30/04/2008

NNA en la Feria /1

Por

El sábado 26 de abril, en la Feria del Libro, y con la coordinación de Silvina Friera, los escritores Samanta Schweblin, Oliverio Coelho, Juan Terranova y Pablo Toledo disertaron en la mesa “La joven narrativa argentina. La nueva narrativa argentina, a través de sus protagonistas: los escritores nacidos alrededor de 1975”

Lo que sigue es la primera parte de la desgrabación con una edición muy ligera –busqué no perder el registro oral, limitarme a quitar redundancias o latiguillos–, en un intento por transmitir, además del mensaje, el tono y el ambiente en donde se desarrolló.

Por P.Z.


La pregunta disparadora, que no se llegó a grabar, fue acerca del compromiso político de la generación.

Oliverio Coelho: Yo lo que diría es que sí está como telón de fondo, pero en cada autor está de distintas maneras. No se puede hablar de una generación que hace un tratamiento político desde el mismo lugar. Y algunos están politizados en la vida cotidiana y pueden no tener posición política en sus textos.

Pablo Toledo: Sí. Por un lado, coincido totalmente en que se habla de la generación como si estuviéramos hablando de una persona o de una cosa y, en realidad, me parece que deberíamos hablar de acercamientos individuales. O en todo caso, si nos ponemos a ver líneas, van a ser tantas, que van a ser casi más que la cantidad de gente.

Y por otro lado, que el machaque de que no hay política es que no hay política de podio. No hay política en el sentido de un discurso de bajada de línea. Eso sí creo que no hay, y en lo personal celebro que no haya.

Personalmente desde Se esconde tras los ojos para acá, que todo lo que estoy escribiendo tiene un trasfondo político, pero nunca desde ese lado. Toco temas que están políticamente cargados y la política está dentro de esos temas. Escribí una novela que tiene que ver con el tema del exilio, el exilio argentino en México. Se llama Tangos chilangos, todavía está inédita. Para mí esa es una novela política, aunque nadie hable explícitamente de lo que podría ser una novela política en el espíritu de la literatura argentina en el ’60 o de principios de los ’70. No es uno de los últimos textos de Haroldo Conti, para hablarte de una literatura clásica. No es Mascaró.

La que estoy escribiendo ahora pasa en un momento políticamente cargado, tiene que ver con el desplazamiento de la ciudad de Federación, con la destrucción de autopistas en Buenos Aires, con gente que por decisiones políticas perdió sus casas y se encontró con una situación de destierro, destierro interno pero destierro al fin. Y para mí eso es un tema político también.

Ahora si viene alguien diciendo que eso no es un discurso político en el sentido de la literatura política: no, no lo es. No va a ajustarse a esos cánones, pero es la manera en que, me parece, se puede tratar ahora. Me parece que la época de la lectura única del discurso, de hacer de la novela una especie de discurso de barricada… no creo que seamos una generación que tenga ese nivel de discurso en ningún lado y menos en lo que escribimos.

No sé si están de acuerdo o no.

Juan Terranova: No. [Risas]

¡Qué raro! ¿Cuál es tu opinión?

Juan Terranova: Bueno, yo hoy tuve un día bastante complicado. Me peleé con mi mujer, estuve a las patadas. Después pedí disculpas, y en parte la reconciliación fue llevar a mi hija que tiene casi tres años al zoológico. Por una cuestión de proximidad, después volvimos a mi casa, hicimos un montón de cosas. Pero dijimos “bueno hoy vamos a ir al zoológico, ya que vamos a ir a Palermo”. Vinimos dos veces para Palermo. Tenía en la cabeza eso de ir al zoológico porque quería hacer una metáfora acá. No es una gran metáfora, pero en el zoológico están los leones con los leones, los elefantes están con los elefantes, etc. Y digamos nosotros nos ponemos, tres jóvenes… Yo creo que si ponés a un tigre de bengala con un conejo va a haber problemas. Entonces el zoológico es como que toma esa precaución de separarlos. A nosotros todavía no nos separaron. Porque no nos peleamos. No digo que seamos todos tigres, pero somos todos medio guanacos. Digamos: llamas, vicuñas, guanacos, como que está medio ahí todo, sin diferenciarse. Entonces la pregunta a mí me parece que es como que podrían empezar a separar un poco, esa jaula.

