30/11/2007

La mesa que faltaba

Por

diary of a bad year  diario de un mal año

La que más me gusta, sin embargo, es esta.


30/11/2007

Interrupción

Por

ensayos bonsai

Leí sólo los primeros libros de Carlos Castaneda, los que editó Fondo de Cultura Económica. Los leí seguiditos, en un par de semanas. Son cuatro; siempre los consideré como una única obra. Ni siquiera recuerdo el orden en que iban, sólo sé que el primero era “Las enseñanzas de Don Juan”. Esto que cuento fue hace más de quince años.

A Castaneda le pegaron por todos lados. Y cada tanto aparece un artículo en el que le vuelven a dar. Una vez, un amigo lo comparó con “el chanta de Paulo Coelho”. Qué querés que te diga, a mí me gusta.

Ayer mientras entrevistaba a Fabián Casas, hablamos de Castaneda. En sus Ensayos Bonsai rescata al último Nagual varias veces. Empecé con una pregunta, pero al ratito lo había interrumpido y le contaba una anécdota en la que me sentía completamente identificado con un pasaje de Castaneda.

No sé si fue por la calidez de Casas, pero en ese momento me olvidé del diálogo entrevistador-entrevistado, y me extendí largo sobre el tema. Supongo que si Castaneda se enterase, se alegraría.

30/11/2007

¿Comprás libros premiados?

Por

premiados

Ultimamente le doy más pelota a los concursos no tan mediáticos que a los que organizan grandes editoriales. Es un prejuicio, ya lo sé: “a la mega editorial sólo le interesa vender; a la pequeña, además, le interesa el arte producido”. Uno no puede escaparse del romanticismo.

Pero también hay libros que compro y leo entusiasmado a pesar de que hayan ganado premios.

Entonces, te pregunto, cuando vas a comprar un libro, ¿tenés en cuenta si ganó un premio?

30/11/2007

Toledo In Fraganti

Por

Pablo Toledo escribe Causas simples para crímenes improvisados.

in fraganti¿Con qué caso trabajaste?
Trabajé con el caso del Descuartizador de Barracas, Eduardo Jorge Burgos. En 1955 mató por celos a Alcira Methyger, la descuartizó en el baño de su casa y fue desparramando los pedazos por toda la ciudad. Fue en su momento un caso muy “mediático”, cada parte del cuerpo que aparecía era tapa de los diarios, y hubo revistas sensacionalistas que llenaron decenas de páginas y, aparte del morbo, funcionó como un catalizador político: Alcira era una provinciana que trabajaba de mucama y Eduardo era un chico de clase media, hubo una polarización entre los que lo veían como “la cabecita negra que enloqueció a un pobre chico de buena familia” y los partidarios de “un acomodado que se aprovechó de una chica pobre”, algo muy simbólico en un momento cercano a la “Revolución Libertadora” y los últimos momentos del primer gobierno peronista.

¿Lo conocías antes de afrontarlo para la antología? ¿Cómo lo investigaste?
El caso pasó a pocas cuadras de donde vivo ahora. La familia de mi mujer vivió siempre en Barracas, a una cuadra del lugar en donde pasó el crimen. Cuando leí una crónica del caso en un libro de Álvaro Abós, ellos me contaron el final de la historia: Burgos volvió a vivir al mismo departamento cuando cumplió la condena, entre gente que sabía lo que había pasado y se lo recordaba todos los días.
Me interesó mucho esa segunda parte, el “tigre cebado de carne humana” que vuelve a su vida anterior. El asesinato es un tabú muy fuerte, en especial con algo tan fuerte como el descuartizamiento. ¿Cómo es la reinserción de esa persona, cómo ve el mundo, cómo es visto por el mundo? ¿Qué queda en la cabeza de alguien que, después de un acto tan “salvaje”, vuelve a una vida ordinaria?
Los datos del caso salieron de crónicas periodísticas, aunque hay cosas cambiadas, y de los chismes de barrio acerca de los últimos días de Burgos, de su familia, de la gente que se cruzaba con él cuando salía a comprar el pan todas las mañanas. Agregué muchos elementos de la historia del barrio en esa época (gente, lugares), y también trabajé sobre un “enfrentamiento cultural”, en las lecturas, el lenguaje y la forma de ver el mundo de los personajes, que reflejara el cisma político que para mí es uno de los ejes del caso.

