigos. Sobre mis amigos y yo. Mi vida no es muy especial que digamos. Pensar en eso me hizo dudar en un momento, cuando ya tenía casi terminado el primer borrador, pero enseguida le paré la ruedita al hámster. Mejor seguir como hasta entonces, tranquilo, a medio paso, ensamblando memoria impura con puro invento. Vista de cerca, una vida normal es una cosa bastante difícil de explicar. No sé si los tres tipos que pedalearon conmigo esa tarde, hace más de diez años, se acuerdan del cementerio vacío, del zumbido de las llantas sobre las baldosas, del silencio de todo lo demás. Yo sí

27/12/2010

Tres libros, una obra

Por

Sobre Claus y Lucas,
de Agota Kristof (El Aleph, 2009)

Primero fue la recomendación de un amigo, asiduo lector, de esta trilogía. Luego, espoleó mi curiosidad una seguidora de este espacio, con una reseña del libro en el suyo –y una propuesta rayana en el desafío-. Finalmente, fueron los buenos oficios de un librero de alma que hicieron posible su lectura. Vaya a los tres mi reconocimiento en esta oportunidad y, en ellos, a todos aquellos por los que el virus de la lectura –siempre en germen- se esparce.

Esta obra está compuesta por tres libros, aunque no componen precisamente una saga, o por lo menos no pareciera. De hecho, me consta que cada uno de ellos había aparecido en una edición anterior sin sus compañeros. El primero, se llama El gran cuaderno, en plena alusión adonde estos gemelos, de corta edad y abandonados por su madre -con motivo de la guerra- en manos de una abuela a la que ni siquiera conocían, vuelcan sistemáticamente todo lo que aprenden de la vida cotidiana en un paraje de frontera, cuya única oportunidad de supervivencia es realizar las tareas de la granja, sin asistencia, con la sola presencia de la despiadada abuela y algunos personajes que permiten tales aprendizajes. Lo destacable es la carencia absoluta de sentimientos de los chicos, capaces de hacer ejercicios para soportar el dolor, el hambre y hasta matar sin cuestionarse moralmente ningún acto.

En La prueba se narra la historia de Lucas, una vez que Claus cruza la frontera y escapa. Con la abuela muerta y un cura como única compañía, Lucas entra en crisis debido a su soledad, que se ve parcialmente disminuida por la llegada de una joven con un hijo en sus entrañas. Sin credencial que acredite su identidad, Lucas encarna al “inexistente”, poniendo a prueba varias veces al lector en su fe de que realmente los mellizos existen y no son solo parte de la imaginación del protagonista –reforzando la idea inicial sostenida desde el anagrama con que se construyen ambos nombres-. El relato se vuelve sórdido de a ratos, donde no se escatima alguna alusión socarrona al “partido” dirigente. Acompañado por unos personajes que oscilan entre lo funambulesco y fantasmagórico, Kristof se las arregla para mostrarnos todo tipo de desencuentros y sinsentido, como si la vida sólo fuera eso, un padecimiento sin fin.

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24/12/2010

A la una, a las dos y a las tres

Por

Pensar cuando hace calor es fastidioso. Sólo queda recurrir a restos de pensamientos pasados, a fragmentos truncos y a revelaciones de última hora. Allá vamos. Total, todo el mundo está preparándose para la venida del Niño.

1.

La última vez que pasé por acá, canté mi modesto saludo a la edición del Carlos Gardel de Muñoz y Sampayo, ese libro maravilloso. Me quedaron algunos detalles por comentar, excluidos por dos supersticiones hermanas: la extensión y la coherencia.

El libro incluye, además de algunos textos de los autores, una nota de Julio Cortázar publicada en Sur en 1953. Allí, Cortázar prefiere al Gardel de los años veinte, que:

contiene y expresa al porteño encerrado en su pequeño mundo satisfactorio: la pena, la traición, la miseria, no son todavía armas con que atacarán, a partir de la otra década, el porteño y el provinciano resentidos y frustrados. Una última y precaria pureza preserva aún del derretimiento de los boleros y el radioteatro.

Es ley, me parece, que dado un estado de cosas, haya siempre un estado anterior que lamentar. Dice Borges en la “Historia del tango” que incorpora desde la edición de 1955 a Evaristo Carriego:

Recuerdo que hacia 1926 yo daba en atribuir a los italianos (y más concretamente a los genoveses del barrio de la Boca) la degeneración de los tangos. En aquel mito, o fantasía, de un tango “criollo” maleado por los “gringos”, veo un claro síntoma, ahora, de ciertas herejías nacionalistas, que han asolado el mundo después.

