31/01/2008

La carretera

Por

lacarretera

I

Para algunos, Niños en el tiempo es la mejor novela de Ian McEwan. Mejor incluso que El placer del viajero. Mejor que Expiación. Es un drama terrible, la vida de un hombre que ha perdido una hija. De la época en que lo apodaban Ian Macabro. Los que entienden, señalan un juego joyceano que la destaca por sobre el resto.

Yo la detesté. No pude manejar la angustia del secuestro de la hija de Stephen. Cuando la leí, mi hija tenía 5 años, la edad de la nena. Fue una traba imposible de superar.

II

La carretera es una novela apocalíptica. Una más. El mundo ha colapsado –no sabemos cómo, apenas intuimos un cataclismo nuclear–. Los sobrevivientes se enfrentan a una subsistencia incierta, signada por la escasez, casi sin sentido. Campos yermos cubiertos de cenizas, temperaturas gélidas, el cielo cubierto por nubes eternas que no permiten el calor del sol.

Seguimos el trayecto de un padre y su hijo pequeño a través de una carretera en dirección al sur, donde tal vez los espere el calor. El camino es arduo, lleno de peligros: grupos armados, ladrones, falta de agua y alimentos.

El final se vuelve más o menos evidente desde la página 60. Y más allá de algún pasaje interesante –me resultó curioso la importancia del hecho de encontrar una lata de Coca Cola; un yanqui no puede escapar de su mercado –, la novela transcurre sin pena ni gloria.

III

Los personajes se construyen a través de sus acciones. La narración es estrictamente descriptiva, despojada de cualquier posible interpretación psicológica.

El relato, como el paisaje narrado, se vuelve monocorde. Mal escrito (o mal traducido), además:

Había un riachuelo a un centenar de metros de la casa y el hombre acarreó innumerables baldes de agua por los rastrojales y el fango y calentaron agua y se bañaron en una bañera contigua al dormitorio de la parte de atrás en la planta baja y le cortó el pelo al chico y se lo cortó él también y se afeitó la barba.

Y sin embargo, no puedo detestarla como a aquella de McEwan. La relación padre-hijo es tan intensa, está tan bien lograda. La leo y no puedo dejar de pensar en mi hijito. Ayer llegué a casa con unas ganas locas de apretujarlo todo, pero él qué podía llegar entender.


Por La Carretera, Cormac McCarthy recibió el Premio Pulitzer de Novela 2007.


30/01/2008

Por qué ‘no al canon’

Por

I

Un amigo que acaba de comprarse un cero kilómetro me carga. “Tenés un auto del ’94, es del siglo pasado”, me dice. Mi auto, como muchos de aquella época tiene carburador. El de mi amigo, inyectores.

Ricardo, mi mecánico, no trabaja con inyectores. No sabe cómo arreglarlos. Eventualmente tendrá que aprender o terminará perdiendo clientela.

II

Los videos traían un holograma con un pirata tachado. Pero como eso no alcanzaba para concientizar, antes de la película aparecía un aviso: la video rechazaba una copia trucha –”shit”,la identificada– y luego la hacía explotar.

Ahora en los cines y en los dvds te ponen un publicidad que dice algo así como “no robarás”. A diferencia del video, no se puede evitar la publicidad: en el cine no podés gritar para que lo adelanten, en el dvd no está permitido el forwad.

Ver una película es como ir a misa: no importa si ves una copia legal, no importa si alquilás un un dvd que cuesta el doble que comprar una peli en la calle, igual tenés que comerte el sermón del pecador. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

III

Claudio Morgado, diputado oficialista, impulsa un proyecto de ley por el que se cobraría un canon, a “todo objeto que permita el almacenaje, grabación y/o reproducción de música e imagen”. Esos objetos, claro, son reproductores de mp3, teléfonos celulares, computadoras, pen drives, etc., etc. El impuesto permitiría indemnizar a las compañías discográficas por (potenciales) pérdidas, producto del intercambio de archivos en internet.

Es decir que, de ahora en adelante, en franca oposición a la filosofía judicial, cualquiera que tenga en su poder un medio de almacenamiento digital es presumiblemente un ladrón.