Pablo Toledo

¿Cuál es el crimen que más admiración te despierta?
El crimen en sí no me despierta admiración: ciertas formas me parecen interesantes y “narrables”, por la forma en la que destrozan las normas o por ciertas destrezas que se requieren, pero no admirables. Lo “admirable” de algunos crímenes es que el criminal hace lo que todos querrían hacer: matar al enemigo y salirse con la suya, robar al banco ladrón, estafar a los estafadores. Los “crímenes perfectos”, esos que se planean al detalle y que tienen vueltas y revueltas, son formas de armar historias y funcionan como creaciones literarias con un filo muy particular, que es que los que están “escribiéndolas” se juegan la vida – pero, como dice el personaje de mi cuento, es más creíble pensar en “causas simples para crímenes improvisados”.

29/11/2007

El blog de Gelman

Por

El teléfonito vibra y suena bajito. Recibo un sms: “Gelman ganó el Cervantes“. ¿Cuántos escritores deben conmoverte tanto como para mandarle un sms a un amigo, contento porque lo premiarion? Pocos, seguramente muy muy pocos. Juan Gelman, indudablemente, es uno de esos.

Le contesto por mail, beneficios de la hiperconexión. “Ahora estoy tapado de laburo, más tarde publico algo”.

Cuando empiezo a buscar información, busco citas, textos, pienso en las tapas de los libros que tengo.

Entonces me choco con La propaladora, el blog de Vanina Berghella: Gelman tiene un blog. Me paso un largo rato leyendo. Funciona desde mayo de 2004. Tiene textos, poemas, artículos de prensa. No parece que sea él quien lo mantenga, pero ¿importa? Es completísimo. Y pienso, no hay mejor cita que linkear a ese blog.

29/11/2007

Los 10 mejores del año para NYT

Por

Para el New York Times, estos son los libros del 2007.

libros del año

El de Bolaño debe ser el año de la traducción, porque el del libro, ni a palos.

29/11/2007

Palermo Book

Por

Las calles del hoy exclusivo barrio de Palermo no sólo son de Borges y Cortázar. Si se animan a caminar desde Juan B. Justo hacia el naciente podrán recorrer una mini-secuencia de naturalistas y aventureros que resultaron relevantes para el panteón literario argentino por diferentes razones.

El primero de ellos fue Aimé Bonpland, naturalista, botánico y prestigioso médico francés, compañero de Humboldt en muchos de sus viajes por América y co-autor junto a él de Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente, entre otras colaboraciones. Si bien los ubicaron paralelos, no sabría decir por qué no juntos. Fitz Roy se escabulló entre ellos. Bonpland llegó en 1817 a Buenos Aires, solo y se embarcó en múltiples proyectos e investigaciones, invitado por Bernardino Rivadavia. Uno de sus proyectos fue la producción yerba mate, pero no le fue muy bien. Permaneció secuestrado diez años en el Paraguay por el oscuro dictador Francia. Hoy yace sepultado en la ciudad de Misiones que lleva su nombre.

Como decíamos, inmediatamente después sigue Robert Fitz Roy. Fue capitán del Beagle, el bergantín que llevó al creador de la Teoría de la Evolución en sus expediciones por Sudamérica y el mundo. Durante una expedición precedente a la de Darwin, en 1830, Fitz Roy pasó por Tierra del Fuego y no tuvo mejor idea que llevarse cuatro indígenas fueguinos a Inglaterra a modo de experimento, con el fin de educarlos y devolverlos más tarde, exceptuando a uno que falleció antes de poder volver, en el año 1833(1). Sylvia Iparraguirre narró este episodio en Tierra del fuego, libro que ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz en el año 1999.

