31/12/2009

Abramos el libro del 2010

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Al fin es 31, se terminó el año aunque, como siempre decimos, mañana sigue todo igual. Las cosas cambiaran solo en la medida que les pongamos el hombro.

En esta ocasión no armé una superproducción de despedida, como en 2008, pero no quería dejar de saludar a mucha gente que hace de Hda un espacio para la literatura, sin mayúscula, del que estoy muy orgulloso.

A la derecha, en un cuadrito de “categorías” podrán ver los nombres de los colaboradores que escribieron durante este año: Cristian Piazza, Marcelo Zuccotti, María Agustina Melchiori, Luciana Barrena, Leandro Vives, Javier Quintá, Juan José Burzi, Catalina Rossini, el Gordo Gostanián, Giselle Pablovsky, Marina Arias, Federico Reggiani, Fabricio Tocco, Fabiana Blanco y Alejandro Soifer. Espero que cada uno de ustedes, lectores, los conozcan y hasta disfruten más a unos que a otros. La idea es sumar voces de prestigio que nos acerquen y produzcan cosas. Todos se esforzaron para que así sea. A ellos les debo el favor de haber creído en Hda para poner su firma y dedicar tiempo de sus vidas.

También vaya el saludo para los editores y autores que confiaron en nosotros, los colegas que nos señalan cosas siempre para mejorar y nuestras familias que nos soportan al teclado hasta altas horas de la noche.

Lo demás es todo para los lectores que diariamente pasan y dejan -o no- sus comentarios halagüeños, ariscos, reprochadores, revanchistas, reconfortantes, esperanzadores o simplemente locos. Aún los más odiosos producen algo que nos hace pensar si estamos haciendo las cosas realmente bien.

Espero que puedan aprovechar esos días mansos del verano para leer todo lo que fue quedando durante el año, para que se reencuentren con los libros que tanto queremos.

En lo que a mi respecta les puedo decir que me fascina este blog y que cada día pienso en él para hacerlo un poquito mejor. No siempre sale todo lo que quisiera, porque lo quiero todo, pero la cuenta final es siempre muy positiva, por las cosas que logramos, las que hacemos y las que estoy planeando para el año que viene.

¡Salud!


30/12/2009

El arte en su época de reproductibilidad digital /9

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El arte en su época de reproductibilidad técnica

Última parte de la desgrabación. Gracias a los que tuvieron la paciencia de leer todo el texto y disculpas a los participantes por algún error que ya fue solucionado.

[Leer la octava parte]

Público: Tengo una pregunta, porque hay una tensión de la que no se están haciendo cargo, me parece o yo no termino de entenderlo, lo planteó alguien ya.

Yo como escritora hoy renuncio y me conformo con ganar       este 10% con extremísima suerte. A lo que estaría apostando con el copyleft es a difundir lo que yo escribo, no a vivir de eso. O sea, ¿sigo renunciando a vivir de lo que yo escribo? Esa es la pregunta.

Noelia Rivero: No, es aparte. El contrato que hagas con la editorial, de comercialización de tus libros, lo negocias vos. Lo que habilitas con estas licencias de distribución libre, es que se pueda compartir y que la gente lo pueda prestar a nivel digital, simplemente es eso sin fines de lucro. De golpe, si queres lo podes habilitar con fines de lucro.

Nicolás Echaniz: Eso en particular, si no se hace nada, no habría cambio. Vos seguirías firmando el mismo contrato, si ella te quiere hacer a vos un contrato del 5% y vos lo aceptas, listo. Si hacen otra cosa que les parece más razonable, también.

Pero me parece que se abren algunas posibilidades. Si se armara esta historia de una biblioteca que tuviera algún peso y tu obra pasara a estar ahí surge la pregunta de dónde queda el 40% del librero.

Yo podría ponerme a mirar en esa biblioteca qué me gusta, leería pedacitos de algunas cosas.