¿Y vos cómo la separarías?

Juan Terranova: Yo no estoy de acuerdo con lo que dice Pablo. Y no tengo nada que ver, me parece, con lo que escribe Pablo, con lo que escribe Oliverio. Con lo que escribe Samanta, por ahí tengo algo más que ver, pero tampoco es precisamente eso. Y ya me parece que somos algo más individuales. Ya no somos jóvenes. El otro día en Crítica salió un sub25 y dije “cagamos, se nos acabó el curro porque ahora vienen los jóvenes de verdad”.

Pablo Toledo: Se nos pasó el cuarto de hora.

Juan Terranova: Claro, ya está. ¿No? Un poco que ya hace dos o tres años que se nos viene identificando como una generación. Y con otra gente que tiene mi edad yo comparto otras cosas. Puedo compartir espacios de militancia política inclusive. O militancia gremial con la que yo tuve en un momento una participación bastante activa y por la cual también se modificó mi vida. Digo, eso para empezar como a poner las cosas un poco más claras. Con respecto a quien somos. Los conozco y les tengo mucho cariño a los tres. Incluso a Toledo. [Risas]

Pablo Toledo: Para los que dudaban de la importancia de las preposiciones en la lengua.

Juan Terranova: ¿Ven? Hace esas cosas que son incomprensibles para mí. [Risas] Pero incluso le tengo mucho cariño y compartí algunas mesas con él, le tengo buena onda. Y bueno, con ellos también. Y compartimos un libro bastante fundante también, que es el de La Joven Guardia.

Oliverio Coelho: Bueno, creo que a partir de ahí…

Pablo Toledo: Salió la idea de que éramos una gran banda.

Oliverio Coelho: Un grupo. Fue azar, cualquiera de nosotros podría haber quedado afuera.

Juan Terranova: No sé si fue azar. Veníamos trabajando. Veníamos escribiendo. Pablo había ganado un premio, Samanta ganó un montón de premios. A Oliverio y a mí todavía no nos dieron nada. [Risas] Quizás en algún momento nos den algo, estaría bien. Oliverio y yo escribimos de maneras muy muy muy diferentes. Incluso tenemos una idea de la literatura bastante encontrada. ¿Cómo era lo de la política?

Samanta Schweblin: Como telón de fondo.

Juan Terranova: Para mí la política es la lucha por el poder. Todo lo otro, qué sé yo. Estamos atravesados por la lucha por el poder. Yo vengo acá, pago diez pesos la entrada –bueno, hoy me invitaron–. Tengo que pagar diez pesos la entrada a la Rural, para ver la Feria del Libro y ya ahí hay un montón de cuestiones de poder: la Rural. La Rural es un espacio atravesado por una cuestión histórica. Pero es no significa que yo haga política dejando de venir a acá a hablar con ustedes. “Yo allá no voy, porque los que ponen los tractores en la ruta son todos unos hijos de puta”. Cosa que pienso abiertamente, digamos, pero no: eso no es una decisión política si dejo de venir acá. Por ahí es una afirmación política si yo digo eso, ¿no? Pero creo que la literatura toca la política cuando toca la política. Cuando habla de gente que está por afuera de la política, qué sé yo.

Pablo Toledo: Me parece que se choca en algún punto cuando decís que la política es… Desde la primera parte de lo que dijiste recién, se puede hacer literatura política haciendo una cierta lectura del hecho de entrar a la Rural. Pero después de ahí articulás a “no, pero si no hablás de la política y vamos todos a Lomas de Zamora a hacer un acto, no es la política”. Me parece que estoy más de acuerdo con la primera parte que con la segunda. Se pueden hacer lecturas políticas, se pueden tomar hechos políticos y no necesariamente bajarlos a un discurso, a un discurso político en el sentido de qué es de la política electoral.

Samanta Schweblin: Son lecturas políticas.

Pablo Toledo: Claro.

Samanta Schweblin: Pero lecturas. Me parece que una cosa es el escritor como ciudadano haciendo política y otra cosa es el escritor escribiendo. Y cuando se escribe, me parece que lo político, genere un texto moralista o no, tiene cosas que no hacen directamente que el texto está pidiendo. Me parece que no tienen que ver con la literatura. Es como hacer literatura femenina. Es un objetivo que no es el literario.