IV

Las compañías discográficas son gigantes dinosaurios (“pero los dinosaurios van a desaparecer”).

“Estamos perdiendo plata”, imagino la queja en una reunión de directorio. “No podemos obligar a la gente a que se ajuste a nuestro concepto de mercado. Pero podemos cobrarles por no pensar como nosotros”.

Como le pasó a mi mecánico, no supieron o no quisieron entender los cambios. A nadie se le ocurriría cobrar un canon a cada auto que salga de fábrica para indemnizar a los mecánicos que sólo trabajan con carburadores. Sería ridículo. Entonces, ¿por qué se promueve esta ley?

(¿Por qué nadie habla de las ganancias que las discográficas obtienen de los derechos de pasar música por la radio?)

V

Amartino, lucidamente descubrió una falla moral en la ley: como una serpiente que se muerde la cola, no sólo nos acusa de ladrones, también nos invita a robar. Si ya estamos indemnizando por presuntos robos, robemos, che.

¿Alguien tiene el instalador del eMule?


Para seguir el tema: NoAlCanon.org

30/01/2008

Julian Barnes en el Malba

Por

El sitio se iba a llamar ‘El coleccionista’ por el libro de Fowles, pero estaba registrado. Empecé a buscar otros nombres y llegué a ‘Hablando del asunto’, que creo, además, calza mejor con el espíritu del blog. Obviamente el nombre es un homenaje al libro de Julian Barnes.

Junto con unos amigos estamos pensando en armar una iglesia barnesiana, que sería una especie de iglesia maradoniana, pero menos grasa.

malba

El próximo miércoles 6 de febrero, a las 20, Julian Barnes conversará con Osvaldo Quiroga en el Malba, con entrada libre y gratuita. Era necesario reservar el lugar en el British Council para acceder al auditorio. “Era necesario” porque el cupo ya fue completamente tomado.

Pero me han informado que se transmitirá con traducción en simultáneo en pantallas ubicadas en el hall central del museo. Habrá que conformarse con eso o punguearle la entrada algún despistado mientras está en la fila.

Al final, Barnes firmará ejemplares de su obra y se convidará con un vino de honor.

Allí estaremos.

29/01/2008

Algunos prejuicios

Por

José María Figueras


por José María Figueras
josemfigueras@gmail.com


Ya sé que cuesta admitirlo y que seguramente tener prejuicios es un error. Pero reconozco que yo, como seguro muchos de ustedes, soy prejuicioso a la hora de encarar un libro.

Hay autores que ya de por sí son censurados de una probable lista de compra por su solo apellido, es decir escriban lo que escriban no los voy a leer. Son muchos los que integran ese lote, pero por nombrar sólo tres, ahí van. Dolina, por ejemplo. Alejandro Dolina no me va. Y no sé por qué. Aguinis es otro. Pese a su trayectoria y ser recomendado por distintas personas, entre ellas mi mujer que disfrutó La gesta del marrano, no encuentro ni un motivo para leerlo. Paenza es otro. Creo que nunca tendría sus libros de matemática en mi biblioteca.

Muchas veces me pongo del otro lado y me pregunto qué le verán a estos autores la gente que compra sus libros. ¿Qué busca una persona que compra El atroz encanto de ser argentino? ¿Y Matemática estás ahí? Y lo pienso de verdad, no hay en esto ironía alguna. Me lo pregunto en serio. ¿Qué buscarán en esos libros?

Tampoco son santo de mi devoción, y por eso excluídos una y otra vez, todos los libros que tengan que ver con magos, anillos, códigos secretos, castillos, misterios vaticanos y toda suerte de delirio místico-fantástico-religioso. Bueno, ni hablar de esoterismo o autoayuda.