La tercera calle le pertenece al ya citado [Alexander Von] Humboldt, naturalista prusiano (futura Alemania). Recorrió una enorme porción del mundo incluyendo Europa, Asía, América del norte y del sur. En su caballete dibujó especies nativas y accidentes geográficos exhaustivamente. Fue el creador de una metáfora omnipresente en la temprana literatura nacional, la de la Pampa llana, inmensa que “semeja el océano”(2). Es una lástima que no le hayan concedido una calle también a su compatriota y amigo, Johan Moritz Rugendas, retratado por César Aira en Un episodio en la vida del pintor viajero. Rugendas fue un pintor de paisajes, de batallas y creador de obras que se convertirían en tempranos iconos culturales.

Al pobre de Charles Darwin, a fin de cuentas el más importante, de lejos, solo le dejaron un pasaje que ni los artesanos quieren.

Esperando el paso del tren, en las vías de Córdoba y Juan B. Justo, pensaba: no resulta extraño que los viajeros hayan sido fundamentales en los primeros pasos de la literatura nacional. Es el caso de Francis Bond Head, un capitán británico que llegó a la joven Argentina en el año 1825 con el objetivo de elaborar un informe para la Rio Plata Mining Association, una compañía minera británica con expectativas de inversión en el país. También, como Bonpland, fue invitado por Rivadavia. Lamentablemente la empresa quebró, pero al mismo tiempo que el informe, escribió un libro de notas que se convirtió en piedra fundacional de la naciente literatura. Curiosamente este libro, como especifican Patricio Fontana y Claudia Román en su prólogo de Apuntes tomados durante algunos viajes rápidos por las Pampas y entre los Andes, aparece citado por Charles Darwin tanto en su diario de viaje como en su correspondencia personal como guía para conocer nuestro territorio. En el libro relata Head cómo cruzó cuatro veces las pampas y dos veces Los Andes, unos 9600 km. a lomo de caballo y mula. Sus apuntes fueron un exitoso libro en Inglaterra, parte de una serie de varios viajeros y escritores ingleses. Así veía a las pampas:

“En toda esta inmesa región [Córdoba y San Luis] no se ve ni una hierba. El pasto común es su único producto; y en verano, cuando está alto, resulta bello ver el efecto del viento cuando pasa sobre esta extensión salvaje de pasto ondulante, y son bellos los matices del marrón y el amarillo; la escena es plácida más allá de toda descripción, no se ve habitación ni ser humano, excepto ocasionalmente el perfil salvaje y pintoresco de un gaucho en el horizonte; su poncho escarlata flameando detrás de él…”

Este libro está presente en muchas obras posteriores, también fundadoras. Aunque no quedó ninguna calle para Head, está citado en forma de epígrafe en el inmenso e inabarcable Facundo, de Domingo Sarmiento (titular de una calle y una avenida) pero también presente, sin citar, en muchas de sus páginas. Recorriendo y mirando las pampas de una manera creada por Head y los viajeros ingleses (sin que eso le quite una pizca de mérito) pero tiempo después convertida en definitivamente argentina.

El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes, y se le insinúa en las entrañas; la soledad, el despoblado sin una habitación humana, son, por lo general, los límites incuestionables entre unas y otras provincias. Allí, la inmensidad por todas partes: inmensa la llanura, inmensos los bosques, inmensos los ríos, el horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra, entre celajes y vapores tenues, que no dejan, en la lejana perspectiva, señalar el punto en que el mundo acaba y principia el cielo.


Notas:

1. Prieto, Adolfo, Los viajeros ingleses y la emergencia de la literatura argentina, Buenos Aires, FCE, 2003,

2. Ob. cit.

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