La añoranza de Cortázar en 1953 era ya decadencia para el Borges del ’26 (y para el Borges posterior, si recordamos el chiste de Bustos Domeq, que propone a Gardel, y a Gotusso, y a Garófalo y a Giganti-Tomassoni como “el cantor más conocido de aquella temporada”). Hoy, en que tanto el desafío como el lamento son parte del pasado, podemos protestar en bloque por ese quiebre de la cultura “popular de masas” que en los ’60 hizo temblar al tango, al cine (y a la historieta) con los sones demoníacos del Club del Clan. No está mal, pero tampoco está mal saber que parte de lo que añoramos puede ser una porquería. Uno de los muchos méritos del Carlos Gardel es que se trata de un libro que se mantiene a distancia tanto de la melancolía acrítica como del cinismo.

2.

A través del blog de Julieta Lionetti llego al nuevo juguete de Google: Google Books NGram Viewer. Lo que han hecho estos pibes es armar, a partir de los libros que escanean en el proyecto Google Books, varios corpora (plural de corpus, ¿qué tal mi latín?) de palabras, para diversos idiomas, lo que permite rastrear la frecuencia de uso de uno o varios términos específicos en el interior de los libros. Fascinante y adictivo. Después de hacer varias pruebas impublicables (el cuadro de los diversos nombres dados al órgano sexual masculino me había quedado precioso), se me ocurrió examinar diversas designaciones para “historieta”: historieta, comic, cómic (con tilde), y tebeo. Copio el gráfico, que fortaleció mi adscripción a la herejía que deploraba Borges. “¡Tomad, godos, la tenéis adentro, gana historieta! ¡Argentina, Argentina, Argentina!” Es cierto que la palabra “historieta” tiene en castellano muchos usos no específicos, mientras que las palabras cómic y tebeo no. Y es cierto que “cómic” crece a pasos angigantados. Maldición.

De lo que no tengo dudas es acerca de la importancia de acompañar a Julieta en su defensa de la lindísima palabra “lindo”. “Bonito” es, efectivamente, un pescado.

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23/12/2010

Recibimos: La comemadre

Por

Agradecemos a Editorial Entropía por el envío de La comemadre, primera novela de Roque Larraquy.

La comemadre ofrece dos relatos que hunden sus raíces en la misma materia y abrevan en las mismas obsesiones. De un lado, un médico que se ve envuelto en una iniciativa científica descabellada y cruel, en un sanatorio suburbano. Por otra parte, un célebre artista plástico que lleva al extremo su búsqueda estética y se transforma, él mismo, en objeto de experimentación. Por ambos hemisferios de este libro rondan la intervención sobre el cuerpo y la búsqueda de la trascendencia. Primero, presentadas como derivación de una contrahecha esperanza positivista, a comienzos de 1900. Luego, como resultado de una apuesta artística radical, exitosa y, finalmente, banal en los inicios del siglo XXI. En el centro de esta novela, puntuada por el humor y la velocidad de su cadencia narrativa, flota la idea de lo monstruoso. Roque Larraquy lo presenta no ya de un modo ajeno o repudiable, sino como el motor de un quimérico progreso colectivo o personal, como una de las absurdas secuelas del amor.

23/12/2010

Una invasión pacífica: entrevista a Michael Reynolds de Europa Editions

Por

Cuando Roger Straus y John Farrar iniciaron sus labores editoriales en 1946 el mundo ya no era el mismo. Fue, entre otras cosas, un año crucial para los libros y las editoriales. Todos los que rememoran esa época destacan el deseo que existía entre los jóvenes por leer y comprar libros. El nuevo orden precisaba un logos, un replanteamiento y eso llevó a muchos a pronunciarse con un ímpetu feroz. Anatole Broyard, crítico y bibliófilo, abrió, por esos años, una librería de usados en Carmine Street en Greenwich Village y cuenta en sus memorias “Kafka was the Rage” esa euforia de los primeros años de la posguerra. Décadas después y bajo condiciones muy distintas, algunos pequeños editores sintieron la necesidad de trazar un nuevo perfil, de acercarse nuevamente al lector, de restituirlo a ese lugar privilegiado.

Europa Editions emerge principalmente como respuesta a un vacío evidente en la oferta editorial norteamericana, y a su vez como renuencia a un período incierto sobre el rol de la literatura como símbolo inherente de nuestra cultura. Esos valores, estrechamente ligados al proceder editorial de épocas pasadas, fueron absorbidos arbitrariamente por lo comercial y lo corporativo.

La reciente generación global hizo que unas pocas manos se adueñasen de muchísimas disciplinas, destinos, métodos. La cultura del “asset” derivó en una uniformidad de pensamiento que nos fue acercando y alejando simultáneamente. Dice Kundera en Inmortality que la realidad está hecha de cosas que escuchamos pero nunca hemos hecho; experiencias y recuerdos prestados.