Mi prejuicio me lleva también a no comprar libros que figuren en los listados de los más vendidos ni que hayan ganado premios/concursos literarios. Ambos ítems tienen cierto tufillo de sospecha que los torna por lo menos dudosos. Y en este punto hay que hacer alguna aclaración. Por supuesto que en algunas ocasiones, la “lista best seller” y mi propia lista encuentran puntos de intersección. Durante 2007 compré, leí y disfruté El último encuentro de Sandor Márai y hace poco leí y comenté Vida de consumo de Bauman. Pero son más la excepción que la regla…

Respecto de los ganadores de premios literarios, abandoné mi línea de conducta llevado de las narices por sendas recomendaciones de dos libros: Veneno de Bermani y Un chino en bicicleta de Magnus. En ambos casos casi podría decir que lamenté haber roto mi regla. La historia de Bermani no me la creí nunca y su personaje Veneno después de tanta cerveza y penuria me terminó aburriendo. El mundo chino de Magnus es una novela con dialogos casi graciosos y una sucesión de delirios que me llevaron a abandonarla (por ahora) en la página en que aparece Alfredo Casero. Muchos chinos y pocas nueces.

Jamás leería Elena sabe y mucho menos después de la opinión de Beatríz Sarlo. Ni siquiera Plata quemada después de todo el litigio legal que levantó o Valfierno del respetado Caparrós.

Claro, sacando todos estos recursos, uno se pregunta de dónde salen los libros que leo. Bueno, eso es exactamente lo que me preguntó la vendedora de la librería de mi pueblo viendo que mis pedidos no eran “convencionales”. Y es muy simple, salen de recomendaciones de bloggers (a los que, por prejuicio, obvio, considero más “descontaminados” que a los críticos de suplementos literarios), de hurgar una y otra vez en la librería (media hora mínimo para elegir un libro) y de navegar por las páginas web de las editoriales hasta el cansancio.

Pero atención, los prejuicios pueden tener un lado positivo también. En el último mes compré dos libros de la colección “Laura Palmer no ha muerto” que me parecieron muy buenos, y ahora ¡quiero comprar toda la colección! Por supuesto, una cosa no necesariamente lleva a la otra ya que por más que haya disfrutado de Igor y Siete y el tigre harapiento (Levin y Oyola, respectivamente) nadie me asegura que obtenga los mismos resultados con la lectura de los libros de Terranova, Almada, Romero, Boscatto y Sottosanto quienes también integran la colección.

Pero como soy un paciente que asume su enfermedad y que quiere redimirse voy a ver si puedo hacer el esfuerzo de leer un best seller por mes para comentarlo en el blog. Cláusula de rescisión del compromiso: signos evidentes de deterioro físico o mental de quien esto escribe. ¿Podré terminar con algunos de estos prejuicios?

29/01/2008

Ciencias Morales

Por

ciencias morales

I

Días atrás, en el curso que dictó en el Malba, Martín Kohan supo deslizar una de esas verdades que, tal vez por ser tan simples, uno no puede verlas hasta que otro las señala. En aquella oportunidad dijo que es un elogio más bien extraño decir de un libro que se lee rápido. La buena literatura es aquella que te hace detener, paladear cada palabra.

Mantuve presente esa reflexión mientras leía Ciencias Morales. Se nota la selección de cada término, la construcción obsesiva de cada frase.

La novela como un trabajo de orfebrería.

II

Seguimos la labor de María Teresa, preceptora del Colegio Nacional Buenos Aires, durante 1982. En la sencillez del argumento está, a la vez, la potencia y la debilidad del relato.

Potencia, porque casi no pasa nada. Percibimos la vida del colegio tamizada por la mirada de una outsider. No es una alumna, no es una docente, no es una autoridad. Parece no enterarse –o no importarle– que no pertenece a ese lugar. La clave ya aparece desde el primer párrafo, cuando ella misma reconoce que el colegio, en sus orígenes, fue pensado sólo para hombres. Todo queda a cargo del lector quien, en un ejercicio casi detectivesco, debe completar los espacios vacíos del relato. Apenas unas pistas sirven para identificar la manifestación del 30 de marzo, la participación de las autoridades en el accionar de la Triple A, las actividades de los varones en el baño. La guerra es un rumor que llega a través de las postales del hermano.