Pablo Toledo: Si lo pensás históricamente hay textos muy clásicos que empezaron netamente como textos políticos, de intervención política. Las Catilinarias es un texto de introducción política. Es un discurso para defender una cierta posición en un foro, bla bla bla. Hoy en día, nadie lo lee porque estén de acuerdo con que Catilina era un hijo de puta. Lo leen porque son Las Catilinarias, porque están mejor o peor, y porque representan una cierta cosa. El fondo político se ha perdido. Muchas obras de Las Catilinarias para acá y de Las Catilinarias para atrás, empezaron como intervenciones políticas y hoy en día es lo último que se recuerdan, o es lo que se recuerda en la nota bibliográfica. Muchas de ellas sobrevivieron y muchas de ellas se perdieron, pero esa parte se perdió de casi todas.

Oliverio Coelho: También la literatura política puede partir de una posición filosófica. Vos leés a Céline y te das cuenta de que su literatura es política porque tiene un escepticismo que anticipó el existencialismo. Por eso es literatura política. No porque sea una literatura de denuncia de cómo se gobierna a Francia en ese momento.

Juan Terranova: Sí, igual yo pienso que la política es la lucha por el poder.

Pablo Toledo: La política es la lucha por el poder, pero hay que ver de qué poder hablás.

Juan Terranova: Y la literatura que habla de la lucha por el poder es una literatura política. Si vos no hablás de facciones o individuos que luchan por el poder, por el poder público, dentro de una comunidad dada, que puede ser una democracia, puede ser un fascismo, no estás haciendo literatura política. Esa es mi concepción. Hasta ahora escribí un solo libro que me parece que describe un proceso que puede tener como un rasgo político. Es el libro de poemas que escribí, que es un largo poema sobre la distribución del poder generacional sobre todo en la Facultad de Filosofía y Letras. Y ahora escribí una novela que tiene más que ver con el proceso político. No sé si es literatura política, pero describe un proceso político, y cada vez me interesa más incorporar como un condimento fundamental la lucha por el poder. Lo que sería la líbido de la lucha por el poder. Porque escribí tres o cuatro libros ya sobre la líbido sexual y se me está agotando un poco, me estoy repitiendo…

Pablo Toledo: Viste que no somos tan jóvenes. [Risas]

Juan Terranova: No, claro. Empieza a notarse algún…

Oliverio Coelho: También la lucha de un individuo por sobrevivir puede devenir literatura política. No necesariamente…

Juan Terranova: ¿Qué? ¿Cuál estás pensando?

Oliverio Coelho: Viaje al fin de la noche.

Samanta Schweblin: Sí, pero por ejemplo, esa novela de Céline… Digamos, son políticas después de que se hace un análisis hacia atrás. En el momento en que él lo escribe es literatura pura. Todavía nadie hace literatura hacia atrás de nuestra literatura, ni lo van a hacer dentro de 20 años. Eso también tiene que ver. O quizá no lo hagan nunca. Estamos escribiendo ahora. Hay un tiempo que tiene que pasar para empezar a ver qué tan política puede ser una obra.

Juan Terranova: Vamos a ver. Cuando empecemos a escribir en serio sobre política nos vamos a empezar a pelear, eso está clarísimo. De verdad, lo dije en la ADN la otra vez, creo que lo pusieron. ¿Lo pusieron, no?

Samanta Schweblin: Que nos llevamos todos bien

Juan Terranova: Que nos llevamos bien, pero hasta que empecemos a hablar del peronismo.

Pablo Toledo: Bueno, ¡basta! [Risas] No podés circunscribir tanto la política, que sea un tema.

Juan Terranova: Vivimos en Argentina

Oliverio Coelho: Bueno, en algún momento, sí el peronismo dividió aguas.

Juan Terranova: ¿Cuándo?

Oliverio Coelho: Cuando estaban Marechal y Borges.

Pablo Toledo: Sí, pero es como si Miguel Brascó dijera, “vamos a reducir la literatura gastronómica al Cabernet”. No. [Risas] Es una metáfora.

Juan Terranova: Bastante extraña.