Estoy todo el día delante de una computadora pero es muy raro que lea un libro entero. El último que leí en algunos años fue este [señala el libro de Fundación Libre]. Pero igual uno no tiende a leer libros enteros. Por lo general a la gente que conozco no le gusta leer libros enteros en PDF. Entonces tener ese espacio daría visibilidad y tendría una función de evitar la venta de basura. Si lo que vos escribís es una porquería, yo lo voy a ver antes y no te voy a comprar. Cosa que si estoy todo el día viendo el poster por la calle de “comprá este libro que es buenísimo”, bueno, capaz que me lo compraría.

Ese espacio serviría para democratizar la cultura porque, por un lado, podríamos acceder a verlo antes. Por otro lado, si yo no quiero leer el libro entero sino consultar un pedazo, algo que pasaría muy frecuentemente en Bibliofyl, consulto ese pedazo y no me lo compro, o si me interesó, me lo compro. Además está accesible en todos lados, en vez de estar en las cuatro librerías de la Calle Corrientes. Lo podrían imprimir las diferentes imprentitas o editorialitas.

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30/12/2009

Recibimos: Las islas y los continentes

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Agradecemos a Gabriel Cirelli por el envío de su libro Las islas y los continentes (El libro muerto) editado en Baladí ediciones.

En una perdida isla del Egeo es hallada una pieza arqueológica que podría dar categoría científica a la existencia del Rey Arturo. Un investigador entra en juego al llamado de una amiga, directora de la excavación, que le pide investigar las extrañas epigrafías que pueblan las armaduras y armas excavadas después de aquella primera pieza.

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30/12/2009

El último día de Gandhi

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Ayer, gracias a la nota de Patricia Kolesnicov me enteré de que hoy es el último día de la librería Gandhi en la calle Corrientes. Cierra por problemas económicos, pero no sin prometer un regreso en algún otro lugar.

Me dieron ganas de visitarla antes del cierre definitivo.

No era una librería de todos los días, pero supe trabajar a dos cuadras de Callao y Corrientes durante un buen par de años y cada vez que pasaba por ahí no dejaba de entrar para, aunque sea, ojear las mesas de novedades que se diferenciaban de las librerías de saldo.

En Gandhi debo haber comprado mis primeros libros de poesía y encontré algunas revistas hermosas. Me acuerdo de una en especial que venía en un tubo de papel madera. La compré pensando que era la gran novedad y al otro día, mirándola en detalle noté que no sólo no era una novedad sino que ya había desaparecido.

Los años noventa fueron los de la concentración. Desaparecieron las librerías chicas y casi todo quedó en manos de las cadenas, Gandhi en manos de Galerna que hoy parece atravesar momentos económicamente complicados. Quizás durante la segunda década del siglo XXI se continúe sobre un esquema que parece avanzar lentamente por lo menos en La Ciudad: las librerías especializadas, con catálogos bien conocidos por el cliente conviviendo con las cadenas que comercializan los productos de venta masiva.

Mientras tanto, les dejo unas fotos de lo que, hasta hoy, fue Gandhi.

[flickr-gallery mode=”photoset” photoset=”72157622973415241″]

29/12/2009

El arte en su época de reproductibilidad digital /8

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El arte en su época de reproductibilidad técnica[Leer la séptima parte]

Noelia Rivero: Yo creo que esta discusión supera a la camarilla estética, me parece que es una discusión ética. Cuando se hicieron las invitaciones un poco lo planteaba: esto no es un evento de la editorial o de las editoriales que están presentes sino que es una invitación a una discusión ética desde el lado de los hacedores. Así que habría que tratar de superar este tipo de tribus y tratar de convocar a esta discusión donde no importa la estética ni el grupo al que pertenezcas. Si estás haciendo libros, de esto te tenés que enterar, a favor o en contra, pero no puede ser algo que pase de largo.

