30/01/2009

La música, esa protagonista sin crédito /2

Por

[Leer la primera parte]

Esto ya lo escuché…
Asumamos que uno ya es fanático perdido (o  quizá sólo un buen escucha) de bandas de sonido. Se pueden empezar a encontrar fácilmente recurrencias en la composición de partituras, como la marca de agua que identifica a un compositor y lo diferencia de otros. A veces esa marca de agua se pasa de auto referencial y asistimos a una llana “autocopia”. Que levante la mano quién haya escuchado los furiosos bajos y redobles de ciertos pasajes de Piratas en el Caribe (sobre todo la 2 y la 3) y no haya pensado por un momento que estaba escuchando la música de La roca. Hans Zimmer, pese a pergeñar partituras ciertamente “diferentes” (como la de Madagascar) es uno de los compositores más identificables por su manía de volver épico y grandilocuente un sencillo primer plano. Allí están Gladiador y Rey Arturo, para confirmar otros paralelismos visibles.

Tapitas

Después están los compositores más bien reacios a repetirse, como Craig Armstrong; un tipo tan bueno que apenas tuvo un atisbo de nominaciones por las notables partituras que compuso para Realmente amor o El americano impasible. Y está bien, porque es un caso bastante inusual de música tan poco efectista que se funde con el filme, lo cual es en primera instancia el objetivo de un buen compositor. Al menos ganó por Moulin rouge!.

En las antípodas de los dos anteriores suelo ubicar a Thomas Newman, que sí ha ganado premios pero no hace otra cosa que utilizar los mismos motivos, con notas cambiadas, para un filme atrás de otro. Es distinto cuando debe conducir una partitura mixturada (su notable trabajo en Wall-E lo prueba), pero si tenemos que remitirnos a las dos últimas partituras que hizo para Sam Mendes… auch! Camino a la perdición y más recientemente Sólo un sueño son un ejemplo de cómo se puede arruinar el dramatismo de una escena con la musicalización equivocada. Claro que hay excepciones dignas, como Belleza americana o Amores que nunca se olvidan (Jocelyn Moorehouse, 1995). Un Newman pre-nuevo milenio que todavía le encontraba el pulso a la música en escena.

Se podría decir que Morricone es el compositor que mejor ha sabido aprovechar polifónicas y sinfónicas a su disposición; su utilización de cada instrumento o sección de instrumentos es única y fue el gran innovador introduciendo elementos como voces de cantantes líricas, silbidos y gritos en medio de un leitmotiv musical. Se ajustó a estas características personales durante mucho tiempo. Hay otros compositores que tienen particular afecto por algún instrumento en especial, una especie de pasaje al éxito fácil. Como James Horner, que por un tiempo se había vuelto un fanático de la inspiración celta (básicamente: gaita, flautas y efectos con violines). Le rindió nominaciones y triunfos por Braveheart, Titanic, La tormenta perfecta… Sin embargo, Horner también es responsable de las elegantes y conmovedoras Iris y House of Cards, nunca reconocidas; la última ni siquiera se editó para su distribución en disquerías.

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30/01/2009

¡Quiero vacaciones!

Por


por M. F.


El futuro no es nuestro

Esta imagen corresponde al libro Sin palabras que contiene un diccionario de gestos frecuente en el habla criolla, particularmente porteña.
Se pueden encontrar toda clase de gestos: sexuales, humorísticos o del lunfardo. Es una edición bilingüe claramente dedicada al visitante extranjero, en la misma línea que un libro (muy exitoso) como ¡Che boludo!
A mi me sirve para contar cómo estoy en mi trabajo y la impaciencia que tengo por la llegada de mis vacaciones.

29/01/2009

Minaverry y la pampa

Por


por M. F.


Hacía mucho que no me compraba la revista Fierro. Me frustra un poco y creo que debe ser por mi vocación libresca. Eso de leer dos páginas de cada historia y tener que esperar hasta el siguiente número me pone de mal humor, máxime si no me gustan todas.

Esta vez la compré por la tapa, la sirena de los kioskos. En ella estaba el personaje protagonista de las páginas que están a cargo de Minaverry, Dora.