Oliverio Coelho: Pero hay muchos escritores que fueron desvalorizados por ser peronistas.

Samanta Schweblin: Marechal.

Juan Terranova: Jorge Asís.

Oliverio Coelho: En algún momento Giannuzzi.

Juan Terranova: Eduardo Duhalde. [Risas]

Oliverio Coelho: Leónidas Lamborghini, también.

Juan Terranova: Eduardo Duhalde escribió Memorias del incendio, para mí es un libro que fue el libro más importante del año cuando salió. Lo puse en una nota.

Oliverio Coelho: ¿Quién?

Juan Terranova: Eduardo Duhalde, no sé si lo conocés. Es un político argentino. [Risas]

Pablo Toledo: Casi presidente

Juan Terranova: Nadie le dio bola, y para mí es un libro testimonial.

Pablo Toledo: Quien sea que haya escrito ese libro, escribe libros…

Juan Terranova: Está bien. No te voy a hacer la comparación con la Ilíada y la Biblia. Pero me parece que es un libro que está bueno. Y eso es literatura política para mí.


30/04/2008

No es fácil sobrevivir con una editorial independiente

Por

Segunda y última parte de la entrevista a Javier Santillán, dueño de la Editorial Gadir.

Por P.Z.


javiersantillan

[Leer la primera parte]

Hablando de literatura, Santillán confiesa que tiene “una tendencia hacia lo clásico porque creo que lo clásico es lo bueno”, por eso en el catálogo abundan, aunque no se agote en ellos. La inclusión de nuevos títulos son apuestas, descubrimientos que encara el propio Santillán. “Tenemos un par de autores jóvenes italianos: Diego Marani que ha ganado premios muy importantes en Italia y ha tenido muy buenas críticas en España, y Mariolina Venezia, que con su novela Hace mil años que estoy aquí ha ganado el Premio Campiello el año pasado en Italia y ha ganado el premio Llibreter de Cataluña en España este año. Cuando la publicó Gadir no había ganado ninguno. Era una apuesta, una opción por la calidad de aquella novela, me parecía interesante, pero todavía no era una novela consagrada ni mucho menos”.

Cuando habla de Venezia se entusiasma: “Ahora se está traduciendo a 20 idiomas, ya vendió más de cien mil ejemplares en Italia, está siendo un éxito. La novela llegará pronto a Argentina y espero que interese mucho porque es una saga familiar del sur de Italia que cuenta la historia de muchos. Parece la historia de muchos argentinos. Es la historia de una familia italiana desde 1860, desde la unidad italiana, hasta la caída del muro de Berlín. En Buenos Aires no hago más que hablar con gente cuya historia familiar podría ser esa. Es un libro de una gran calidad, ha tenido unas excelentes críticas en España, la han comparado con el realismo mágico, con García Márquez. Tiene algunos elementos que podrían acercarse a eso, aunque es otra cosa”.

I – El rescate italiano

Soy admirador de Buzzati. De hecho, conocí a la editorial por el lanzamiento de Poema en Viñetas, una obra que nunca antes se había impreso en español. Imposible no hablar de él.

Poema en viñetas y La famosa invasión de Sicilia por los osos, que tienen dibujos hechos por Buzzati, los supongo como un desafío grande en respetar la calidad artística.

– Trabajamos con una calidad de impresión muy buena en general, eso no fue un problema excesivo. Hubo sí algunos pequeños problemas técnicos con el Poema en Viñetas, porque incluso en Italia era un libro que tenían bastante olvidado cuando compré los derechos. Hubo unas dificultades para hacerse con la base del libro. Técnicamente, con el soporte informático.

” Luego ha salido muy bien, me parece que es un doble homenaje a Buzzati. El estaba muy orgulloso en su condición de pintor, y de ilustrador y de pintor. Y el Poema en viñetas fue una obra en la que él trabajó mucho tiempo. Se lo tomó muy en serio. A mí me parece que el resultado es fantástico. Siempre digo lo mismo: si Kafka hubiera hecho una novela ilustrada qué diríamos. A Buzzati lo han comparado mucho con Kafka, a uno le puede gustar más uno u otro, pero creo que hay algo comparable entre los dos. No deja de ser un libro extraordinario.