Público: Me parece que en el caso de lo que menciona ella [Carolina Sborovsky] funciona mucho este sistema de validación cultural. Por ejemplo Oloixarac vendió no sé cuánta cantidad de libros porque en realidad tuvo el respaldo de Daniel Link atrás entonces todos los monos de Filosofía y Letras salieron a comprar el libro.

Noelia Rivero: Eso no se discute, pero esta discusión no hay que llevarla a lo estético sino a lo ético.

Público: Pero a mí me parece interesante observar este caso porque tiene que ver con el sistema de referencias que se crea alrededor de determinadas cuestiones. Es Link diciendo “yo no quiero que la CADRA me represente un carajo y desautorizo a la UBA a pagar cualquier tipo de dinero” y al mismo tiempo publicando una nota en Perfil donde dice que a partir de ahora todos los autores que estuvieran asociados a este tipo de organismos, que prohibieran el uso de fotocopias, “yo no los voy a citar más”. En todo caso es una decisión que se discutió muchísimo, dio a correr bytes a lo loco en Internet. Pero es algo que está apuntando a este tema de quiénes son los que generan el monopolio en el sentido de qué es lo que se va a distribuir; ya sea la no distribución de obras del interior o ya sea quiénes son los que generan el canon.

Hay otro tema bastante importante. En primer lugar lo que dijo Bea: si vos publicás tu libro en mi editorial vas a tener estas editoriales que te distribuyan. Además, pensar un sistema de validación que sea alternativo al modelo actual. Una de las cosas que habíamos charlado con Nico era la idea de armar una especie de biblioteca de autores que estén bajo la licencia Creative Commons. Digo esto viniendo desde Bibliofyl, nosotros recibíamos seis mil visitas por día. Es mucho más de lo que entra en una librería. Está bien, todo lo nuestro era “ilegal”, era delito, pero por cada texto teníamos más o menos 120 descargas y eran 8000 textos. Saquen sus números

Lo interesante del caso es generar un espacio que le de un valor agregado a esa biblioteca y que además funcione como sistema de validación, porque nosotros de una forma u otra éramos reconocidos y la gente entraba porque teníamos una cierta seriedad en el tipo de textos que colgábamos.

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29/12/2009

Recibimos: Diario

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Hace unos días, en la entrega del premio al libro del año que organizó Eterna Cadencia tuve la oportunidad de conocer al escritor boliviano Maximiliano Barrientos. Tuvo la gentileza de obsequiarme una copia de su libro de cuentos Diario, editado por El cuervo. Espero que el verano me deje sentarme a leerlo en paz.

Este libro me fue entregado -en su versión inédita- en una ciudad cuyo esqueleto está hecho con anillos que harían las delicias de Tolkien. Pasé días y noches leyendo el libro de arriba para abajo, de costado, en diferentes situaciones y estados de ánimo. Su lectura me impregnó como lo suele hacer el whisky, ese querido psicólogo rubio que viene a salvarme en los malos momentos. Sin embargo, las noticias que traía el libro no eran buenas, más bien el libro habla de una anatomía de la soledad, soledad de los protagonistas, tristeza de las parejas que deambulan tratando de seguir con su vida aunque la distopía las oprime y condensa. Ya no hay fiestas en ningún lado, salvo en el lenguaje de estos relatos que se pueden leer como novela, como poesía en versos largos y continuos o como simples raccontos de sueños. En su deambular, los personajes dan cuenta de la muerte de abuelos, hermanos, ideales y hasta de Roberto Bolaño. Para mí no quedan dudas, la literatura boliviana se aleja del costumbrismo y está haciendo literatura a secas: un nuevo mundo mestizo que ya tiene grandes cantores, como el mítico Jaime Sáenz o los jóvenes Edmundo Paz Soldán y Rodrigo Hasbún. Maximiliano Barrientos -el autor de este libro que me tuvo en vela- es un maestro de las imágenes profundas, de los intersticios donde se cruzan los destinos, esos pequeños motores invisibles que hacen que el mundo narre.

Fabián Casas

28/12/2009

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