Antes ese personaje se movía por la Alemania de posguerra. Ahora parece que se mudó a Argentina. Quisiera tener todos los números, pero más quisiera que esa historia, Rat-line, se editara completa en una revista independiente.

Minaverry

Si miran esta página podrán ver lo que yo vi, un pueblo del interior, con las casas bajas y los alambrados que dividían los lotes… me conmovió ese retrato de la provincia, tan pulcro y al mismo tiempo sesentista (¿o setentista?). Ahí está la línea de la pampa, Fontanarrosa decía que eso era lo más simple (da gusto esa gente que aparenta ir a menos), se hacía una línea horizontal y listo, ya estaba el escenario. No es el caso de Minaverry, pero ahí está la línea y ahí está la pampa.

29/01/2009

Para tiempos de crisis

Por

El señor Grandet no compraba nunca carne ni pan. Sus colonos le llevaban todas las semanas una provisión suficiente de capones, pollos, huevos, manteca y trigo a manera de renta. Poseía un molino y el arrendatario tenía la obligación, además de pagarle la renta, de ir a buscar una cierta cantidad de grano y de entregarle la harina y el salvado. Nanon, su única criada, aunque ya no era joven, amasaba ella misma todos los sábados el pan de la casa. El señor Grandet se había arreglado con los hortelanos arrendatarios suyos para que le abasteciesen de verdura. En cuanto a la fruta, era tal la cantidad que recogía, que tenía que vender una gran parte en el mercado. La leña para el fuego la cortaba en sus setos o la cogía de los viejos arbustos medio podridos que se encontraban en las lindes de sus campos. Sus colonos se la acarreaban hasta la ciudad con los gastos a su cuenta, se la apilaban por complacencia en la leñera y a cambio recibían las gracias. Sus únicos gastos conocidos era el pan bendito, los vestidos de su mujer y de su hija, el pago de las sillas en la iglesia, la luz, el sueldo de Nanon y la compostura de sus cacerolas, el pago de las contribuciones, las reparaciones de sus edificios y los gastos de los cultivos. Tenía seiscientos arpents de bosques recién comprados que vigilaba el guarda de un vecino al cual había prometido una indemnización. Y sólo después de esta adquisición probó el la caza.

—-
1- En Balzac, Honore de: Eugéne Grandet, Hyspamérica, Buenos Aires, 1983, p. 21.
Imagen: DocDee

28/01/2009

Filosofía + vinos

Por

Un amigo, el filósofo Luis Diego Fernández, va a hacer un ciclo en el que se mezcla el vino y la filosofía. No debe haber mejor combinación. La propuesta es más que interesante y seguro que en alguno nos prendemos, en Eterna Cadencia.

Cata de ideas

28/01/2009

Off-line

Por

11º mandamiento: Si quieres mantener un blog, no contrates Fibertel.

(El editor, desde un ciber)

28/01/2009

Recibimos: El futuro no es nuestro

Por

Agradecemos a Eterna Cadencia Editora por el envío de su primer libro de 2009: El futuro no es nuestro, antología de nueva narrativa latinoamericana a cargo de Diego Trelles Paz.

El futuro no es nuestro

Queremos que nos lean, sí, pero sin los incentivos ni acondicionamientos extraliterarios impuestos por los intereses del mercado que estigmatizan y simplifican nuestras propias diferencias. Queremos que nos lean, cierto, pero sin permitir que pongan sobre nuestros hombros ese pasado literario estupendo y, sin duda, formativo, de los escritores del Boom, nuestros queridísimos monstruos del aprendizaje. No esperamos, finalmente, su benevolencia o delicadeza, sino la complicidad y el interés sincero a la hora del viaje, placentero o pesadillesco, de vuestra lectura.
La ventana está abierta ahora: sin onomatopeyas ni prefijos pegajosos. Sin el marketing de las estrellas de rock ni la pose del escritor ultra cool que mira-pero-no-mira el destello de los flashes, lo invitamos a asomar por nuestra pequeña casa robándole el título de una de las películas (del horror) el olvidado maestro ruso Elem Klimov (1933-2003): Come and See, querido lector; ven y mira, que aquí estamos, de espaldas al futuro, narrando el derrume.

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