” A Buzzati lo habían dejado dormir en España. Editorialmente estaba muy olvidado, muy poco tratado. Ahora, con El secreto del bosque viejo, vamos por la octava edición en España. Tiene unas críticas maravillosas, se ha convertido en un libro de referencia que además es recomendable para lectores de todas las edades, a partir de los diez años. Luego Un amor: llevamos cuatro ediciones, pronto llegará la quinta. El desierto de los tártaros: hicimos una nueva traducción y la publicamos con el prólogo de Borges. También llevamos cuatro ediciones en poco tiempo.

Me sorprendo cuando Santillán cuenta acaban de publicar La conciencia de Zeno en España.

– ¡La conciencia de Zeno es un librazo!

-Es una maravilla. La traducción es la misma que hizo Lumen, pero Carlos Manzano la ha revisado a fondo para esta edición, porque tenía más de veinte años. Hemos puesto un posfacio de Mario Lavaggeto, que es un gran experto en Svevo. También acabamos de publicar Senilidad, con nueva traducción de Carlos Manzano. Hemos hecho una nueva traducción, empezando por el título, porque creo que estaba mal traducido: no es lo mismo Senilidad que Senectud. El protagonista tiene 35 años, por lo tanto no es senecto. Tiene senilidad precoz o eso es lo que él se autodiagnostica. Pero no es senectud porque no es viejo.

II – La editorial independiente

– Una última pregunta: ¿qué consejo le darías a alguien que está intentando abrir una editorial independiente?

No es difícil empezar, lo que es muy difícil es mantenerse. Es decir, conseguir que los números salgan, que las ventas mantengan la viabilidad. Eso es difícil en un contexto en que las grandes editoriales tienen tantísimo poder de mercado. Dominan, tienen ventajas en cuanto a la producción porque por su tamaño les sale más económica. Tienen grandes ventajas respecto a la distribución y respecto al marketing. Tienen presupuesto de marketing y las ventas están muy condicionadas por la mercadotecnia. Sobrevivir frente a todo eso no es fácil. Por supuesto, hay quien lo consigue.

” Aconsejaría calcular muy bien todos los elementos con los que uno se va a enfrentar antes de ponerlo en marcha. Es decir, hacer cálculos razonables y sensatos sobre cómo pueden ir las cosas, porque si no es fácil que las cosas salgan mal. Independientemente que el proyecto sea una bueno cultural o conceptualmente en cuanto a lo que pueda ser el catálogo o la idea en general, hay un aspecto empresarial que no se puede descuidar y que es muy complejo.

29/04/2008

Hay que entrenar las lecturas

Por

Primera parte de la entrevista a Javier Santillán, dueño de la Editorial Gadir.

Por P.Z.


Dos llamadas para arreglar, tratando de calzar en el “mosaico de la agenda”. El viernes paso a buscarlo por el hotel tres estrellas de Palermo donde se aloja. Javier Santillán llegó a Buenos Aires en un viaje relámpago para destrabar unos temas comerciales, relacionarse con otros editores, profundizar la campaña de difusión de la editorial.

“No voy a ocuparte más de veinte minutos” fue la promesa, innecesaria. Santillán se sienta en el bar, pide un café con medialunas. Tengo frente a mí a un hombre tan ocupado que, sin embargo, se las ingenia para disponer de todo el tiempo. Y lo que es mejor: te lo brinda. La entrevista se extiende lo convenido, pero la charla posterior continúa más de una hora. Finalmente soy yo quien, con todo mi pesar, la interrumpe: tengo que volar al Microcentro.

Javier Santillán

I – La editorial

¿Por qué Gadir? ¿Cuáles son los objetivos?

Es una idea de un lector. Me gusta leer, me considero lector antes que nada. Llevaba años recorriendo las librerías de muchos países buscando cosas que me interesaran. Me daba cuenta que te vas haciendo un perfil de los tipos de libros que te gustan, cuáles no, qué cosas no encuentras que te gustaría encontrar, y qué cosas te gustaría editar. Consideré la posibilidad de hacer una buena librería y la de hacer una editorial. Finalmente me decidí por una editorial, –aunque la librería todavía me sigue dando vueltas en la cabeza, no lo descarto para algún día–. La idea surgió con la filosofía de una editorial bien hecha. Con recursos limitados, porque los recursos son limitados, pero por lo menos responder a un criterio inteligible. De calidad de catálogo, de rigor y calidad en la edición, también en las traducciones. Sobre todo un catálogo que fuera recomendable, altamente recomendable.