Debilidad, porque casi no pasa nada. Demasiado detenimiento en tareas tan vanas como tomar lista o formar a los alumnos en el patio. Páginas en las que la monotonía ponen a prueba la resitencia de María Teresa, y porqué no, la del lector también.

III

Hasta qué punto puede ejercerse el control. Ese parece ser el tema de la novela.

Quién lo ejerce, hacia quién, quién lo acepta dócilmente.

El colegio como una burocracia totalitaria, con frontreras concretas pero difusas. La prédica de un panoptismo que convierte a una joven (¿ingenua?) en un soldado útil, con suficiente poder tanto como para intervenir en las actividades más públicas –la mirada sobre los alumnos en las inmediaciones de la institución– como para inmiscuirse en las prácticas más privadas –la vigilancia en el baño de hombres–.


Por la novela Ciencias Morales, Martín Kohan obtuvo el Premio Herralde 2007.

28/01/2008

Historia y literatura argentina

Por

Juan Terranova

La semana próxima comienza el curso Historia y Literatura Argentina que Juan Terranova dictará en la escuela de la revista El Amante.

Durante los cuatro lunes de febrero, de 19 a 22, el objetivo será intentar cubrir un ambicioso programa, que incluye el análisis de obras de Borges, Arlt, Puig, entre otros.

En un breve diálogo, Terranova nos adelanta un poco de qué va el curso.
 

¿Cuáles son tu expectativas sobre el curso?
Al principio lo pensé como un curso fácil para dar a los estudiantes de cine. Algo así como “Canon argentino para principiantes”. Pero cuando me puse a revisar los textos, encontré la posibilidad de leer -o de intentar leer- esos “números puestos” de la literatura argentina de una manera algo más distorsionada. No va a ser un curso unplugged. Eso espero, al menos. Si entre todos logramos sacar una nueva lectura -un refresh- de, al menos, uno de estos textos, me doy por hecho.

¿Por qué un curso de literatura en una escuela de cine?
Es un lugar posible. Si pudiera enseñaría en la Universidad de Buenos Aires. Pero desde que empecé a estudiar, hasta que me recibí y ejercí la docencia ahí, esa institución lo único que hizo fue tratar de expulsarme. De hecho, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA es como un recital de rock omnibus donde todas las bandas están peleadas entre ellas, los sonidistas aspiran poxiram y los guitarristas piensa que Jimmy Hendrix no tenía talento. Luego, supongo que el cine argentino algo tiene que ver con la narrativa argentina.

¿Qué saberes previos debe tener el asistente?
La verdad es que no lo sé. Son cuatro clases nada más y el planteo es introductorio. Lo importante sería que todos, docente y alumnos, pudieran leer y comprender los libros y textos que se marcan en el programa. Pero lo dudo. A mi me llevó quince años dimensionar el verdadero valor de Los siete locos de Arlt en la historia y la literatura argentina.

Informes: Revista El Amante.

28/01/2008

Soy leyenda

Por

soy leyenda

Mientras escribo, de fondo canta Bob Marley. “Old pirates, yes, they rob I; Sold I to the merchant ships”.

I

La trama de la película está atravesada por referencias bíblicas.

El apocalipsis se desata por culpa de unos científicos que juegan a Dios. La manipulación de un virus que en un principio permite curar el cáncer, pero más tarde muta aniquilando al 90% de la especie humana. Los sobrevivientes se vuelven bestias de hábitos nocturnos –el sol los mata–, se mueven en hordas, se alimentan de animales y de hombres no infectados. En poco tiempo, el exterminio es masivo. En Nueva York sólo queda un hombre vivo: el Dr. Robert Neville (Will Smith), médico militar que formó parte del experimento, que intenta encontrar la cura a toda costa.

Existe una comunidad en las montañas a la que los humanos no infectados, apenas un 1% de la población mundial, aspiran llegar. Neville, luego de tres años de soledad, abandona toda esperanza. Renuncia a Dios. Incluso lo niega: “No hay Dios”, termina gritando. Esa negación es su condena, y como Abraham, se quedará fuera de la Tierra Prometida.