No somos una fundación sin fines de lucro, tenemos que publicar libros que se puedan vender. Y creo que es algo positivo. Ciertamente, no publicamos libros que no nos gustan o carecen de algún valor por el sólo hecho de que puedan vender.

Algunas de las propuestas de este sello, en un mercado donde existe una gran brecha en cuanto a ficciones traducidas, incluyen el éxito de un policial italiano (el caso de Carlo Lucarelli), la historia de una pareja alemana y una reflexión sobre la vida luego del 11/9 (The Have-nots de Katharina Hacker) y el pensamiento erótico del mundo árabe a través de los ojos de una mujer (The Proof of the Honey de Salwa Al Neimi).

“Somos simultáneamente esnobs y populistas” Se lee en una entrevista a Sandro Ferri (capo y cerebro de Europa Editions y de E/O en Italia). Al trabajar muy cerca de los textos y de su impacto en los lectores: “No publicamos para una élite ‘literaria’, para premios o para los críticos. publicamos para los lectores.”

Así como Straus y Farrar hicieron accesible a autores como Eugenio Montale, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Elias Canetti y Yasunari Kawabata en esa época dorada del mundo editorial yanqui, también los chicos de Europa Editions se sienten un sello cuya fortaleza principal es la traducción.

Paralelamente al fenómeno de las Super editoriales (y sus supermercados de libros) se ha hecho visible un interés renovado por  la producción (cuasi) artesanal de textos, la librería independiente y el librero de oficio, con mesas y vitrinas irrepetibles, fruto de una selección personal en oposición a las mismas fotos y los mismos títulos reproducidos en serie; sugerencias que parecen dictadas desde los pasillos editoriales. En fin, demasiadas precauciones (proyecciones) en un oficio que nunca se caracterizó por tenerlas.

Bajo estos cánones modernos y corporativos muchos autores habrían sido relegados al silencio. Hubiera sido imposible, pienso,  dar un paso tan controversial como el que llevó a Feltrinelli a publicar Doctor Zhivago de Boris Pasternak en 1957 en Italia. A mi modo de ver, uno de los capítulos más emblemáticos de la editoría de la posguerra.

Los títulos de Europa Editions pueblan los anaqueles desde hace cinco años. La nómina de personal es de apenas tres empleados. Sus propietarios Sandro y Sandra Ferri “i Sandri” debutaron en el mundo editorial hace 31 años en Roma y suman ya un catálogo de importancia, con esa casa matriz, con autores internacionales y locales (entre los argentinos están Bizzio, Parisi, Saccomano y Arlt, todos traducidos al italiano)

Tuve una conversación con Michael Reynolds, uno de los editores jefe de la oficina neoyorkina y también traductor de varias novelas del catálogo. Su trabajo consiste en elegir títulos y desarrollar una estrategia de mercado, aunque reconoce que siendo tan pocos les toca hacer de todo. Seguir leyendo

20/12/2010

Sobrevivir como se pueda

Por

Sobre En tierras bajas,
de Herta Müller (Punto de Lectura, 2010)

Siempre resulta novedoso encarar la lectura de una de las obras de un autor galardonado con un premio literario de tanta trascendencia como es el Premio Nobel. A decir verdad, yo no he seguido con devoción las alternativas de premiación; sólo me he enterado de quienes han sido los afortunados por los medios de comunicación y, en los últimos años, a través de este mismo espacio. Hace poco atrás, leyendo una reseña de otro libro en la red, encontré que este libro de cuentos de Müller era el más representativo de su obra. Por ello lo busqué y decidí leerlo.

Es una serie de relatos donde lo grotesco y absurdo comparte cartel con la denuncia al régimen rumano de Ceaucescu y el surrealismo propio de la creación de la autora, narrado con desparpajo desde la óptica de una niña. En todos ellos, imágenes oníricas se suceden con represiones y buena dosis de carencia de comunicación entre los personajes. Un tono socarrón que se burla de las creencias populares se conjuga con vidas paralelas; familias desmembradas que no son tales se alternan con descripciones bucólicas y rústicas de la vida social a la que se ve sometido el pueblo bajo un régimen totalitario y oprobioso.

Escrito en lenguaje cotidiano, generalmente con frases cortas y contundentes, abundante en detalles y por momentos con escenas bizarras rayanas en mal gusto, Müller nos entrega su visión literaria de una sociedad esclavizada, donde la hipocresía, la muerte y la uniformidad campean libremente, sin otro objetivo que sobrevivir como se pueda. Realmente, el estilo narrativo se lleva de la mano de las construcciones de cada uno de los cuentos, con lo que el conjunto alcanza expresión considerable en cada una de las escenas.

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