II – Catálogo

A la luz del catálogo, el nombre de la editorial puede entenderse como una declaración de principios. Gadir es el nombre de la primera colonia europea, fundada por los fenicios, luego dominada por griegos y romanos. Santillán se enorgullece: “Hoy es Cádiz. Tiene 3000 años de historia, es la ciudad más antigua, no sólo de España, sino de todo el occidente europeo. Es un homenaje a esa antigüedad. Y un homenaje a Cádiz. Tengo casa allí, soy gaditano de adopción”.

Abre un portafolio y comienza a sacar libros. Luigi Pirandello, Dante, Marguerite Yourcenar. Clásicos para niños, libros de texto, cuentos de Mário de Sá-Carneiro, de Antonio Ferres. La mesa se llena de libros de tapa blanca y lomo azul. Tengo el impulso de meterlos todos en la mochila y salir corriendo.

Yourcenar, Gide, Buzzatti. Se nota la búsqueda de un catálogo clásico, histórico, marcadamente de calidad.

Sí, es así. La vida es muy breve, hay que aprovecharla bien. Y en lo que cuenta a la lectura, también. Hay que entrenar las lecturas. Es un catálogo que trata de ayudar a seleccionar las lecturas: “Lea usted esto y no se arrepentirá. No está usted perdiendo el tiempo”.

Pero dentro de eso, también el catálogo está abierto a otras cosas. Por ejemplo, la colección infantojuvenil, que es una colección para todas las edades, es una idea más o menos original: acercar clásicos a los jóvenes en ediciones ilustradas y muy cuidadas. No tanto clásicos infantiles, sino clásicos de toda la vida que en algún momento han escrito algo para los niños o para los jóvenes, o bien en algunos casos son adaptaciones que hacemos, como en el caso de Pirandello, por ejemplo. La tinaja es un relato que él no hizo pensando en los niños. Pero lo hemos adaptado ligeramente y ha quedado un relato muy legible por un niño de 10 años en adelante. Sin por ello dejar de gustar a los mayores, porque es Pirandello en estado puro.

El catálogo de esta colección obedece a esto. Dar de conocer Yourcenar a los niños, Virginia Woolf, Pirandello, Buzzati, Gorki. Aquí no ha salido todavía pero hemos hecho un Pessoa para niños, también. Chejov está a punto de salir en España y también saldrá acá. O la adaptación de la Divina Comedia. La idea es conseguir transmitir a los niños los nombres de la Gran Literatura. Siempre en su universo. Con la complicidad de los padres porque se espera que ellos compren los libros.

¿La idea es que los libros sean escolarizados? ¿O que vayan por fuera de la educación formal?

Yo creo que pueden ir por ambos lados. Son libros que pueden estar en la biblioteca de los colegios desde luego, que los maestros los utilicen en clase o los recomienden. Pero también para padres e hijos, para que estén en las casas, que formen una biblioteca de los niños que puedan conservarla cuando sean grandes. Y cuando tengan 20 años digan “yo leí a Virginia Woolf a los ocho años”. O a Yourcenar o a Buzzati.

29/04/2008

Absolut Carver

Por

José María Figueras


por José María Figueras
josemfigueras@gmail.com


Venerado, respetado y copiado, Raymond Carver (1938-1988) es una de las referencias más importantes de la narrativa de las últimas décadas.

Retratos de seres humanos comunes. Economía extrema de palabras. Expresión palpable de miedos, de amenazas, de problemas sociales. Relaciones personales en tirantez permanente. Estos son algunos de los recursos que utiliza Carver para dar forma a sus relatos.

Con unos pocos libros de cuentos y poesías, no tuvo demasiados problemas en imponer su estilo desde el primer libro de cuentos que vio la luz, ¿Querés hacer el favor de callarte, por favor?. Se le adjudica ser el padre del realismo sucio, una corriente literaria según la cual conviene reducir al máximo las descripciones, los adjetivos y todo cuanto pueda “distraernos” del eje fundamental de la historia.