De una infectada toman una muestra de sangre, lo que tal vez le permitiría renacer a la especie, si cabe el término. La salvación está en la sangre.

II

En el libro de Matheson el apocalipsis no llega por experimentos médicos. Una bacteria muta por pruebas nucleares (estamos en la década del ’70, plena Guerra Fría) y se disemina a través de tormentas de viento. Un comienzo bastante más incorrecto en términos políticos.

Los infectados se convierten en una especie de vampiros que se alimentan de los vivos. Para ello hacen uso de una extrema paciencia y dedicación. Todas las noches van a casa de Neville, excombatiente de Vietnam, intentando que se abandone, que se deje morir. Nunca se vuelven irracionales: cuando Neville, tras años de soledad, se encuentra con una mujer, no puede distinguir si es una infectada o no.

El protagonista no funciona como redentor. Neville no se dedica a salvar a la humanidad: intenta salvarse él. Y la única manera que encuentra es… asesinando a los otros.

III

Hasta dónde llega la normalidad. La clave del Neville de Matheson está en esa pregunta: si lo normal está dictado por la mayoría, entonces, él ya no es normal. Una pregunta completamente diferente a la que se hace el Neville de Will Smith. De hecho, es una pregunta que el Neville de Will Smith encontraría trivial: ya se sabe quién es el único normal.

El Neville de Will Smith admira a Bob Marley, no tanto por su música sino por su lucha por la paz. La mejor escena de la película es la que más la aleja del libro: Neville cuenta cómo Bob Marley creía que podía acabar con el racismo, insuflando amor por medio de sus canciones. (En los créditos, suena de fondo “Redemption song”).

IV

Más allá de algunas discrepancias menores (Nueva York por Los Angeles, el perro gana un protagonismo insólito), la principal diferencia es filosófica: mientras que el libro podría leerse en clave social, la película no escapa de la metáfora religiosa. Esa es la razón por la que cuesta tanto decir que la película es una adaptación de la novela, más bien parecen dos historias distintas.

Desde hace un tiempo tengo la intención de escribir un ensayo, del que ya tengo hasta el título: “Hollywood y la religión monoteísta”. Analizar las películas apocalípticas en relación con la religión judeocristiana. Por qué parece inevitable asir la Biblia cuando el mundo está a punto de desmoronarse. Por qué obras como Kalki de Gore Vidal nunca podrían filmarse. (Ojalá encuentre el tiempo y el ánimo).

Entradas anteriores

Recibimos: El señor de la lu...

12/08/2011
Agradecemos a la editorial La Bestia Equilátera por el envío de El señor de la luz, novela del francés Maurice Renard. Editada en su odioma original en el año 1933, ahora encuentra esta nueva edi...
Seguir leyendo

Bricolaje libresco

11/08/2011
Aunque no lo crean, este blog también es servicio, es por eso que en esta ocasión les acercamos un motivador material que ni en Utilísima les habrán ofrecido. En cualquier tienda de decoración p...
Seguir leyendo

Relatos como excusas

09/08/2011
Cuando lo compré, su nombre me sabía a ayer. Claro, tenía otro de la misma autora en una colección de tapa dura aparecido hace algunos años atrás –sedicente su mejor título-, aunque ambos esp...
Seguir leyendo

Bibliografía obligatoría pa...

08/08/2011
La noche del sábado fui a ver medianoche en París. Estaba entre Capitán América y ésta otra. Finalmente le di mi voto de confianza a Woody, voto que no siempre honra. A ver si puedo contar de qu...
Seguir leyendo

De cómo Fabián Casas recomi...

05/08/2011
Cada vez que le digo a alguien que estoy leyendo los libros de Orhan Pamuk, me miran como si estuviera tan loco al igual que ese personaje de la película “Supersize” que, para demostrar que la ...
Seguir leyendo

Puede fallar: mapa con divisi...

04/08/2011
Para los que nos saben, cada vez que en un libro o publicación (como los fascículos coleccionables que se venden con los diarios) se incluye un mapa del territorio nacional, éste tiene que ser revi...
Seguir leyendo