Sus palabras conforman una ficción con anclaje tangible en la realidad con dos planos que marchan paralelos, por arriba la descripción de “la historia” y todo lo que Carver tiene para contarnos y debajo en un nivel apenas inferior aparecen las historias sugeridas, las historias que el lector va armando. Carver nunca dice que sus protagonistas son unos pobres tipos pero con solo seguir los hilos narrativos esa condición se percibe sin esfuerzo.

Carver tuvo una vida complicada. De padre alcohólico y situación económica estrecha, no tardó en ser él mismo quien comprobara los efectos del vodka. No sé exactamente cuántas mujeres habrán pasado por su vida pero sí podemos afirmar que hay por lo menos dos que lo marcaron: una es su primer mujer, Maryann Burk, a quien dedica ¿Quieres hacer el favor de … y con la cual compartió 20 años de mudanzas constantes y excesos varios (ambos hicieron uso y abuso de la bebida). Y la otra es su segunda mujer, Tess Gallagher, con quien vivió sus últimos diez años en un estado más relajado y recuperado de su adicción.

Ambas se vieron tentadas a inmortalizar sus vivencias con Carver a través de sendos libros: Así fueron las cosas (Maryann) y Carver y yo (Tess). En sus páginas hay dos maridos bien diferentes de acuerdo a la realidad que a cada una le tocó vivir con el escritor.

Maryann Burk era una quinceañera que trabajaba de camarera en el bar de los padres de Carver. Un día él le dijo: “Voy a ser escritor. Un escritor como Ernest Hemingway”. Podríamos meditar un rato sobre si logró empardar al viejo del mar o no.

El 2 de junio de 1977 Carver deja de beber. Por esa misma época conoce en una conferencia de escritores, en Dallas a la poeta Tess Gallagher. Dos años después irían a vivir juntos.

Si bien se hizo famoso por su tendencia a los cuentos cortos, Carver sorprende por la calidad de los cuentos de largo aliento y que exceden por mucho el promedio de palabras de sus relatos. Y por el contrario, varios de los “cortos” a veces dejan bastante que desear. Por caso “Jerry y Molly y Sam” es muy superior a “El padre” en calidad y muy inferior en cantidad de páginas.

Son admirables los perfiles afectivos que traza. Sin grandes descripciones podemos sentir la desesperación, la opresión y la soledad de la mayoría de sus personajes. Las peleas conyugales, la infidelidad y el abismo afectivo entre padres e hijos son motivos recurrentes de sus historias. La desocupación o las dificultades para conseguir trabajo están presentes de forma directa o sugerida en varios pasajes. Esa condición social la suele expresar al comienzo de los relatos con lo que sin más ya tenemos frente a nosotros una pintura clara de cómo se encuentra la persona que nos acompañará en el resto de la historia. Así empieza “Recolectores”:

Estaba sin trabajo. Pero esperaba recibir noticias del norte de un momento a otro. Me había echado en el sofá y escuchaba la lluvia. De cuando en cuando me levantaba y miraba a través de la cortina para ver si venía el cartero.

Los cuentos a veces son tan mínimos, tan focalizados en hechos vulgares y triviales que terminan contagiando de esa atmósfera vulgar y trivial a todo el cuento. “Los patos” y “La esposa del estudiante” son buenos ejemplos.

Carver trabaja habitualmente remates sorpresivos o enigmáticos:

Cariño despierta, le susurró. Pero ella se estremeció ligeramente y siguió durmiendo. Despierta, le susurró de nuevo. He oído algo ahí afuera.

Sobre el affaire con su editor Gordon Lish creo que está todo dicho. Páginas y páginas se han escrito sobre su influencia en la obra de Carver. Si realmente cortó, modificó o reescribió los cuentos es algo que me preocupa muy poco. Lo cierto es que hoy tenemos varias decenas de cuentos firmados por un tal Raymond Carver y eso es lo que importa.

Por último, mucho se ha dicho de la admiración que Carver sentía por Chejov. En “Tres rosas amarillas” Carver hace explícito ese sentimiento al hacerlo protagonista del cuento en el cual aparece además Suvorin, amigo y confidente del escritor ruso. Chejov también ha sido catalogado como uno de los mejores cultores del cuento corto.

Cuento o relato de los últimos momentos de la vida de Chejov, lo cierto es que buena parte de los datos mencionados en “Tres rosas amarillas” son verídicos y ese texto constituye una pequeña obra de arte.

Lecturas recomendadas

28/04/2008

Si te gusta, es tuyo

Por


por P. Z.


el cliente nunca tiene la razón

Cerca de la Revolución es un glorioso tema de Charly García, incluido en Piano Bar. El riff inicial está inspirado en un tema de Los Monkeys. Fito Páez, que junto con GIT conformaba la banda, ironizaba sobre el arreglo, a lo que Charly finalmente le contestó: “escuchame pibe, cuando algo te gusta mucho, tomalo y hacelo tuyo, nada de homenajes ni tributos”.

Parece que Tamara Di Tella, haciendo uso del consejo de Charly, se apropió de un título que le corresponde a otro.

28/04/2008

Inspiración

Por


por P. Z.


La Rolling Stone de este mes incluye un especial de quince entrevistas a personas destacadas de diferentes ámbitos. En un apartado, cada uno contestó qué les sirvió de inspiración para su carrera. Aquí los cuatro que mencionaron sus lecturas:

Bill Gates:

Cuando era chico leía toneladas de ciencia ficción: la saga Fundación de Isaac Asimov, La luna es una cruel amante de Robert Heinlein, 2001: Odisea del espacio de Arthur C. Clarke. Ese fue el aprendizaje que tuvimos Paul Allen y yo. Pensábamos: ¿cómo sería una combinación de artefactos electrónicos con software? Ok, creemos una compañía.

George Clooney:

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee. Mi padre solía darnos a mí y a mi hermana un libro para leer, y luego nos pedía comentarios por escrito. En esa época, quería matarlo. Pero entonces vino Matar a un ruiseñor, cuando todas las grandes cuestiones sociales llegaron al clímax, especialmente el tema de los derechos civiles. Me di cuenta de que un libro podía cambiar el mundo. Es un libro perfecto. Ese y El gato y su sombrero mágico.

Paul Krugman:

De mis primeros años recato la serie Fundación, de Isaac Asimov. Trata sobre psiquiatras historiadores que investigan leyes sobre el comportamiento humano para salvar la civilización. Es lo que siempre quise ser. Asimov me convirtió en economista, ¡créalo o no!
Me avergüenza no poder citar una película. Si tuviera dos horas, la película que iría a ver en mi actual estado de ánimo es Resident Evil: La extinción.

Sam Harris:

El tratado Malleus Maleficarum encendió la histeria de la caza de brujas que barrió a Europa por siglos, bajo el auspicio lunático de la teocracia cristiana. Provocó que decenas de miles de mujeres fueran quemadas vivas por crímenes imaginarios, y sigue siendo una obra maestra del delirio religioso y la pseudo erudición. Desafío a cualquiera a hojear unas páginas de este loco libro y no asombrarse por lo poco que aprendió la Iglesia en los años siguientes. También para advertir cuánto poder perdió.

26/04/2008

Libreros

Por


por P. Z.


[La feria del libro] de alguna forma se constituye en algo que debería ser más claramente, pero muchas veces no lo es tanto, una alternativa de otra forma de ocio. “Vamos a la Feria”. “Qué hago, voy al cine, voy al fútbol o voy a la Feria”. Te vas a pasear y con suerte vuelves con ocho o diez libros bajo el brazo y eso ya es algo, ¿no? Pero bueno, en todo caso lo que no debería sustituir al buen hábito de ir a la librería. Eso es fundamental. Siempre digo los libreros son profesionales muy cualificados que prescriben sin cobrar nada. Te aconsejan, están dispuestos a hablar contigo, a darte ideas muy interesantes, que muchas veces a lo mejor te arreglarán la vida y te la dan por nada, simplemente por el gusto de estar ahí. Creo que las ferias están bien, pero lo importante es ser asiduos a las librerías: eso es lo más sano.

Ayer entrevisté a Javier Santillán, dueño de la editorial española Gadir, una persona encantadora y fascinante. (El lunes toda la nota, pero no me aguanté la espera).

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